El cap va para eva-margarita, MyCoffeeOrder, tammy22, WoahOfficial, Klainefiction, AdryRamiss15 y Gabriela C; por darle una oportunidad.


Última mentira

Ellos viven en un pequeño y viejo departamento, lo encontraron abandonado, por lo que viven con el miedo a ser desalojados. Comparten edificio con un par de prostitutas en los departamentos de enfrente, un alcohólico que cree ser Napoleón en el piso de arriba. Unas bodegas llenas de viejos muebles y ratas en la parte de abajo de la estructura.

Cenan y se acuestan temprano. Maurice se aprieta a él y susurra contra su pecho cuando cree que está dormido —Nunca te vayas, no me dejes solo.

A la mañana siguiente, Kurt se levanta antes de que el día aclare, hace un poco de té para Maurice y comen las sobras de pan de anoche.

El niño llega a la cocina restregándose los ojos verdes, mientras su cabello rubio cae hasta cuatro dedos antes de tocar sus hombros.

Kurt sale a trabajar, se encuentra en el mismo lugar de la plaza que ayer en espera de algún cliente.

Durante la tarde hace bosquejos de la fuente central iluminada por el sol, y otros tantos de dos niños que corretean entre las faldas de las mujeres que por allí transitan.

Horas sentado dibujando hasta que la misma persona se detiene ante él.

—Señor. —Saluda cordialmente. Él le devuelve el saludo con un gesto con el sombrero de copa que porta.

—Desearía verle otra vez, en papel. — Kurt asiente y se pone a hacer lo indicado. Él toma asiento en el banco, mira fijamente al artista trabajar. Después de un rato Kurt termina suspirando, pero a la vez sonriente. Le entrega el dibujo, pero él no se levanta.

—Otro. —Kurt espera que continué con la indicación.

—Suyo. — Se siente un tanto narcisista al plasmar su rostro en diferentes ángulos y gestos, pero es necesario. Termina. Él paga, más de lo acordado y se marcha, Kurt escucha el ritmo del bastón de marfil golpear contra los adoquines hasta que finalmente desaparece.

Y así pasan los días, Kurt tiene miedo a preguntar, decir algo mal y que nunca más regrese. Pero entre pequeños suspiros de conversación sabe: es un conde, viudo y le gusta el Carmina Burana.

Maurice ha rogado hasta que le ha dejado ir con él. Ambos esperan, a la llegada acostumbrada del mismo conde.

El niño se le queda viendo con admiración en los ojos.

—Buenas tardes, Caballero— Él saluda al niño. Este se emociona dando pequeños saltitos, Kurt sonríe.

Se siente en el banco y el niño no puede evitar seguirle hasta estar a uno centímetros de él.

—Maurice. — Regaña Kurt.

—¿Su hijo? —cuestiona el conde. Kurt niega.

—Maurice Smythe—Responde el rubio antes de hacer un gesto elegante con el rostro, su tutor solo ríe.

—Hoy deseo algo diferente- menciona el caballero de risada cabellera.

— ¿Sí?

—Un dibujo de ambos. — Él no se marcha de inmediato cuando es terminado los tres dibujos que solicita. Les invita a ambos a cenar en un lugar cercano.

— ¿Pinta? — le cuestiona después de darle unos sorbos al vino.

—Muy poco.

—Me gustaría que hiciera un paisaje en uno de los salones.

Kurt asiente lentamente.

—Es algo tardado, podrían tener que irse a vivir allí mismo. — mientras lo dice no mira al adulto, los ojos están fijados en el niño que no cabe en su felicidad.

—Sí—Responde el castaño, sonríe y su sonrisa es respondida con otra igual de amplia.

—Por el tiempo que sea necesario. — Ambos saben que es mentira, pero en su tiempo, es necesario.


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