CAP 1.- Primeros pasos en lo desconocido

Cuando la alarma sonó la apagué de inmediato, no me hacía falta ya hacia horas que estaba despierta y preparada. Ese día sería finalmente transferida a una nueva escuela, la primera escuela japonesa que pisaría. Solo llevaba una semana a Tokio, pero ya me conocía a la perfección los alrededores y había hecho un esfuerzo para aprenderme nuevos kanjis. No quería que nada me pillara por sorpresa; incluso también las costumbres y formalidades típicas de la cultura del país. Eli Ayase no sería la chica nueva extraña que venía tras unos meses de empezar las clases.

Ya había desayunado y arreglado mi habitación, también ya me había duchado y cambiado. Estaba lista para salir en cualquier momento. Únicamente tenía que esperar a que fuese la hora.

- Eli – Escuche que mi madre me llamaba desde el pasillo. Antes de que ella abriera la puerta, me dirigí hacia fuera de la habitación.

- ¿Que ocurre mamá?

- ¿Estas nerviosa?

- No lo voy a negar – Respondí con una pequeña sonrisa mientras observaba mis pies.

- Cualquier cosa, sabes que puedes contar con nosotros. – Levanté mi cabeza para mirarle a los ojos y me sonrió – Ah y, por cierto, gracias por preparar el desayuno, aunque estaba mas rico el que preparaba tu abuela.

- ¡Mamá!

- Era broma, era broma. Bueno, ¿ya estas preparada?

- Si.

- Perfecto, pues recoge tus cosas. Por ser tu primer día te llevamos en coche.

- ¡No soy una niña pequeña!

- Eso díselo a tu padre, ha sido idea suya.

- ¿Eh, de verdad?

Cuando llegamos antes de salir del coche mi padre se dirigió a mí.

- No esperes a qué vengan hacía ti, recuerda tú eres la nueva la que de cierto modo disturbará sus rutinas, pero no te vengas a bajo, solo será el principio. Eres una gran chica y se darán cuenta enseguida.

- Lo sé, gracias de todos modos papá. – Me acerqué a él, entre los asientos y le di un besó en la mejilla.

- ¿Y yo qué?

- Tú también – Sonreí y besé a la mejilla de mi madre también. – Bueno ya me voy.

- Que vaya bien – Me desearon los dos.

Una vez salí del coche, me dirigí a la entrada del colegio sin mirar a ningún momento atrás, aunque sabía que mis padres todavía no se habían marchado. Una vez dentro, me sentí algo perdida, no sabía dónde estaba mi clase así que al primer adulto que vi se lo pregunté.

- No serás, Ayase Eli, por casualidad.

- Exacto, esa soy yo.

- Es un placer, soy tu tutor Hirohito, justo ahora estaba bajando para buscarte. Vamos hacía clase.

Asentí con la cabeza y lo seguí.

- Cuando acaben las clases, no te vayas que necesitaré hablar contigo – Tras una pausa, entro en el aula - De momento, espera aquí fuera hasta que te de la señal.

Obedecí. Veía pasar distintas personas hacia dentro de la clase, estos iban a ser mis compañeros durante un año y medio esperaba caerles bien.

Cuando dejaron de entrar, escuché como el profesor empezaba a hablar y en poco tiempo me dijo de entrar.

Con un paso tranquilo entre, cerrando a mi paso la puerta corrediza, me posicione donde el profesor me indico y mientras él escribía mi nombre en la pizarra yo observaba atentamente a mis nuevos compañeros.

- Puedes presentar-te.

Aclaré mi garganta y empecé con el mini discurso que ya tenía planeado.

- Encantada de conoceros, mi nombre es Ayase Eli, aunque mi padre es japonés nunca había estado. Hasta ahora siempre he estado viviendo en Rusia así que gracias por acogerme. Espero que nos podamos llevar bien. – Acabé haciendo una pequeña reverencia, un saludo japonés típico según mis fuentes de información.

- Gracias, Ayase-san. Siéntate allí. – Señalo a un pupitre vació situado al final del todo de la filera del medio

Una vez sentada, empezó la clase. No voy a mentir iba perdida, pero eso no me hizo perder mis ganas de esforzarme y estuve anotando todo lo que decía. Las siguientes clases fueron igual, y finalmente llegó la hora del recreo. La hora de socializar.

Un grupo de niñas se acercó a mi pupitre; a mi derecha, una joven con busto voluminoso de ojos oscuros con el pelo negro y con una diadema de color rosa, en frente; una chica un tanto más alta que la anterior con la cabellera recogida en una cola baja y con el flequillo a la altura de los ojos, por último, a mi izquierda, la más bajita entre las tres con ojos ámbares escondidos en unas finas gafas y pelo castaño a la altura de los hombros. Esta última fue la primera en comenzar una conversación.

- Te llamabas Eri, ¿verdad?

- Más o menos, concretamente es Eli. -

- Bueno, como en japonés la "L" – Enfatizo y exagero bastante la pronunciación de la L – no existe y tu nombre estaba en kanji. He pensado que sería así, no distingo bien su sonido.

- Haruna, la vas a molestar con estas cosas. – Comento la más alta.

- Lo que sea. Bienvenida.

- Eh… Gracias, Ha-Haruna… -

- Así es. Y estas de aquí son Yui – Señalo a la chica enfrente mío y luego a la joven con diadema– Y Hidemi. Te parecerán raros los nombres al principio, pero ya te acostumbraras.

- Puede parecer un poco borde, pero es una buena chica. Es un placer tenerte aquí Ayase-san. – Comento Yui.

- Gracias, el placer es mío. Espero que nos llevemos bien. - Iba a estrechar la mano, pero recordé que en Japón no es demasiado común así que retrocedí y la escondí.

- Por cierto, ¿y de donde has dicho que eras? – Volvió Haruna a hablar.

- Rusia, concretamente Sant Petersburgo.

- ¿Eso está más en Asia o Europa? Espera, no contestes, Asia, ¿ver- - Yui fue interrumpida por un golpe en la frente por parte de su amiga con gafas. – ¡AUCH! Eso ha dolido, ¿Por qué lo has hecho?

- Tonta, está más cerca de Europa. Es casi la punta del país con la frontera europea. –

Yui al observar que sus amigas comenzaban a tener una pequeña disputa, se dirigió a mí.

- Tranquila, se pasan el día discutiendo por cosas banales, así que no te preocupes.

Poco después ambas se disculparon y siguieron haciéndome preguntas, las típicas que se realizan a los transferidos hasta que sonó el timbre para las siguientes clases.

Al acabar las clases, busqué al tutor para hablar con él como me había dicho.

- Gracias por esperar Ayase-san. No hace falta que esperes de pie. Puedes sentarte. –

Me senté en la silla que me ofreció.

- ¿Te ha sido difícil, encontrar la sala de profesores?

- Unas chicas de clase me han acompañado.

- Me alegro entonces.

- ¿De qué quería hablarme profesor?

- Des de la junta de profesores, entendemos que tardarás en acostumbrarte al sistema que tenemos implantado aquí, y que puedes tener ciertos problemas con el lenguaje, así que queríamos proponer-te de tomar un pequeño cursillo por las tardes. Y de esa manera recuperar también lo que te has perdido del semestre. – Dejo un panfleto en la mesa al lado más cercano a mí, el cual recogí de inmediato y observe con curiosidad – Avisaré a tus padres sobre ello también. Y no te preocupes está tanto en inglés como en japonés así que no tendrás problemas. Tampoco hace falta que me des una respuesta inmediata, pero estaríamos agradecidos que fuera lo antes posible.

Tras unos segundos de silencio, dejé de observar el folleto y puse mi mirada en la del profesor.

- ¿Necesita alguna cosa más profesor? –

- No, puedes marcharte. Gracias por tu colaboración.

Hice una referencia y me fui. Cuando ya estaba fuera del colegio, tiré el folleto a la primera basura que encontré. Todo el día había ido bien excepto por ese pequeño detalle. "¿Qué se ha creído? Yo me las valgo por mí sola, puede que vaya un poco corta en la lectura, pero no voy lo suficiente mal como para necesitar clases de repaso" Pensé con furia, pero enseguida me calme al recordar el resto del día, además tenía que llegar a casa con una sonrisa.

- Bienvenida Eli-chan, ¿cómo te ha ido tu primer día?

- Muy bien mamá, unas chicas han estado hablando conmigo. Y he entendido a la perfección lo que explicaban en clase.

- ¡No sabes cuánto me alegro! – Se abalanzo hacia mí y fui víctima de un fuerte abrazo materno.

- Mama… me aplastas….

- ¡Ay! Perdona – Se aparto enseguida, y miro hacia la cocina – Eli, tu padre hoy no llegará hasta tarde, tiene bastante papeleo que hacer, pero en cambio – Su mirada se desvió hacía mi - ¿Sabes que te ha comprado? Un pastel de chocolate.

Una sonrisa de punta a punta se me formo en mi cara. Quería también explicarle el día a papa, pero no iba a renunciar a un exquisito pastel de chocolate.

Al final, quedé tan llena que no puede esperar despierta a que viniera y me dormí a los pocos minutos de acabar de cenar.

Al día siguiente, tras la típica rutina de las mañanas (desayunar, peinarse, vestirse, asearse y arreglarse en general) me dirigí alegremente hacia la escuela.

-Buenos días – Dije al entrar, algunos no respondieron otros sí. No importaba era solamente una formalidad. Así pues, me acomodé y presté atención a mi segundo día de clases.

Al acabar las primeras horas, llegó la hora del patio y me disponía a empezar a comer el tutor vino a buscarme.

- Ayase-san, ¿tienes un momento?

Asentí con la cabeza, dejé las cosas tal y como estaban y fui hacia fuera de clase, donde se encontraba.

- Les iría bien a tus padres vernos, el martes de la semana que viene.

- No lo sé. Les preguntaré.

- De acuerdo. Gracias.

Se despidió y se fue. Volví a clase, alrededor de mi escritorio había algunos chicos de clase observando. Al acercarme les pregunté si ocurría algo.

- Teníamos curiosidad… ¿Qué es lo que estabas comiendo? – Comentó uno de los chicos

- Grenki, es como un pan, pero dulce. Y lo otro Sírniki, parecido a una tortilla de queso más o menos.

- Oh-

- ¿Y de donde eras? – Preguntó el otro repentinamente

- Rusia. –

- Vaya, háblanos un poco. Para empezar, ¿cómo es vivir allí? Debe de hacer mucho frio todo el año…

- Al menos donde yo vivía no… En verano era todo lo contrario…

- Curioso, no lo hubiera pensado nunca.

Antes de que pudieran volver a preguntar el profesor entro en el aula y volvieron a sus respectivos sitios.

A la tarde cuando llegué a casa, lo primero que hice fue ponerme a estudiar y cuando llegaron mis padres les comenté a desgana el hecho de que el tutor quería verlos. Suponía que su citación se debía a las clases de repaso que querían que hiciera.

Cuando llegó el día de la reunión de mis padres con la escuela pedí si podía estar yo también presente y a pesar de una negación inicial se me permitió estar.

- Gracias por asistir. Veréis le hemos propuesto a vuestra hija que haga clases de refuerzo en la escuela, no sé si os lo habrá comentado ya ella.

- Sí, pero no lo vemos necesario. Eli es una niña muy estudiosa y responsable, solo tendrá que esforzarse un poco más al principio.

- Además a ella misma no le agrada la idea – Continuo mi madre

- ¿Es eso cierto? – Me preguntó mirándome

- Sí, profesor

Tras pensárselo un poco consideró nuestra visión, pero propuso una condición.

- De acuerdo, pero si para cuando lleguen los exámenes finales sus notas no son demasiado buenas reconsideraré que asista.

- No le vemos el problema – Contestaron mis padres

Contenta di las gracias y siguieron hablando de cómo me estaba yendo por el momento. Antes de que la hora de descanso acabará, dio por finalizada la reunión.

- Ahora nos volemos al trabajo, Eli-chan –

- Lo sé mamá…

- A partir de hora ya sabes lo que te toca, ¿verdad?

- Claro que sí, papá. Siempre lo he sabido.

- Esa es mi niña.

- Gracias por apoyar mi decisión.

- Siempre te apoyaremos cariño.

- Bueno nos tenemos que ir ya, Irina vámonos. Eli nos vemos esta noche.

Los abracé y tras despedirnos, observé como unas compañeras de clase me estaban mirando. Al percatarse ellas también se dirigieron a mí:

- ¿Eran tus padres? – Las chicas en cuestión eran Haruna, Hidemi y Yui. El trio que se me presentaron el primer día.

- Si. Tenían una reunión con el tutor.

- Entonces eres medio japonesa nunca lo habría pensado. – Comentó Yui

- Si te fijas, es cierto que tiene los ojos un poco rasgados… - Hidemi se estaba acercando a mi acara y me miraba fijamente a los ojos, la cual cosa provoco que me avergonzara.

- Chicas creo que la estáis molestando.

- Haruna, pero si tu…

- ¿Si yo qué, Hidemi?

- Nada…

- Por cierto, fijaos en la hora que es… - El comentario de Yui hizo que todas, incluyéndome, miráramos el reloj de la pantalla de su móvil que nos estaba mostrando – En nada tocará la campana, tendríamos que volver hacia el aula.

- Cierto, ¡vamos!

Al llegar, la profe ya estaba presente y nos indicó que nos pusiéramos en grupos. Al haber llegado con esas chicas, les pregunté si les importaba que fuera en ellas y sin problemas aceptaron.

De ese trabajo hice yo la mayor parte, en un principio no le vi ninguna objeción: "Lo hacen a para que practique, mejore y corregidme si necesario"

Con el paso de los días, los compañeros se me aproximaban menos para conversar. "Es normal" pensé, ya no era la novedad. No me molestaba realmente, no tenia demasiado tiempo para socializar, debía de prepararme para los exámenes que estaban a la vuelta de la esquina. Además, si quería podía aproximarme a ese trio de chicas, podían hacer alguna vez algún comentario algo desagradable pero no parecían malas niñas. Si teníamos que hacer un trabajo conjunto, me unía a ellas, si durante los descansos ya había terminado de repesar y no tenia nada a hacer las buscaba para hablar, en educación física también iba con ellas incluso en les vestuarios. Bueno esto último con bastante vergüenza…

Finalmente llegaron los ansiados exámenes finales. Una parte de mi estaba insegura, la otra todo lo contrario muy confiada. Cuando acabaron nos dieron unos días de descanso los cuales los pase muy nerviosa, daba la tabarra a mis padres y a la abuela por teléfono, no conseguía conciliar el sueño y consumía más chocolate de lo habitual. En resumen, todos los nervios que no tuve al mudarme los estaba teniendo en ese momento por triple. Cuando llegó el día del anunciamiento de las notas estaba aún más inquieta. Mientras esperaba a que me llamasen inconscientemente no paraba de murmurar cosas sin sentido. Todas mis preocupaciones se esfumaron al recoger los exámenes, los frutos de mi esfuerzo habían dado resultado.

- Enhorabuena, Ayase-san. Todo aprobado y con buena nota de las mejores de clase. Te quedas algo corta en inglés, pero te hace media.

No podía estar más contenta, después de un tiempo Ayase Eli demostraba de lo que era capaz. Estaba super orgullosa de mí misma. Sin embargo, no todo fue un camino de rosas…

- Pensaba que todas las rubias eran tontas – Escuché que murmuraba al chico del pupitre del lado mío.

- Habrá sido un golpe de suerte - Respondió otro.

Mi primer instinto fue responder, pero preferí callarme, no quería problemas. Seguí con ese pensamiento a pesar de que comentarios por el estilo aumentaban. No es que fuera exactamente algo nuevo, lo único que no era consciente… Lo que antes se quedaban en conversaciones privadas ahora iban dirigidas directamente a mi persona.

- ¡Si realmente eres japonesa deja de tíñete el pelo!

- ¡Escribe tu nombre como toca: en katakana!

Bueno, aún había gente que se lo quedaban por ellos…

- Parece muy inocente, lígatela y la abandonas una vez hayas hecho lo que quieras hacer con ella.

- ¿Crees que si toma una botella Vodka entero aguantará sin emborracharse?

No voy a negar que sentía mucha rabia y tristeza por todos esos comentarios hechos y los no hechos, como evitarme, pero prefería quedarme al margen. Ni siquiera se lo comenté a mis padres, cuando llegaba a casa intentaba parecer la chica más feliz de todas hasta qué llego un momento en que me derrumbé… Me sentía traicionada, humillada, pisoteada…

Llegué a casa y dejé de cualquier manera mis pertinencias y me puse a llorar al sofá. No se cuanto rato paso, pero en algún momento mi madre llegó y al verme lo primero que hizo fue ir hacia mí.

- Cariño, ¿Qué ocurre? – Se sentó como pudo a mi lado y empezó a acariciarme la cabeza. - ¿Todo bien? Espera es una pregunta estúpida…. ¿Cuéntame que pasa? ¿Por qué estas llorando?

No quería contestar ni tampoco quería me viera la cara, sabía que mis esfuerzos serian inútiles en algún momento me obligaría a girarme y apoyarme en su regazo. De hecho, exactamente es lo que hizo.

- Tranquila, cuando quieras me lo dices… No me moveré de aquí.

- Ma-ma-mama… - Empecé a hablar entre sollozos, mientras ella seguía acariciándome.

- ¿Algo relacionado con el instituto?

Antes de responder me recompuse y sequé mis lágrimas.

- Las chicas con las que hablaba algunas veces… pensaba que podríamos ser amigas, pero… pero… las he escuchado criticándome… que solo soy un estereotipo andante… una pesada…

- ¡Qué estúpidas! Se nota que esas no té conocen de nada. No dejes que unas palabras vacías te afecten.

- También he sobreentendido que si aceptaban hacer trabajos conmigo era para ellas tener que trabajar menos… o para luego burlarse…

- No vuelvas a trabajar con ellas… ¿Quieres que vayamos a hablar con la escuela?

- ¡NO!

Tras mi repentina negación permaneció en silencio. Debió de pensar que era una niña complicada.

- Tampoco se lo digas a papá o a la abuela o a Alisa…

Otra vez un silencio incomodo se formó.

- Y solo quiero arroz en el bento.

- De acuerdo… Nada de reuniones con el cole, ni explicaciones a tu familia, y solo arroz para desayunar, ¿ni chocolate?

- Ni chocolate.

- Vale… ¿Y qué pretenderás hacer al respecto?

- Pasar de ellas.

- Quiero que tengas en cuenta que si te hago caso es porqué conociéndote puede ser perjudicial, pero… si te vuelvo a ver así, veo que no mejoras o empeoras o lo que sea, cambiará mi forma de actuar y tanto yo como tu padre iremos a hablar con la escuela.

No contesté.

- ¿Quieres seguir hablando de ello?

- Realmente no… Gracias mamá por confiar en mi… Me voy a mi habitación, creo que necesitó dormir…

- Descansa, cariño – Me besó en la frente- Por cierto, a partir de mañana pasaré menos tiempo en casa por el trabajo, solo será por un mes… No obstante, eso no significa que no vaya a cumplir con lo que te he dicho...

- De acuerdo mamá – Le devolví el beso y cumplí con mis palabras yéndome a dormir.


ANOTACIONES

Para esta historia me baso en el trasfondo del anime y no en el del manga o novelas ligeras: donde Eli no se crió en Akihabara, Japón.