Disclaimer: ¿Te suena un gryffindor directo e impulsivo de familia sangre limpia? ¿Su inseparable amigo enamorado de una pelirroja con mal genio? ¿Un muchacho con un pequeño problema peludo o un animago que acabó traicionándolos a todos? Es normal, los creo J.K. Rowling y le pertenecen (aunque la estoy convenciendo para que me regale a Sirius).

Las normas de un Black

Norma nº 2: Todo Black debe ir a Slytherin

Sirius se atusó el pelo, nervioso, aunque nunca se atrevería a admitirlo. Gracias a Merlín, su apellido era de los primeros, y no tendría que esperar demasiado.

Porque para lo que casi todos era una mera selección sin importancia, una ilusión brillando en los ojos que se apagaba o se encendía llegado el momento, el nombre de una casa de Hogwarts gritado a todo el Gran Comedor; para él era saber quién era.

Si caía en Slytherin quedaría demostrado que era un Black. Dejaría de haber ceños fruncidos por parte de su madre en las comidas, miradas penetrantes de su padre cada vez que se cruzaban, o murmullos con mala intención de sus primos y tíos.

Si no caía en Slytherin, no sería un Black. No sería un sangre limpia, no sería alguien con el futuro construido. Sería, simple y llanamente, Sirius.

―¡Black, Sirius! ―gritó McGonagall, con su inseparable túnica esmeralda y el sombrero puntiagudo.

Sirius tragó en seco. Intentó esconder su nerviosismo dedicándole una sonrisa confiada a James, que alzó el pulgar para darle ánimos.

Se dirigió con paso seguro hasta el taburete, dónde se sentó y se secó disimuladamente las manos, llenas de sudor, en la túnica. Los alumnos lo contemplaban con curiosidad, pudo ver que algunos susurraban, seguramente se habrían percatado de que familia procedía. McGonagall le colocó el sombrero, y Sirius no pudo ver nada más.

Estuvo unos segundos con el sombrero puesto; con los ojos de todos los integrantes del Gran Comedor clavados en él. Sirius no recordaría bien que le había dicho el sombrero exactamente, ni que había respondido él. Tan sólo lograría acordarse de la pregunta que le hizo el sombrero antes de anunciar a la casa a la que pertenecía:

―La pregunta no es quién eres, sino quién quieres ser.

Y Sirius, a sus once años de edad, lo entendió. El sombrero abrió la raja que tenía en forma de boca y gritó:

―¡GRYFFINDOR!

Los aplausos no tardaron en hacerse presentes, y Sirius esbozó la sonrisa más amplía de su vida. Se quedó quiero, sin quitarse el sombrero, y sentado en el taburete, disfrutando de su triunfo. Imaginando la cara de su madre al enterarse, sintiéndose liberado del peso de su apellido.

―Señor Black ―dijo la profesora McGonagall con voz severa, aunque más cálida que de costumbre―; haga el favor de volver a su asiento.

Sirius se quitó el sombrero, y sin poderlo evitar, abrazó brevemente a la profesora de Transformaciones, que se quedó petrificada. Ebrio de felicidad, y si dejar de sonreír, corrió a su mesa y estrechó las manos de los que ahora eran su nueva familia.

Y Sirius supo, cuando James también fue elegido a Gryffindor, cuando un muchacho pequeño y con cara de rata les rió una gracia, cuando un niño de aspecto desaliñado y mirada amable se presentó como Remus Lupin, que esa sería la mejor familia que tendría nunca.


¡Pues aquí está la siguiente! Espero que os haya gustado, porque a mí no me deja satisfecha, y la verdad es que no sabía por dónde cogerla.

Quiero darles las gracias especialmente a Venetrix y a Paosan (que por cierto, si quieres que te conteste tus reviews, déjame tu e-mail de contacto), que me dejaron review :). A las/los demás, ¡animaos también! Que me da pena cuando veo que añadís la historia a favoritos pero no dejáis comentario ;).

¡Muchísimas gracias a todas/os!

Hasta la próxima viñeta; "Todo Black debe despreciar a los sangre sucias".

Lils