Dolor.
Solo dolor. Ese es su mundo ahora. Harry no es lo que solía ser, ya no más. Voldemort ha jugado a ser Dios con él. Encadenado a este trono, no es más que su juguete, su perra. Y el objeto de mi mas profundo deseo.
¿Por qué duele tanto ver como le toca ?.
No sé cuando acabará esto, pero vivo escondido entre las sombras, espiándoles continuamente en la distancia. Tal vez lo que he hecho no sea suficiente, pero espero que mi pequeña traición de sus frutos, aunque le pierda para siempre. No soporto verle con ese bastardo, porque cada vez que le toca, mi alma arde con un dolor mucho peor que el de ninguna Cruciatus, y mi sangre se revuelve en mis venas.
Le gusta oírle gritar de dolor, pero Harry se resiste tenazmente a darle ese placer. Y yo grito por él, encerrado en mi cuarto a solas, grito en silencio porque esta lenta tortura es insoportable, y me desgarra el alma por dentro, la impotencia y la desesperación me atenazan cada vez más.
Y aunque lo odie, ese dolor es bueno, me mantiene alerta, luchando y abriéndome camino hacia mi objetivo.
A veces, tumbado en mi cama, me despierto a medianoche con la sensación de que voy a perderlo, de que no voy a lograrlo nunca. La tristeza me embarga y lloro, en silencio y sin lágrimas, lloro por el, por mí...
La cadena que le ata lastima su piel, le oprime y le veo tirar de ella, revolverse como loco, pero no puede librarse de ella. Ese monstruo se ríe, tira de ella y mis ojos se hunden de nuevo en el suelo, mientras le veo maltratarle una vez más, arrastrándole hacia su lecho, una vez más. Me revuelvo, asqueado, sintiéndome lleno de ira y de dolor y de nuevo me oculto en mi rincón, esperando.
La única gracia de la que disfrutamos ambos es su avaricia. No le comparte con nadie, todos saben a lo que se arriesgan. Ellos le llevan a los baños, y aunque le manosean con lujuria, ninguno es lo bastante valiente como para intentar algo más.
Esta es por fin la noche que aguardaba. Escondido en un oscuro rincón, veo como uno de los mortífagos le saca a rastras de sus habitaciones, y le abandona en el frío suelo de un baño próximo.
Cuando los pasos se alejan, aguardo uno rato para estar seguro y entro a buscarle. Mi presencia le alerta y le veo recobrar la conciencia.
¿Será posible que pueda sacarle de aquí?
La visión de su cuerpo desnudo me sacude el alma, pero avanzo hacia él.
¿Cómo puede ser tan hermoso, aun roto y maltratado? ¿Nadie ve cuan perfecto es?
Le ayudo con gentileza a sentarse en el suelo, mientras todo su cuerpo tiembla febril.
Le acaricio, sin poder evitarlo, lo he deseado tanto… que casi pierdo la noción del tiempo. Abro los grifos para preparar el baño y le veo, aturdido, los ojos fijos en el suelo como le ha enseñado… mientras las nubes de vapor inundan el ambiente.
En silencio, le llevo con cuidado hasta la ducha y le lavo con delicadeza bajo la cálida cortina de agua mientras permanece sentado. Suspira suavemente y por primera vez desde que estoy aquí, siento esperanzas. Quiero adorarle y amarle, y mi sangre se agolpa en mi cara cuando alza el rostro del suelo y mira al frente.
Su rostro está frente a mi ingle, y su mano húmeda se posa sobre ella, notando la incipiente erección bajo mis ropas. Mi corazón palpita, desbocado, mientras torpemente, desabotona mi túnica. Mira mi mimbro y me estremezco interiormente, el Lord nunca ha conseguido ni con las peores torturas que Harry hiciera esto para él. Lo toma entre sus labios y juega con su lengua antes de metérselo en la boca. Gimo entrecortadamente y mis manos se aferran suavemente a su pelo, acariciándole. Cuando me corro en su boca, gritando su nombre – "Oh Merlín, nunca pensé que mis sueños se hicieran realidad. Estoy soñando y no quiero despertar nunca más!" – le veo estremecerse y alcanzar el orgasmo conmigo.
Aun jadeante, le ayudo a levantarse, y le obligo a alzar la cabeza, con dulzura, deseando ver sus hermosos ojos verdes, nublados y brillantes por el sexo. Me reconoce y veo asomar la sombra del terror, pero le sonrío, extasiado y me inclino sobre el para besarle.
Noto en su boca el sabor levemente amargo de mi propio semen, pero no importa, y cuando cede al beso finalmente, siento que todo ha valido la pena. Mis manos alteran su cadena, pero él apenas lo nota, entregado a mí, y cuando el beso finalmente se rompe susurro sobre sus labios hinchados: "Eres mío". Cabecea levemente, aceptandome, y mi felicidad es completa.
Me marcho con una sonrisa traviesa y mi cuerpo y mi mente gritan por quedarse, pero antes de que pueda arrepentirme, otra mortifago viene a devolverle a su lugar. Los celos duelen mas que nunca, al igual que la idea de otras manos en su piel, pero me acuesto en mi cama, recordando una y otra vez cada momento de esa noche, la primera, tal vez la última si algo sale mal.
Voldemort esta de nuevo en su trono, y como siempre, le encadena a sus pies. Yo soy ahora su dueño y entro con ese orgullo en el salón y mis ojos se iluminan en secreto al verle dedicarme una intensa mirada de esmeralda. El Lord me acusa de haberle tocado y me río en su cara, la suerte esta echada para los dos. Cuando la varita se alza para atacarme, la cadena y el collar estallan. Mi amado se transforma por primera vez y sus garras cercenan la odiada garganta de un solo tajo, segando su vida. Su furia es tal que despedaza a su torturador mientras mi varita contiene a los mortífagos.
Esta casi desnudo, bañado en la sangre de su enemigo, jadeando, con su cuerpo destrozado a sus pies, mientras sus alas de negras plumas se ciernen sobre su cabeza. Aúlla y los mortifagos se arrodillan aterrados cuando parte en dos su varita y una lluvia de chispas le baña.
Sus ojos de esmeralda me encuentran, y su rabia se calma. Sonriente, avanza hacia mí. Se mira en los espejos de plata de mis ojos, parece el ángel de la muerte, y sonrío ampliamente, devolviéndole la sonrisa.
Acaricia mi mejilla y mi cabello, manchándolos de sangre, y beso su mano y murmurando: "feliz cumpleaños".
Ha valido la pena, mi pequeño sabotaje de la poción ha dado resultado, los mejores y ya nada puede separarnos. Su rostro se llena de comprensión y me besa vehementemente,, despertando una calurosa reacción. Ya nada importa, solo nosotros y murmuro mientras me besa el cuello: "Eres mío Harry". Se ríe y me coje súbitamente en brazos, sorprendiéndome, y mientras le echo los brazos al cuello exclama con fervor, mientras estira las alas totalmente: " No, tú eres mío Draco".
Mis ojos chispean y asiento mientras le beso de nuevo. Alza el vuelo, y dejamos atrás el pasado, mientras ríó de júbilo, por fin entre sus brazos y murmuro en su oído: "¿Soy tuyo para siempre Harry?" " Como yo soy tuyo Draco" contesta entre risas y besos, mientras surcamos el cielo, rumbo al futuro.
