CAPÍTULO 2: RESPONSABILIDADES Y DUDAS

Edimburgo, Escocia.

Ya era muy de noche en la capital, y los dos príncipes de Inglaterra, Adam y Aurora, volvieron a su casa temporal después de todo un día de compras. Ambos hermanos subían a sus habitaciones cargados con las bolsas de las compras hechas, mas bien, Adam cargaba con todas las bolsas mientras Aurora caminaba tranquilamente animada estirando los brazos mas relajada.

- ¡humm! - exclamó al estirar fuertemente los brazos hacia arriba. - Desde luego comprar me relaja mucho, ya se como se sienten todas al comprar…

- ¡Mira que tienes morro! ¡Yo estoy cargando con todo mientras tu estas con las manos vacías como una reina! - se quejo Adam cansado de cargar tantas bolsas de plástico pesadas. - ¡Deberías cargar con lo tuyo al menos, pero claro como eres una chica mimada, tienes que joder a tu hermano de esta forma!

- Vamos hermanito, no seas rencoroso conmigo, es que me he pasado comprando ropa, solo he querido aprovechar la ropa que tienen aquí. - se disculpo ella con la manos juntas y una sonrisa inocente.

- ¡Seras farsante, esta ropa la venden en cualquier rincón del mundo por ser una marca muy vendida, así que esa escusa no me sirve bonita! - dijo él mas cabreado que antes. - Menos mal que esta será la última vez que salgo contigo para ir de compras.

- Eres un desagradecido. - se quejo ella posando los puños en la cintura. - No solo he comprado ropa para mi ¿recuerdas?, también he comprado para ti, incluso las que te han hecho gracia comprarte.

- Pero principalmente me has comprado solamente lo que debías para esa fiesta de cumpleaños en Inglaterra, ¡Todo el resto es tuyo! - corrigió él.

- Vale vale, lo siento mucho hermano. - se disculpo ella disimuladamente. - Con que me lo dejes en mi habitación me daré por satisfecha.

Con eso Adam no quiso decirle nada y rápidamente fue a la habitación de ella y dejo sus bolsas frente a la cama, después sin decirle nada mas y mosqueado se fue a la suya propia y dejando sus bolsas en una silla se echo en la cama agotado bocabajo. Por mas que pensaba no acababa de entender a su hermana y su manera masiva de comprar cosas cuando tiene ocasión, en eso se parecía a su madre pensaba él.

- ¡Hermanito, ¿puedo entrar? - pregunto Aurora picando a su puerta. - Entre las cosas que he comprado hay una cajita que no es mía, vengo a dártela.

- Esta bien, pasa pesada de turno. - dijo él con pesadez, sin ganas de moverse de la cama de lo cansado que estaba.

Aurora entro tarareando un poco y entonces vio a su hermano tumbado bocabajo sobre la cama, con una risita divertida y maliciosa fue corriendo hacia ella y de un salto se tumbó junto a su hermano, este la ignoró a pesar del golpe. Aurora tenía sus manos la cajita que dijo antes, era una de color azul marino no muy grande pero tampoco muy pequeño.

- ¿Qué te pasa hermanito?, no te enfades conmigo así. - pidió ella acercándose a él pasando el brazo por su espalda. - Te prometo que no volverá a pasar.

- ¿Por qué será que no me creo esa promesa hermanita? - pregunto él con ironía girándose a ella pero sin despegarse de la almohada. - Dame esa caja. - pidió extendiendo la mano.

- ¿Qué hay aquí dentro? - pregunto ella curiosa cuando se sentó, después agito la caja a su oído para oír si se movía algo dentro. - ¿Puedo ver?

- ¡No, espera…! - exigió él al ver que estaba por abrirla.

Desgraciadamente para él, su hermana abrió rápidamente la cajita azul, y vio que dentro de ella había un hermoso y bello colgante de plata, uno de esos para poner una foto dentro. Aurora quedo asombrada de lo bello que era, debió ser muy caro, cuando Adam lo compró ella estaba en una tienda justo al lado y no pudo ver que era hasta ahora, por eso quedo sorprendida y confusa por el haber comprado ese objeto tan bonito.

- ¡Dame eso curiosa! - exigió él que cogió el colgante que lo tenía colgando en alto. Enseguida lo escondió nerviosa y sonrojadamente. - ¡Que manía tuya de ver mis cosas por curiosidad!

- Ay dios mío, no puede ser… ¡Quieres dárselo a ella ¿verdad que si? A esa ángel de ojos rojos que nos salvo aquella vez. - dedujo ella con seguridad. Ante eso Adam se sonrojo perdido y acorralado. - ¡Ah, lo sabía! ¡Lo has comprado para ella ajajá!

- C-Cállate, no digas tonterías. - dijo él sonrojado pero disimulando. - Lo vi en esa tienda y lo quise comprar, solamente eso.

- Pero esperas poder dárselo a ella ¿no es así? Para que así sepa de tus sentimientos hacía ella, veo que mis palabras de antes han dado fruto, felicidades.

- Si ni siquiera se si aparecerá ante mi cuando estemos en Londres de nuevo, quizás ni viva allí ya después de tantos años. - dijo él poniéndose el colgante en el cuello para esconderlo bajo la ropa. - Además, dudo que este pensando en mi ahora.

- Adam, te conozco demasiado, desde que tengo consciencia. Y se perfectamente que deseas volver a verla, y ten por seguro de que ella aparecerá.

- ¿Y por qué estas tan segura? - pregunto él curioso.

- Por qué lo presiento, algo me dice de que ella piensa en nosotros en este instante, preguntándose como estamos. - dijo ella poniendo la mano en el pecho, justo en el corazón con los ojos cerrados. - Para serte sincera, yo también deseo enormemente volver a verla delante de mi.

- A veces pienso que das miedo hermanita. - confesó él sorprendido de ella.

- Ya lo se jeje. - dijo ella divertida.

Londres, Inglaterra.

En esos momentos, Ángelus y Yasmina habían llegado al fin a los terrenos de la Mansión Hellsing, afortunadamente para ellas, a esa hora lo periodistas que solían estar allí pidiendo y exigiendo que los dejaran entrar para conocer a los de Hellsing, sobretodo al líder desconocido, no estaban debido a lo tarde que era. Ellas aterrizaron en el jardín delantero y tranquilamente caminaron hacia la casa. A esas horas los soldados de Hellsing estaba montando guardia como cada noche, y al verlas las saludaron militarmente pero sin mostrar miedo u odio, parecían simpatizar sinceramente a Ángelus a pesar de ser vampira. Justo cuando llegaron a las escaleras de la entrada vino corriendo uno de esos soldados con rapidez, las saludo formalmente y Ángelus al verlo así lo miro de frente inquieta.

- ¿Ocurre algo soldado? - pregunto Ángelus con seriedad y madurez.

- Así es Lady Ángela. - afirmó el soldado jadeando un poco. - Debe saber algo importante, y espero que no se enoje por favor.

- Eso depende de lo que vayas a decirme, habla. - ordenó ella ahora con frialdad. - ¿Se trata de mi hermano? - pregunto encogiendo los ojos.

- Sí… - afirmó el soldado nerviosamente viendo el rostro de la vampira que se iba acercando poco a poco a él asustándolo cada vez mas. - Él ha… él se ha…

- ¿Sí, soldado Hellsing…? - preguntaba ella, entonces bajo la mirada a la placa identificadota de él. - ¿… Víctor Johns, dónde esta mi hermano?

- No le gustaba estar aquí encerrado y aburrido, así que salió con uno de sus siervo a la ciudad, creo que fueron al local de vampiros que usted conoce. - informó él con rapidez y nervioso. - Intente detenerlo pero…

- Esta bien Víctor, sigue con la vigilancia. - ordenó Ángelus antes de volverse a Yasmina al instante de oír eso, dejando extraño al soldado. - has hecho bien en decírmelo, gracias. - agradeció ella con amabilidad.

Eso dejo callado y petrificado al soldado, pero enseguida mostró una sonrisa de gratitud y sincero respeto, por lo que saludo y se alejo de allí para continuar con su vigilancia nocturna. Cuando Ángelus volvió junto a Yasmina, al instante la puerta se abrió dejando salir a Seras y a Sirius desesperados, cosa que no sorprendió a la vampira de negro en absoluto, solo mostró una expresión irónica pero no molesta ni cabreada.

- Ángela menos mal que ya ha vuelto. - dijo Seras al estar junto a ella. - Lo siento mucho, su hermano Arthur…

- … ha salido con Lucius hacia el Sangre Fresca, - terminó ella con ironía. - ya lo se Seras, me lo acaban de decir ahora mismo. - informó ella.

- ¿ah si? - pregunto ella temiendo lo peor.

- Lucius consiguió llevárselo como él pedía, y le propuso ir al local de vampiros. - explicó Sirius ignorando la actitud de su ama. - Le aseguro de que intentamos evitarlo pero…

- Importa Sirius, se que lo intentasteis. - aseguro Ángelus girando un poco la cabeza pero sin mirarlo. - Hoy debe de ser martes para que pase esto justo cuando vuelvo de un paseo de vigilancia, para encontrarme con un novato convertido por ellos, y volver para encontrarme con otros novatos pesados.

- ¿Quiere que vayamos a buscarles y traerles mi señora? - pregunto Yasmina ofreciéndose voluntaria para la tarea.

- No… ya lo hago yo, necesito desahogarme por esto. - dijo ella en tono que daba miedo y escalofríos a los presentes menos a Yasmina que estaba acostumbrada. - Quédate al mando hasta que volvamos Yasmina.

- A sus ordenes mi señora Ángelus. - acató ella con una reverencia.

Con eso, Ángelus se rió una veces con sarcasmo y de un salto salió volando de nuevo a la ciudad nocturna de Londres para ir a buscar a su hermano y a su siervo fugitivos. Mientras, Seras se derrumbó sin mas por el miedo que tuvo por un momento hacía Ángelus, un miedo que solo tuvo con su amo, ahora que ella tenía toda su sangre en el cuerpo tomando su lugar como arma de Hellsing, se sentía extraña al tenerla enfrente o cerca de ella.

- No debes sentirte siempre así con ella Seras, sigue siendo la misma vampira que conociste hace años cuando volvió tu amo gracias a ella. - aseguro Sirius viendo de esa forma intentando animarla para que dejará de temblar. - Puede que de mas miedo que antes pero…

- No es solo eso Sirius, - interrumpió ella con seriedad. - No es solo el hecho de tener su sangre y poder dentro de si, sino que tiene sed de venganza que se va acumulando años tras años, día tras día, horas tras horas que trabaja exterminando vampiros creados por su tio Radu o la condesa Bathory, y eso lo notó desde el momento en que ambos murieron por ellos, provocando el nacimiento de la nueva reina no-muerta. - explicó ella segura de lo que decía, callando así a Sirius que estaba sorprendido. - No Sirius, Ángelus dejo de ser la que fue antes… y será así hasta que vengue sus muertes.

Aunque no quisieran creerla, Sirius y Yasmina, que también la escucho desde donde estaba, estuvieron de acuerdo con la vampira rubia, que no dejaba de temblar como una posesa. Los tres no tardaron en entrar en la casa y ser atendidos por la actual mayordoma de los Hellsing, Tara Sanders, amiga del anterior mayordomo Charlie, decidiendo ocupar su lugar aunque estuviera en un lugar lleno de vampiros liderados por una vampira que cazaba a otros vampiros, si su difunto amigo pudo estar allí ella también, eso creía Tara.

- Bienvenida a casa señorita Yasmina. - saludo ella con una reverencia. - ¿Y la señora Ángela, no estaba con usted?

- Ha tenido que irse a buscar a su hermano, a insistido en ir ella misma. - contesto la licántropa. - ¿La necesitabas para algo esta noche Tara?

- No señorita, solo quería saber de ella nada mas, - contestó la mayordoma con sinceridad. - si no necesitan nada volveré a mi despacho a trabajar, con permiso. - se despidió ella dando otra reverencia para retirarse y dejarlos solos.

- ¿Ya estas mejor Seras? - pregunto Sirius que cargaba a Seras sobre su hombro. - ¿Quieres que te lleve a tu habitación?

- No hace falta Sirius. - dijo una voz masculina con acento francés y vacilante. - Yo la llevaré.

Los tres alzaron las miradas y quien hablo fue Pip mientras caminaba hacía ellos, mejor dicho hacia Seras que sonrió al verlo. Durante un rato Sirius y Pip se miraron fijamente, el mercenario con algo de desafío y molestia, y Sirius incomodo por eso se apartó disimuladamente de Seras para estar junto a Yasmina que también noto el ambiente cambiado por Pip que sujeto a Seras al momento para mantenerla en pie.

- Tranquilo Pip, puedo andar yo sola. - aseguro Seras intentando calmar el lugar. - Solo ha sido un mareo repentino, nada mas.

- No estaré tranquilo hasta que descanse por hoy. - contradijo él con insistencia.

Entonces, sin pensarlo dos veces, el mercenario cogió en brazos a Seras, está se sorprendió y se sonrojo al estar frente a la otra pareja que miraba.

- ¡Puedo ir yo sola! - insistió ella moviéndose para bajar.

- ¡Venga, no esas así mujer! - pidió él con una sonrisa de las suyas.

Entonces, Pip dio media vuelta y se fue caminando tranquilamente de allí con Seras exigiendo que la bajará moviéndose sin parar, daban los dos una escena cómica y romántica para la otra pareja que los miraba con ironía y comprensión. Una vez que Pip bajo por las escaleras que llevaban al sotano, Yasmina decidió salir a fuera para pasear por los jardines, Sirius no tenía nada mejor que hacer así que la acompaño pensativo, y la pelirroja lo vio.

- ¿Qué te ocurre Sirius? - pregunto ella girándose a él confusa.

- ¿eh? Oh nada, no es nada. - dijo él con la mirada baja, y eso no convenció a Yasmina y siguió mirándolo para que hablara con ella, y finalmente él se rindió. - ¡Vale, vale! Estoy inquieto por como me ha mirado Pip antes cuando me ofrecí a ayudar a Seras, me clavó una mirada como si fuera a matarme…

- Es normal, estaba con su chica, los que son como él suelen ser muy celosos. - opinó ella con naturalidad. - Pero eso no significa que vaya a matarte.

- Ya lo se, y él sabe como todos que tu y yo estamos juntos… pero aún así me clava esa mirada asesina, creo que es pasarse un poco. - dijo él aún inquieto.

- Lo que debería preocuparte ahora es otra cosa Sirius. - dijo Yasmina llamando la atención de Sirius por la manera en que lo dijo. - Te recuerdo de que dejasteis que Lucius sacará a señorito Arthur de la mansión por la noche mientras estábamos de cacería… eso ella lo tendrá presente cuando vuelva.

- ah, si eso es verdad… - recordó él ahora aterrándose un poco. - Supongo que nos merecemos un castigo por esto.

- Quién recibirás mas es Lucius por hacer esto a espaldas de su ama, ya me imagino la cara que pondrá ante la presencia de mi señora Ángelus.

En eso estuvo de acuerdo Sirius que junto a Yasmina miró el horizonte, hacia la ciudad de Londres que ahora estaba iluminada por las luces de neón dando una hermosa escena aunque siempre pasaran cosas aterradoras allí. Con la cacería que Yasmina y Ángelus hicieron la noche se mostraba ahora tranquila, pero nadie debía fiarse ciegamente de esos momentos de paz nocturnas, y menos ellos que estaban en una batalla que ya llevaba 20 años durando.

- ¿Crees que esta lucha acabará pronto? - pregunto Sirius con seriedad y preocupado.

- Depende lo que deba hacer ella al respecto, supongo. - contestó Yasmina dando su opinión. - Si quisiera acabaría con ellos en un momento sin esfuerzo.

- ¿Y a que espera para hacerlo? ha habido muchas muertes por su culpa, debería matarlos ya si quiere proteger a su hermano. - opinó Sirius confuso.

- Sirius… - llamó Yasmina en tono dolido. - Ya deberías de confiar completamente en tu ama, ella sabe que hay que hacer, solo que ahora no puede hacer lo que tu dices, ¿el motivo de ello? Ni siquiera yo consigo saberlo, pero confío en ella, desde que la conozco se que se puede confiar en ella.

Ante eso Sirius no pudo ni se atrevió a decir nada, por lo que se calló y volvió la mirada al paisaje nocturno de Londres.

En esos momentos, en el local Sangre Fresca de Spike se estaba celebrando una animada fiesta, donde se veían todo tipo de bailarinas bailando al ritmo de la música, de ese modo animaban a los clientes humanos y vampiros a bailar también con esa música que te daba ganas de bailar con solo oírla. Otros no eran de esos y se quedaban sentados en los sofás de cuero negro acompañados por unas humanas sexuales y atractivas ofreciéndose totalmente a ellos para que se divirtieran con ella o bebieran su sangre para experimentar una experiencia superior al mismo sexo incluso.

Con el paso de los años, ese local se fue convirtiendo en el mas conocido y visitado de la ciudad inglesa, ya que, allí los vampiros podían morder y beber la sangre de los humanos sin peligro de que se convirtieran en vampiros o ghouls y que la Organización Hellsing les dieran caza después, y todo gracias a un suero que el mismo dueño pidió fabricar para su negoció. Con eso, cada humano que deseaba ofrecer su sangre allí debía antes ser mayor de edad y ser vacunado por ese suero por su propia seguridad, no era peligrosa ni paras los humanos ni para los vampiros que los mordían después.

En medio de esa marchosa fiesta estaba también el dueño del lugar, Spike, con sus típicas vestimenta de roquero punk, con eso no parecía el dueño de ese lugar pero no le importaba siempre y cuando le conocieran ya. Con él estaba dos bailarinas bien pegadas y seductoras a él, deseando que hincara el diente en ellas, cosa que él también deseaba pero las hacia sufrir un poco disimulando desacuerdo con sus deseos. Aparté de ellos tres, en el mismo sofá estaba un joven de pelo castaño oscuro y desordenado con ojos azules marinos, mirando sorprendido a ese grupo, y Spike se dio cuenta de ello.

- ¿Qué pasa campeón, estas aburrido ahora que tu compañero esta ocupado con una de mis chicas? - pregunto él coqueto al joven.

- No, claro que no. - dijo el chico desviando la mirada avergonzado. - Es que…

- ah ya veo, nunca has estado con mujeres como estas ¿verdad? - adivinó él observando a sus chicas que le sonreían seductoramente. - Tranquilo, todos tenemos una primera vez en la vida, y en nuestra existencia como me pasa a mi jeje, ¿quieres que una de ellas te ayude a pasar esa fase?

- ¿eh, qué? No, creo que no es… - intentaba decir él algo nervioso y sonrojado ante la idea.

- ¿Te da vergüenza? Es normal si nunca lo has probado, no te preocupes, mis chicas son muy buenas con los principiantes, y aquí puedes sentirte como en casa y liberarte completamente. - aseguro el vampiro rubio platino. - Vamos anímate, muy pronto serás un hombre, y tendrás la edad que aparenta tu hermana mayor.

- Si, eso es cierto, finalmente tendremos la misma edad… - recordó él bajando la mirada. - Había olvidado eso, se me hará raro tener esa edad sin que ella tenga mas en apariencia.

- Es natural amigo mío, ella es vampiresa desde hace varios siglos, pero sigue siendo joven y hermosa, y lo seguirá siendo por el resto de su existencia. - afirmó Spike con lógica. - Ella debe habértelo dicho ya esto, y me atrevería a decir que… no le hará gracia saber que has venido aquí sin su permiso.

Ante eso el chico alzó el rostro hacia el vampiro para ver como mostraba una sonrisa picara y maliciosa, mostrando con eso que sabía de sobras su pequeño secreto. Viendo que no podía ocultárselo ya, se echo hacia atrás rendido apoyando la espalda y la cabeza completamente en el sofá relajado.

- ¿Desde cuando lo sabes? - pregunto el chico con seriedad.

- Se te noto en la cara en cuanto entraste por la puerta con tu compañero, que por cierto recibirá un buen castigo por parte de su creadora y ama. - opinó el vampiro divertidamente. - Pero tengo que reconocer que me has sorprendido chico, conociendo a tu hermana, estricta y cuidadosa, es sorprendente que hayas podido engañarla junto a ese mujeriego, empiezas a caerme bien.

- No es que entienda su preocupación por mi ni nada de eso, es que… - decía él aclarando las cosas. - necesitaba salir a toda costa.

Spike miró fijamente al muchacho de pelo castaño y vestido de paisano civil para pasar desapercibido por entre la gente normal. Veía en su rostro cierta inquieto y miedo por algo que desconocía, pero no quiso meterse en su asunto por lo que decidió animarlo, y pensó en algo ideal para esa noche. Se acercó al oído de una de sus chicas y le susurro algo, al momento la chica miró al joven deprimido y con una sonrisa hizo que le dijo su jefe. Antes de que se diera cuenta, la chica ya estaba al lado suyo acariciándolo un poco, y eso al joven lo sonrojo un poco pero no negó que le gustase.

- Venga compañero, diviértete por esta noche, mi chica te cuidará muy bien, confía en mi. - aseguro el vampiro abrazando a la otra chica.

Con eso, la chica que estaba con el joven se pegó mas a él seduciéndolo y excitándolo poco a poco. A él le dio vergüenza todo eso y pensó en detenerla, pero la excitación y el placer que sentía no le dejaba moverse o detenerla, deseaba mas, y la chica empezó a abrirle la camisa por el cuello para besarlo con dulzura y lentitud, era una experta en excitar a los novatos a simple vista, y parecía disfrutarlo completamente por lo atractivo que le parecía el joven.

Ante eso, él echo la cabeza hacía atrás quedándose cómodo por lo blando que era la espaldera del sofá negro, así la chica pudo besarlo y acariciarlo cómodamente mientras se abría poco a poco la camisa y después apartarla del pecho para dejarlo al descubierto, notando así con las manos que estaba bien formado y musculoso a pesar de ser muy joven, se notaba que no era del todo humano ese joven de pelo castaño alborotado y ojos azules.

- ah… ¿Qué lo hago? - pregunto ella en susurro en el oído de él seductoramente. - ¿Te sientes mas relajado ahora?

- Sí… no sabes cuanto. - afirmó él con los ojos cerrados y dejándose llevar del todo.

Con eso la chica se rió en bajo y continuó con su trabajo, cosa que estaba disfrutando como él, pero lo que ella no sabía, es que él estaba ardiendo como nunca y tenía el corazón golpeándole con fuerza el pecho deseando salir de un tirón ante tal excitación que estaba sintiendo todo su cuerpo gracias a ella. El ardor empezaba a asustar al chico, ya que, no era la primera vez que sentía esa sensación de placer, no era buena señal para él estar de esa forma y en aumento. De repente, sintió en su cuello un ardor repentino, era parecido a la sed, pero esa sed era diferente, se hacía mas fuerte a medida que la chica se pegaba mas a él con seducción y placer, sobretodo teniendo el cuello de ella pegado en la cara y completamente despejado de cualquier prenda.

- ¿Te pasa algo? Estas tenso de golpe. - noto ella extrañada. - ¿Es demasiado para ti?

Él no dijo una palabra, era como si no la oyera en ese momento, solo estaba pendiente de algo que estaba viendo delante de sus ojos, el cuello de ella, justo en la zona donde estaba la yugular palpitando excitada y en alto para él. Que incluso pudo ver la vena como si brillará ante sus ojos llamándola, deseaba clavar los colmillos allí, quería saciar esa insoportable sed que tenía con el liquido rojo que estaba dentro de ella, y ahora no podía frenarlo con solo pensar. Al verlo de esa forma, la chica empezó a inquietarse pero no quería que su jefe la viera como una cobarde por solo su imaginación así que no se movió de al lado del chico que poco a poco la fue abrazando por detrás para pegarla mas a él y con fuerza por detrás de los omoplato haciéndole un poco de daño.

- Oye ten cuidado, me estas haciendo daño. - se quejo ella dolida. - ¿Qué te pasa?

A esa distancia Spike la oyó y curioso se giro a la pareja, entonces vio que la chica parecía tensa y temblando por algún motivo, y eso le llamó la atención, quiso acercarse, pero algo que vio lo detuvo al instante. Mientras, el joven estaba inclinado en el cuello de ella y estaba por abrir la boca y mostrar los colmillos dando un jadeo, y cuando estuvo por clavarlos en ella, una mano se apoyó en el hombro de él sobresaltándolo y apartándose del cuello de ella pero sin soltarla aún, entonces, dio la vuelta la cabeza confuso y entonces la vio, a su hermana en pie detrás del sofá mirándolo fijamente y directa.

- Ángelus… - nombró Spike a la persona que estaba hay, sorprendido de su aparición repentina que fue milagrosa.

- hermana… - dijo el joven con los ojos irritados del asombro.

- Ya puedes soltarla Arthur, no tienes que hacerlo… - dijo la vampira que sonó enigmático para él. - No tienes que hacerle daño para saciarte, suéltala.

Entonces, Arthur giró la cabeza confuso, y fue cuando vio el rostro aterrado y tembloroso de la chica que estuvo a punto de morder sin poder controlarse. Al verla tan asustada la soltó rápidamente dejando que se apartara de él aterrada y temblando como una gallina. Arthur entendió enseguida que estuvo a punto de hacer, y eso lo dejo petrificado y aterrado, incluso mas que la chica humana. Spike le dijo a su chica que calmará a su amiga con un trago en la barra y se fueron dejando a los tres vampiros solos allí al momento en que Ángelus rodeó el sofá y se sentaba junto a su hermanastro pequeño.

- Dios… he estado a punto de… dios mio… - decía él aterrado ocultando su rostro con las manos temblando de horror. - Iba a matarla… por dios…

- Pero no los has hecho… esta viva y a salvo Arthur, deja de torturarte ¿entendido? Ya ha pasado todo, estoy aquí. - calmó ella abrazándolo por la cabeza y inclinarlo hacia ella sobre su hombro. - Ahora volveremos a casa, tranquilo hermanito.

- hermana… - nombró él temblando avergonzado y culpable. - lo… siento.

Ella no le dijo nada, le dejo desahogarse sobre su hombro un rato mientras le acariciaba la cabeza para calmarlo a la vista de Spike que estaba inquieto por como debía estar ella de cabreada por el otro. Arthur no tardó en calmarse y estar mejor, fue entonces cuando Ángelus alzó la mirada a Spike con frialdad y terror por sus ojos rojos enfurecidos, el vampiro rubio se puso tenso pero se mantuvo calmado y sin mostrar miedo.

- ¿Dónde esta? - pregunto ella poniéndose lentamente en pie cuando Arthur se apartó al verla de esa forma.

- En una de las habitaciones privada junto a una de mis chicas. - contestó él señalando detrás suyo con seriedad.

Con eso la vampira de negro tuvo bastante, y con paso largo y firme fue hacia el lugar indicado con una mirada fiera y enfadada pero sin notarse en el rostro. Como si sintieran su odio y enfado, la gente se apartó a su paso para dejarla ir a donde quería, dejándolos aterrados y confuso por ese estado que tenía. Arthur y Spike la siguieron con la mirada hasta que la perdieron entre la multitud susurrante y sorprendida de la presencia que ella mostraba estado así.

Al estar en el vacío y rojo pasillo que llevaba al despacho de Spike y a las habitaciones privadas, donde los clientes mas habituales del local solían estar con algún humano para estar a solas con intimidad y deseo mutuo, el sonido de gemidos de placer y satisfacción llegaban a los oídos de la vampira, pero solo uno llamó su atención y lo siguió hasta una puerta, se puso delante y la tiró debajo de una potente patada que casi partió la puerta por la mitad, la pareja que estaba dentro se sobresalto dando un grito de espanto y asombro, después vieron a la vampira justo delante con una mirada fiera y fría.

Cuando Ángelus dio unos pasos para estar dentro vio a su siervo problemático Lucius con su amiga humana en plena unión mutua y apasionada, cosa que a ella no le importó en absoluto, afortunadamente los dos estaban tapados de cintura par abajo con la sabana de la cama. Lucius se puso a temblar y se apartó de la humana tapándose las partes mientras la vampira paseaba sin prisa por la habitación dando miedo y terror solamente con eso al vampiro.

- ¿Te lo estas pasando bien, mi querido Lucius? - pregunto Ángelus sarcástica. - ¿Tu compañera te estaba satisfaciendo bien o qué?

- Ama Ángelus, se lo puedo explicar si me deja… - aseguro Lucius temblando como nunca intentando calmarla.

- Lucius…

- ¿Si?

- Haz el maldito favor de vestirte de una vez, que nos vamos ya. - exigió la vampira dándose la vuelta para irse de allí asqueada. - Pon a su cuenta lo que te debe de esta noche querida. - dijo ella dirigiéndose a la humana callada sobre la cama cubriéndose entera avergonzada.

Lucius empezó a vestirse con rapidez cuando la vampira salió de la habitación. La chica también lo hizo y fue mas rápida que él por la escasa ropa que llevaba a causa del trabajo, después salió de la habitación y saludo educadamente a la vampira que estaba esperando apoyada en la pared de enfrente pero mas al lado de la puerta. A causa del estruendo de la puerta, muchos curiosos se asomaron por la esquina, pero al estar Ángelus justo hay seria y malhumorada enseguida se alejaron de allí aterrados por el aura que dejaba salir por ello. Ella no tuvo que esperar mucho a Lucius, él salió corriendo para no hacerla esperar mas de lo que debía, al tenerlo listo se dio la vuelta para ir con su hermano y Spike, este la siguió sin mediar palabra alguna asustado.

Todos los curiosos la sintieron acercarse y no tardaron en volver a lo suyo, eso ayudo a Spike para saber que estaban de regreso los dos, y Arthur se puso en pie al verle sentarse bien con seriedad pero sin dejar su forma de ser, vacilante y seductor. Arthur vio como su hermana salía del pasillo con Lucius detrás que tenía la mirada baja y sin alzarla por nada. Ángelus fue directa a él rodeando el sofá negro con seriedad.

- Hermana… - nombró Arthur al verla tan seria. - Yo…

- Nos vamos a casa Arthur, hablaremos allí. - dijo Ángelus sin alzar la mirada hacia él, lo que hizo después miró a Spike. - Siento haberte molestado en tu fiesta Spike, no deseaba creer este ambiente tenso e incomodo en tus clientes.

Ángelus observó a su alrededor como los demás, viendo en todos los vampiros como la miraban algo asustados por el aura que mostró antes, y eso a ella no le hacía gracia por como la miraban después, aterrados y desconfiados de ella a pesar de ser la actual reina de todos ellos. Spike no se mostró molesto por nada de ello sino comprensivo, debió imaginar que su hermano se había escapado sin que ella lo supiera, y mucho mas con ese siervo suyo, Lucius.

- Tranquila pequeña, se les pasará enseguida, si quieres puedes tomar un trago para calmar los nervios que has tenido antes. - animó él ofreciendo con gusto a uno de sus chicos para ella, que se mostraban encantados de ello al oírlo. - No debes ser tan dura con ellos, solo deseaban desconectar un poco.

- Creo que de eso lo hablaremos en otra ocasión Spike, ahora tengo que llevarlos de vuelta a casa, pero gracias por el trago. - dijo ella agradeciendo después. - Ya vendré otra noche que no este ocupada o necesite de ti de nuevo.

- Siempre a tu servicio querida mía, ya sabes donde encontrarme. - dijo Spike encantado de ella. - Hasta pronto.

Con eso, Ángelus se dio la vuelta pasando entre su hermano y su siervo para que la siguieran después bajo la mirada de algunos vampiros atentos a ella y de Spike que sonreía divertido y satisfecho, la verdad es que valió la pena que ellos vinieran para verla a ella esa noche, viendo que seguía igual de hermosa y poderosa de siempre, pero sin perder esa inocencia y belleza femenina que tenía. Tan concentrado estaba que cuando los tres desaparecieron de allí una de sus chicas se abrazo a él por detrás del sofá sobresaltándolo un poco sacándolo de su mundo.

- ¿Le ocurre algo jefe? - pregunto ella coqueta y seductora.

- Nada amor, solo necesito que me animes de nuevo. - dijo él girando un poco la cabeza hacia ella para besarla un poco. - Ven aquí.

Ella así lo hizo, rodeó el sofá sin soltarle la mano que la tenía extendida hasta sentarse junto a él bien pegada, entonces Spike le acarició las piernas hacia arriba tocando el muslo, cosa que a ella la excito encantada cerrando los ojos y mordiendo suavemente el labio inferior, eso excito al vampiro que mostró los colmillos en una sonrisa sarcástica y sedienta. Sin esperar mas, él la tumbó sobre sus piernas en un movimiento rápido que ella disfruto como nunca, y él dando un jadeo de vampiro clavó los colmillos en el cuello de ella dando placer a ambos, él bebiendo su sangre y ella sintiendo placer por todo su cuerpo.

- ¡ah! Ah… no, no pare… ¡mas…! - suplicó ella babeando un poco por la comisura del labio sonrojada y con la cabeza echada hacia atrás excitada.

Él no la defraudo y continuó bebiendo su sangre abrazándola fuerte y firmemente para que no se moviera demasiado. La abrazaba entera rodeándola por el abdomen y apoyando una mano debajo de su axila tocando casi el seno y el otro en la nuca enredando los dedos con el cabello de ella. Sentía como el corazón de ella latía con fuerza golpeando su pecho que estaba pegado al suyo propio sintiendo los golpes fuertes y pausados. Ante tanta excitación la chica no pudo evitar abrazarse a él por la cabeza y la espalda pasando por debajo de su brazo, y el resto de la gente no les molestaba ni los observaba atentamente, estaban a lo suyo bailando y divirtiéndose en esa fiesta nocturna para vampiros y humanos.

- Señor Spike… es increíble de verdad… ¡uah…! - confesó ella encantada y disfrutando sonriente. - Continué sin parar aún… por favor…

Spike siguió bebiendo escuchando a la chica, que sin notarse la estuvo ignorando, tenía otra cosa en mente; a Ángelus. Desde que la volvió a ver hacía 18 años junto a sus compañeros, supo en ese instante que la deseaba enormemente, algo de ella lo atraía con fuerza, y a pesar de ser un buen amigo de su padre, Spike sintió algo de interés en la princesa no-muerta cuando la conoció en esa fiesta en Hungría, en la mansión de los Bathory.

- "Espero con ansias que necesites de mi Ángelus, y no me refiero a lo que me has pedido todo este tiempo, no… es algo mas profundo, ya lo verás"

En ese momento, Ángelus y los otros dos caminaban por las oscuras y solitarias calles de Londres sin rumbo aparente, ella solamente caminaba con calma y en silencio, eso al vampiro y al joven hermano los inquieto y incomodo un poco, ya que ese silencio indicaba que ella estaba enfadada y mosqueada. De repente, algo sonó en ese momento sobresaltando a los dos chicos, pero el sonido provino del teléfono móvil de Ángelus que lo cogió sin mirar quién era.

- Soy yo. - dijo ella al teléfono de espaldas a ellos. - Si están conmigo ahora… tranquila, no ha pasado nada graves allí… si, como quieras… estamos cerca del local aún, esperamos aquí. - cuando acabo de hablar colgó y guardo el teléfono en su abrigo. - Era Yasmina, dijo que mandará a Tara para que venga a recogernos. - informó ella sin girarse a ellos pero tenía la cabeza alzada al cielo estrellado. - Aprovecharemos el tiempo para hablar los tres solos, chicos.

Al acabar de decir eso, Ángelus se dio la vuelta lentamente y cuando estuvo frente a frente con ellos dos cruzó los brazos con seriedad, y eso les asusto a los dos que se quedaron quietos y tensos por la mirada que estaba mostrando. Ángelus los miró un rato, y entonces desvió la mirada a un banco que estaba junto a ellos, con la cabeza les indico que se sentara en el, y ellos obedientes se sentaron bien pegados y callados. Cuando estuvieron hay sentados, ella empezó a caminar con paso lento y paseante por delante de ellos de lado a lado sin prisa para hablar, eso hacía que se pusieran nerviosos, y Lucius mas.

- Supongo que… no hace falta recordar el motivo de este cabreo que tengo ¿verdad chicos? - dijo Ángelus sin mirarles paseando de lado a lado.

- Todo tiene una explicación ama… - empezó Lucius nervioso y sudando. - Verá yo… nosotros solo…

- Será mejor Lucius, que no hagas enfadar mas de lo que estoy. - advirtió ella con voz amenazante. - Lo que me gustaría saber es el por qué de vuestra excursión nocturna, cuando sabéis de sobras que no quiero que mi hermano menor salga sin mi permiso y mucho menos contigo yendo al local de Spike.

- Él deseaba salir por una noche, nada mas ¿qué problema hay? Yo estaba para protegerlo. - explicó Lucius confuso por la precaución de ella.

- Si claro, acostándose con una chica en una habitación privada lejos de él, - visualizó ella burlonamente. - Vaya forma de proteger a alguien Lucius.

- Vamos ama, él estaba con Spike y sus amigas, incluso creo que se lo estaba pasando bien… - dijo Lucius con humor para animar el ambiente. - y creo que…

Antes de poder continuar con su charla, Ángelus se acercó de un soplido a la cara de él inclinada hacia delante y con una mano sobre la espaldera del banco, mostraba una mirada asesina y frustrada, cosa que hizo callar al instante a Lucius que se echo hacia atrás al tenerla hay mirándolo a los ojos. Arthur se sobresaltó cuando ella hizo eso pero se mantuvo callado y algo apartado de ellos observando.

- Tu no tienes ningún derecho a decidir que es divertido para él y lo que no, - aseguro ella amenazante y con ojos fieros. - sobretodo cuando no tienes idea de lo que puede pasar cuando se excita demasiado, aunque supongo que sabrás la sensación de sobra por qué siempre te dejas llevar por la excitación y la sed de sangre femenina.

- Hermana, tranquila por favor… - pedía Arthur al verla de ese modo.

- La próxima vez que te apetezca irte de caza por la noche y tengas permiso para irte por hay, vete solo o con tus hermanos y amigos, pero a mi hermano no se le lleva a ninguna parte sin mi permiso y sin que este yo con él ¿entendido Lucius Balan? Que sea la última vez que heces esto a mis espaldas…

- Si ama, lo que usted diga. - aseguro él aterrado y temblando como un humano cualquiera. - No volverá a pasar, lo juro…

- Bien. - acepto ella apartándose de él lentamente con un rostro mas calmado. - Espero por tu bien Lucius que esto no se repite…

En el momento en que Ángelus se alejo un poco del banco, un coche se acercó a ellos, era Tara que llegó al fin para llevarlos a casa. Sin decir nada, Ángelus abrió la puerta de atrás y le indicó a Arthur con la mano que subiera al coche, Lucius se subiría delante con Tara por orden de la vampira. Sin decir nada, Arthur se subió al coche seguido después por Ángelus que cerró la puerta con fuerza, nadie dijo nada y se pusieron en marcha de vuelta a casa.

Edimburgo, Escocia.

Ya era de entrada la madrugada, pero el príncipe de Inglaterra Adam, aún seguía despierto y con la luz apagada, solo la luz de la luna iluminaba un poco la habitación, estaba medio tumbado en su cama observando algo que tenía entre sus manos; el colgante que compró en la ciudad, un objeto donde deseaba tener un retrato del ángel negro de ojos negros que le salvo, o mucho mejor, regalarle ese obsequió a esa mujer si la volvía a ver en Londres en esa fiesta.

"Un vampiro, los humanos no deben acercarse a los vampiros ni ser sus amigos por nada en el mundo. Por qué si lo hacen… quedarán capturados por esos ojos de sangre, y sus vidas estarán condenadas por el resto de su vidas."

- "tsk, de nuevo esa frase…" - pensó él molesto con una mano en la cabeza tapando uno de sus ojos. - "¿De quién es esa frase, quién me la dijo?"

Cada vez que pensaba en ese ángel, esa frase resonaba en su mente como un aviso de peligro, y eso lo dejaba confuso cada vez. Cuando conoció a esa misteriosa persona de negro no sintió peligro alguno hacia ella, pero si del hombre que intento matar a su hermana, el vampiro que ella mató al instante, eso hizo que ella misma y su hermana se marcharan de la sangre del vampiro, y con eso la mujer se mostró como una vampira también, pero a pesar de eso, ni él ni Aurora sintieron miedo hacia ella, menos cuando se inclinó hacia ellos con la mano extendida y con una sonrisa amable y angelical. Después de que los llevará a casa con su padres, no volvió a verla, había desaparecido sin decirle al menos su nombre, y sus padres decidieron que debían vivir fuera de Inglaterra para que no volviera a pasar aquello de nuevo, cosa que dejo confuso a Adam, y lo sigue confundiendo ahora.

- "Padre, madre… ¿De qué nos queríais proteger, por qué nunca nos contáis nada sobre lo que ocurrió aquella noche de lluvia?" - se preguntaba él apretando el colgante en su puño pensativo. - "¿En que en realidad… conocéis a esa mujer de negro, la que nos salvó?"

Justo cuando pensó eso, picaron a su puerta sobresaltándolo y sacándolo de sus pensamientos. Quién se asomo al abrir la puerta fue nada menos que su hermana Aurora vestida con su camisón de dormir, él suspiró aliviado pero molesto por su visita a esas horas, pero tampoco mucho por qué no estaba durmiendo aún. Estaba por replicarle su visita cuando vio el rostro de ella a la luz de la calle, asustada y triste, por eso se levanto y fue hacía ella rápido.

- Aurora, ¿eh qué te pasa hermanita? - pregunto él al estar junto a ella con las manos en sus brazos, notó que estaba temblando. - Estas temblando, ¿Qué te pasa?

- He tenido una pesadilla horrible Adam, - dijo ella estando a punto de llorar de miedo y terror. - ¿Puedo dormir contigo esta noche? - pregunto desesperada.

- Claro mujer, solo tranquilízate y cuéntame de ello venga. - dijo él mientras la llevaba a su cama para tumbarla y taparla entera con las mantas junto a él.

Ella al estar en la cama con su hermano dejo de temblar con fuerza y se pegó a él sintiéndose mas protegida así, él confuso la abrazo para calmarla y para que dejará de temblar de esa forma, era como si hubiera visto un fantasma o algo peor, al vampiro que intento morderla aquella noche lluviosa. Aurora se mantenía pegada a él con la cabeza sobre su pecho debajo de la mandíbula de él temblando como nunca, no podía parar de temblar de miedo.

- ¿Has vuelto a soñar con ese vampiro de hace diez años quizás? - pregunto él frotándola fuertemente para calentarla un poco de lo helada que estaba.

- No… era otra persona, pero si un vampiro. - contestó ella llorando un poco pero se secó las lagrimas con la mano. - No se a que vino esa pesadilla tan espantosa, deseaba despertar y no podía hasta que… dios, era horrible.

- Vamos cuéntame, ¿de qué iba esa pesadilla hermana? - pidió él animándola a ello para ayudarla a calmarse.

- Están bien, - acepto ella calmándose un poco antes. - Estaba en un lugar oscuro, parecido al almacén donde estuvimos aquella vez pero estaba seco, de repente entre las sombras apareció una chica con capucha negra.

- ¿Una chica de negro? Era quizás…

- ¡No! Ella no, pero se parecía enormemente a ella, y lo pude confirmar cuando ella apareció al otro lado de la nada también, mirando a esa chica sorprendida y alertada. - contestó ella con la cabeza en el pecho de él mientras explicaba. - Lo curioso es que después, ambas empezaron a enfrentarse, la chica tenía intención de matarme para beber mi sangre, y el ángel para impedirlo, parecía estar furiosa y frustrada, como si conociera a esa chica parecida a ella físicamente aunque mas joven quizás.

- ¿Qué pasa después? - pregunto él metido de lleno en lo que estaba contando.

- La chica lucha con ganas, pero el ángel no, era como si no se atreviera a herirla, estaba como pendiente de mi, y por culpa de eso ella… - hizo una pausa incapaz de continuar, entonces empezó a llorar de nuevo. - Por culpa de que estaba distraída por mi esa chica acabo por apuñalarla en el pecho dejándola inmóvil pero consciente, empezó a sangrar sin parar, y la otra empezó a reír sin parar de lo contenta que estaba, y sin esperar un momento mas… ella la…

Cuando llegó a la parte que la asustada, Aurora empezó a temblar de nuevo sin parar, era lógico ese miedo, por eso Adam abrazo con fuerza a su hermana mientras frotaba su espalda para calmarla y calentarla con la cabeza apoyada sobre la de ella y se acurrucaba a él desesperada y temblando.

- Después de matarla se giro hacia mi y con una sonrisa se fue acercando a mi… - acabó ella aterrada. - Nunca había sentido tanto terror, parecía muy real.

- Solo fue una pesadilla hermana, estas a salvo y conmigo… - consoló él en susurro. - Solo fue una pesadilla, tranquila…

- He tenido la extraña sensación de que paso algo parecido a ese sueño Adam, pero no consigo encontrarlo… - dijo ella sobre su pecho confusa. - Puede que pasará mucho antes de aquella vez.

- O puede que solo haya sido tu subconsciente que te ha hecho una mala pasada Aurora, si nos hubiera pasado algo como eso antes nuestros padres nos lo habrían dicho ¿no crees? - opinó él apartándola para mirarla a la cara.

- Te recuerdo que ellos insistieron en que nos mudáramos de Inglaterra por ese secuestro, me pareció exagerado y a ti también ¿verdad? - acertó ella viendo el rostro de su hermano. - Quizás nos paso algo antes, solo que éramos demasiado pequeños para acordarnos ¿no te parece?

- ¿Insinúas que nuestros padres nos esconden algo? ¿Por qué harían algo así? - pregunto él sin poder creerlo. Entonces pensó otra cosa. - ¿Crees que ellos saben…?

- Creo que debemos hablar con ellos cuando estemos en Londres, siento que algo no cuadra hermano. - dijo ella seriamente. - Puede… que la conozcan…

Adam se quedo callado ante esa posibilidad, entonces desvió su mirada hacia la almohada, y frente de ella estaba el colgante de plata, la cogió y la miró junto a su hermana que estaba pensando lo mismo que él. Era posible que sus padre en verdad conocieran a esa mujer de negro con ojos rojos, y que aún estuviera en Londres trabajando para ellos en secreto, no querían asegurarlo aún, pero tenían fe en ello, deseaban volver a ver ese ángel y conocerlo.

Finalmente, el auto que llevaba a Ángelus, Arthur y Lucius llegó a la puerta de la Mansión Hellsing, donde justo delante esperaban todos los miembros importantes de la Organización; Seras, Pip, Yasmina, Sirius y Marcus, todos mostraba una mirada sería pero aliviada de que el chico estuviera a salvo. Cuando los tres bajaron del coche, Tara fue a aparcar el coche mientras ellos subían los escalones hasta estar frente a todos.

- Sirius, Marcus. - nombró Ángelus con formalidad, ellos se pusieron firmes a su llamado. - Llevaos a Lucius a vuestra habitación, que no salga hasta que yo lo diga. - ordenó ella mirando de reojo al vampiro que se encogió ante ello.

Ellos así lo hicieron sin decir palabra, cogieron a Lucius por los brazos sin hacer fuerza ya que él se dejo llegar debido a lo afectado que estaba por haber decepcionado a su ama de esa forma, haciendo que se preocupará por su hermano menor. Todos entraron a la mansión, y los tres hermanos se dirigieron hacia el sótano, los demás se quedaron en el recibidor observando a Ángelus que seguía sería y malhumorada.

- Por esta noche es suficiente señores, quiero hablar con mi hermano… a solas. - dijo ella con frialdad.

Cuando dijo eso, ella empezó a caminar para subir por la escaleras centrales al segundo piso donde estaban las habitaciones y el despacho de ella. Arthur miró algo nervioso y asustado a su hermana alejarse, y todos miraron a Arthur preocupados, pero nadie dijo nada a ella por respeto, era normal que estuviera de esa forma por preocupación.

- Vámonos chicos a descansa por hoy. - dijo Yasmina a la pareja. - Arthur, - se giró a él apoyando una mano en su hombro, - ah, buena suerte.

Al decir eso para darle ánimos, la licántropa y los vampiros se retiraron de allí sin decir palabras, él los vio irse inquieto. Los tres no tardaron en irse y desaparecer de allí, preocupados y inquietos por como aguantará a su hermana estando de esa forma. En todos esos años, Ángelus nunca estuvo tan enojada como ahora por culpa de Lucius por llevarse a su hermano de juerga sin su permiso y sin saberlo ella estando fuera cazando con Yasmina.

- ¡Vlad! - llamó Ángelus desde el segundo piso en alto, llamándolo por su segundo nombre.

Al oírla Arthur se encogió de miedo un instante pero luego se puso en marcha con la cabeza baja y encogido de la vergüenza. Al subir por la escalera vio a su hermana apoyada en la pared junto a una puerta, era la habitación de ella, y está al ver que estaba por llegar entro con los brazos cruzados y sería. Arthur trago saliva antes de continuar la marcha lento pero firme hasta entrar en la habitación, una vez dentro cerró la puerta tras de si y se giró a ella, vio que estaba de espaldas a él mirando por la ventana del balcón el cielo nocturno y estrellado acompañado por la luna llena. A esa distancia él pudo notar el enojo de ella, pero aún así debía estar mas cerca de ella, así que dio unos pasos hasta estar detrás de ella con la mirada baja y culpable, entonces espero a que ella hablara. Ángelus giró un poco la cabeza cerrando los ojos con una mirada enojada y sería, entonces se giró de lado a él.

- Arthur, me has decepcionado igual que Lucius. - confesó ella directa y sería.

- Lo se hermana. - afirmó él.

- ¡¿En qué demonios estabas pensando eh? - pregunto ella girándose completamente a él enfadada. - ¡Pudiste haber matado a esa humana que estuviste a punto de morder si no te hubiera detenido!

- Ella estaba vacunada como todas las que van y trabajan allí, además, yo no puedo convertir a nadie en vampiro por ser un medio-vampiro ¿recuerdas? - dijo Arthur defendiéndose.

- ¡Pero podías haberla matado desangrada por no saber parar, a diferencia de mi, los humanos tienen menos resistencia, la habrías desangrado en poco minutos, ¿querías matarla de todas forma para saciar tu sed diario o qué?

- ¡No soy un niño a quién debas alimentar ya Ángelus! - exclamó él harto de oírla. - Tu no sabes nada de lo que… ¡ah…!

Algo hizo callar a Arthur de golpe, y eso llamó la atención de Ángelus que le dio pálido y sudando un poco, cosa que la preocupo. Mientras, Arthur sentía de nuevo ese ardor en el cuello y esa sensación excitante en todo el cuerpo. Sentía como si el cuerpo entero latiera en algo y golpeando con fuerza, y no pudo evitar tocar su cuello como si así aliviará ese ardor, era como una sed enorme que deseaba saciar con urgencia.

- ¿Vlad, ocurre algo? - pregunto Ángelus al verlo raro, entonces se acercó a él viendo que estaba por caer de rodillas. - ¡Oye, Vlad contesta!

Él no pudo decir nada con el dolor que esa misteriosa sed le estaba dando en su garganta, temía que si habría la boca hiciera algo involuntario como estuvo a punto de hacer con la humana del local de Spike. Ángelus lo sujetaba por los brazos, entonces lo notó, estaba temblando como de miedo y autocontrol, algo no iba bien en él en ese momento, y ella no tardó en saber que era.

- Hermana… me arde el cuello… siento algo extraño… ¡ugh! - intento decir él dolido. - Tengo sed… tengo sed de nuevo hermana…

- Vlad…

De nuevo pasaba, era otro de los ataques de sed que los vampiros recién convertidos solían tener en sus primeros días de inmortalidad, pero él era un medio-vampiro, y desde los quince años tenía esos ataques que afortunadamente podía aguantar gracias a la ayuda de su hermana, él nunca se alimento de un ser humano por norma de ella, solo sangre médica como los demás, pero cuando los ataques eran fuertes y difíciles de saciar, ella le daba un tipo de sangre especial, una que nadie sabía que le daba excepto Yasmina; esa sangre era la suya propia.

- Hermana, no puedo aguantarlo mas… quiero que esto pare de pasarme, no quiero ser una amenaza para aquellos que confiaran en mi cuando tenga la mayoría de edad, no quiero decepcionar a mi madre… - confesó él con dolor y con la respiración fuerte. - Haz que pare, por favor…

Ángelus no dijo nada, solamente cerró los ojos resignada al ver el sufrimiento de su hermano menor. Entonces, abrazándolo fuertemente, se aflojó un poco el cuello de su ropa para dejar un lado de su cuello y el hombro algo despejado, dejando que él mordiera hay, en el lado contrario donde tenía su marca. Él se quedo inmóvil al tener el cuello de ella a la vista, oyendo y sintiendo su sangre correr como la humana misma, llamándolo sin parar y con fuerza.

- Tranquilo hermano, yo seguiré cuidando de ti… pase lo que pase estaré contigo, como le prometí a nuestro padres y a ti al ser un bebe. - dijo ella tranquila y calmada a pesar de la situación. - Adelante, muerde… no dudes de ello, ya lo has hecho otras veces vamos.

Él quiso decir algo, pero al tener su cuello despejado para él no le dejo hablar, y los colmillos crecieron afilados y puntiagudos así como sus ojos cambiaron de color azul marino a rojos intenso como los de ella, pareciendo así un vampiro de verdad. Entonces, cuando la inclinó un poco hacia atrás, sin darse cuenta de que estaba tocando la cama, ambos cayeron de brotes en ella, él encima de ella, y sin esperar mas, se inclinó sobre su cuello para rozarlo primero con los labios, después abrió la boca mucho para así clavar los colmillos de un golpe.

- ¡Ah! Ah… ugh… - exclamó ella al sentirlo, abriendo los ojos de golpe pero luego se calmó y relajo sonrojada.

La sangre enseguida fue tragada por él, y una cuanta se escurrió deslizando hacía bajo mientras él bebía con los ojos cerrados saciando su sed de sangre con la de ella. La excitación enseguida llegó a los dos, ella sintió placer en todo su cuerpo sin poder evitar moverse un poco complacida y placentera, se abrazaba a él por debajo de los brazos con fuerza y él también pero por la nuca y el hombro por detrás. Y así era en algunas ocasiones a espalda de todos, menos de Yasmina que en ese momento vigilaba la puerta para que nadie los interrumpiera al oler la sangre de su señora Ángelus.

- "Tu no eres un monstruo como yo hermano… solo… eres un niño que necesita que lo protejan de esto, y yo soy quién lo hará." - pensó Ángelus.

Manchester, Inglaterra.

Estaba por amanecer, y en una casa a las afueras de la ciudad vivía una joven de pelo largo y castaño oscuro. Junto a ella estaba otro joven de pelo negro y con ropas negras modernas y atractivas con estilo elegante. Ambos estaban en una habitación iluminado apenas con una lámpara sobre una mesita de noche, ellos estaban medio tumbados sobre una cama doble, ella se cara y él de lado hacia ella, apoyando su cabeza sobre la mano apoyada en la almohada, observando a la chica que estaba acomodada sobre la cabecera de colchón con las manos juntas sobre su vientre mostrando un rostro pensativo y concentrado a juzgar por los ojos cerrados. Él no le decía nada para desconcentrarla en lo que estaba haciendo, estaba teniendo una posible visión.

- La veo… la estoy viendo Izan… - dijo ella sonriendo poco a poco con una voz dulce y inocente. - La veo a ella, a su hermano y a sus compañeros…

- ¿Qué mas ves Gina? ¿Qué mas ves? - pregunto él moviéndose un poco para mirarla impaciente. - ¿Va a pasar algo pronto?

Ella no contestó enseguida, lo que hizo primero fue abrir los ojos lentamente, dejando ver unos ojos rojos intentos y fieros. Él tenía también los mismos ojos, pero no eran igual de fieros como los de ella, y eran así por un único motivo; odio hacia su hermana mayor Ángelus, o mejor dicho, odio hacia el monstruo que tomo su forma convertida ahora en su prima hermana. Gina se alzo hasta estar sentada y él hizo lo mismo mirándola fijamente paciente por saber.

- Parece que… por ironías del destino, mi hermana se encontrará con alguien, una persona que no esperará ver de nuevo. - dijo Gina sonriendo divertida. - Qué ganas tengo de verlo de verdad y no solamente en mi mente Izan, estoy muy impaciente.

- Y tus padres también cuando lo sepan, voy a informarles de esto. - dijo Izan empezando a moverse por encima la cama para irse, pero fue detenido por la mano de ella que sujetaba su brazo con fuerza, él se giró a ella confuso. - ¿Gina?

- No hay prisa para ir a decirles, quédate conmigo un rato mas por favor… - pidió ella con una sonrisa coqueta. - No quiero estar sola todavía, no hasta que salga el sol.

Izan no tardó en entender lo que ella quería decir, y entonces él sonrió mostrando los colmillos y ella después de él con una misma sonrisa sarcástica y seductora. Él también deseaba jugar un poco en esas pocas horas que quedaban para que amaneciera, pero eso no importaba para los vampiros como ellos, no les afectaba la luz del sol. Izan gateó de nuevo hacia ella lentamente mientras ella le animaba a venir con el brazo extendido diciéndole que viniera a ella, y él al fin estuvo con ella abrazándola por la cintura para después besarla con deseo, ella le correspondió con gusto.

- Eres una juguetona sin remedio amor. - halagó él entre besos apasionados, mientras, la iba acariciando por debajo de la ropa.

- No sabes cuanto cuando estoy contigo, me entran ganas de jugar, empiezo a parecerme a mis padres jeje. - dijo ella haciendo lo mismo que él.

CONTINUARÁ...