(Card Captor Sakura y sus personajes son propiedad de CLAMP)
Mentir por Amor
Capítulo 1
Ámbar contra verde
(Sakura)
Diez años después…
"Buenos días, radioyentes, esto es Free Style Music, son las siete de la mañana de un 15 de noviembre que amanece nublado pero que dejará paso a un radiante sol justo a mediodía. Y es un día perfecto para empezarlo con esta canción, Time is running out, de TheMuse…"
I think I'm drowning
asphyxiated
I wanna break this spell
that you've created
you're something beautiful
a contradiction
I wanna play the game
I want the friction
El despertador suena, como de costumbre, a las siete menos cuarto de la mañana. Y como de costumbre, lo ignoro de tal manera que vuelvo a quedarme dormida quince minutos más, soñando con Time is running out en mi emisora de música favorita, Free Style Music, y volviendo a mi despertar con los gritos desesperados de mi hermano exigiendo que baje a desayunar porque nuevamente voy a llegar sumamente tarde al instituto. Y qué más da, yo sólo quiero dormir y dormir… Lo demás no me importa… Sólo dormir… Y seguir escuchando Time is running out…
—¡Monstruo! Yukito ha venido a buscarte…
Y son precisamente esas palabras las que consiguen sacarme de la cama, o más bien ese nombre en concreto es el responsable de mi temprano desvelo, pues al escucharlo es como si mi habitación hubiese sido despojada de todo y los acordes de The Muse, sonaran muy lejanos, como perdidos en el tiempo. Yukito…
Me gusta cómo suena, pero sobre todo si lo pronuncian mis labios, así como me gusta escuchar mi nombre de su boca, Sakura…
Me visto como una posesa empedernida, deseando bajar a la cocina para poder desayunar contemplando su rostro angelical, sus ojos de caramelo y su extraño pelo blanquecino. Luego, un rápido vistazo al espejito redondo y rojo situado sobre mi escritorio y los últimos retoques a mi uniforme blanco del instituto Seijô. Listo, no hay nada fuera de su lugar, nada que no debiera estar justo donde está.
Bajo las escaleras a la velocidad del rayo y asomo la cabeza por el marco de la puerta de la cocina, con la mirada perdida buscando su silueta perfecta. Pero no veo nada.
—¿Yukito?
—Ya era hora, Monstruo. — se burla mi hermano cuando coloco mi cartera, cargada con los libros del instituto, en la mesa — Creí que no te ibas a levantar nunca. Me parece que utilizaré más veces el "Despertador Tsukishiro" para sacarte de la cama.
—Déjame en paz, Touya… Te he dicho mil veces que no me llames Monstruo. ¡Me llamo Sakura!
Mi hermano se acerca a mí con arrogancia, flexionando su angulosa espalda para quedar a mi altura.
—Como si no lo supiera, enana. — dice poniendo una mano sobre mi cabeza — Venga, que el desayuno está en la mesa.
Suspiro con resignación, pensando que Touya jamás me llamará por mi nombre y empleará siempre los mismos calificativos para dirigirse a mí. Qué remedio… Supongo que los hermanos, ya sean mayores o pequeños que tú, siempre estarán ahí para fastidiarte la vida. Según el mío, para hacérmela más entretenida. Igual tiene razón, aunque yo me esfuerce en imaginar que no es así.
Frente a mí, se muere del aburrimiento, indiferente, un sencillo plato de cristal azul, sobre el que reposan dos tostadas recién hechas, empapadas ya con una ligera capa de suave mermelada de fresa. A su lado, un vaso de leche ni demasiado frío, ni demasiado caliente, justo como a mí me gusta porque, como mi madre repetía una y otra vez cuando era pequeña, a veces el punto medio es la mejor elección. Ciertamente mi madre se inventaba auténticos refranes… Recuerdo a la perfección el último que me enseñó, el más extraño y el más hermoso al mismo tiempo:
—Ten cuidado de quién te enamoras, Sakura, porque pueden robarte el corazón y desgraciadamente, ni siquiera puedes poner una denuncia.
Nunca llegué a entender el significado de aquellas palabras, por muchas vueltas que mi cabeza la daba a la frasecita, jamás encontraba la respuesta que necesitaba. Pero si mi madre, Nadeshiko, dijo aquello, seguramente habría tenido un motivo. Sólo me quedaba a mí descubrirlo, pues mamá nos abandonó cuando yo cumplí los doce años, sin llegar a darme el valor de sus palabras. Desapareció así, sin más, un buen día de verano. Papá se niega a creer que se marchase con otro hombre, pero… ¿adónde si no hubiera podido ir? ¿Con quién?
Sacudo la cabeza de un lado para otro, intentando alejar esos recuerdos que han inundado mi memoria sin invitación previa, y me siento a la mesa para desayunar. Miro a mi alrededor. ¿Sólo estamos mi hermano y yo?
—Un momento, Touya… —digo preparándome para una nueva pelea con él— ¿Dónde está Yukito?
Mi hermano alza su mirada, tras dejar su café a un lado de la mesa, para encontrarse con la mía… Y una sonrisa pícara, que yo conozco muy bien, acude de inmediato a su rostro.
—A ver, Monstruo… Las palabras "Despertador Tsukishiro", ¿a qué te suenan?
Presa de una rabia infantil, me levanto de la silla, inclinándome sobre la mesa a riesgo de ensuciar mi uniforme blanco con la mermelada de las tostadas, e intento propinarle a Touya la mayor colleja que haya recibido en su vida. Pero sorprendentemente, él es más rápido que yo y acaba sosteniéndome por las muñecas.
—No, no, no, Sakura… No está bien meterse con los hermanos mayores.
—¡Aplícate el cuento! ¿No te parece?
—He dicho mayores…
Me libro de su agarre con una fuerte sacudida y vuelvo a sentarme en la mesa para continuar con mi desayuno. ¡Algún día Touya me va a pagar cada broma pesada que yo he tenido que sufrir casi a diario! Algún día…
—¡Eres insoportable, que lo sepas!
Un segundo…
Dos segundos…
Tres segundos…
Mi hermano está tardando demasiado en contestar al último de mis estúpidos insultos. Por lo general, él siempre tiene la última palabra. Y conmigo, aún más.
—Y tú un Monstruo ceporro y dormilón.
Lo sabía. Al final sabía que me diría algo. ¡Malditos sean sus veinticinco años frente a mis diecisiete!
—¡TOUYA!
Con otra de sus sonrisas, se acaba su café y desaparece por la puerta de la cocina. Yo, por mi parte, olvidando que mi hermano siempre tiene respuestas para todo, me termino las tostadas tan rápido como puedo, acompañadas del vaso de leche, y deposito todos los platos en el fregadero mirando el reloj.
Tarde, tarde, tarde…
¡Voy a llegar muy tarde!
Nerviosa por los minutos que pasan, abandono la cocina a toda prisa, cartera en mano, dispuesta a salir volando hacia el instituto Seijô. No puedo permitirme otro retraso. No puedo ser la última de nuevo… Maldita sea… Ya estoy de mal humor. Y todo por culpa de mi hermano. Yukito, Yukito… Me hubiera gustado haberle visto por la mañana, antes de que se marchara con Touya camino de la Facultad. Pero no… No ha venido.
—¡Hermano, me voy ya! —grito desde el recibidor mientras termino de calzarme mis patines blancos para ir más rápido.
—¡Sakura, espera!
Touya me alcanza a la carrera antes de que cierre la puerta y salga a la calle tras echar la llave.
—¿Y ahora qué? —replico cruzando los brazos sobre el pecho—¡Llego tarde! —miro el reloj—¡Llego muy tarde!
—Sólo quería decirte que papá no estará en casa durante esta semana. Se ha ido al Cairo por unas excavaciones. Y esta noche yo tampoco estaré aquí, así que a ver lo que haces.
Ah, de nuevo el trabajo de papá. ¿Por qué querría ser arqueólogo? Quizás para no estar nunca en casa… No, Fujitaka Kinomoto no es así. Vocación, supongo.
—De acuerdo, gracias por la información —contesto sinceramente— ¡Y ahora me voy que no llego!
Touya asiente con la cabeza y yo me marcho de casa sin ni siquiera mirar atrás. Es una mañana cargada de nubes, tal y como ha predicho la emisora de radio, gris, triste… Tampoco hay casi nadie caminando por la calle, resultado de un invierno que poco a poco se acerca. Y con esto no quiero decir que no me guste el invierno… La nieve, la Navidad, los regalos, los villancicos… La soledad. Porque por esas fechas todo el mundo se acuerda de todos, excepto de quienes no tienen absolutamente a nadie, como Yukito Tsukishiro. Ojalá me dejase ser la llama que le diera una chispa de calor a su vida, como aquella noche del año pasado…
También era Navidad, Nochebuena, más bien, en esa noria desde donde se podía observar un paisaje bellamente iluminado y las sonrisas de cientos y cientos de personas que a esa misma hora visitaban el parque de atracciones. Él y yo, sentados el uno junto al otro, respirando… y mis sentimientos a flor de piel, como en una primavera que aún estaba por llegar. Yo, pegada al cristal de nuestra cabina en el punto más alto de la noria. Él, en el asiento situado a mi derecha, contemplándome en silencio. Dos entes en un espacio demasiado reducido para contener todo lo que yo llevaba dentro desde hacía tanto tiempo… Una confesión, te quiero… una mirada al borde las lágrimas y unos pasos ligeros tras mi espalda, un abrazo que permitió la acogida de un beso. Era cálido, suave, lleno de amor… o de algo extraño, tal vez diferente. Pero en cualquier caso único. Él y yo… otro te quiero, una sonrisa y nuevas miradas. Dos almas enamoradas…
Y ya. Jamás hemos pasado de ese punto. Nunca hemos cruzado la línea que viene detrás. En ese sentido, Yukito siempre me ha respetado aún cuando yo no quería tanto respeto. Él y sus veinticinco años, justo como mi hermano… Yo y mis diecisiete. Quizás es ese tiempo el que últimamente nos ha distanciado, porque ya no es lo mismo y ambos lo sabemos. Pero, a decir verdad, prefiero no saberlo. El presente es otro, que Yukito y yo compartimos un sentimiento que hemos cuidado durante casi un año y que yo espero seguir reteniendo en mi pecho para siempre. Pues ni en mi cabeza, y mucho menos en mi corazón, cabe la loca idea de que yo pueda amar algún día a otro que no sea Yukito Tsukishiro.
—¡Sakura!
Y es como si la ilusión nunca hubiese muerto tras las bromas de mi hermano.
Yukito me da alcance cuando apenas tengo tiempo de girarme para ver quién me llama. Está ahí, con su bicicleta plateada y su mochila a la espalda, tan alegre y despreocupado como siempre, con el viento chocando contra su cara y despeinando su pelo, aquel en el que mis dedos se enredan en sus mechones cuando nos fundimos en un beso, cálido, siempre inocente… porque nunca pasábamos esa maldita línea que yo he empezado a odiar con toda mi alma.
—¡Al final has venido! — exclamo acercándome a su bicicleta — El idiota de mi hermano me dijo que habías estado en casa para acompañarme hasta Seijô y luego no estabas…
Yukito sonríe dulcemente y separa una mano del manillar para apoyarla suavemente sobre mi cabeza.
—Ya sabes cómo es tu hermano, no le hagas caso. — responde sin dejar de mirar al frente y sin abandonar su sonrisa, tampoco — ¡Mira! Tomoyo te está esperando…
Efectivamente, cuando clavo mi mirada en el horizonte, puedo ver la silueta recortada de Tomoyo, mi mejor amiga, haciéndome señas para que me dé prisa y puodamos entrar antes de que cierren las puertas.
—¿Ya? — me extraño ojeando el reloj. No han paso ni cinco minutos desde que nos hemos encontrado… suspiro por no poder pasar más tiempo con Yukito — Yo quería quedarme contigo…
Yukito no dice nada y sigue pedaleando al tiempo que yo patino sin despegarme de su bicicleta. ¿Por qué no dice nada?
—No te preocupes, mañana es sábado… Así que quizás podamos vernos.
—¿Quizás? — pregunto con picardía, intentando sonar ofendida.
—Vale, tú ganas… Mañana nos veremos.
Y nuevamente vuelvo a sentir la ilusión palpitar dentro de mi pecho, renovando mis fuerzas y apartando mi timidez para preguntarle lo que llevo maquinando desde que mi hermano me dijo que esta noche la casa estará vacía.
—Oye, Yukito… —empiezo sin saber a ciencia cierta cómo continuar.
—Dime, Sakura.
¡Venga, Sakura! ¡Valor!
—Esta noche no hay nadie en mi casa… Así que había pensado que tal vez querrías venir para ver una película… —me sonrojo— Y después podríamos…
—¿Esta noche? —interrumpe Yukito alzando la mirada, con un brillo extraño en sus ojos de café — Lo siento, Sakura. Esta noche tenemos fiesta en la Facultad, así que eso ocupará todo mi tiempo. ¿No te lo ha dicho Touya? Él también viene.
No puedo verme, pero habría jurado que mi expresión ha cambiado radicalmente cuando Yukito me da esa negativa.
—Sí… bueno, me había dicho que esta noche estaría sola, pero no me ha comentado por qué él no iba a estar.
—Lo siento, Sakura —repite Yukito— Lo dejamos para otro día, ¿te parece?
Asiento con la cabeza y dejo que se aleje sin más, mientras yo doy alcance a Tomoyo, que pacientemente me espera junto a la puerta del instituto, con su uniforme blanco, igual que el mío, su cartera colgando de sus manos, su pelo largo, ondulado y negro azabache, como el ala de un cuervo… sus ojos, cargados de alegría, que me saludaban tiernamente. Así es Tomoyo Daidouji, mi amiga, mi confidente… Desde luego, a veces pienso que si ella fuera un chico, estaría perdidamente enamorada. Pero yo tengo a Yukito. No necesito a nadie más.
—¡Buenos días Sakura! —exclama Tomoyo al verme— ¿Qué pasa? ¡Alegra esa cara! ¿No estás contenta por que el joven Tsukishiro te haya acompañado?
Abro la boca para decir algo, pero nada sale de mis labios. Tomoyo aparta su mirada de la mía, en dirección a la bicicleta de Yukito que se aleja en la distancia.
—¡Mira, Sakura! —grita sobresaltándome.
—¡Sakura, cógelo!
Sólo me da tiempo a girarme y a recibir en las manos por pura suerte, el caramelo que Yukito me lanza desde su bicicleta, antes de sonreír por última vez y perderse tras doblar la esquina. Y ese gesto significa para mí más que sus negativas, porque a pesar del tiempo, nunca había olvidado lanzarme ese caramelo al son de los pedales. Siempre, desde que yo tenía diez años.
—Yukito…
—Vamos, Sakura — dice Tomoyo poniendo una mano sobre mis hombros — Si llegamos tarde nos pondrán falta…
—Sí…
Guardo el caramelo dentro de la cartera y sin más, Tomoyo y yo caminamos hacia el interior del Seijô, bromeando, riendo… justo como siempre. Porque aquel día nublado que en teoría debería dejar paso a un sol radiante, viernes 15 de noviembre, no tiene nada de especial.
—¿Sabes, Tomoyo? — comento de pronto — No quiero que hoy sea un día como otro cualquiera…
Tomoyo, intuitiva, clava su mirada violácea en la mía. ¡Cómo me conoce!
—¿Qué estás maquinando, Sakura?
—¿Yo? —pregunto señalándome a mí misma haciéndome la tonta — Nada… Únicamente había pensado que podría ir a visitar a Yukito antes de que se vaya a la fiesta de la Facultad…
(Shaoran)
Viernes 15 de noviembre. Día normal, aburrido, monótono, sin nada de especial. Las mismas historias, los mismos compañeros de clase, la misma búsqueda sin sentido…
Es el resumen de toda mi vida, porque nada cambia, como si estuviese viviendo dentro de un círculo vicioso que se repite una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez… ¡Basta!
—¡Atento, Li! ¡Sí! ¡Esa es mi Chiharu!
Takashi Yamazaki, diecisiete años, alto, delgado, pelo corto y negro y una eterna sonrisa en el rostro. Un buen chico a decir verdad… Interesado únicamente en sus mentiras y en su novia, Chiharu Mihara… O mejor dicho, en el cuerpo de su novia…
—Ah, sí… —digo sin ganas de nada, mientras Yamazaki se come a Chiharu con los ojos. Yo ni siquiera me molesto en fingir interés, pero seguimos mirando al grupito de chicas animadoras como quien no quiere la cosa, sin que ellas se den cuenta de nuestra presencia a unos cuantos metros de allí.
—¿Cómo que "Ah, sí"? ¡Es mi Chiharu! ¿Es que no has visto el salto mortal que ha hecho sobre Naoko? Genial, espectacular, asombroso…
—Que sí, Yamazaki, creo que ya me hago una idea.
Takashi golpea mi hombro derecho.
—¡No lo digas de esa manera! ¡Qué aburrido, Shaoran! Venir a ver a las animadoras es lo mejor que podemos hacer mientras llegan los demás. Esas falditas cortas, las camisetas de tirantes… Las chicas agotadas y empapadas en sudor. ¡A finales de otoño! Me pongo malo sólo de pensarlo… Ay… Chiharu… ¿Y si la secuestro ahora mismo y me la llevo a los baños?
—Eres un depravado, además de un pesado de primera, Yamazaki.
—¡Anda ya!
Nos quedamos en silencio sin añadir ni una sola palabra más del tema, mientras observamos el entrenamiento de las animadoras. Un pensamiento cruza mi cabeza al tiempo se suceden las piruetas ante mis ojos. Lo cierto, es que me muero de ganas por ser como mi amigo. Sí, alguien despreocupado, alegre, con planes para un sábado noche que no se limitan a ver una película tras otra hasta las tantas de la madrugada. No debemos olvidar que después de todo, yo sigo siendo Shaoran Li. Por Dios, ¡qué coñazo de vida!
—¿Qué hora es? —pregunta Yamazaki después de unos minutos de incómodo silencio.
—Las cinco y cuarto —respondo yo tras echar una rápida ojeada a mi reloj digital de hace dos años.
—Maldita sea… Se retrasan…
Me levanto del frío suelo de césped mal cuidado en donde estamos sentados, buscando con la mirada a nuestros dos amigos que no llegan, y una oleada de viento helado sacude mi cuerpo. Maldito clima… A pesar de los diez años que llevo viviendo en Japón soy incapaz de acostumbrarme a estas temperaturas por lo que subo hasta el cuello la cremallera de mi cazadora de cuero, tratando de encontrar algo de calor, y me quedo así, con las manos en los bolsillos y sin hacer nada… salvo esperar. Esperar a un par de tardones que no llegan.
Y de pronto, una voz más que familiar…
—¡Ya estamos aquí, mes amis!
—¡Por fin! —exclama Yamazaki poniéndose en pie — ¿Qué habéis traído?
Sí, ya están aquí. Eriol y Ryuo. Eriol no ha cambiado en nada. Bueno, ahora todas sus mentiras son incluso más creíbles. Es un manipulador de primera y todos nosotros sus títeres. Y Ryuo, de mi misma estatura, delgado, ojos verdes y alegres, pelo castaño y largo… y una extraña obsesión por el sexo, propia de nuestros diecisiete años. O tal vez no tan propia puesto que dicha obsesión aún no ha llamado a mi puerta. Será que yo soy raro.
Sí, dos colegas más, Eriol y Ryou, con los mismos intereses que Takashi, con la diferencia de que ellos ni siquiera tienen novia fija. Y vienen cargados de bolsas de plástico llenas de botellas y botellas de cristal que resuenan cuando chocan unas con otras.
—Lo que prometimos para mañana. Hay de todo, así que la fiesta está asegurada —responde Ryuo depositando las bolsas en el suelo y recogiéndose el pelo con una cinta.
Eriol también deposita las bolsas en el césped y se coloca las gafas sobre la nariz.
—¿Y qué hay de tu parte, Shaoran? —pregunta sonriendo falsamente.
Dios…
Ya no aguanto esa sonrisa, porque simplemente ya no soy capaz de soportar a Eriol. Ni a él ni a sus mentiras, ni su forma de ser, ni nada. Pero ambos zarpamos en el mismo barco y eso es algo que nunca podremos cambiar.
Resignado, extraigo del bolsillo de mi pantalón una cajita metalizada de color negro y se la lanzo a Eriol, que la coge al vuelo y la examina mientras le da vueltas y más vueltas entre sus dedos finos y paliduchos, mientras piensa su veredicto.
—¡Venga ya! —suelta de pronto al ver el contenido de la caja, una vez abierta —¿Petas normales y corrientes? ¿Eso es todo? ¿Ya está?
Ni siquiera le contesto. No inmediatamente. Prefiero dejarlo en un estúpido suspense antes de ofrecerle más información. Yamazaki, por su parte, le arrebata a Eriol la cajita negra y la observa atentamente.
—Al menos serán buenos —dice extrayendo el papel de liar y un puñado de tabaco. A continuación, se dispone a prepararlo. —¿Alguien tiene un mechero?
—Mira, Eriol… —intervengo desganado sin hacer caso a la pregunta de Yamazaki— El tipo que me proporcionaba la droga ha desaparecido del mapa y esto es lo único que he podido encontrar. Además, ya tienes alcohol para mañana, ¿qué más quieres? Vamos a estar solos en tu casa pero no creo que nos convenga tener problemas con tanta mierda. ¿No te parece?
—Shaoran, no va a pasar nada. Nunca ha pasado ni tampoco pasará. Así que no empieces de nuevo con tus malditas paranoias.
¿Paranoias yo?
Disculpa, no eres tú el que tiene este peso sobre los hombros.
¡Paranoias!
—Muy bien, que os den. —replico alejándome de la escena— Luego no quiero responsabilidades, que bastantes tengo ya por cumplir.
Y quizás es ese tono, el que empleo desde hace tanto tiempo, lo que hace reaccionar a mi amigo Hiiraguizawa, haciendo saltar todas las alarmas tan de repente que apenas soy consciente de ello.
Eriol se acerca y me agarra por los hombros, alejándome de Takashi, que está en las nubes fumándose el porro, y Ryuo, que nos mira algo extrañado. Ninguno de los dos entiende nada…
Por mi parte, no sé qué pretende Eriol, pero me dejo llevar. Con él siempre ha sido así, él habla y yo obedezco. Y a veces acepto su consejo y las cosas salen bien, y a veces no lo hago y las cosas vuelven a salir bien. Nunca nadie sabe quién lleva razón y quién no.
Caminamos y caminamos sin alejarnos demasiado porque tampoco es necesario. Finalmente nos detenemos en un lugar un tanto apartado, pero desde el que todavía podemos entrever las figuras de nuestros dos amigos a lo lejos.
—Shaoran, ya sé que todo esto a ti te da exactamente igual. —comenta Eriol apoyándose contra el tronco de un árbol y dibujando un arco sobre su cabeza con el brazo, mientras se asegura de que nuestros amigos ya no pueden escuchar nuestra conversación. — Y que estás pensando en aquella reunión que tuvimos hace diez años, cuando nos conocimos. ¡Pero olvídalo de una vez! No ganas nada así, ¿no lo ves?
Lo miro indiferente. Eso sí que no me importa. Por muchas cosas que me diga no pienso desistir en mi búsqueda. Esta vez no me puedo quedar callado.
—¿Y qué quieres? —pregunto frunciendo el ceño— ¿Que abandone? ¿Quieres que permita que esa chica encuentre le magia que reside en ella y acabe con nosotros? ¡Nuestra familia no puede sobrevivir sin la magia de Clow Reed! ¡Se nutre de ella! Es como nuestro alimento, si la perdemos nos perdemos con ella. A ti eso no te afecta porque una parte del alma de Reed reside en ti y no te pasaría nada. Pero nosotros necesitamos esa magia, ¿no lo entiendes? No puedo permitir que esa chica la encuentre…
—Sé cómo te sientes, pero no puedes estar así eternamente. Eso no es vivir.
—¡Tú no tienes ni idea, Eriol! ¿Cómo vas a saberlo? ¡Desde que llegamos a Japón te has dedicado a jugar con cada vida que se ha cruzado en tu camino! ¡No sabes lo que significa ser quien yo soy, así que no me hables como si lo supieras absolutamente todo porque eso sí que no es así!
Eriol coloca las manos sobre mis hombros intentando tranquilizarme. Intento apartarme de su lado, pero presiona aún con más fuerza. Él no sabe nada. ¿Qué quiere que haga? No pienso rendirme nunca.
—Cálmate, Shaoran —dice con un tono de voz pedante y meloso que no le pega para nada— Pero deberías aceptar mi consejo y olvidarte del tema. Llevas diez años buscando a esa chica y aún no ha dado señales de vida. ¿Cuánto tiempo más a buscar? Procedes de una familia de magos pero no eres inmortal y lo sabes. Quizás tu padre te mintió y esa chica ni siquiera existe. Tal vez te dijo todo aquello para que aprendieras a vivir por tu cuenta. Si ya te has cruzado con esa chica deberías haber notado que era ella y, sin embargo, no ha pasado nada cuando tenía que haber sucedido algo. Olvídalo y deja de poner esa cara de amargado todos los días. —hace una pausa para darme tiempo a asimilar todo lo que me ha dicho. En el fondo, yo sé que tiene razón, que lo más lógico sería olvidar todo el tema y dar la espalda a mi padre y a sus estúpidas palabras, tirar a la basura esos diez años que he perdido buscando a una chica que no existe. —Ya te arrebataron la infancia, no dejes que te quiten nada más.
Y se marcha así, dejándome a solas con mis pensamientos. Porque sí, a veces Eriol es un gilipollas, un traidor que miente y engaña, que solo busca diversiones de una noche para poder sentirse libre y al día siguiente correr tras otra falda diferente... Pero a veces también es humano y se encarga de quitar a la vida una de esas nubes que amenazan con tormenta. Justo como las que hay esta tarde, porque una cosa es segura; que aún no ha salido el sol.
Niego con la cabeza y decido aceptar el consejo de mi amigo. Lo mejor por el momento será olvidar el asunto y vivir una vida normal, como la que siempre he querido vivir. Pienso que me lo merezco por esos diez años de caídas, de aprender a manejar una espada que pesaba más que yo para, en un futuro no muy lejano, enfrentarme a una pobre chica que no tenía la culpa de nada. Se acabó. Yo también estoy esperando a que salga el sol y que lo haga pronto.
—¡Eh, Shaoran! ¿Qué estás haciendo! ¡Ven aquí con nosotros!
Ryuo grita a lo lejos y me saca definitivamente de mis pensamientos mientras decidido regresar a ver qué están haciendo mes amis, como nos llama Eriol en un francés más que improvisado.
Cuando me vuelvo a reunir con ellos, los encuentro a todos sentados en el suelo, observando atentamente a las animadoras que están terminando su entrenamiento. Eriol, Yamazaki y Ryuo escriben nombres en una libreta y comentan muy agitados los planes para la noche del sábado que ya se acerca.
—Apunta en la lista a Kanae —ordena Eriol a Takashi, que escribe cuidadosamente cada nombre sobre el papel.
—¿Kanae? —se extraña Ryuo —Pensaba que tú ya habrías pensado algo para Tomoyo Daidouji.
—Sí, también apunta a Tomoyo… —Yamazaki hace un gesto con la mano, levantando el dedo pulgar y sonriendo para después apuntar el nombre de Daidouji —Es por si ella me falla, Ryuo. Siempre hay que tener varias opciones por si ocurren imprevistos.
Ryuo asiente con la cabeza, totalmente convencido. Palabras de un manipulador que hacen mella en un simple oyente… Hay que ver…
—Lo que tú digas, yo me quedo con Yuzuriha —dice Ryou atropelladamente.
—Pero ella está saliendo con Kusanagui, ¿no?
—Tú apunta y calla, don Sólo-Quiero-Estar-Con-Chiharu-Mihara.
Nos miramos, Yamazaki se ríe y nos contagia a todos. No cuesta mucho entender que esos nombres escritos sobre ese papel cuadriculado se van a convertir en sus ligues del sábado por la noche. A excepción de Takashi, a fin de cuentas él es un buen chico que solo quiere estar con su novia. Todos lo somos, a pesar de las drogas que ya no tomamos, del alcohol que siempre acabamos bebiendo aunque digamos que no, de la obsesión por el sexo o de la carencia del mismo, como es mi caso. Esa situación entre los cuatro me recuerda a los viejos tiempos, en los que nos divertíamos jugando un partidillo de fútbol, intercambiando cromos de deportistas famosos, criticando y evitando a las chicas y esnifando pegamento porque aún no conocíamos la cocaína. Pero ahora las cosas han cambiando, aunque no tanto para mí puesto que yo, de todo lo anterior, había hecho de todo menos drogarme, aún siendo el que traía la mercancía, algo sucio y tal vez repugnante, fruto de mi desesperación por no perderlos cuando las hormonas empezaron a cambiar sus mentalidades.
—¿Y tú qué, Shaoran? ¿Cuál te apuntamos?
Tres pares de ojos me miran esperanzados, esperando una respuesta por mi parte que se está haciendo de rogar. Que esperen, yo no tengo prisa.
Sí, Shaoran, ¿no querías hacer una vida normal? Venga, contesta, ¿a quién quieres?
—¿Qué? ¡Ni de coña! — exclamo negando una y otra vez.— En ese sentido no me vais a cambiar.
—¡Venga, no seas aburrido! —dice Ryuo colgándose de mi cuello— Si en cuanto pruebes un par de veces no querrás parar.
Y hace un gesto flexionando los brazos, moviéndolos adelante y atrás a la altura de su cintura.
—Tú alucinas. ¡Yamazaki! Te he dicho que nada de darle porros a Ryuo…
—Pero esta vez tiene razón, Shaoran. Vamos, anímate… ¿Quiénes están libres, Eriol?
Eriol revisa la lista de arriba abajo.
—Pues…
—¡Que no! Siempre estáis igual. ¿No me vais a dejar en paz con el temita? Joder…
—Es por tu bien, Shaoran —comenta Eriol sin apartar los ojos de la lista— A ver… tenemos a Suzuki, Koishikawa, Kinomoto, Tsuchiya…
—Espera, espera —interrumpe Ryuo arrebatándole la libreta con la lista a Eriol — ¿Hemos pasado por alto a Sakura Kinomoto? ¡Apúntamela a mí!
—¡Adjudicada!
—¡Sí! ¡Gracias, Eriol!
—A ti no, imbécil, a Shaoran.
—¿Cómo? ¡No es justo! Yo me la he pedido primero…
A juzgar por la manera en que mis amigos hablaban de Kinomoto, hubiera jurado que bien podrían estar refiriéndose a cualquier premio que se puede perder o ganar. Un premio que yo no quiero.
Todos se giran hacia mí, expectantes. Yo observo con sutileza a Sakura Kinomoto, que está con las demás animadoras entre un montón de saltos que yo sería incapaz de realizar. Está ahí, con su frágil cuerpo a medio camino entre niña y mujer, su tez pálida aunque algo bronceada para las fechas otoñales en las que nos encontramos, su pelo cortado en capas, una extraña mezcla entre rubio, castaño y pelirrojo, que le cae desordenadamente sobre sus hombros estrechos, rozándolos con suavidad, acariciándolos. No está mal, pienso, es guapa, diablos… es muy guapa… pero al igual que reconozco ese matiz también puedo saber que ella no es para mí, sencillamente porque ninguna chica lo es.
—¡Ni en broma! —niego atropelladamente antes de que puedan replicar argumentando cualquier estupidez— Por mí que se la quede Ryuo.
—¿En serio? —pregunta el interpelado, totalmente encantado ante mi temprano cese.
—¡A callar, Ryuo!— exige Eriol— Lo que necesitas es algo de diversión, Shaoran. Olvida todo por una noche, sólo por una noche. Créeme, no te vas a arrepentir. Sakura irá a esa fiesta porque Tomoyo también irá, de eso me encargaré yo… Y entonces tú podrás camelarte a Kinomoto y a todas las chicas que acudan allí. Mira, hasta Ryuo te ofrece a Yuzuriha Nekoi…
—¿Cómo? ¡Si Li se queda con Kinomoto, Yuzuriha es para mí, avariciosos! —se queja Ryuo. No sabe que a Eriol le encanta hacerle de rabiar.
—La verdad es que no puedes negar que Sakura Kinomoto es un cielo de chica —comenta Yamazaki mesándose el mentón— Yo he quedado un par de veces con ella y con Chiharu y es de lo más inocente que he conocido en mi vida. Es inocente hasta para ti, Shaoran. No tendrías ningún problema en meterla en tu cama, créeme.
¿Que le crea? ¿Pero éste que se piensa? ¿Que yo soy una especie de gigoló desesperado por desnudar a una chica o qué? Joder…
Aún con todos mis pensamientos revoloteando por mi cabeza de que aquello es una tontería suprema, me quedo sopesando las opciones…
Y acabo llegando al mismo punto en donde me he detenido, que no quiero cambiar ese aspecto de mi vida. Las relaciones de pareja son un problema. Y los líos de una sola noche también. Las chicas piensan que cuando reciben un beso firman un contrato eterno por el cual tienen derecho a colgarse de tu cuello y no dejarte respirar en lo que reste de vida. Siempre están celosas por cualquier tontería, sólo quieren que les digas cursilerías que a nadie le importa y que les regales un ramo de rosas frescas cada 14 de febrero, son rencorosas y si se enfadan, la compensación sale muy cara. ¿Merece la pena soportar todo eso por unos minutos de sexo? Mejor estoy solo.
—Tú sueñas, Hiiraguizawa. —es mi última respuesta antes de recuperar la cajetilla metalizada que Yamazaki ha dejado olvidada en el césped.
La abro y extraigo el papel de liar y el tabaco, con la esperanza de que mientras prepare la próxima bocanada de nicotina que recibirán mis pulmones, me dejarán en paz por un momento.
A veces los seres humanos huimos de los problemas de esa forma. Entrando en un mundo que no se preocupa por uno, que siempre te da la espalda, que te arrebata la vida poco a poco y que no puedes dejar precisamente por el hecho de ser humano.
Desgraciadamente así tampoco consigo evadirme... De dos zancadas Eriol se sitúa a mi lado y me arrebata la caja y el tabaco de un fuerte manotazo que ni siquiera yo esperaba. Está muy serio y tiene un brillo malicioso en sus ojos azules. ¿Qué trama? Soy incapaz de saberlo, pero algo está maquinando, no hay duda.
—¿Qué te pasa, Shaoran? —pregunta bajo la atenta mirada de Yamazaki y Ryuo.— Hace mucho tiempo que has cambiado. Y ya sabes que no me refiero a al asunto de tu familia. Eres tú, la forma de estar con nosotros, de hablar… todo.
—Pues no, Eriol, no sé de qué me estás hablando —miento descaradamente.
Eriol suspira y se encoge de hombros con resignación.
—Ya no estás con tus amigos, es decir, con nosotros —continúa— Pasas de las chicas, has adoptado una actitud que no va nada contigo y sobre todo… te has cambiado de acera. —añade en cierto tono burlón. Un tono que a mí no me sienta nada bien.
Decir que ya estoy demasiado cansado de aquellos comentarios que no tenían vigencia era quedarse muy corto. ¡Los que habían cambiado eran ellos! ¿Dónde había quedado la amistad que habíamos cuidado durante tantos años?
Debajo de la falda de cualquiera de las chicas con las ellos han salido y tú no.
Desgraciadamente, esa es la respuesta.
—¡Yo no me he cambiado a ninguna parte! —intento defenderme a sabiendas de que ellos no ve se van a creer ni una sola palabra.
—¿Ah, no? —pregunta Hiiraguizawa escéptico.
Eriol se acerca aún más a mí mientras yo permanezco en mi puesto, así, sin moverme, atento a cualquier movimiento, porque si existe la persona de la que en la vida me fiaría, esa persona es Eriol Hiiraguizawa. No me gusta su mirada, ni la forma en que sonríe, ni cómo me habla. Ya lo he dicho antes. Ahora soy incapaz de soportarlo. Él sigue acercándose, hasta que su boca queda a la altura de mi oído derecho.
Y entonces, una única palabra, una maldita orden, un simple imperativo dicho de la manera más adecuada, cambia mi mundo por completo.
—Demuéstralo… —susurra— Si puedes, Shaoran Li.
Permanezco como estoy, sin moverme, al tiempo que Eriol se separa y señala con la cabeza al grupo de chicas que ahora recogen todo lo que han empleado para hacer sus coreografías, sus piruetas imposibles y sus saltos increíbles.
Parece un desafío. Yo, que no tengo ni la más remota idea de lo que pretende mi amigo, sólo alcanzo a imaginar que nuevamente está jugando, provocándome para desencadenar lo que él quiere que se desencadene. Y yo seré idiota, pero decido caer en su juego, más por orgullo que por cualquier otra cosa… porque, por supuesto, yo soy el Gran Shaoran Li. ¿Un niñato como Eriol va a salirse con la suya? Ni hablar.
Además, no puedo permitirme perder a mis amigos. Yamazaki, Ryuo y Eriol han formado parte de mí desde el día en que llegué a Japón. No puedo perderlos sólo porque las hormonas hayan revolucionado sus mentes.
—Muy bien —acepto apartando de un empujón a Eriol, que sonríe con picardía mientras echa un rápido vistazo a los otros dos— Tú lo has querido.
Yamazaki se levanta de un salto y se interpone entre los arbustos que nos ocultan de la vista de las animadoras. Me agarra por los hombros y me mira frunciendo el ceño, inquieto y tal vez preocupado.
—¡Eh! ¿Qué vas a hacer?
—Demostraros que os equivocáis conmigo, que yo no estoy cambiando. A ver si os entra de una vez en la jodida cabeza y me dejáis en paz de tanta gilipollez, que ya estoy más que harto.
Takashi se aparta con prudencia mientras yo salto el seto de arbustos medio deshojados por el frío otoño que llega a su fin, quedando a la vista de todos e improvisando sobre la marcha mis próximos pasos.
Algunas chicas me miran algo nerviosas entre susurros que no soy capaz de distinguir. Qué más da. Tampoco me apetece saber qué están pensando. Por el camino, bajo un poco más la cremallera de mi cazadora negra de cuero y saco las manos de los bolsillos, intentando mostrar una actitud pasiva pero decidida.
—¡Kinomoto! —grito desde mi posición con una rabia que no cabe dentro de mi pecho debido a las palabras de Eriol. ¡Maldita sea! ¿Y ahora qué?
Ella se gira hacia mí, claramente extrañada, porque no se imagina para qué la puedo estar llamando. Ni si quiera yo me lo imagino. Ninguno de los dos lo tiene claro.
Me mira, la miro… Sus ojos verdes, bajo las nubes, no pierden ni un ápice de su brillo, pero no sonríe a pesar de que ella siempre muestra esa sonrisa de niña dulce e inocente a todo aquel que se le pone por delante. Respiro hondo mientras nos sostenemos la mirada sin saber absolutamente nada, sin conocer respuestas a unas preguntas que todavía no existen… Ni siquiera somos capaces de predecir todo lo que vendrá después de un tiempo. Nada… Sólo dos miradas que se cruzan y sostienen. Dos miradas que comienzan a encontrarse, a revelarse, a conocerse… Por qué no, a desafiarse. Sólo eso.
Ámbar contra verde.
Conectando…
No hay nada más.
you will be the death of me
you will be the death of me
bury it
I won't let you bury it
I won't let you smother it
I won't let you murder it
our time is running out
our time is running out
you can't push it underground
you can't stop it screaming out
you will squeeze the life out of me
you will suck the life out of me
Nota de la autora
¡Hola! ¿Hay alguien ahí?
Bueno, hasta aquí ha llegado el primer capítulo de Mentir por amor. Ya avisé de actualizaría muy pronto con este capítulo, ¿recordáis?. Creo que intentaré actualizar cada semana con un capítulo nuevo, si mi tiempo libre me lo permite.
En fin, ¿qué os ha parecido? Espero que os haya gustado, aunque la única manera de saberlo es que me dejeis reviews con vuestras opiniones. La verdad es que en teoría el capítulo iba a ser un poco más largo, pero finalmente decidí cortarlo ahí y dejar lo demás para el capítulo 2.
¿Por qué escogí Time is runnig out para el fanfic? Bueno, supongo que porque la letra tiene algo que ver con la trama de la historia... Y porque hace poco menos de un mes, The Muse dio un concierto en Madrid al que fue una amiga, fanática del grupo. Desde entonces, he estado escuchando sus canciones y esta es una de las que más me gustan, quizás por eso también decidó ponerla aquí.
Me voy despidiendo, no sin antes agradecer los comentarios que me dejásteis en el capítulo anterior. Me hizo mucha ilusión leerlos e incluso me entraron más ganas de seguir escribiendo.
Eso es todo por el momento, amigos/as.
¡Nos leemos la semana que viene en el segundo capítulo de Mentir por Amor!
PD: ¿Alguien sabe cómo activar la opción para dejar más de un review por comentario, si es que existe dicha opción? Aún estoy aprendiendo a manejar y hay cosas que no sé O_o
PD2: Quien quiera saber más de mí, sólo tiene que visitar mi blog y mi canal de YouTube (los links están en mi profile).
¡GRACIAS A TODOOS/AS!
Ess-chan :-)
...
