Hola (n_n )/
Aquí estoy de nuevo con la continuación de este corto fic. La verdad me quedé corta de inspiración, como puse en la descripción del grupo, recibir comentarios tan duros cuando apenas y eres un amateur siempre es difícil (casi me enfermo :'v). Entonces recordé a mi Senpai y a las lindas chicas que me dejaron reviews y traté de salir del pozo de depresión en el que me había metido x'D
En fin, para no extenderme mucho les presento el segundo capítulo de Fuyu no ai, espero sea de su agrado :3
-Pero tengo el dinero, ¿por qué no puedo pasar?
-Morinaga-sama, ya le dije que Tatsumi-sama está indispuesto. Por favor, retírese- la recepcionista trataba de mantener la calma ante la insistencia del joven de ojos verdes.
-Por favor, será la última vez- suplicaba el peliazul. Continuó insistiendo con vehemencia hasta que una nueva chica, de rostro malhumorado, se unió a la pequeña recepcionista, quien no conseguía que Morinaga desistiera.
-Morinaga-sama, Tatsumi- san no se encuentra- declaró tan agresivamente como su posición se lo permitía sin sonar grosera- Haga el favor de retirarse.
Morinaga no entendía por qué la negativa tan rotunda, pero al saber que Tatsumi-san no se encontraba, no le quedó más que retirarse. Comenzó a caminar por las calles, pensando nuevamente en su efímero encuentro. Se sentía increíblemente culpable por lo que había hecho, y quería aclarar las cosas con él. Su intención nunca fue que las cosas terminaran como terminaron.
Al no tener oportunidad de contactarlo, volvió a su hotel para continuar con su presentación para las negociaciones con los futuros socios. Tenía que lograr que invirtieran en la empresa de su familia, y tal vez así su padre dejaría de presionarlo tanto. El líder Morinaga esperaba heredarle la empresa a la brevedad, ya que su hermano mayor, Kunihiro, había huído de casa apenas cumplió la mayoría de edad. Habían rumores de que se había fugado con su amigo de la infancia, Masaki Junya, y de estos rumores era que había despertado el odio de su padre hacia los homosexuales. Morinaga le tenía envidia. Había tenido el valor de seguir a su corazón, mientras que él se mantenía oculto por miedo al rechazo.
Terminada la presentación, los reportes individuales y las propuestas, apagó su computador portátil y fue a darse un baño. El rostro de Tatsumi volvió a su mente. ¿Dónde podría encontrarse?
Los besos de ambos hombres resonaban en las paredes del baño. Kanou había logrado arrastrarlo al baño con la promesa de dejarle tomar una ducha en paz, cuando sus intenciones eran dejarlo incluso más sucio. Con el pretexto de lavarlo, había conseguido poner las manos en la parte baja de Tatsumi, acariciando su miembro a a vez que besaba su cuello desde atrás. La tina realmente no tenía mucha agua. El baño sólo era una excusa. Lo que Kanou realmente quería era escuchar el eco que la voz de Tatsumi hacía en las paredes. Y como ya era su costumbre, se detuvo justo cuando Tatsumi estaba en su límite.
-Oi… - exclamó frustrado el pelilargo. El juego de "ruega por más" ya lo estaba cansando.
-Hazmelo con tu boca- dijo Kanou, a lo que Tatsumi dio un respingo. No es que no lo hubiera hecho antes, sino que Kanou era demasiado brusco al recibir una felación. No podía quedarse quieto, y siempre terminaba casi ahogándose con sus embestidas. Al ver el rostro de Tatsumi, Kanou pudo leerle el pensamiento- me portaré bien.
-Siempre dice lo mismo- murmuró Tatsumi, dándose la vuelta para ponerse de rodillas- además, si esto era lo que quería, pudimos hacerlo en la cama. Me saldrán moretones en las rodillas.
-Venga, deja de quejarte- rió Kanou dándole un ligero empellón hacia su miembro.
Souichi se acomodó lo mejor que pudo, y tomó el miembro del dueño entre sus manos, moviéndolas un poco de arriba a abajo antes de inclinarse y comenzar a lamerlo. Ahora que lo pensaba, lo de la ducha no había sido tan mala idea. Sus cuerpos estaban limpios del desastre de la noche anterior. Continuó con su labor, moviendo sus manos al mismo tiempo que introducía aquel miembro en su boca, y de pronto, una de las manos de Kanou se deslizó hasta su entrada, introduciendo dos dedos para comenzar a juguetear en su interior. Había vuelto a sacar ese endemoniado lubricante de algún lado, el cual pronto comenzó a hacer de las suyas. Tatsumi trató de continuar con lo que hacía sin quejarse, pero pronto se le hizo imposible. Su miembro se endureció aún más, comenzando a escurrir presemen de el.
Abandonó el miembro del dueño, jadeando gravemente. Kanou levantó su rostro con la mano que tenía libre, pero Souichi no lo miró. Estaba demasiado embelesado con la sensación de su trasero.
-¿Qué pasa? ¿Solo mis dedos te ponen así?- dijo burlonamente.
-Di- dijiste que te comportarías- se quejó Tatsumi. Los dedos en su interior comenzaron a darle verdaderas embestidas, haciendo temblar sus piernas.
-Bueno, ya que no pudiste cumplir la orden que te dí, voy a tener que castigarte de nuevo.
La voz el pelilargo resonó por todo el cuarto de baño. Kanou dedicaba casi todas sus visitas a tener sexo con él. Y después simplemente se iba, volvía a atender sus asuntos fuera de la ciudad luego de asegurarse que su casa de té estaba en buenas condiciones, y su preciado Tatsumi seguía tan saludable (y usable) como siempre.
Recostado en su habitación, Souichi se recuperaba de las horas de sueño que la visita del dueño le habían costado. Ni siquiera había comido debidamente, pero no es que le importara mucho. No tenía apetito realmente. Al menos por ese día no tendría que preocuparse por atender clientes, eran apenas las once de la mañana cuando Kanou lo regresó a la casa de té. Las visitas le permitían liberar la frustración sexual que el trabajo le dejaba, pero siempre le dejaban un vacío emocional inexplicable. En cierta manera, ese hombre había salvado a su familia, pero el precio de ello estaba siendo demasiado alto.
Después de la presentación a los ahora nuevos socios de la compañía Farmacéuticas M, Morinaga Tetsuhiro dio un respiro de alivio. La negociación había sido un poco pesada, pero al final logró convencerlos de invertir en la compañía. Era un paso grande para la familia Morinaga, y aún más para el joven Tetsuhiro. Podría significar que al fin su padre comenzaría a confiar en él.
Isogai fue el primero en felicitar al muchacho. Llegó a su lado y se colgó de su hombro, comenzando ambos a reír alegremente.
-Felicidades, Morinaga-san, lo conseguiste- palmeó su hombro en señal de camaradería- seguro que tu padre estará muy orgulloso.
-Eso espero- suspiró el muchacho, comenzando a caminar, con Isogai siguiéndole de cerca- puede que así pueda al fin confesarle mis preferencias sin que arme tanto escándalo.
-Sugiero que esperes un poco, Morinaga-san. Tu padre es un hombre duro y estricto. Por muchos socios que le lleves, no va a aceptar tu homosexualidad tan fácilmente.
-Lo sé, pero no puedo vivir mintiéndole. Tengo casi 24 años, y nunca le he presentado a nadie. No falta mucho para que comience a buscarme esposa y pedirme nietos.
-Entonces te preocuparás por ello. No te arruines el día por cosas negativas. ¿Qué te parece si mejor volvemos a la casa de té? Seguro que te sentirás mejor cuando veas a Tatsumi-san
Morinaga se sonrojó, volteando la mirada para tratar de evitar que aquel lo viera. A pesar de su determinación en su segunda visita, aún no sabía cómo explicarle a Tatsumi que lo que ocurrió en su visita pasada había sido un error. Quería aclarar las cosas, pues tenía un sincero interés en el pelilargo. Tanto divagó su mente, que no se dio cuenta del mundo que lo rodeaba hasta que Isogai lo sujetó del saco, impidiendo que cayera por las escaleras.
-Morinaga-san, debes ser más cuidadoso- lo regañó Isogai- ¿Qué dirá el jefe de mi si le pasa algo a su heredero?
-Estoy seguro que no dirá nada- murmuró Morinaga apartando su mano. Seguía divagando en su mente, tratando de acomodar sus ideas. Isogai tuvo que guiarle hasta el elevador para volver a sus recámaras. No dijo nada más hasta que se encontraron nuevamente en el pasillo del hotel.
-El pensar en Tatsumi-san sí que te pone nervioso, eh- le soltó de repente, haciéndole sonrojar nuevamente. Isogai rió notoriamente- ¡vaya, vaya, pero que tenemos aquí! Parece ser que el joven Tetsuhiro se ha enamorado.
-Cálla, Isogai-san- ya no eran solo sus mejillas, todo su rostro estaba rojo como tomate.
-Está bien, está bien, no me burlaré de ti. Al contrario, la invitación sigue en pie. Te veré en el lobby del hotel a las siete en punto, ¿te parece bien?
-Claro- Morinaga sonrió, e Isogai se despidió para ingresar a su recámara.
Morinaga hizo lo propio. Tras cerrar la puerta, se quitó los zapatos, el saco y la corbata, y se dejó caer en la cama. Volver a la casa de té. Significaba una nueva oportunidad, siempre y cuando Tatsumi-san ya se encontrase de vuelta. No perdía nada con intentarlo, de modo que se puso de pie para buscar algo que ponerse.
Una vez hubo tomado un baño, Tatsumi se ajustó el yukata al cuerpo y se ató el cabello como de costumbre. Se daría una vuelta por la recepción de la casa de té. No tenía ánimos de trabajar esa noche, pero seguro conseguía algún cliente entre los asistentes para días futuros. Las chicas de la puerta le hicieron una reverencia, e inmediatamente se hicieron a un lado. Entró en la amplia estancia, donde diferentes personas se agrupaban y conversaban mientras bebían. Nada fuera de lo normal, hasta que su mirada se topó con aquellos ojos esmeralda llenos de anhelo. Lo miraba fijamente, como si hubiese estado esperando por él. Tatsumi dio un paso atrás, regresando a la puerta.
-¡Oigan!- llamó a las chicas en voz baja, pero severa- ¿Que no les dije que no dejaran entrar a ese mocoso?
-Viene con Isogai-sama. No podíamos detenerlo.
-Tch- Tatsumi respiró hondo para dejar su mal humor con ellas en la puerta y, normalizando el gesto, volvió a la estancia pasando de largo la mirada curiosa del joven Tetsuhiro.
Pasó de una mesa a la otra, platicando con los invitados y entregando tarjetas de presentación. "Al menos uno de ellos vendrá" pensaba Tatsumi. Sus honorarios eran altos, pero no por ello carecía de clientes. Siempre era raro recibir un cliente nuevo, pero nunca estaba de más. Tenía una deuda muy grande que no iba a pagarse sola.
Pronto no le quedó más remedio que atender la mesa desde la cual Morinaga no le quitaba la vista de encima. Isogai se encontraba sentado junto a dos de las chicas del lugar, por lo que Tatsumi tuvo que sentarse junto a Morinaga, quien dejó ver un leve sonrojo al tenerlo tan cerca. "Si las mesas fuesen más grandes…" pensó Tatsumi, acomodando los pliegues de su yukata antes de presentarse y hacer una reverencia. Trató de conversar en repetidas ocasiones con Isogai, pero las chicas, celosas de que les quitara la atención de su cliente, no paraban de interrumpirlo sacando anécdotas de quien sabe dónde. Estaba a punto de ponerse de pie, sintiéndose humillado, cuando una mano se posó en su muslo, haciéndolo saltar.
-Disculpe, Tatsumi-san, ¿podría mostrarme dónde está el sanitario?- los sinceros ojos del muchacho delataban que la bebida ya le estaba pasando factura. Tatsumi no lo había notado, pero por el contenido de la mesa, era evidente que habían estado bebiendo. Apartó la mano de Morinaga, y se puso de pie.
-Sígame- dijo dándose la vuelta. Lo condujo por un largo pasillo hasta llegar a los sanitarios, que se encontraban justo al fondo- Es aquí.
-Muchas gracias- le sonrió Morinaga en respuesta. Cuando vio que Tatsumi se dio la vuelta para irse, lo tomó del brazo, haciendo al otro sorprenderse- Tatsumi-san, espere.
-¿Qué?- dijo tratando de liberar su brazo, sin conseguirlo.
-No se vaya, por favor. Realmente necesito usar el sanitario- dijo apenado- pero quisiera tener la oportunidad de hablar con usted.
-...- Tatsumi resignado, dejó de tirar de su brazo- de acuerdo.
Se recargó en la pared a esperar que el otro entrase al baño, pensando si era buena idea volver a abrir un tema que, según él, ya estaba cerrado. Cuando Morinaga salió, sus ojos brillaron al verlo aún esperándolo. Souichi se movió, incómodo, y comenzó a caminar de vuelta a la sala, esperando que el muchacho le siguiera, pero Morinaga tenía otros planes, por lo que volvió a tomar su brazo, y lo detuvo.
-Espera, Tatsumi-san… ¿será que podemos hablar en privado?- Tatsumi dio un respingo. No se esperaba eso. Tragó saliva y relajó su brazo, que había permanecido tenso en posesión del otro.
-De acuerdo… pero no será gratis- aclaró rápidamente.
-Entiendo- respondió el peliazul sonriendo.
Tatsumi le hizo una seña para que lo siguiera, y lo guió por los pasillos hasta aquella recámara en la que habían tenido su primer encuentro. Tatsumi le abrió la puerta con una reverencia, Morinaga entró y el pelilargo le siguió cerrando la puerta. Caminaron hasta la mesita en el centro de la recámara y se sentaron como si de una ceremonia se tratase.
-Mis disculpas, pero por lo inesperado de la visita no tengo nada preparado- se disculpó Tatsumi, al ver que sobre la mesa no había nada que ofrecerle a Morinaga.
-No se preocupe… entiendo que no tenía esto planeado. Ni si quiera yo pensé que tendría la oportunidad de hablar nuevamente con usted- dijo rascándose la nuca con nerviosismo.
-Entonces, ¿qué es eso tan importante que tenías que decirme muchacho?- preguntó Tatsumi apoyándose en la mesa.
-Yo… la última vez que estuve aquí, las cosas no salieron como esperaba.
-A eso me dedico niño. ¿Qué otra cosa esperabas?- comentó Tatsumi con sarcasmo.
-Sé que es extraño. Ni siquiera yo lo entiendo del todo pero...- en un movimiento inesperado, Morinaga tomó las manos de Tatsumi sobre la mesa.
-¡Oye...!
-Por favor Tatsumi-san, permítame conocerlo mejor- exclamó mirándole a los ojos. Tatsumi se ruborizó- esto que siento por usted… es extraño, pero nunca lo sentí por nadie.
-Ya entiendo- murmuró Tatsumi liberando sus manos de aquel agarre- Eras virgen cuando viniste aquí, ¿cierto?
-¡¿Qué?!- Morinaga casi se va de espaldas con semejante afirmación. ¡no estaba siendo tomado en serio en absoluto!
-Escucha muchacho, el tener sexo con alguien… sí, es muy bueno, pero no significa que sea amor o vaya a durar "toda la vida" como en los cuentos de hadas. Es sexo, nada más. Llegas, follas y te largas.
-¡No me refería a eso!- exclamó molesto el muchacho, rojo hasta las orejas. Es cierto que no tenía tanta experiencia como él en el tema, pero no por ello confundiría una cosa con la otra- ¿Cómo puede ser tan frío cuando alguien está hablándole de sus sentimientos?
-¿Cómo puedes tú afirmar semejante tontería hacia alguien como yo?- refutó el pelilargo apartando la mirada- Para mi no habrán ni finales felices, ni cuentos de amor. Esto es lo que soy. Si quieres seguir viniendo, adelante. Pero no esperes nada más de mi.
-Tatsumi-san- Morinaga se acercó a él- No digas eso. Si tú quisieras, yo…
-Calla- dijo girando el rostro para mirarlo con severidad- ni siquiera te atrevas. ¿Crees que eres el único que ha llegado aquí con promesas? Yo no me trago esos cuentos baratos. Eres un cliente, si así lo quieres. Nada más.
-De acuerdo- dijo Morinaga- Entonces, ¿me permites pagar por tus servicios nuevamente?
"Esto esta mal" pensaba Tatsumi mientras Morinaga besaba el interior de sus muslos. Se había dejado convencer por el muchachito nuevamente, dándole la oportunidad de pagar por sus servicios una vez más. Pronto los besos del muchacho subieron por sus piernas para encontrarse con la parte baja del cuerpo de Souichi, quien asustado se incorporó para detenerlo.
-¡No!- expresó severo. Notó la incertidumbre en el rostro del joven, por lo que suavizó el tono- no es necesario. Ven aquí- tomó su rostro para acercarlo al suyo y regalarle un beso.
Morinaga le inspiraba ternura. Su trato era diferente de aquellos hombres que solo lo veían como un lugar de descarga, algo con lo que reemplazar a sus esposas y amantes cuando estaban de viaje. Tatsumi movió sus manos astutamente hasta tocar la hombría del joven muchacho, quien dio un respingo.
-espera...- dijo, tomando su mano para detener sus movimientos- yo lo haré esta vez. Relájate y disfrútalo.
Morinaga abandonó sus labios para comenzar a besar su cuello y bajar lentamente por su cuerpo. Lo acariciaba como si fuera algo precioso. Abrió su yukata, apartando su ropa interior, haciendo que Souichi, instintivamente, metiese la mano en la bolsita que colgaba de sus ropas para buscar su lubricante, pero Morinaga le detuvo.
-esta vez lo haremos a mi manera- susurró. Souichi lo miró con cierto recelo, pero sin decir nada, accedió.
En un movimiento rápido, Morinaga sujetó sus caderas y las elevó, jalándolo hacia su cuerpo. Antes de que Souichi pudiera pronunciar palabra, Morinaga se inclinó para dar atención a la entrada de Tatsumi, humedeciendo con su lengua la zona. Tatsumi no podía evitar compararlo con su dueño. El joven peliazul ponía tanto empeño que se sentiría mal si no lograba una reacción en su cuerpo, así que cerró los ojos y se dejó llevar.
Estaba logrando concentrarse en los movimientos de Morinaga cuando sus dedos invadieron su interior, haciéndole estremecer. Eso era algo que sólo su dueño se molestaba en hacer, y el tacto de los dedos en su cuerpo siempre le resultaba estimulante. Su respiración comenzó a ser errática, apretando los dedos de sus pies. La cosa subió de tono cuando sus dedos rozaron su próstata, haciéndole abrir los ojos de la impresión. Ni siquiera su dueño había sido capaz de dar con ese punto. Comenzó a jadear constantemente, y al soltar el primer gemido, Morinaga se detuvo, sorprendido. Tatsumi cubrió su boca con una mano, esquivando su mirada.
-¿Está bien... si entro?- preguntó el muchacho. Al no recibir respuesta, bajó el cuerpo de Tatsumi hasta que su espalda se apoyó en la cama, y dirigió su miembro hacia su entrada -Tatsumi-san, relájese, voy a entrar.
Comenzó a hacer presión, abriéndose paso lentamente en el cuerpo de Tatsumi, quien permanecía con el rostro vuelto hacia otro lado. Morinaga sujetaba sus piernas, manteniendolas abiertas a cada lado mientras se deleitaba con la presión que el cuerpo de Tatsumi hacía sobre su miembro. Comenzó a moverse, sin reacción aparente. El pelilargo evitaba su mirada, pero Morinaga podía notar el sonrojo detrás de su mano, el miembro decentemente endurecido de su compañero. Una vez que sintió el cuerpo de Tatsumi relajarse, aumentó la velocidad.
Pudo sentir como la respiración del otro cambió de ritmo. A pesar de que se negaba a mirarlo, su rostro comenzaba a descomponerse. Estaba tratando de contenerse, pero cuando uno de sus gemidos escapó de su boca, no hubo vuelta atrás. Su aguda voz llenó la habitación. Ya no tenía caso cubrir su boca, pero su mano se negaba a moverse de sitio, dándole un aspecto tierno a los ojos del peliazul. Motivado por ello, se movió incluso un poco más, haciendo que esa mano tan renuente a moverse saliera disparada hacia su pecho.
-¡Para!- apenas gimió el pelilargo. Su mano trataba de aferrarse al cuerpo del joven, quien a pesar de haber disminuido sus movimientos, no se detenía por completo.
-¿Qué sucede?- preguntó preocupado. Tal vez estaba haciéndole daño nuevamente.
-Algo va mal...- jadeó Souichi.
-¿Qué es? ¿Te duele?- preguntó Morinaga, pero Souichi negó, mordiéndose los labios para agregar:
-se siente... bien. Se siente muy bien. Esto no... ¡no es correcto!
Morinaga no podía creer lo que escuchaba. Se inclinó sobre el cuerpo de Souichi, apoyándose en sus brazos, y besó su cuello para finalmente susurrar en su oído.
-Que se sienta bien no es malo- volvió a besar su cuello, dejando algunas marcas a su paso.
-¡pero...!
-Solo disfrútalo- le susurró al oído nuevamente, volviendo a movilizarse vigorosamente.
Souichi se deshizo en gemidos. Lágrimas de placer corrían por sus mejillas mientras Morinaga hacía de las suyas con su mano en su miembro. Era algo que nunca había sentido de manera tan natural, ni siquiera con el dueño. Era placer verídico, podía sentirlo florecer en sus entrañas mientras Morinaga empujaba más y más profundo en su interior para finalmente fundirse en un orgasmo abrasador. Souichi se aferró con brazos y piernas al cuerpo de Morinaga mientras la deliciosa electricidad viajaba de su entrepierna a todo su cuerpo y de regreso. No podía creer que el sexo pudiera ser tan bueno, y menos con otro hombre, siendo que los detestaba tanto debido a su trabajo.
Los temblores en su cuerpo aminoraron mientras su respiración se normalizaba. Le extrañó que Morinaga no se separase ni un milímetro de él, por lo que pensó que se había quedado dormido. De pronto, sintió como aquel cuerpo sobre él se estremecía. ¿Estaba llorando? Buscó su rostro, preocupado, y un sonriente y lloroso Morinaga le devolvió la mirada.
-Tatsumi-san… gracias…
-¿P-por qué?- preguntó extrañado.
-Por darme esta oportunidad...
Un beso selló el momento para ambos amantes. Las manos del pelilargo subieron hasta encontrarse con el cabello del peliazul, enterrando sus dedos en el mismo. Y fue entonces que Tatsumi Souichi se dio cuenta que su vida no volvería a ser la misma.
Vamos rápido, lo sé xD pero recuerden que la idea es que sea una historia corta :'D
Espero les haya gustado, estaré feliz de leer sus comentarios n.n/
