A Hinata le gusta mucho ver a la gente a los ojos.

Le fascina encontrar ojos de diferentes colores, cree que son maravillosos y dignos de admirar. En Japón no hay mucha variedad, siempre son negros o marrones, son contadas las ocasiones en las que encuentra ojos de diferentes colores.

Hinata cree que ha tenido suerte, ya que conoce a gente con distintos ojos de colores; como Kageyama y Shimizu-senpai, que tienen los ojos de un azul muy profundo. Aunque fueran del mismo color, daban sensaciones diferentes; los ojos de Kageyama estaban llenos de determinación, de poder, de querer llegar a la cima, eran algo fríos a veces, pero no de una mala manera, sólo mostraba que estaban llenos de seriedad. Los de Shimizu-senpai eran cálidos, como los ojos de una madre; de igual manera estaban llenos de seriedad la mayor parte del tiempo. Le gustó descubrir que se iluminaban y suavizaban un poco más cada vez que veía a Yachi.

También estaba Iwaizumi, el as del Aoba Johsai, y un chico extranjero que se encontró una vez cuando fue a Tokio, ambos tenían ojos verdes y eso le fascinó un montón. Iwaizumi era la definición de trabajo duro y lo podía notar en su mirada. Siempre estaban concentrados, analizando; también notaba la forma en que miraba a sus oponentes con gran respeto y eso le agradaba. Con el extranjero había sido un caso muy curioso; se había perdido y no podía encontrar la parada del autobús y ese chico había aparecido de la nada. Sus ojos verdes chispeaban de alegría y picardía, de ansias de poder ayudar a alguien. Le había caído bien el chico, se notaba que era amigable por la forma en que le trataba. Se sentía un poco mal al no poder recordar su nombre.

Nunca ha tenido preferencia alguna por algún tipo de color de ojos específico, todos les parecen hermosos dependiendo del portador, ya que siempre darán una vibra diferente.

Al menos eso habría dicho antes, cuando todavía no conocía a Kenma.

Los ojos de Kenma eran sus favoritos.

A veces Hinata recordaba la forma en que se habían conocido y le daba algo de pena. Ya que a él siempre le gustaba ver a la gente a los ojos, los conociera o no, a veces olvidaba darle espacio personal a los demás.

Un día, cuando estaba de viaje en Tokio solo por tercera vez, tomó el tren equivocado. Hinata era bueno orientándose, así que no tendría problemas en bajarse en una estación completamente desconocida y tomar el tren correcto. Sin embargo, mientras observaba a los demás pasajeros y les echaba vistazos para poder ver el color de sus ojos, se encontró con los ojos de Kenma.

Los ojos de Kenma lo hechizaron por completo en cuanto los vio —el chico no lo había visto—. El chico no estaba muy lejos; estaba sentado del lado opuesto a Hinata, unos cuantos asientos más a la derecha. Tenía la vista clavada en lo que Hinata logró notar era un 3DS, pero logró distinguir parte de sus ojos en cuanto una monótona voz empezó a anunciar la siguiente parada y éste levantó la vista. No parecía ser la parada del chico, ya que no hizo amague alguno de levantarse, así que escaneó rápidamente el vagón y fue ahí cuando las miradas de ambos se encontraron.

(Hinata jamás lo diría, pero estaba seguro de que había sido amor a primera vista).

Sostuvieron sus miradas por breves segundos, mas estos fueron los segundos necesarios para que Hinata declarara oficialmente que esos ojos eran sus favoritos. Eran brillantes y del color del oro fundido, impresionantes y enigmáticos. Jamás se había encontrado con ojos de semejante color y quería saber más. Quería seguir observando esos ojos para siempre; quería acercarse a ese chico que le intrigaba bastante. Sus ojos parecían esconder los secretos del universo y Hinata quería descubrir cada uno de ellos.

Hinata recordaba perfectamente cómo Kenma había apartado la mirada rápidamente al darse cuenta de que estaba siendo observado por un completo extraño. Había tratado de ser escurridizo y echarle vistazos a Hinata, pero ya que este no le había apartado la mirada en lo absoluto, era difícil, en especial porque Kenma no quería ser atrapado.

Suspiró Hinata un poco abatido. No podía seguir dando vueltas en el tren de Tokio, de lo contrario se perdería más y ya iba tarde para encontrarse con Yachi, pero no quería dejar de ver al chico de ojos color oro. Se le hacía bastante guapo y sabía que sería muy difícil volver a encontrárselo, Tokio tenía una población enorme y sus chances de verlo nuevamente eran mínimas.

El tren se detuvo y Hinata se bajó de este, algo decepcionado por no poder pedirle su número al chico misterio. Las puertas se cerraron detrás de él y no supo qué lo impulsó a voltearse, pero le alegraba haberlo hecho.

Sus ojos volvieron a encontrarse con la dorada mirada; sonrió ligeramente y volvió a ver al frente, emprendiendo rumbo para tomar el tren correcto esta vez.

Al menos sabía que también había picado el interés del chico misterioso.


Pasó mucho tiempo sin visitar Tokio después del cumpleaños de Yachi en septiembre. Estaba ocupado con sus entrenamientos del vóley en la Universidad de Tohoku y su carrera lo mantenía bastante ocupado; aun así, jamás olvidó esos ojos que descubrió en una tarde de verano perdido en la gran metrópolis de Tokio.

Ahora, tres meses y medio después, estaba de regreso en Tokio para celebrar el cumpleaños de su mejor amigo, Kageyama. Tenía una pequeña esperanza de volver a encontrarse con el chico misterioso, pero su suerte no era la mejor del mundo y de seguro no lo encontraría jamás.

Compró su pasaje en la estación y caminó hasta que llegó a la plataforma correspondiente. Checó su reloj, notando que todavía faltaba bastante para que su tren llegara, así que se dirigió hacia una máquina expendedora y compró una limonada enlatada. Le hubiera gustado comprar un kit-kat, pero los únicos que quedaban eran de sabor wasabi y no iba a pasar por esa horrible experiencia de nuevo.

Aburrido, regresó hacia la plataforma y se dejó caer en uno de los asientes libres, sacó su 3DS y se puso a jugar Monster Hunter mientras esperaba la media hora que faltaba para que su tren lo llevara a Harajuku, que es donde Yachi había organizado la fiesta de Tobio ya que lo llevarían a uno de esos cafés de perros. Se rio un poco ante el prospecto de ver a su mejor amigo feliz de estar rodeado de varios perros y con esa cara de emocionado que ponía cuando no sabía qué hacer.

La persona que estaba a su lado se levantó y a los minutos alguien más tomó su lugar, mas no se molestó en ver quién estaba ahora a su lado. Estaba muy ocupado tratando de derrotar a uno de los jefes de su juego, pero sin importar lo que hiciera no podía atacarlo, o si lo hacía no eran golpes fuertes, y terminaba muerto rápidamente.

—Deberías usar un ataque especial —habló una voz a su lado quedamente.

Hinata se sorprendió, casi dejó caer el 3DS de sus manos y derramó lo poco que quedaba de limonada en los zapatos del extraño. La persona a su lado al parecer igual se sorprendió, ya que dejó salir un pequeño "Ah" asustado al sentir la humedad. Se volteó para disculparse con la persona por haberle sorprendido y arruinar sus tenis, sin embargo no logró pronunciar palabra alguna cuando se topó con esa mirada que lo había hechizado hace ya unos meses.

—Oh —fue lo único que Hinata logró decir, todavía anonado al haber encontrado al chico misterioso nuevamente.

—Uh… disculpa —musitó el otro chico—, no quise asustarte.

—¡E-está bien! No te preocupes por eso —le sonrió nerviosamente, tratando de evitar hacer mucho contacto visual—. Sólo me sorprendiste, es todo. Uhm… Soy Hinata Shouyou, un gusto, eh…

—Kozume… —murmuró algo inseguro debido a la gran energía que irradiaba Hinata.

—¿Kozume es tu nombre?

—Kozume… Kenma.

—Oh, ¡genial! Entonces, ¿qué decías sobre un movimiento especial, Kenma-san?

—Sólo Kenma está bien, no me gustan los honoríficos y, uhm, creo que es mejor si te muestro, ¿puedo…? —apuntó a la consola del pelirrojo.

—¡Por supuesto! Ten —se la entregó entusiasmado. Kenma tomó la consola con cuidado y empezó a mover al personaje con gran habilidad. En menos de cinco minutos había logrado vencer al jefe con el que Hinata llevaba atorado más de una semana.

—Toma —dijo, extendiéndole la 3DS nuevamente.

—Eres muy bueno —dice en modo de cumplido, acercándose al chico y mirándolo a los ojos fijamente—. ¿Te gustan mucho los videojuegos? —inquirió curioso.

Kenma se sonrojó un poco ante la ligera cercanía que ahora había entre ellos y el intenso contacto visual. Recordaba a ese chico de hace unos meses, el que se le había quedado viendo en el tren fijamente, como si hubiera descubierto algo completamente fascinante y quisiera descubrir todo lo posible. Había dejado a Kenma algo confundido; él no creía ser nada interesante físicamente, pero ese chico lo veía de una forma tan intensa y con genuino interés que no sabía qué hacer.

—Sí —respondió. Dudoso, pensó en si decir algo sobre su breve encuentro de miradas hace unos meses, pero antes de poder decir algo el chico le ganó.

—Por cierto, lo siento si sueno algo acosador —se disculpó Hinata antes de proseguir—, es sólo que recuerdo haberte visto hace unos meses en el tren y, agh —se llevó las manos al rostro algo avergonzado—. Essóloquemegustanmuchotusojos.

Kenma parpadeó un poco confundido ante las palabras sin sentido que Hinata había soltado.

—¿Disculpa? —preguntó.

—Me gustan mucho tus ojos —repitió sin quitar sus manos de su rostro—. La mayoría de los japoneses tienen ojos negros o marrones, pero los tuyos no son así y creo que son muy, muy bellos y me gustan bastante. Siento que sueno como un loco porque apenas nos conocimos y ¡perdón! De seguro te estoy poniendo muy incómodo, oh por dios.

—Wow —fue lo que dejó salir Kenma. Estaba igual de avergonzado que Shouyou y su cabello no lograba esconder su ferviente sonrojo del todo. Jugó con sus manos y se mordió el labio inferior, nervioso—. Gracias, aunque no creo que mis ojos sean muy especiales.

—¿Qué dices? —preguntó incrédulo—. ¡Son los más bonitos que he visto! Son como... como el color del oro fundido, o del sol.

—Me avergüenzas...

—Perdón, ¿te incomodé? —inquirió consternado.

—No tiendo a recibir cumplidos, así que es algo extraño... Aun así, gracias —le agradeció y sonrió levemente.

—De nada —se carcajeó, feliz de no haber incomodado mucho a Kenma.

El tren con destino a Harajuku está a punto de llegar, informó una monótona voz a través de los parlantes.

—Oh, ese es mi tren —comentó Hinata—. ¿A dónde vas tú, Kenma?

—A Ikebukuro, voy a visitar a mi mejor amigo.

—¡Genial! Yo también; su cumpleaños fue hace unos días y vamos a ir a Harajuku. Ahí es donde están los cafés con perros y, bueno, nos gusta el anime; tal vez compremos algunas cosas.

—Mmh, suena interesante. Ojalá te diviertas, Shouyou.

—Lo haré —prometió—. Oye... sé que te avergoncé y eso, pero me caes muy bien Kenma y me gustaría que fuéramos amigos.

—También me gustaría ser tu amigo —admitió. Shouyou era bastante extrovertido, todo lo contrario al introvertido ser que era Kenma, pero el chico le había caído bien y no le molestaría ser su amigo en lo absoluto.

—¡Genial! Ten —le dio su celular—, dame tu número y te mandaré un mensaje para que tengas tú el mío.

Kenma hizo lo pedido por el chico y tecleó su número rápidamente en la lista de contactos del pelirrojo. Hinata lo tomó nuevamente y editó el nombre del contacto de chico para que apareciera como Kenma (๑◡๑) y tecleó un mensaje rápidamente.

Para: Kenma (๑◡๑)
Kenma! Hola!

El aludido sacó su propio celular y vio el mensaje de Shouyou.

—Gracias —en ese momento, el tren a Harajuku llegó y Hinata tuvo que despedirse algo triste de su nuevo amigo.

—Hasta luego, Kenma.

—Nos vemos, Shouyou —se despidió antes de que el chico se dirigiera hacia las puertas del tren y entrara.

Le había caído bien el chico; sería interesante ser su amigo.


Y sí, en definitiva había sido bastante interesante ser amigo de Shouyou.

El chico le mandaba constantes preguntas sobre varios tipos de videojuegos; si ya los había jugado, si se lo recomendaba o cómo podía pasar un nivel. Kenma respondía sus preguntas con sencillez, sin embargo, a Shouyou no le molestaba en lo absoluto.

A veces Shouyou le decía cumplidos por sus ojos y se sonrojaba furiosamente. Cuando el chico lo había descubierto meses después cuando empezaron a salir, empezó a decirle los cumplidos con menos frecuencia, y en situaciones aleatorias, para poder seguir viendo la cara sorprendida y la suave sonrisa de Kenma cuando se avergonzaba.

—Sabes —le dijo un día Shouyou. Ambos estaban en casa de Kenma. El pelirrojo estaba de cabeza en la cama y con los pies apoyados en la pared; su novio estaba sentado a su lado jugando un videojuego—. Antes de conocerte, cada vez que iba a Tokio y me subía a un tren, esperaba encontrarte por ahí y pedirte tu número. ¡Me sentía como un acosador! Es que tus ojos en serio me hechizaron, Kenma.

—Recuerdo que me lo dijiste —se rio avergonzado levemente Kozume.

—¿No crees que soy raro?

Kenma se quedó en silencio unos minutos y respondió un quedo: —No —se mordió un poco el labio inferior—. De hecho, hacía lo mismo. Te buscaba de repente en los vagones, pero no te volví a ver hasta ese día que nos encontramos en la estación.

—Qué idiotas, ¿no?

—Tú, yo no.

—Kenmaaaaa.

—Mande —rio ante los lloriqueos de su novio.

—Me encantas. Todo tú, pero tus ojos siguen siendo mis favoritos todavía. Recuerdo haber pensando que en tus ojos estaban los secretos del universo.

—¿Ahora no es así? —indagó.

—Todavía creo que ahí están los secretos del universo.

—Entonces —volteó al fin, sonriendo—, descubramos los secretos del universo. Juntos.


Cómo se supone que funciona el metro/tren/subway en Japón Yahoo respuestas

Esto terminó siendo casi el doble del largo del primer capítulo xD me disculpo si es qué hay alguna incoherencia o algo así.

Una aquí pensando que sus ideas no llegarían a más de mil y miren xD ambos días rebasaron las 1000 palabras lol

Nos vemos mañana~ recen por mí para no morir haciendo la Week y beteando a mi waffle, quien se echó dos week encima ùwú