CAMINO HACIA LA MADUREZ.
Oxford Inglaterra
-Sabes que en dos años egresaré en Finanzas Cuantitativas y regresaré a América definitivamente. Por lo pronto mi padre me ha solicitado que en cada oportunidad que tenga vaya a Texas para integrarme en la empresa familiar. Así que estas vacaciones de verano volaré para encontrarme con mi familia.
-Pensé que te dedicarías a la actuación, lo haces muy bien. A demás lo nuestro no tendrá futuro si tú tienes un pie en América, yo no pienso abandonar el Reino Unido por explorar un continente que no conozco.
-Creí que deseabas venir conmigo…
-No, en definitiva no. También considero que es momento que comencemos a darnos tiempo, que exista más espacio entre nosotros y que yo regrese a mi apartamento. No soy muy buena para las despedidas y de esta forma dolerá menos.
-No es necesario que terminemos, vamos no es definitivo. Puedo hablar con mi padre y decirle que no cuente conmigo para sus planes, lo han hecho sin mí…
-No Terrence, tú tienes una obligación familiar y no quiero que la dejes por mí. Aunque falten dos años para que regreses definitivamente, estarás más tiempo allá que el que podamos pasar juntos aquí. Viene el periodo de verano y al menos son tres meses que lo pasarás lejos de mí, luego diciembre… en fin. Creo que lo más conveniente para nosotros es terminar. Desde el principio sabíamos que este día llegaría y aun así decidimos salir y vivir juntos. Compartimos la actuación y yo sabía que solamente lo hacías para darme gusto y para tener más tiempo juntos. Pero a partir de hoy todo será diferente…
-No quiero que lo nuestro llegue a su final, te quiero Rachel y por ti puedo enfrentarme a mis padres. Cuento con el apoyo de mi madre que también es actriz, solamente necesito saber que tú estás dispuesta a hacer frente a esto conmigo. Mi padre tomará determinaciones drásticas en cuanto a mí y me quitará toda ayuda, pero podemos comenzar de cero… juntos.
-No Terrence, no quiero, es mejor que terminemos y no esperar hasta la despedida. Además tendrás tiempo para asimilar nuestra separación ya que para el verano faltan cuatro meses y es tiempo suficiente para sacar mis cosas de tu casa. Además podemos quedar como buenos amigos.
Sin decir más la joven actriz de teatro, Rachel Poulette, dejó sentado en aquella mesa del elegante restauran francés al hijo del prominente empresario Richard Grandchester. No pensaba frustrar sus planes viéndose solamente como la esposa de un "junior" americano y no quería abandonar su carrera que comenzaba a ser exitosa en el viejo mundo por iniciar de la nada en un lugar que no conocía. Aunque Terrence le había propuesto quedarse con ella e iniciar una vida juntos, la realidad era que ella no quería que nada se interpusiera en sus planes, aunque eso significara decirle "adiós" a su vida amorosa.
Terrence se dirigió a su casa y miró alrededor sabiendo que muchas de las cosas poco a poco irían de desapareciendo para aparecer en el apartamento de Rachel. Dolía la idea de dejar a aquella mujer con la que había compartido alegrías y desencantos, y no se arrepentía de haber tomado la decisión de llevársela a vivir con él cuando su relación estaba en su mejor momento.
Él disfrutaba de la actuación pero sabía que ese sueño jamás sería una realidad, nunca podría dedicarse a ello como él quisiera, siempre existiría la voluntad de su padre ante cualquiera de sus planes. Al igual que sus hermanos no quería decepcionarlo, Richard Grandchester representaba la fuerza y carácter que dominaban cualquier situación bajo su control, nada salía de los límites de su voluntad. No significaba que sus hijos no tuvieran la propia, pero desde muy pequeños fueron inculcados en la mentalidad que todo lo que él pudiera levantar ellos lo tendrían que sostener, sí, esa era la educación que habían recibido en casa desde niños. Ahora los tres descendientes Grandchester sostendrían en sus hombros el gran emporio que Richard, junto a su esposa Eleonor, había construido.
A cada uno les había permitido estudiar una carrera alterna para disfrutarla como un pasatiempo pero tenían que estudiar una carrera que les permitiera llevar a cuestas la responsabilidad del "G-K Empire, empresa petroquímica".
Ser el menor de tres hermanos había resultado bastante cómodo para él, había aprendido de las experiencias ajenas al querer desafiar la voluntad de Richard. Enfrentar a su padre era algo que jamás había pasado por su mente, pero ahora lo dudaba. ¿Podía dejar ir a la mujer con la que había vivido al menos los pasados doce meses por regresar al núcleo familiar? ¿Amaba a Rachel tanto como para enfrentarse a una vida limitada? Sacudió la cabeza para alejar esas interrogantes y le marcó al móvil para saber si podían discutir de nuevo lo que sería su futuro.
-"no Terrence, no pienso cambiar de opinión, esto iba a pasar tarde o temprano, si no lo hacías tú lo haría yo. Estoy en lo mejor de mi carrera y no quiero interrupciones. Esta decisión llegó en el momento oportuno. No lo compliquemos más ¿quieres?
Esa última parte de la conversación le llevó a tomar el aplomo de entregarse a lo que siempre fue su destino. Le llamó a su hermano Steve para decirle que pasaría los siguientes cuatro meses con él para no estar presente cuando Rachel fuera por sus cosas. Dejó indicaciones al portero de aquella zona residencial para que al marcharse la Srita. Poulette se le cambiaran las cerraduras de cada una de las puertas de su casa y conservase las llaves hasta inicios de septiembre que él regresaba.
El tiempo pasó más rápido de lo que se imaginó, compró su pase para la Cd. de San Antonio Texas y respiró profundo ante el giro que daba su vida. Había cerrado positivamente el círculo que significaba Rachel-Terrence, había agradecido haberla conocido y también agradecía el final pasivo de su relación. Lo superó bastante bien, más de lo que él pensaba. La compañía y consejos de sus hermanos habían bastado para darse cuenta que no era amor sino cariño lo que sentía por ella. Se levantó de su asiento después que escuchó por los altavoces del aeropuerto LBA-Leeds Bradfoord la próxima salida con destino a SAT-A- International of St. Antonio, y emprendió la marcha.
Después de volar por casi dieciocho horas y dos escalas en Londres y Dalllas, por fin llegó a su destino, iba tan sumido en sus pensamientos y en su cansancio que no se fijó en su camino y giró bruscamente hacia el sitio de taxis cuando sintió que lanzaba a alguien esbelto al suelo.
-Lo siento, en verdad lo siento ¿Le he lastimado?- Decía preocupado al intentar ayudar la mujer que hacía pocos segundos había derribado.
-No se preocupe, gracias por ayudarme – Dijo incorporándose sobre sus pies y tomando su revista que había quedado en el suelo.
-En verdad lamento este incidente, permítame acompañarla hasta donde va y quedar tranquilo que está usted bien.
-¿Quieres ir conmigo hasta Malibú?- preguntó pícaramente la rubia a la que Terrence había mandado al suelo- y no me llames de usted, soy al meno años menor que tú y me haces sentir vieja y deja de preocuparte hombre que no me pasó nada. – Dijo al momento que emprendía su paso de nuevo.
-Tu nombre, al menos dime cómo te llamas. – Le dijo esperando saber quién era esa bonita mujer - ¿Me permites acompañarte al menos a esperar tu vuelo?
-Mi nombre… es … White y no, no te permito que me acompañes que llevo prisa. – Se despidió con una sonrisa y con un guiño.
-Candice White Ardley, ¡¿se puede saber en dónde diablos estás?!… no me importa desde dónde tengas que emprender, te quiero en casa… ¡ahora!.- Decía una voz enfurecida a través del móvil de Candy
-No puedo papá, voy camino a Malibú a pasar las vacaciones de verano, que tú amablemente, a través de tu secretaria, me has regalado y no pienso desaprovecharlo. Ah, estaré los próximos tres meses y regresaré para matricularme en la universidad.
-Candice, averiguaré con Margaret el hotel a donde te hospedarás e iré por ti. ¿Cómo te atreviste a involucrar a mi secretaria en tu estúpido juego?, sabes perfectamente que estás castigada. Regresa inmediatamente o… Ah, hija, ya sé cómo volverás… te dejaré sin crédito en tus tarjetas… no tendrás dinero para gastar…
-Lo siento padre, pero en casa me lo paso muy mal estando sola y mis amigas vendrán a disfrutar el verano. – Candy cambió su tono de voz de niña rebelde a lastimero – Papá, no me hagas esto, no quiero aburrirme en casa. Te prometo no más problemas. Es una promesa.
-Candy, hija, es por tu bien que comiences a madurar. Por esta vez te permitiré disfrutar estas vacaciones que ya están pagadas… pero por favor… compórtate, no te metas en problemas. Entiende Candice, NO MÁS PROBLEMAS, estarás lejos de mí aproximadamente dos horas de vuelo y no tengo planes de viajar.
-Te lo prometo papito, no habrá problemas y te quiero mucho. Gracias… bye.
Guardó su móvil y abordó el avión que la llevaría a su destino en donde disfrutaría los próximos casi cuatro meses en compañía de sus amigas Annie Britter y Alice Stuart.
A Candice Ardley no se le daba muy bien el no meterse en problemas, su padre la acusaba de ser una persona muy confiada para su gusto. Decía que no pensaba en la maldad de la gente ni de sus malas intenciones y que por eso se veía envuelta en muchos conflictos. De lo último que su padre la había librado era de pasar al menos sus próximos 20 años en prisión, debido a que se apiadó de aquella mujer que le dejó encargado aquél equipaje en donde había la cantidad de tres millones de dólares fruto de un asalto bancario y que ella cargaba en aquella plaza comercial. Su padre tuvo que meter a los mejores abogados de su empresa para librar a su hija ya que el juez no creía su versión de fantasía.
Después de viajar por aire y por tierra llegó a aquella hermosa casita de madera que Margaret le rentó para que estuviera los próximos meses.
No quiso quedarse en el mismo hotel que sus amigas. Candy quería disfrutar de su libertad y de su intimidad, había planeado que en este viaje se encontraría consigo misma e intentaría complacer a la petición de su padre: Madurar, sí, había dispuesto ser responsable de sus actos, de sus decisiones…de su vida. Si se metía en algún problema se enfrentaría sus consecuencias sin recurrir a su padre. Así que estas vacaciones era el cierre de su "antigua" vida y la bienvenida a la nueva Candice White Ardley.
Había quedado huérfana de madre cuando recién cumplía los ocho años de edad, su padre, el empresario petrolero William Ardley no volvió a contraer nupcias para dedicarse a su única hija. Pero intentar educar a un tornado rubio nunca fue una tarea fácil y sencilla, Candy portaba un carácter indomable, luchaba por mantenerse en sujeción y con frecuencia resultaba inútil todo intento que hiciera.
Vivir sin su madre y con la ausencia frecuente de su padre no había sido su ideal de vida. No contaba con nadie, no conocía tíos, primos, abuelos o algún familiar. También sus padres habían sido hijos únicos. Su vida no había sido feliz. Ella deseaba la vida de familia, llegar después del colegio y ser recibida por una madre amorosa, disfrutar la intromisión en su habitación de algún hermano o hermana sin su permiso, hablar con su madre, y no con una ginecóloga, sus cambios como mujer… Quería lo que cualquier familia sureña de los Estados Unidos gozaba, menos ella…
Entraría a la Universidad después del verano y aún no sabía que carrera escoger. Tenía la intención de involucrarse en la empresa de su padre y la vez quería ser más útil para la humanidad, tal vez medicina o alguna que le permitiera labores altruistas en las cuales, no sólo el dinero fuera importante sino en la cual, sus manos le permitieran ayudar.
Disfrutó de la suave brisa de las hermosas playas de Malibú California, cerró los ojos con la fuerte determinación de ser diferente al concluir ese período vacaional, respiró profundamente al tiempo que sonreía al recordar el incidente con aquél chico guapo del aeropuerto. -Y yo, ni siquiera supe cómo se llamaba.
-¡Primito, pero qué bien te ha asentado vivir en Inglaterra, estás de lo más guapo! – Decía sonriente Karen Baker mientras estrechaba en sus brazos a Terrence. – Me encargaré de que tu estancia en Texas sea de lo más placentera en todos los sentidos, iremos a bailar, te presentaré a mis amigos y alguna amiga- dijo esto último guiñándole un ojo – haremos fiestas y tendrás mucha actividad este verano. Seré la responsable que te la pases de lujo.
-Karen, hija me da gusto que recibas con mucho cariño a mi pequeño –Dijo Richard muy sonriente al tiempo que rodeaba con un brazo los hombros de su hijo menor –Pero es necesario que sepas que Terrence no está de vacaciones, tiene que conocer lo que serán sus responsabilidades en la empresa que algún día tendrá bajo su dominio en compañía de sus hermanos. Así que nada de fiestas, ni salidas, ni nada que se le parezca…
-Tío, Terry tendrá toda una vida para ser responsable y ha estado demasiado tiempo lejos, por favor, por tu sobrina favorita, deja que este verano lo disfrute, no lo agobies con trabajo. Mira que ha estado en otro país, nada cerca por cierto, y recién llega y ya lo quieres poner a trabajar… Por favor… por favor… Cuando tome la empresa no tendrá tiempo para divertirse, todo será trabajo…
- Karen, prima, también me da gusto verte, y sí que estás bellísima… pero mi padre tiene razón, estoy aquí por el negocio de la familia y no por otra cosa…
Richard al escuchar esas palabras en su hijo le lleno de orgullo el corazón, verlo tan responsable a sus 22 años y tomó la decisión más impulsiva que hasta él mismo se sorprendió.
-Está bien, Terry tu prima tiene razón ya habrá tiempo para responsabilidades, tienes 22 años y nunca me has dado ningún problema y es tiempo que te diviertas, que disfrutes de este verano y cuando regreses en diciembre tendré tiempo de inducirte en el manejo financiero de la empresa.
-Papá, te lo agradezco pero no es necesario que cambies de opinión, puedo con ambas cosas. No me tendrás esclavizado las 24 hrs. del día o ¿Sí? - Dijo sonriente.
-No se admiten protestas, mi tío ha hablado y la voluntad de Richard Grandchester se cumple al pie de la letra- Rieron del comentario de Karen.
-¿Qué es tan gracioso que hasta la planta de arriba se escucha? –Dijo una hermosa mujer al descender por las escalinatas de aquella enorme mansión.
-Madre – Corrió Terry a abrazarla y darle un cariñoso beso.
-Hijo, te he echado tanto de menos. ¡Qué bueno que ya estés aquí!, -Dijo correspondiendo afectivamente a su hijo. – Hemos preparado una cena por tu llegada. Pasemos al comedor – indicó a su esposo y a su sobrina.
-Y bien Karen ¿Qué planes tienes para este verano, que has insistido tanto que tu primo pueda disfrutar?
-Iremos a broncearnos un poco, que bastante falta le hace a Terry, ya que parece de cera – dijo al tiempo que sonreía.
-¿Alguna playa de México? – quiso saber Eleonor.
- Esos eran mis planes, pero Paty O'Brien irá a Malibú al igual que Stear y Archie. Así que también he decidido que iremos a California. A Terry le gustará.
-¿Cuándo piensan viajar?
-En un mese y esteremos dos meses allá. Así que disfruten a su hijo porque después será todo nuestro.
-¿Y si no quiero ir a la playa?
-Querrás ir primito, te lo garantizo, mis amigos te caerán muy bien, además ya hemos rentado una casita a las orillas de la playa y en este tiempo el clima es muy agradable.
-Convénceme prima – Dijo levantando una ceja.
-Bikinis, cerveza, lindas chicas, antros, sol, playa…
-Lindas chicas… - Terry pensó en… ¿Cómo dijo que se llamaba?... ¿White?... White… Malibú… Ella dijo que iría a Malibú… pero él iría hasta dentro de un mese… a lo mejor… no era imposible…
-Iré si me prometes que también tendré mi espacio, si yo no quiero salir un día contigo lo respetarás…
-Prometido, no voy como niñera de nadie… voy a divertirme…
-Pues dicho así… cuenta conmigo… ¿Tus amigos están de acuerdo?
-Completamente, ya sabía que vendrías y les he dado aviso.
-¿Y qué harán el primer mese antes de ir a Malibú?
-Llevaré a Terry a diferentes partes de San Antonio, recorreremos los parajes que nos harán recordar cuando éramos niños, cuando Steve, Allan y Terrence vivían aquí. Sé que le encantará. Iremos a la plaza a donde íbamos a comer helados, comprábamos cd's, ropa… es nuestra plaza favorita… tenemos tantos recuerdos de ahí, ¿Recuerdas Terry?
-Sí, ¿Cómo olvidar aquella plaza comercial?- Sonrió ante sus recuerdos.
Después de disfrutar cuatro semanas en completa paz y una que otra noche de reventón Candy decidió que los próximos 60 días serían los más tranquilos que ella pudiera propiciarse a sí misma. Se despidió de sus amigas Annie y Alice y les pidió que no le llamasen, que no fuesen por ella aunque su aislamiento la ahogara y ella se los rogara. Les hizo prometerle que no sucumbirían a su necesidad de fiesta y diversión… Se sentía como un adicto en rehabilitación. Se deslizó en el asiento del conductor del carro que había rentado para los próximos dos meses y se detuvo en un supermercado… Empezaría su metamorfosis hacia la madurez.
-Tendré que prepararme mis propios alimentos… - Respiró profundo y tomó un carrito para compras, se dispuso a enfrentar esa tarea como si fuera muy difícil. – Comenzaré con enlatados, cereales, comida para microondas, leche… gracias a Dios que aquella cabaña estaba amueblada si no tendría que haber comprado: frigorífico, estufa, un microondas... No creo que esto sea tan difícil. Tú puedes Candy, tú puedes demostrar a papá que cambiarás y serás madura, digna de su confianza.
Deseo que ésta historia sea de su agrado... la trama es un poco distinta a la que estamos acostumbradas pero sí tiene pasión, amor, celos, gritos, llantos, etc... Ya saben, el temperamento de nuestro amado Terry
De corazón, espero que les guste
Abby =)
