'' Gran pequeño problema ''
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Nunca he deseado ser cómplice de las cosas malas, me gusta que todo vaya como debe ser.
En la oficina del director quien me terminó dando una llamada temprana para que me acercara a su despacho, este día no debía enseñar más que el inicio de hora al final de todas las clases.
— ¿Qué exactamente vio? —preguntó con seriedad mostrando una vez más la foto que tomé. El joven Scrya se encontraba sentado mientras que a su costado su padre quien me miraba de una forma amenazante.
— Agresividad, acoso... ¿qué más pude haber visto? —respondí mientras me colocaba a un costado— usted señor puede ver los vídeos de seguridad del estacionamiento de maestros, ¿qué hacían tan apartados? Tampoco tengo la más mínima idea pero en como sonaba de amenazante y cómo maltrató de forma física a su compañera no es un acto que aportaría un ejemplo en la escuela.
Era mi momento o no, si nadie hizo algo era momento que al menos lo hiciera yo.
— ¿Usted sabe con qué niño está tratando? —preguntó aquel padre de familia, con un traje negro. Al parecer listo para ir a su trabajo.
— Más o menos —respondí observándolo— pero eso no significa que deba venir amenazarme. Si quiere una buena educación para su menor debería apoyarnos, si quiere que llegue a ser un abogado famoso también debería apoyarnos y pensar en un momento porque si sus padres fueron egoístas y le enseñaron a ser una persona amenazante, su hijo aprenderá eso.
El director por su parte, un poco pálido por mi respuesta, quizá estaba imaginando mi despido por hablar así de un padre de familia pero como decía siempre me a gustado enfrentar lo necesario por el bien ajeno.
— Señor Scrya, no...
El director fue detenido, aquel hombre con su diploma se levanto de su asiento acercándose a mi furioso. Correspondí, me puse de pie para estar en su talla.
— No tiene ningún derecho de hablar de mi propia vida pasada ni mucho menos de la presente —aclaró, sonreí.
— Entonces ayúdenos —respondí— podemos conseguir varias soluciones —comenté mirando al director, me alejé del hombre caminando hasta el otro extremo. Era molesto tenerlo como un poste frente mío— podemos cambiar a los jóvenes Erio, Verossa y Yuuno de salón. En este caso creo que Erio debería quedarse en 5-A por su forma de verlo es un poco más tranquilo que aquel dúo, cada uno podría ir en 5-B y otro en 5-C pero como esto no quedará limpio, su hijo, vaya donde vaya me hará un desastre en clase —continué— por lo tanto o le pide a su hijo que tranquilice su rebeldía o lo puede fácilmente cambiarlo a otra escuela porque no creo ser el único maestro dando quejas de su hijo —aseguré mi demanda contra el menor. El padre giró a ver a su hijo furioso, quizá era comprensible ¿cuántas veces lo habrán llamado para el mismo tema? Perder el tiempo no es tan agradable que digamos.
— De acuerdo, si así quieren jugar —dijo aquel hombre que al parecer también mostraba signos de agresividad, se aproximó a su hijo y lo agarró de la camisa alzándolo. El menor ahora con temor— me vas a escuchar bien Yuuno, podré ser abogado pero soy tu padre y a mi me vas a tener que respetar tanto a lo que haga y mis decisiones ¿de acuerdo? —advirtió haciendo que el menor asintiera— permitiré que te cambien de salón y si eso no ayuda te mandaré para Estados Unidos con tu madre a ver qué hace ella contigo por allá porque a mi me tienes aburrido con tus llamadas. Desde que se fue tu maldita madre estás comportándote así así que si la extrañas y quieres ser un hijo de mamá, avísame.
Los ojos del menor amenazaban con derramar lágrimas, fue empujado por su padre y miró al director indicándole con los ojos que hagamos lo que debíamos hacer por lo que el mayor de edad asintió. Terminando la conversación así el padre de Yuuno se fue, mandamos al chico a su aula y me quedé en privado con el director quien se encargaba de revisar los vídeos del día de ayer entonces encontró que sí había un acoso y agresión, muy aparte de la prueba de la foto.
— No entiendo cómo fuiste capaz de convencer a ese hombre, cómo fuiste capaz de retarlo... espero realmente no haga ningún acto contra ti —lleno de preocupación me habló mi jefe. Lo miré tomando asiento frente a él, cruzando mis brazos.
— No, no tengo por qué temer. Ese es un problema de los maestros cuando se enteran que son personas de dinero; si vamos a hablar de eso, yo puedo pelear mucho más contra él porque también mi familia es de dinero sólo que prefiero mantenerlo en anonimato —reí un poco para colocarme de pie— en fin, deseo que a Verossa lo ponga en 5-B y a Yuuno en 5-C cada aula tiene distinto libro por leer así que preferiría que le informara a su tutora este cambio.
El director asintió en ese instante, por lo tanto hice una reverencia y salí de ahí, ¿ahora que iba hacer? Bueno, decidí dar una vuelta por la escuela.
Llegué al campo de deporte donde estaban los alumnos de 5-A, por otro lado estaban los alumnos de 3-B. Tomé asiento en una de las bancas no tan sólo para mirar sino también para disfrutar del fresco aire, estábamos otoño por lo que no faltaba mucho los días de lluvia y más frío.
El pito sonó, aquel hombre alto musculoso estaba ahí. ¿El turno de quién? La señorita Takamachi en hacer un salto de distancia, me quedé observando fijamente ese momento y realmente parecía una pervertida pero no, ¿qué hacía de malo? Sólo estaba mirando la clase de Educación Física. Todos aplaudieron cuando terminó, el profesor le indicó su distancia y ella sonrió, tenía una linda sonrisa, corrió a su grupo de amigas tomando asiento en eso noté que murmuraban entre ellas y se giró a ver hacia mi con una sorpresa. Abrí mis ojos como plato e hice que miraba a otro lado, era vergonzoso, maldita sea estaba colocándome nerviosa así que es mejor irme de aquí.
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Después del vergonzoso momento de E.F con el alumnado preferí estar en el salón de maestro, ellos seguro habían terminado sus horas y estaban en el salón nuevamente, desde fuera una mujer del mismo equipo laboral me llamó. Era Ginga Nakajima quien sostenía sus libros con rumbo a su salón, me acerqué a ella.
— ¿Cómo le está yendo maestra Testarossa? —preguntó sonriente— ¿me ayudaría? —cuestionó una vez más entregando un diccionario pesado, realmente pesado por lo que asentí. Empezamos a caminar dirección al salón que daría clase— he sido llamada por el director. Habrá cambio con mis tres rebeldes, usted tuvo que ver tras de eso, ¿cómo es que logró convencer al padre de Scrya?
En su tono y su rostro había mucha curiosidad.
— Bueno —reí un poco nerviosa manteniendo bien sujetado el libro— es cuestión de jugar con la psicología ajena un poco, digo, simplemente es hablar claramente las cosas. No dejarse intimidar por más amenazante que sea el contrario, nunca es bueno dejarse mostrar el miedo aun que... —sonreí al recordar aquel hombre— él nunca me causó miedo.
— ¡Genial! —exclamó sorprendida y admirada— ¡Realmente usted es genial!
Negué con la cabeza algo apenada.
Estábamos cerca de su salón a lo que se detuvo haciendo que me detuviera también, un poco confundida, nos miramos.
— Tiene una mancha aquí —dijo llevando su mano hasta mi mejilla, con su pulgar empezó a limpiar la susodicha ''mancha'' cosa que me hizo pasar saliva de nerviosismo. En eso escuchamos caer un lápiz. Giramos a ver de dónde provenía y era la joven Takamachi quien se quedó mirándonos, por otro lado se escuchaba el ruido del alumnado dentro del salón por el que todavía no llegaba el maestro por lo tanto Ginga decidió tomar rápidamente el diccionario de mis manos, volver a su compostura y caminar— señorita Takamachi, al salón.
— Iré al baño —respondió mirando a su maestra, la cabello morado asintió y rápidamente ingresó a su aula. La cobriza me miró fijamente, mantuve tan sólo dos segundos su mirada y la quité, esta chica ponía de nervios mi mundo. Decidí girarme para retirarme del lugar.
— Gracias —dijo caminando un poco rápido para colocarse a mi costado— cambiaron a Yuuno de salón, usted dijo que me ayudaría y lo hizo. Se lo agradezco en serio.
— No es nada, no debes agradecer pero era que esto debías avisarle a tus padres —respondí mientras continuaba mi rumbo de regreso al aula de profesores, ella seguía junto a mi.
— Mis padres no son de dinero como todos los del salón, no sé ni siquiera por qué estoy en el primer salón pero por lo que creo es que son por mis notas y mi beca especial —respondió, me detuve, ¿ella estaba aquí por una beca? La miré fijamente.
— ¿Tienes una beca? —pregunté con suma curiosidad, ella asintió.
— La verdad es que mi madre era una modelo pero se retiró de ese mundo cuando se casó con mi padre, ahora tiene su propio negocio de flores. Mi padre está en la policía, es un oficial pero no es que gane un sueldo como los abogados o médicos, tampoco que sea un famoso; sigue mi hermano que está de voluntario en los bomberos y mi hermana mayor que viaja por todo el mundo, casada con un alemán —empezó a contar su vida personal, estábamos paradas en pleno pasillo de la escuela pero escucharla hablar era como ''olvidarse del mundo''. Sus labios eran hermosos, más cuando sonreía; sus ojos eran también hermosos de los cuales me perdía sólo al verla fijamente pero también lograba causar una sensación extraña de nerviosismo sin razón alguna— siempre he tenido buenas calificaciones, quiero ser psicóloga y es por eso que tengo la beca —suspiró un poco pesado— pero desde que Yuuno llegó en tercero siempre se ha fijado en mi, es muy pesado nunca me dejó tranquila. A veces da miedo, en otras es muy dulce pero... no es el tipo de persona que quisiera a mi lado.
Hablaba como una mujer algo madura, tal vez porque le gustaba leer y era centrada en los estudios. Suponía.
— Yo... debería ir al aula de profesores —dije sin poder responder, relamí mis labios— ten buen día de estudio.
Ella asintió sonriente pero en sus ojos mostraba tristeza ¿por qué? No, quizá sólo son imaginaciones mías. Sin más ella fue por su rumbo y yo al mío; al llegar ahí estaba el maestro de Educación Física.
— Maestra Testarossa, buenos días —saludó.
— Buenos días...
— Nunca nos hemos podido presentar —habló mientras estaba tomando asiento, él me seguía observando— mi nombre es Zafira, como sabe soy profesor de Educación Física junto a la maestra Nove Nakajima —respondió. Eso me sorprendió, ¿acaso es hermana de Ginga Nakajima, la maestra de inglés? Él rió— es la hermana adoptiva de los padres de la maestra Ginga Nakajima. Ambas postularon al mismo tiempo, tienen tiempo aquí así que no son tan nuevas.
— Comprendo —respondí para luego mirarlo otra vez.
— Noté que estaba viendo mi clase con los de 5-A —dijo haciendo que mi rostro se tornó algo rojo de la vergüenza. ¿La clase o exclusivamente a una alumna? Suspiré seguido sonreí.
— Sí, al parecer son deportivos —comenté intentando quitar alguna sospecha de mi presencia. Él asintió.
— Son buenos chicos, al menos ahora que consiguió que Verossa y Yuuno no estén juntos es más tranquilo...
¿Todos sabían que yo hice el cambio de aulas? Que pena.
— Todos los maestros estamos sorprendidos porque logró algo así, eso nos llegó en una corta reunión después. Usted no estuvo presente al parecer estuvo fuera —comentó— nos sentimos aliviados porque sabemos que en otros salones a los chicos Verossa y Yuuno no los quieren. Supongo estarán más tranquilos.
Asentí ante su explicación, quizá era cierto. Mañana me tocaba con 5-C y 5-B por lo tanto tendré que enfrentar a esos chicos.
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El día continuó correctamente, en el almuerzo compré un pan de las máquinas que habían en el pasillo. Conocí dos maestras más gracias a Dios, hicimos una mesa entre cuatro: Zafira, Ginga, Nove, Shari y yo.
Los cinco estábamos conversando de todo un poco sobre nuestras clases, las materias, cómo nos fue hasta el momento en la vida y el típico tema que no falta si estamos en una relación, casados o solteros: Ginga, Shari estaban solteras como yo. Zafira estaba comprometido mientras que Nove tenía un saliente; de reojo noté la presencia de dos alumnas conocidas: Yagami y Takamachi quienes observaban desde fuera pero muy concentradas a nuestros movimientos a lo que simplemente hice caso omiso porque tampoco sabía el por qué estaban ahí mirando como miraban. El día continuó hasta que las clases terminaron, me dirigí al salón exclusivo de clases particulares que daba el colegio y no encontré ningún alumno, bueno quizá llegarán dos minutos tarde porque sí, al final de todo los alumnos desesperan por irse a casa.
Cinco minutos... nadie. Bufé entre risas pensando '' El director me cargó una broma '' pero en ese momento se abrió la puerta, miré a ver quien era y era la menor de cabello cobrizo de 5-A pero ¿si tenía buenas notas qué hacia ella acá?
— Buenas tardes... —saludó tímida. Yo sólo la miré confundida.
— Si, adelante toma asiento —respondí a su saludo e hizo caso a lo que le indiqué. Primera fila, frente a mi, ¿por qué ahí muchacha?— ¿no viene otro compañero contigo? —pregunté, ella negó por lo que asentí.
— Bueno, ¿tienes algún papel que te hayan dado en el curso de Comunicación? —pregunté, ella asintió y agarró su bolso para sacar su texto, me lo entregó. Lo sostuve, era una historia sobre Afrodita e hice un rostro algo poco sorprendido, sonreí— así que Afrodita eh~ —musité para poder tomar asiento a su lado.
Ella me miró con una leve sonrisa, encogió sus hombros.
— Pero lo que les dieron de este supuesto texto es una biografía de Afrodita, supongo que tu salón logró entender esto ¿no es así? —ella asintió— entonces, ¿por qué estás aquí? —pregunté, ella se quedó helada en ese momento pero volvió a sonreír.
— Quiero que me enseñe —respondió. Era una respuesta normal porque sino no estaría aquí pero siendo una muchacha de buenas notas, con una beca de por medio entonces ¿para qué necesitaba un tutor de su comprensión lectora? Reí un poco.
— Bueno eso lo sé —respondí a su respuesta. Suspiré para empezar a leer aquel texto poco a poco, pero ¡maldita sea era comprensible! Era una simple biografía. Giré el papel y habían preguntas ya contestadas, cerré mis ojos indicando un ''me estás cargando''.
— Lo sé... lo completé en clase —murmuró para luego mirar a otro lado— solamente quería conocer más a la maestra, no es que no entienda lo que lea, lo hago correctamente y tengo mis notas altas pero hay algo que me causa curiosidad en usted —mis ojos se abrieron en sorpresa, lo único que pude hacer fue colocarme de pie rápidamente. Realmente esto no me gustaba para nada.
— Señorita Takamachi, no sé a lo que va ir —respondí regresando a mi escritorio— pero no me gusta. Si usted no necesita que le enseñen entonces no venga porque eso de conocer a su maestro no es lo que debe ser.
— ¿Por qué? No es que usted sea un hombre, ¿o si? Es una maestra —respondió ante lo que dije, me seguía sorprendiendo su continua insistencia. Pasé saliva pero era cierto, ¡no, no era cierto! El ser hombre o mujer no significa nada, si quieren meter preso a alguien lo pueden hacer.
— Mira, no es que uno sea hombre o mujer. Aquí la cosa es que sigo siendo tu maestra y tú mi alumna —respondí— vengo a enseñar a chicos adolescentes que realmente necesiten ayuda. Por ejemplo cuando te ayude con el alumno Scrya, vi el acoso y el maltrato por lo tanto es normal que haga algo para que cosas así no ocurran —crucé mis brazos mientras seguía mirándola fijamente, ella correspondió y sostuvo mi mirada desde su asiento— Hay una taza alta de suicidios bajo el bullying escolar, tanto de la gente distinta como gente normal y eso debe parar —continué— es por esa misma razón que siempre se debe conseguir una solución a los problemas, si no hay una siempre hay autoridades más altas que pueden ayudar y al parecer pude ayudarte con aquel alumno pero igual debes cuidarte de cualquier persona.
— Entonces, la maestra Nakajima ¿si puede conocerla? —preguntó una vez más, pero ¿a dónde mierda quería llegar esta niña? La miré sin creer lo que hablaba.
— El tema que la maestra Nakajima y yo hablemos, hagamos o lo que sea es cosa de nosotras —respondí— las adultas somos nosotras, ustedes siguen siendo nuestros alumnos.
En ese momento ella se paró con el ceño fruncido, suspiró luego para volver a tomar asiento.
— Seguiré viniendo a sus clases —confesó— es el primer día, es normal que no hayan chicos y que el tema que se habló hoy en clase sea comprensible —continuó— quizá los otros salones también vengan pero cuando les toque Comunicación y comprensión lectora, en ese momento usted tendrá más alumnado y no sólo me tendrá a mi.
Eso realmente era un alivio saber.
Suspiré.
No sé si me estaba metiendo en problemas desde el primer día que vi a esta joven en la biblioteca pero no me juzgo tampoco sabía que era una menor de edad. Debía mantener mi distancia con ella.
La hora pasó en incómodo silencio de vez en cuando, a veces hablábamos del libro que pedí consiguieran. Hablamos un poco de lo que trataba y del escritor quizá era así lo necesario de cómo pasar el tiempo entretenidas en algo pero en esta oportunidad solo escuchaba mientras apuntaba todo en su cuaderno. No volvió a mirarme, me sentía en paz en cierta parte pero por otro lado algo me hacía querer ver aquellos ojos lavanda e únicos, Fate estás siendo afectada por esta adolescente desde la primera vez que la viste y estaba siendo sincera conmigo misma. Cuando ella se retiró a casa, salí también; fui al estacionamiento de profesores, ingresé y encendí el auto para emprender viaje pero antes de doblar a la izquierda como última mirada la vi parada en el paradero de autobús esperando su movilidad. Expulsé aire por mi nariz para seguir mi rumbo negando levemente con la cabeza.
Decidí ir al bar donde sabía encontraría a mi buen amigo Vice. Estacioné el auto y bajé, lo aseguré y me encaminé hasta dentro; tomé asiento mientras me desabotonaba mis dos primeros botones de la camisa.
— Wao —dijo sorprendido colocándome un vaso, tres cubos de hielo y por último servir whisky— parece que en tu segundo día laboral te está yendo pesado.
Reí ante su comentario.
— ¿Sabes qué? Sí —aseguré ante eso. Sujeté el vaso que estaba de whisky y de un solo golpe tomé todo el whisky, sin importar el amargo sabor de esta bebida ni su alcohol quemar mi garganta. Vice me volvió a servir más con sorpresa.
— ¿Sucedió algo que deba saber? —preguntó. Me quedé pensativa por un momento, suspiré pesado para asentir— ¡Te lo advertí! Esos mocosos son de lo peor...
Negué ante aquel comentario.
— En realidad son buenos jóvenes, al menos en eso tuve suerte pero tengo otro problema más serio... —confesé, Vice miró el alrededor. Tenía clientes pero se acercó más a mi para que pudiera decir lo que tenía que decir en voz baja— creo que una alumna me puso el ojo y creo que quiere tener algo conmigo, no sé, creo, supongo...
Rápidamente se alejó con los ojos como plato, coloqué mis dedos en mi ceño que estaba siendo fruncido en ese momento porque sabía lo que este hombre iba a decir.
— Mierda debes tener mucho cuidado Fate —dijo espantado— ¿no conseguiste a alguien de los maestros? ¿nadie las vio en algún momento comprometedor? —cuestionó preocupado.
Reí una vez más al recordar como aquella cobriza dijo '' Entonces, la maestra Nakajima ¿si puede conocerla? '' diría que eran celos, unos celos tiernos pero debía parar. Negué respondiendo.
— ¿De qué te ríes tonta? No es ninguna gracia lo que sucede —susurraba mientras miraba mi vaso de whisky.
— Lo sé Vice pero sólo me acordé de otra cosa —respondí— eh, una maestra llamada Ginga. Es muy simpática, hasta ahora es la única mujer con quien me estoy llevando bien entre todos los maestros aun que conocí otros...
Él suspiró de alivio.
— Al menos estás poniendo ojo en una adulta y no en una menor —esas palabras me hicieron sentir mal porque en realidad, sí la miré tanto en la biblioteca como en clases y en su clase de deporte. Me sentía mala maestra.
— Sí, supongo... —respondí con desanimo. ¿Por qué tenía que pasarme esto? Sujeté mi vaso y volví a dar un sorbo largo, dejando la mitad de whisky en el vaso— quizá haga una salida de maestros este fin de semana. Sería lo correcto salir a una fiesta.
Vice asintió animado.
— Invítame, tal vez conozca a una profesora para ver si puede enseñarme lengua —aquel comentario de doble sentido hizo que él mismo riera mientras que yo, por mi parte sólo sonreí. Lo conocía. No era de esos hombres que gustaban relaciones serias hasta si seré sincera sale con una universitaria, claro, mayor de edad porque estúpido no es.
— Veamos qué sucede —respondí para dar el último sorbo de whisky.
De aquella charla cambiamos diría que me tomé cinco vasos de whisky, fui a mi auto para dirigirme a casa realmente esperaba que lo sucedido hoy sea tan sólo una broma o que mis pensamientos sean completamente erróneos.
Quería estar en paz, pura paz.
