Hola de nuevo:D
Muchas gracias por los reviews del capítulo anterior y muchas gracias por leer este también. Perdón por la tardanza, estuve sin mucho tiempo libre por cosas de la universidad, espero tardar menos con el próximo.
Perdón también si hay algún error(como lo de los nombres de los reyes en el capítulo 1). Me lo leo varias veces antes de subirlo, pero soy un completo despiste^^U
Y ya sin más dilación, espero que os guste:3
Tras volver de Jotunheim Thor les contó fascinado a sus tres amigos todo lo que allí había visto y descubierto, las montañas, las cuevas, los gigantes... Tampoco pasó por alto el encuentro con aquel niño, aunque sí que redujo su importancia. No había logrado nada, y le entristecía que pudiera estar allí solo en la nieve.
Al tercer día pudo ver como los dos asgardianos que se habían quedado con el pequeño ya habían vuelto. Intentó preguntarles, pero la única vez que coincidió con ellos recibieron una orden antes de que pudiese acercarse. Nadie le había dicho nada, así que intuyó que si había encontrado su casa. O puede que precisamente por eso callaran... Pero su padre no seria capaz de dejar a un inocente a su merced, ¿no? No sabía porqué estaba tan susceptible.
El día que volvió a coincidir con uno de los guardias a punto estuvo de avalanzarse sobre él presa de la curiosidad.
— ¿Recuerdas al niño que estaba conmigo el día que fuimos a Jotunheim?
— Si... señor.
— ¿Qué fue de él?¿Era cierto lo que decía mi padre?
El soldado tragó saliva y asintió lentamente, dudando.
— A decir verdad...—continuó tras una pausa.— Al segundo de que cruzarais el puente él se desvaneció.
— ¿Como que se desvaneció?
— Cuando nos volvimos hacia él ya no estaba. Tal vez salió corriendo y con la niebla que había no lo vimos alejarse.— su tono iba bajando a medida que hablaba, haciendo que Thor no puede pensar otra cosa a parte de que era una mentira.— Pero seguro que por eso se fue, hacia su casa...— y que a un príncipe no se le trata como a un niño.
Thor se giró airado, sin dirigirle ni una mirada. ¿Y esos eran los hombres que iban a proteger Asgard?
Se dirigió entonces hacia la sala del trono en busca de su padre. Lo encontró reunido, así que espero al aire libre observando todo Asgard bajo él. Hundido en sus pensamientos no prestaba atención a lo que hablaban su padre y sus consejeros, nunca lo hacia en realidad, ni cuando su padre le obligaba a estar presente. Estaba más que seguro que cuando fuera rey terminaría muriendo de aburrimiento en una de esas reuniones en vez de en una batalla. Aun así, lo único que percibió a través del viento que se introducía en la estancia y sus propios pensamientos era la extrema seriedad con la que hablaban todos. Tampoco le dio importancia, los consejeros de su padre eran más estirados que la lanza con la que le gustaba jugar a aquella niña llamada Sif. Otra nota mental, cuando el fuera rey, podría a sus tres amigos de consejeros jefes.
Cuando por fin terminaron, tras lo que al rubio prácticamente le parecieron décadas, se acerco a su padre. Esperó a que le concediera permiso para hablar, lo que no obtuvo hasta que se quedaron solos. Como si su padre supiese cual era la razón de esa visita.
— Venia a informaros, Padre, de que los dos soldados que dejasteis a cargo del niño en...
— Lo sé Thor.
— ¿El que sabéis? ¿Que dicen que "se desvaneció" en vez de decir que lo dejaron en cualquier sitio o no se preocuparon en buscarlo?
Odin suspiró.
— Thor... No es tan sencillo quedarse solo con un compañero en un mundo que no es el tuyo y con el que hasta hace poco tiempo se estaba en guerra.— el príncipe fue a abrir la boca pero fue interrumpido.— Ademas, no deberías juzgar tan duramente a esos guardias. ¿Cuál es la orden que yo les di?
— Quedarse y encontrar la casa del niño...— susurró Thor bajito y de mala gana mirando al suelo.
— Pues eso es lo que habrán hecho entonces. Ahora déjame, tengo que ir a tratar unos asuntos importantes.
— ¿Referentes a Jotunheim? ¿Te ayudo padre? Si hay que volver, ¿puedo ir contigo?
Odin suspiró.
— No Thor, no volverás a ir en mucho tiempo... Y no te estoy castigando.— añadió tras ver la mirada recriminatoria en el rostro de su hijo.— Es solo que no es un lugar seguro.
— ¡Pero la otra vez... El acto de fe!
— Efectivamente. EL acto de fe, solo es necesario uno. No volverás a pisar ese reino mientras sea posible.— si hijo seguía sin comprender y tal lo demostraba su mirada. Odin tomó aire, creía haberle estado enseñando bien de cara al futuro, pero tal vez fuera demasiado pedir a un niño de 12 años que entendiera los tejemanejes de la política.— ¿Por qué crees que hemos hecho una alianza con los gigantes del hielo?
— Para... ¿Preservar la paz?— pregunto Thor confuso.
— Exacto. Sabrás por tus clases que los gigantes del hielo tienen fama de pretender violentos y biscerales. Y así ha sido mientras yo recuerdo. Laufey no fue diferente. Cuando empezó a decaer, Farbauti, uno de sus generales, lo traiciono y tomo el poder. Lo tomo por la fuerza en un duelo con testigos, así que se considero valido... Ha costado mucho llegar hasta Farbauti, incluso algunas vidas. El nuevo rey pretende tener una imagen más diplomática, pero como al resto le gusta demasiado ver correr la sangre... Así que tenemos que evitarlo. Y que tú no vayas a Jotunheim a no ser que sea necesario es parte de ese plan, ¿entendido?
Thor asintió. Odin dio la conversación por terminada y se volvió en dirección a la salida. El rubio regresó al balcón, al aire libre. Apoyado en la barandilla se dedicó a observar el cielo, en el que se podía ver una aurora boreal, bajando su mirada hasta el Bifrost. Allí estaba Heimdall, como siempre, vigilando que nadie entrase en Asgard sin su permiso y observándolo todo, lo que ocurría en ese reino y... En el resto de los nueve.
Una nueva idea cruzó la cabeza de Thor. Bajo rápidamente hasta las caballerizas y mando que le ensillaran su caballo. Con algo de prisa montó en él cuando estuvo listo y lo azuzó hasta el Bifrost, el limite de la frontera de Asgard. Allí de pie encontró a Heimdall con su armadura dorada y su pose estática. El guardián de Asgard siguió mirando hacia el infinito aun cuando Thor estuvo a escasos pasos de él. Era incomodo, pero el príncipe sabia que, de algún modo, lo estaba observando de igual manera que lo observaba todo.
— Buen día Heimdall...
— No te han mentido.— dijo sin apartar la mirada del horizonte.— Tal y como te dijo el guardia, el niño se desvaneció... Literalmente.
Thor se quedó unos segundos dudando sobre el significado de aquella respuesta. Ademas de asimilándolo todo, le ponía los pelos de punta aquello de que Heimdall lo pudiese ver todo.
— Eso... ¿Eso es posible?
— Escapa a mi raciocinio actualmente, pero parece ser que sí.
— Entonces...
— Entonces, no encontraras tu respuesta aquí joven Thor... Pero tal vez este más cerca de ti de lo que tú crees.— concluyo mirándolo un segundo y volviendo la vista al frente.
Thor asintió cabizbajo y sin realmente entender porqué se le había puesto tan filosófico. Le habían dicho que se olvidara, pero es que simplemente no podía hacerlo. La mirada asustada que ponía cada vez que veía algo desconocido no desaparecía de su mente, y con ella sus ganas de proteger al niño.
Volvió al castillo al paso, tratando de encontrar alguna otra solución. Se lo había prometido, le había prometido que se volverían a ver. Le habían educado para cumplir sus promesas, y no podía darse por vencido tan fácilmente.
Se dirigió hacia sus aposentos, pasando por delante de la sala de recreo destinada a él y a sus amigos. Los tres estaban allí sentados alrededor de un fuego, discutiendo con una niña que estaba de pie frente a ellos.
— ¿Que sucede?— pregunto Thor entrando en la sala.
En realidad no tenía muchas ganas de estar con gente pero le había llamado la atención la situación.
— Sif dice que han entrado en Asgard.— contesto Fandal.— Pero eso es imposible.
— ¿Qué? ¿Que han entrado...? — Thor ignoró a Fandal. Por alguna razón, Sif solía enterarse de los rumores antes que ellos.— ¿Pero quienes? ¿En acto de guerra?
— No...—contestó ella orgullosa de haber conseguido que el mismísimo heredero de Asgard la creyera.— No deben ser muchos. Porque ya los han apresado.
— ¿Y cómo sabes tu eso?— replico Volstagg señaládola con una pata de pavo mordisqueada.
Sif puso los ojos en blanco antes de contestar.
— Porque escucho.— dijo alzando la voz ante la ultima palabra y señalándose con un dedo una oreja.— Vosotros estáis siempre peleando o corriendo por ahí, haciendo ruido. Pero yo me tengo que quedar en una sala siempre cosiendo, bordando o leyendo...— hizo una pausa para enfatizar su aburrimiento.— Todo lo que ahí se habla es un murmullo. No es tan difícil oír lo que comentan los guardias que pasan.
— ¿Y por que nadie dice nada? ¿El padre de todos, o Heimdall...?— intervino Hogun.
¿Heimdall? Aquello hizo magia en el cerebro de Thor. El guardián si que había dicho algo, extraño e impreciso pero, ¿seria posible que encajara?
— ¿Pudiste oír algo más Sif? ¿De dónde era o como era?
— No, lo siento. Ellos también estaban susurrando, y solo pude entender cosas sueltas.
— No importa.— se acercó a ella y la tomo de la mano para besarla.— Muchas gracias.
— De... De nada... Eh... Mi señor.— farfulló rápidamente, algo nerviosa por las maneras de agradecimiento y con las mejillas algo sonrojadas.
Fandal y Hogun pusieron los ojos en blanco y Volstagg hizo una extraña mueca mientras masticaba, los tres pareciendo pensar lo mismo, "mujeres...".
Thor sonrió por ultima vez a Sif, río suavemente por la reacción de sus amigos y salió de allí. Se dirigió de nuevo a la sala del trono. Allí estaba su padre hablando con dos de sus generales, así que nadie se fijo en la pequeña figura que asomó la cabeza por la puerta y luego siguió su camino disimuladamente.
Thor descendió dubitativo hasta los calabozos. Nunca había estado allí y se sentía como si estuviera desobedeciendo a alguien. Sin embargo ni su padre ni su madre le habían prohibido nunca expresamente que bajara. Al ver a los carceleros respiro hondo, poniendo su mejor expresión seria.
— Abridme.— dijo después de que los dos hombres se incorporasen a modo de respeto.
Los carceleros dudaron unos segundos.
— Pero señor...
— ¡Vamos! No tengo todo el día. Tanto vosotros como yo tenemos que cenar.
Tras intercambiar una mirada, uno de ellos abrió la puerta que daba a los calabozos y lo dejo entrar. Thor sabia que tenía que ser rápido, por si alguien bajaba o a los carceleros les daba por hace demasiadas preguntas. Paso tras varias puertas, teniendo que ponerse de puntillas para poder mirar por el hueco de la puerta de madera.
— Esta aquí señor.— dijo uno de los hombres señalando una puerta un tanto al fondo.
Thor camino hasta allí y volvió a asomarse. Lo que vio le provoco un arranque de ira que difícilmente pudo controlar. Tras la puerta pudo ver al niño que había conocido en Jotunheim, acurrucado en una esquina, aun envuelto con su capa y la mirada perdida en la pared de enfrente.
— Soltadle.— ordeno pretendiendo parecer calmado, pero con un deje en la voz que denotaba su enfado.
Los hombres volvieron a dudar, a pesar de la fiera mirada que les dirigió Thor.
— No podemos hacerlo, señor...— finalmente se aventuró a decir uno de ellos.— La orden de liberar a un prisionero solo puede venir del Padre de Todos.
— Yo soy su hijo, —dijo intentando que su voz ya pareciese la de un hombre.— ¿no sirve del mismo modo mi orden?
Los dos carceleros se miraron el uno y otro sin saber que responder. En realidad no, pero no podían decirle eso al hijo de Odin. Thor adivinó sus pensamientos y suspiró.
— ¿Podéis, al menos, abrirme la puerta y dejarme pasar?
Otros segundos de duda transcurrieron.
— Supongo que si, señor...— respondió uno de ellos acercándose a la puerta con el juego de llaves en la mano.
Cuando la puerta estuvo abierta Thor pudo observar que el niño se encogía más en sus esquina, temeroso y sin apartar sus ojos escarlata de lo que se deslizaba por la puerta. Thor dejo que la luz de la antorcha del pasillo iluminara parte de su rostro mientras se acercaba al chico.
— No pasa nada...— intentó tranquilizarlo a medida que avanzaba despacio había él.— Soy yo, ¿recuerdas? Thor, el que te dio la capa.
El niño hizo un ademan con la cabeza, dando a entender que lo recordaba, pero siguió sin acercarse demasiado. Thor avanzó unos pasos hacia él, como si se tratara de un animalillo asustado al que no quería espantar. Al ver que nada pasaba continuo avanzando a medida que iba susurrando palabras tranquilizadoras. Se puso en cuclillas en frente de él y le miro a los ojos. A pesar de conservar miedo en su mirada lo vio más relajado en su presencia.
— Te prometo que te sacare de aquí.— dijo posando una mano en su hombro. No recibió más que una mirada y silencio. Y aun así le pareció que algo cambiaba en la mirada del niño, volviéndose más cálida.
Thor se incorporó y volvió hasta la puerta.
— ¿Ha comido?— inquirió serio a los carceleros, todavía sorprendidos por el trato al prisionero.
Uno de ellos asintió por fin.
— Esta mañana...
— ¿Esta mañana? ¿Lleva aquí desde por la mañana?— su ira volvía a aumentar.
— No, señor...— contesto el otro.— Desde ayer...
Thor tuyo que respirar hondo para controlarse. Llevaba tanto tiempo allí y ¿su padre no le había dicho nada? Aunque en ese momento no era lo importante.
— ¿Solo ha recibido una comida en todo el día?
— Como todos los prisioneros, señor.
Thor intentaba no culpar a aquellos hombres ante él, al fin y al cabo, ellos solo recibían ordenes, pero por segundos le costaba.
— No es un "prisionero".— los carceleros le miraron sin comprender una vez más.— No importa. Mandaré a alguien de las cocinas a que le baje algo decente de comer. Después iré a hablar con mi padre de este asunto, debe de haber algún error. En cualquier caso, que no me vuelva a enterar de que dejáis a un niño solo con una comida al día.
Y sin esperar respuesta se volvió hacia la salida tras un gesto de despedida al niño.
Thor subió las escaleras corriendo. Por el pasillo interceptó a uno de los sirvientes que llevaba una fuente de carne al comedor para la cena. Le ordeno rápidamente que la llevara a los calabozos, ignorando la mirada extrañada del chico. Después se dirigió hacia el comedor, donde ya supuso que se encontraba su padre.
Así era. Sentado a la cabecera de la mesa esperaba a que todos los comensales estuvieran sentados. Saludando a toda velocidad a la gente con la que se cruzaba, Thor, llegó hasta Odin.
— Padre, tenemos que hablar. Es urgente.— apremió.
Su padre miró un segundo a la mesa y, tras devolverle la mirada asintió. Salieron al pasillo y se alejaron unos pasos, lo justo para tener intimidad. Odin se quedó mirando a su hijo a la espera de que hablara.
— He estado en los calabozos.— dijo sin remilgos, mirándolo duramente.— ¡Me mentiste!— Odin no dijo nada.— ¡Trajiste al chico a Asgard y me hiciste creer que estaba en su casa con los suyos!
— No "traje" al chico a Asgard, vino él.— respondió su padre sin perder la calma.
— ¿Qué? ¿Heimdall le abrió el puente?
— No.
— Pero entonces es imposible.— Thor miraba a su padre con una mezcla entre reproche e inseguridad. Ya le había mentido una vez, nada le impedía volver a hacerlo.
— Eso creíamos nosotros. Por eso esta allí. Queríamos interrogarle para descubrir cómo consiguió introducirse en Asgard, pero no ha abierto la boca. Y no podemos soltarle como si nada hubiera pasado, Heimdall solo pudo verlo cuando ya se encontraba en Asgard. En esta ocasión no tiene importancia, sin embargo en otra ocasión podría llegar con compañía poco deseable.
Para Thor aquello carecía de sentido.
— Es solo un niño.
— No siempre lo será, no sabes con quien podría aliarse...
— ¡Si le tratas así es natural que se ponga en tu contra!— pasaron unos segundos en los que los dos guardaron silencio.— Yo quería traerlo conmigo y no me dejaste. Ahora ya esta aquí, y no quieres devolverlo "con los suyos", así que libéralo.
— Thor...
— Estará bajo mi custodia.— silencio por parte de su padre.— ¿Qué problema hay? No te causaremos ningún problema. Vivirá con nosotros, le enseñare el idioma, nuestras costumbres y a luchar, seremos prácticamente como hermanos. De este modo, nunca se pondrá en tu contra.
Odin suspiro poco convencido.
— Meditare este asunto y te daré una respuesta mañana...
— ¡No! Tiene que ser ahora y tiene que ser un sí, padre. Mientras nosotros discutimos un niño atemorizado esta encerrado en un calabozo de un reino que no conoce. En el que solo estaría comiendo un mendrugo de pan y carne en salazón de no ser porque yo he tenido que dar la orden de que le den más de una comida al día. Te tengo por un rey noble y justo, padre. Demuéstramelo ahora.— cuando termino de hablar y paró a tomar aire una repentina ola de miedo le azoto, nunca le había hablado así al Padre de Todos y no estaba muy seguro de como iba a responderle este. En cualquier caso su mirada no dejo entrever lo que sentía.
El ojo de Odin se clavo en él, con una mirada algo cansada, escrutando su alma, y por fin respondió.
— Esta bien. Tu serás responsable de todos sus actos. Recuérdalo, aun cuando haya crecido, siempre será tu responsabilidad.
— De acuerdo, padre.— prometió intentando disimular una sonrisa.— ¿Puedo cenar en mis aposentos con él?— rogó.
Odin solo asintió al tiempo que se giraba para volver al enorme comedor. Thor se dirigió corriendo de vuelta a los calabozos, de camino, detuvo a otro sirviente para darle unas instrucciones.
— ¡Soltadle!— ordeno a los carceleros a través de los barrotes.
— Mi señor, ya os hemos dicho que esa orden tiene que venir del Padre de Todos.
— ¡Esta vez viene del Padre de Todo...!
— Es cierto.— una voz que no esperaba hizo que Thor pegara un bote. Tras él se encontraba un soldado asgardiano.— Vengo de parte del Padre de Todos a ordenaros que soltéis a la cría de jotun.— recitó sin cambiar la expresión.
Los carceleros asintieron. En cuanto abrieron la verja Thor se coló por ella, prácticamente corriendo hasta la que era la puerta del niño. Espero impaciente a que la abrieran y la atravesó con rapidez.
El niño seguía en su esquina, con la fuente de carne en frente de él y con un pedazo entre la manos, devorándolo con presteza. Se detuvo al verlos llegar y a Thor le dedico un amago de sonrisa.
— Ven, tenemos que irnos de aquí. Te voy a llevar conmigo.— le decía mientras se acercaba despacio hasta él. El niño fue a por otro enorme trozo de carne de la bandeja con la mano que tenía libre.— No hace falta, nos la llevaremos con nosotros.
Con una mirada uno de los carceleros se acerco a por la comida.
Subiendo las escaleras, el niño le tomó del brazo y con la otra mano siguió mordisqueando el pedazo de carne.
—Quedaos la fuente —dijo Thor a los carceleros después de cruzar la puerta de salida de los calabozos. El niño lo miró con el ceño fruncido y el rubio sonrió—. No te preocupes, he mandado subir más comida a donde vamos.
El niño asintió con la boca llena y volvió la vista al frente.
Nos vemos en el capítulo 3^^
