Parte 2: Disculpa los malos pensamientos
—¡Tsukishima! ¡Un chico de la clase 5 te busca! —La campana anunciando el almuerzo había sonado hacía 15 minutos y Tsukishima seguía sentado esperando a Yamaguchi. De nuevo.
Al ir a la puerta, no se encontró con su amigo. Se encontró con uno de sus compañeros de clases, cuyo nombre no se molestaba en aprender, quien lucía nada menos que asustado de tener que hablarle.
"Tadashi me pidió que te dijera que hoy tampoco podía almorzar contigo, porque nos está ayudando a estudiar para el siguiente examen de inglés" le escuchó decir. Kei escuchó palabras salir de su boca. "Dile que no se preocupe", creyó decir. Realmente intentó sentirlo.
Pero ya era la segunda semana consecutiva y Kei comenzaba a preguntarse cuánta ayuda requerían sus compañeros de clase, y estaba todo menos tranquilo.
¿Quizás un día Yamaguchi dejaría de avisarle y simplemente dejaría de presentarse tal cual? No lo haría ¿No? ¿NO?
No, Yamaguchi tendría al menos la decencia de hacer acto de presencia y decirle "Ya no somos amigos, Tsukki" o algo por el estilo. O enviaría a uno de sus nuevos amigos a que lo hiciera, ya que últimamente eso era lo que estaba haciendo.
O quizás estaba sobreactuando.
Sí, definitivamente estaba sobreactuando. Definitivamente Yamaguchi no tiraría por la borda 10 años de amistad, y definitivamente Kei no lo dejaría hacerlo con tanta facilidad.
Además, aún si ya no tenían los almuerzos, todavía tenían las prácticas y las caminatas a casa.
Estarían bien.
Excepto que no, Kei no lo estaba pasando bien.
—¿Tu y Yamaguchi están peleados? —Si Kageyama, de todas las personas, comenzaba a notar algo raro, entonces definitivamente Kei no se lo estaba imaginando.
—Ese no es tu asunto, rey —respondió con un gruñido que prácticamente gritaba "sí, estamos atravesando algo".
—¿Olvidaste su cumpleaños o algo así? —Y por supuesto, Hinata se tenía que unir a la conversación.
—¿Qué no tienen algo que hacer? ¿Cómo practicar los horrorosos saques de Hinata o algo así? —Kei desvió la mirada a los nuevos integrantes de primer año. Yamaguchi había decidido que debía ser un buen senpai y enseñarles su saque flotante. El resto estaba tomando el descanso para beber agua.
—¡Oye! ¡Estamos tratando de ser buenos amigos aquí! —Exclamó Hinata, ruidoso como siempre, tomando a pecho las palabras de Kei.
—No requiero de su apoyo moral, muchas gracias.
—¡Tsukishima es cruel! ¡Por eso Yamaguchi ya no quiere ser su amigo! —Y con eso, Kei se atragantó con el agua y casi la deja caer.
Yamaguchi no habría dicho eso ¿no? Y si lo hubiera hecho, seguro no se lo habría dicho a Hinata, de todas las personas… ¿No?
—¿Yamaguchi te dijo eso? —Preguntó, genuinamente preocupado. ¿Quizás por eso Yamaguchi ya no quería ir a almorzar con él, y no practicaba a su lado, y se iba a casa antes? ¿Quizás se había cansado de escuchar el infame "Cállate, Yamaguchi", luego de tanto tiempo?
—¿Qué? ¡No! ¡Eso lo acabo de inventar! —Por supuesto que sí. Kei se golpeó mentalmente. Solo ahora podría preocuparse en tomar en serio lo que Hinata dijera.
—¿En realidad estás preocupado, Tsukishima? ¿Qué le hiciste a Yamaguchi para que creas que ya no quiere ser tu amigo? —El tono preocupado de Kageyama no hacía más que enfermarlo. No quería recibir una charla emocional por parte de nadie y mucho menos por parte de alguien que apenas comenzaba a entender cómo las interacciones humanas funcionan.
—¡No estoy preocupado! ¡Dejen de actuar como si Yamaguchi y yo estuviéramos en medio de una crisis matrimonial! —Dijo aquello más alto de lo que esperaba. Y, sonó mucho más patético de lo que había sonado en su cabeza.
—Es que ustedes actúan como si estuvieran casados —dijo Hinata, jugueteando con una pelota de vóleibol mientras hablaba—. Yamaguchi siempre orbita a tu alrededor y no deja de hablar sobre lo genial que eres, y tú siempre luces enojado y le dices que cierre la boca, pero no dejas que nadie más se meta con él.
—Es una extraña relación —secundó Kageyama, y Kei no iba a aceptar sus mierdas.
—No quiero oír eso de ustedes dos —respondió, rodando los ojos—. Critiquen lo que quieran mi amistad con Yamaguchi cuando la suya comience a lucir funcional.
—¿Funcional? Así como, uno siendo cercano y amigable y el otro siendo frío y hosco ¿eso es funcional? —Hinata lo observó. No le molestaba que Hinata lo mirase, sin prestar atención realmente y pasando por alto muchas cosas. Le molestaba que lo observara, porque solo los dioses sabían lo listo que se estaba volviendo y la clase de cosas que llegaba a notar.
—Incluso a mí me suena raro —Kageyama le otorgó una mirada compasiva, o lo más compasiva que pudiera ser tratándose de él, como si le dijera "Tu y yo sabemos que no podemos escapar de los ojos de Hinata". Luego, como si el golpe anterior no hubiera sido lo suficientemente fuerte, agregó—: Y eso que, de los dos, quien tiene más problemas en relaciones públicas soy yo.
Sin embargo, antes de poder responderles apropiadamente –no los patéticos intentos de respuesta que había hecho hasta ahora, por supuesto–, Chikara Ennoshita –o, como Yamaguchi y él le llamaban cuando nadie más les escuchaba, capitán Quentin Tarantino– los llamó para hacer un último partido de práctica a 25 puntos, antes de limpiar y cerrar el gimnasio.
Por supuesto, Yamaguchi no acabó en su equipo.
Por supuesto, Kei acabó trapeando el piso junto con Tanaka y Nishinoya, mientras Yamaguchi bajaba la red con Kageyama.
Y, siguiendo todo pronóstico que se había repetido como una canción en loop, Yamaguchi se adelantó y Kei caminó a casa solo.
No era que nunca antes hubiera caminado a casa solo. Recordó, con cierta amargura, esa temporada el año pasado donde Yamaguchi pasaba horas, y horas, contra calor, viento y lluvia, practicando el condenado saque flotante, y Tsukishima no tenía otra opción más que adelantarse.
Bueno, realmente sí que tenía otra opción. Podía acompañarlo, y practicar junto a su amigo. Tan solo que, en ese momento, ni le gustaba tanto estar en el club, ni se preocupaba tanto en que Yamaguchi le dejara de hablar.
Había sido estúpido, reconocía al menos eso.
Pero luego, llegaba a casa y no pasaba más de una hora y media –a lo mucho dos– hasta que Yamaguchi inundaba su bandeja de mensajes con "¡Tsukki!" y "¡Mis manos están rojas de tanto practicar, Tsukki!", e incluso "Estoy tan cansado que quizás me quede dormido ¿Me dejas copiar tu tarea mañana?"
Y aunque Yamaguchi jamás había tenido tarea sin hacer –quizás, un ejercicio sin resolver por el cual luego llamaba, o una pregunta que realmente no podía contestar, pero nada más que eso–, Kei sabía que no dudaría ni un momento en dársela.
De hecho, era solo ahora que Kei se daba cuenta de la cantidad de cosas que haría por Yamaguchi si se las pidiera.
Al llegar a casa, se encerró en su habitación, sin siquiera apetito. Se arrepentiría en la mañana, seguramente. Pero, su mente y su cuerpo parecían dos entes individuales en ese momento, y –los dioses lo perdonen por ser tan cursi–, su corazón también comenzaba a tomar vida propia.
Observó su teléfono, carente de mensajes de Yamaguchi. Había estado de esa forma durante un par de días, e incluso cuando Kei iniciaba las conversaciones –suceso que, ahora que lo pensaba sí que era desagradable y grosero, ocurría muy pocas veces–, estas terminaban en poco tiempo, con Yamaguchi estando ocupado con otra cosa, o con otra conversación.
KEI TSUKISHIMA (4:55pm): Oi, Yamaguchi ¿llegaste a casa?
TADASHISAURIO (5:05pm): ¡Tsukki!
TADASHISAURIO (5:05pm): Estaba tomando un baño antes de hacer los deberes.
TADASHISAURIO(5:06pm): ¿Estás haciendo tus deberes, Tsukki?
KEI TSUKISHIMA (5:06pm): Estaba a punto de preguntar por uno de los ejercicios.
KEI TSUKISHIMA (5:06pm): Luego recordé que ya no estamos en la misma clase.
TADASHISAURIO (5:07pm): ¡Eso es triste, Tsukki!
TADASHISAURIO(5:07pm): En el refrigerador solo hay tofu y tu mensaje me puso aún más triste.
TADASHISAURIO(5:08pm): ¿Quieres que vaya a tu casa y te ayude con la tarea, Tsukki?
KEI TSUKISHIMA (5:10pm): ¿Seguro? ¿No tienes que ayudar a alguien más hoy?
TADASHISAURIO (5:12pm): ¡Nop! Libre por la noche ¡Voy en camino!
KEI TSUKISHIMA (5:12pm): Ni siquiera esperaste a que dijera que sí.
TADASHISAURIO (5:13pm): Tu mejor amigo desde hace 10 años tiene poderes psíquicos y sabe cuándo lo necesitas.
Kei frunció el ceño. No lo necesitaba necesitaba, pero sí que agradecería poder pasar algo de tiempo con su amigo, quien últimamente parecía demasiado ocupado como para reciprocar ese sentimiento.
Y ¿poderes psíquicos? ¿saber cuándo lo necesitaba?
Si eso fuera cierto, Yamaguchi no estaría haciendo lo que parecía ser, evitarlo deliberadamente.
—Luces enfermo.
Kei no se sorprendió cuando esas fueron las primeras palabras que brotaron de la boca de Yamaguchi una vez abrió la puerta. De hecho, lo había visto venir. La forma en que la sonrisa en su rostro desapareció para dar paso a una mueca, y su ceño se frunció, y sus ojos, usualmente llenos de brillo y alegría, dieron paso a una sombra de preocupación.
—Solo estoy cansado —y, como ya se había acostumbrado hacía un tiempo, no podía estar seguro de si lo que decía era lo que realmente estaba sintiendo.
—Ya, claro —pero gracias al cielo que Yamaguchi había dejado de creer en sus "estoy cansado" hacía años—. Entonces ¿cuál es ese problema que no te deja dormir?
—Um, realmente no estaba teniendo problemas con la tarea, solo era una excusa para que vinieras —confesó en un susurro.
—Oh, eso ya lo sabía —le dijo Yamaguchi en un tono de "no seas obvio, Tsukki"—. Hablo de por qué estás preocupado.
—No estoy preocupado.
—Tengo superpoderes Tsukki ¿recuerdas?
Kei sonrió –internamente–, preguntándose si un Yamaguchi con superpoderes sería igual que el Yamaguchi al cual conocía. Si Yamaguchi pudiera leer mentes, definitivamente la cantidad de veces que Kei hablaría por día, descendería drásticamente. Si Yamaguchi pudiera teletransportarse, posiblemente sus caminatas a casa no tendrían sentido, pero entonces si ninguno de los dos podía dormir a las 3 de la mañana, Kei solo le diría "veamos una película en mi habitación", y Yamaguchi estaría allí.
No debería redirigir la idea de "Yamaguchi-superpoderoso" a todas las cosas que podrían hacer juntos, porque un simple proceso de razonamiento lógico le diría que eso es a) extraño, b) muy gay y c) super codependiente. Pero a Kei le gusta decirle a su cerebro que se folle a sí mismo y le deje imaginar a un Yamaguchi con telekinesis que busque los refrigerios sin salir del sofá de la salita.
—Como sea, recordé que tengo algo para darte —no, realmente Kei no lo había olvidado, solo había evitado que fuera literalmente la primera cosa que mencionara, porque no quería sonar patético ni desesperado, porque definitivamente no lo estaba.
—¿Un regalo? ¿Para mí? ¡Tsukki! —Y definitivamente no había pasado los últimos minutos buscando ese regalo para Yamaguchi, solo para poder ver sus ojos iluminarse, y su sonrisa ensancharse por él otra vez.
—No es la gran cosa, solo... —y por supuesto, ahora dudaba en si darle el regalo o no— ¿Recuerdas ese campamento a los 10 años? ¿Dónde dormimos en una cabaña, y lloraste con la historia de los espíritus del bosque? ¿Y estaba esta niña que te gustaba pero no dejaba de preguntar por mi y-
—Claro como el día, Tsukki —Yamaguchi lo miró a los ojos, casi diciendo "una palabra más y atravesaré esa puerta con tu cabeza".
—¿Recuerdas los brazaletes del deseo que nos dieron? ¿Y que yo dije que era una tontería, así que tomaste el mío, pero luego perdiste ambos?
—Oh sí, recuerdo que regresé a casa realmente enojado, y no parabas de decirme que eso de los brazaletes era realmente estúpido y que creciera de una vez —Yamaguchi, aunque no le estuviera mirando a los ojos ni prestándole atención al 100%, porque parecía estar más ocupado en buscar un pijama entre el armario de Kei –que, sinceramente, luego de 10 años de amistad ya era 50% Yamaguchi y 50% suya, y lo mismo aplicaba al armario de su amigo– que con la triste historia que su amigo le contaba—. Pero no entiendo que tiene esto que ver.
—Realmente no los perdiste, yo los tomé.
—Eso lo sé Tsukki, los encontré en tu mesa de noche como dos semanas más tarde. —Por supuesto que Yamaguchi los había encontrado y no le había dicho nada, solo para dejarle creer que su máscara de chico rudo y desinteresado seguía intacta. Siempre lo hacía, el bastardo.
—Aún los tengo —Admitió finalmente.
—¿Qué? —Yamaguchi cerró la puerta del armario, con un pijama –de Yamaguchi– y unos bóxers –de Kei, evidentísimo con el estampado de dinosaurio y estaba seguro que solo había elegido ese par para burlarse–, y luciendo una expresión confusa de "Tsukki, yo se que en el fondo eres tierno pero esto es ridículo"– Han pasado... casi siete años, Tsukki.
—Lo sé, lo sé —y ahora Kei se estaba sonrojando, porque no podía ocurrir una cosa más embarazosa en un mejor momento—. Es solo que... a los 10 años realmente me creí la historia, y pensé que no debía desperdiciar un deseo en ese momento, cuando seguramente pediría algo como una colección infinita de figuras de dinosaurio.
—Aún lo harías —a veces Kei olvidaba que Yamaguchi estaba compuesto de 80% sarcasmo y 20% pecas, confianza y polvillo de hadas. No pasaban más de 12 horas sin que su amigo se lo recordara, usualmente en forma de una respuesta realmente sádica.
—Cállate, Yamaguchi —Kei intentó que sus mejillas no se tiñeran de rosa. Intentó.
—Lo siento, Tsukki —canturreó Yamaguchi, quien real, realmente no lo sentía en absoluto.
—Quizás después de todo no te dé el brazalete. Son dos deseos para mí —bromeó Kei, sacando los dos brazaletes del cajón en su mesita de noche.
Era algo realmente tonto. Dos simples brazaletes que quizás ni siquiera tenían tanto valor emocional como el que le quería poner, porque según recordaba, en ese viaje Yamaguchi regresó a casa casi comido por los insectos, y Kei había pisado hiedra venenosa en algún punto. Pero, esos simples brazaletes de color verde y amarillo, que Yamaguchi había elegido solo porque los colores favoritos de ambos estaban allí, y que luego Kei había robado y escondido porque no había forma en que iba a permitir que su amigo desperdiciara su deseo en algo tonto como una ración infinita de papas fritas.
Era tonto, pero por algún motivo, en ese momento necesitaba algo tonto que le recordara que él y Yamaguchi no llevaban conociéndose 10 días, sino 10 largos años.
—¿Sabes qué me recuerdan estos? —Preguntó Yamaguchi, luego de amarrar el brazalete alrededor de su muñeca— Esa vez en segundo de escuela media, cuando tomaste mi libreta de Historia sin preguntarme, y pasé toda la tarde buscándola y lloré al llegar a casa porque tenía que hacer una tarea importante, solo para que te aparecieras al siguiente día con la libreta y ambas tareas.
—¿Exactamente cómo está relacionado? —Ante el recuerdo, Kei sintió una punzada de culpa, porque recordó los ojos turbios con los que su amigo había llegado a la escuela al siguiente día, y cómo no le habló hasta la hora del almuerzo por el cuaderno.
—Porque siempre intentas hacer cosas buenas a mis espaldas, actúas rudo, me haces llorar y luego descubro qué era lo que estabas tratando de hacer, y pasas el resto de la semana intentando compensarlo —Yamaguchi le sonrió tranquilamente, como si fuera un patrón que ya tenía memorizado.
—Yo no... —¡Yo no hago eso! Fue lo que Kei intentó decir. Pero, sabía que eso no era del todo cierto.
—Lo que me hace preguntarme, Tsukki ¿por qué me das estos?
Kei quería decir algo como "por la bondad de mi corazón", solo para que Yamaguchi riera y le dijera que él nunca hacía tal cosa. O quizás algo como "porque ahora pediremos un deseo que tenga sentido", pero ninguno de los dos seguía creyendo en esos cuentos. Habría querido decirle algo más tonto como "porque te queda bien el brazalete" y verlo sonrojar y reír a carcajadas.
Y sin embargo, ninguna de esas respuestas fue lo primero que llegó a sus labios.
—Porque estaba celoso.
Y, pasó un minuto entero en silencio antes de que uno de los dos pudiera procesar adecuadamente esas palabras.
