El Equipo Ro se encontraba rindiendo el informe de su última misión al Tercer Hokage, Hiruzen Sarutobi. Dicho equipo estaba conformado por: Yugao Uzuki, Yamato, Hana Inuzuka y Naruto Uzumaki, quien estaba bajo la denominación especial de agente junior. Básicamente solo se le permitía observar, aunque ya evitado en más de una ocasión que alguno de sus compañeros recibiera un golpe por la espalda que pudo a verlos herido severamente, o matarlos potencialmente, por lo que hace tiempo Yugao y Hana dejaron de molestarlo diciéndole que sus marcas de bigotes lo hacían lucir muy lindo.

—Eso es todo, Lord-Hokage —dijo Yamato mientras se encontraba arrodillado al igual que los demás miembros del grupo.

—Excelente, una misión más completada a la perfección en su registro. Pueden retirarse, excepto tú, Fox, deseo hablar contigo a solas —dijo Hiruzen, luego arrojó las cenizas de su pipa en el ceniceroque estaba sobre su escritorio.

Tras un seco asentimiento todos salieron, dejando solos en la habitación al miembro más joven del equipo y al anciano Hokage para que charlaran sin ser escuchados.

—Naruto, retira tu máscara —dijo Hiruzen en un tono tranquilo, pero no dejaba de sonar como una orden.

El rubio hizo lo que se le indicó, revelando así el rostro de un niño de no más de trece años de edad, cuyos ojos azules tenían una mirada que había sido endurecida por años de entrenamiento riguroso y el asesinato en cumplimiento del deber.

—Debes estar muy emocionado, el tiempo de tu promoción se acerca.

—Así es, Lord-Hokage, me encuentro muy emocionado —Naruto respondió en tono formal.

Hiruzen arqueó las cejas, como si hubiera estado esperando otra cosa. Al poco tiempo Naruto soltó una carcajada.

—¿Cuánto tiempo duré esta vez? —preguntó Naruto mientras trataba de frenar su risa.

—Cinco segundos —repuso el Hokage, riendo ligeramente.

—En verdad estoy muy emocionado, Viejo, al fin tendré misiones reales y dejaré de ser quien tiene que recuperar los shurikens y los kunai luego de las practicas de tiro. Y antes de que te lo esperes te quitaré el sombrero de Hokage, ¡De veras! —Naruto dijo enérgicamente mientras señalaba con su dedo el sombrero blanco con el kanji para fuego que el Tercero tenía sobe la cabeza.

—No lo dudo —Hiruzen sonrió ligeramente mientras se ajustaba el sombrero.

—A todo esto —continuó Hiruzen—, voy a asignarte tu primera misión oficial.

—¿Qué? ¿Tan pronto? —cuestionó Naruto, actuando con la emoción que un niño de doce años debería tener.

Hiruzen se aclaró la garganta, y Naruto se cuadró en respuesta. Aunque no fomentaba que sus ANBU actuaran como máquinas sin emociones que solo cumplían ordenes, y a que adoraba la forma de ser del rubio, esto era algo serio, por lo que debía tratarse de tal modo.

—Supongo que te resulta familiar el nombre de Sasuke Uchiha, ¿verdad?

—El hermano de Itachi Uchiha, por supuesto que lo conozco, aunque solo sea de vista.

—Pues bien —Hiruzen hizo una pausa para rellenar el tabaco de su pipa, luego prosiguió—, como ya sabrás, él es alguien muy importante para la aldea al ser el último miembro de su clan, por lo que se lo monitorea constantemente para asegurar su integridad física como psicológica, particularmente lo último, ya que es fácil deducir que la Masacre Uchiha le dejó marcas permanentes en su psique— culminada su oración Hiruzen encendió su pipa utilizando chakra, más concretamente con un jutsu de fuego de muy bajo poder, luego le dio una calada.

—Eso lo entiendo, pero ¿dónde encajo yo?

Hiruzen exhaló el humo creando un par de aros.

—Durante estos años a desarrollado una conducta asocial, no se le ha visto relacionándose con nadie; únicamente asiste a la academia, entrena por su cuenta, come y se va a dormir para luego repetir el proceso al día siguiente. Puedo contar con los dedos de las manos las veces que ha hecho alguna actividad recreativa, y con una sola el tipo de cosas que ha realizado.

—Supongo que está diciendo que quiere que me haga su amigo —dijo Naruto, a lo que Hiruzen asintió.

—Es correcto, te he elegido a ti debido a que el no aceptaría hacerse amigo de alguien que sea más débil que él, ya que tienen el pensamiento de que todos lo lastran. Es una misión bastante sencilla, por lo que confío en que no tengas problemas para llevarlo a cabo, además, te vendrá bien relacionarte con alguien de tu edad.

—Me parece bien, Yamato no es un muy buen conversador, y las chicas parecen hablar en otro idioma, lo único que puedo entender de ellas es cuando me molestan por mis marcas en las mejillas —Naruto se frotó las mejillas mientras lo decía, algunas veces les deba por pellizcaras.

—Estoy contento de que te parezca una buena idea, ya que esta es una misión a largo plazo.

—¡¿Eh?! —dijo Naruto, notoriamente confundido.

—Pretendo que estés en su equipo genin hasta que alcance el rango de chunin por lo menos. Dependiendo de tu resultado daremos por concluida la misión en ese momento, o la extenderemos hasta que veamos los resultados deseados.

—¿Cuáles serían esos resultados deseados?

—Básicamente queremos que Sasuke vea a todas las personas de la aldea como su familia, en otras palabras, quiero que le inculques la voluntad de fuego.

La mirada de Naruto denotaba que no estaba muy a gusto con el tema. Él había estado participando en misiones rango A, como espectador mayormente, pero eso era mejor a tener que soportar las soporíferas misiones rango D, las cuales básicamente lo volvían un simple mandadero. Los egresados de la academia, aunque débiles si se los compara con generaciones pasadas, eran ninjas que podrían matar a una persona promedio fácilmente, y se los ponía a cortar el pasto, a cuidad bebés, a llevar las compras, entre otras tareas que un niño de 11-14 años haría para comprar el juguete que vio en la vitrina de una tienda y que sus padres se negaron a comprarlo.

—Sé lo que piensas y tienes razón. Las misiones rango D son insufribles, pero más adelante podrás hacer gala de tus habilidades en misiones rango C, y cuando te promuevan a chunin, que se que lo conseguirás, podrás participar en misiones rango A de verdad junto a Ro, siendo un miembro de pleno derecho en ANBU.

Las palabras de Hiruzen parecían tener efecto en Naruto, pero todavía no parecía completamente convencido, por lo que dijo:

—Oye, al menos podrás poner a prueba lo que has aprendido. Una misión de ANBU a veces requiere infiltrarse a una aldea actuando como un simple civil, por ejemplo, un panadero que solo se dedica a cocinar pan 5 de 7 días a la semana... —mientras decía eso a su mente llegó un recuerdo que había estado enterrado en su mente por varios años—. ¡Oh por Dios! ¡Johnny! ¡Me he olvidado de Johnny! Se suponía que estaba en una misión encubierta como un panadero en la Aldea Oculta entre las Rocas poco antes de que la Tercera Guerra Mundial Ninja terminara. Yo debía enviarle la orden de regresar, pero nunca lo hice, ya han pasado más de 15 años desde eso.

Hiruzen se puso muy intranquilo de la nada, por lo que Naruto preguntó:

—¿Te encuentras bien, Viejo?

—¿E-Eh? S-Sí, estoy bien, es solo que... recordé que dejé la llave de mi lavabo abierta desde la mañana. Bueno, creo que es tiempo de dar por terminada este pequeña charla. Te haré llegar un permiso para que puedas asistir a la clase de Sasuske mañana por la mañana, así como algunos útiles escolares. Eso es todo, retírate, te mereces un descanso.

Naruto, como todo ANBU, trato de analizar el comportamiento de Hiruzen, ya que se notaba a leguas que estaba actuando algo raro. Estaba claro para él que le estaba mintiendo sobre lo que lo aquejaba. La escasa información de la que disponía apuntaba a que era algo de poca importancia, por lo que se encogió de hombros, se colocó de nuevo la máscara, y se fue de la oficina en dirección a la base de ANBU donde estaba localizado su dormitorio.