Nota: Twilight no me pertenece. La historia es de RosieWilde, yo solo me adjudico la traducción.
N/A: Gracias a todos los lectores que dejaron comentario en el primer capítulo, realmente me hicieron sonreír. Muchísimas gracias a Cullenista quien a sido mi beta para estos primeros capítulos. Ella es una escritora increíble y una excelente inspiración.
N/T: Gracias a las personas que leyeron el primer capítulo (: Gracias a Rosie de nuevo por dejarme traducir esta increíble historia.
La llamada
BPOV
3 semanas más tarde
Estaba prácticamente saltando mientras me dirigía por las calles a la plaza del pueblo. Había acordado encontrarme con Edward a las once y así podríamos ver el desfilé juntos, yo estaña unos pocos minutos antes así que caminaba lentamente, distraída por los brillantes colores de las flores que se desbordaban de los maseteros en las ventanas, y por los alegres gritos de los niños que jugaban en la calle en este inusual día soleado en Forks.
Cuando gire a la calle principal, me quede sin aliento al ver a la multitud de personas que llenaban la calle, la atmosfera llenándose de emoción mientras todo el mundo esperaba la llegada del regimiento que pronto partiría al norte de Francia a luchar, para unirse a las tropas francesas y británicas después de haber declarado la guerra a Alemania hace unos meses. Yo estaba asombrada por el nivel de anticipación que se sentí en el aire mientras la multitud esperaba el comienzo del desfile y no pude evitar ser atrapada por el estado de ánimo.
Antes de que me percatara de los que estaba pasando, dos grandes manos cubrieron mis ojos y alguien respiro a mi oído mientras susurraba, -Adivina quién.-
Me estremecí cuando su aliento rancio golpeó mi mejilla y traté de retorcerme en vano. -Vamos Bella, no estás tratando muy duro,- Se quejo, acercándome más a su cuerpo, sus manos todavía privándome de ver.
De pronto sentí que la persona era alejada bruscamente y voltee para encontrar a un furioso Edward mirando a un niño encogido varias pulgadas más bajo que él. -¿Qué crees que estás haciendo?-Edward silbó y él se echó para atrás, mirándome suplicante. Edward alzó sus cejas impaciente y continuó, -estoy esperando Newton.-
El chico, Michael, trato de explicarse rápidamente pero solo recibió miradas asesinas de Edward, exigiendo una disculpa. Él nerviosamente empujo el dobladillo de su camina y paso su mano por su cabello rubio, pasado de moda, como un pequeño niño que recibe una reprimenda hasta que Edward finalmente lo dejo, volteando disgustado. Michael se alejo rápidamente, llamando lastimosamente por sobre su hombro, -Adiós Bella, lo siento.-
-Adiós Michael,- mascullé y volteé a ver a Edward observándome detenidamente, inspeccionándome en busca de daños. Alcé mis cejas desafiantemente y dije reprobatoriamente, -No tenías que ser rudo con él. Casi lo matas del susto.-
La expresión de Edward cambio de consternación a confusión y levemente herido. -¡El te estaba agarrando! ¿Se supone que tengo que verlo maltratarte de esa manera?-
-Simplemente no había necesidad de ser tan cruel al respecto,- murmure, pero podía decir que él me oyó al apretar fuertemente los labios en una fina línea de molestia. Nos miramos por unos minutos y aunque estaba enojada no pude evitar admirar la forma en que su cabello broncíneo captaba los rayos de luz reflejándolos en miles de colores, con oro y brillantes matices de bronce de pie, bañado en un resplandor de verano. Sus ojos verdes atraparon los míos hasta que no pude resistirlo y aparte la mirada, dejándola caer para contemplar el cuero marrón rayado de mis zapatos.
El suspiró y murmuró, -Lo siento Bella. Quizás sobreactué un poco.-
Alcé la mirada para ver que me observaba delicadamente y arrepentido, aunque más bien parecía querer complacerme que entender mi punto de vista. Yo asentí y abrí el camino para que pudiéramos tomar nuestro lugar en el desfile, y lo oí murmurar mientras me seguía, -demasiado amable para su propio bien.-
Decidiendo ignorar su último comentario, me escabullí al frente de la multitud para no tener que ver entre las cabezas y Edward se acerco a mi lado. La multitud era tan apretada que quede pegada a la tela de su camisa y podía ver cada detalle, notando que llevaba los primeros dos botones desechos y las mangas hasta los codos en un intento de escapar del calor inusual.
En ese momento, sonó una trompeta, y hubo un cambio perceptible en la atmosfera de la asamblea del pueblo mientras el nivel de emoción se disparó. Miré a Edward y no pudimos ayudar al observarnos el uno al otro a medida que fuimos arrastrados junto con el estado de ánimo.
El sonido de la marcha se acercaba y estiramos nuestras cabezas para ser los primeros en ver a los soldados que se acercaban con sus brillantes botones y uniforme. Cuando se acercaron pudimos ver una escolta de jóvenes mujeres caminando junto a ellos con cestas de flores repartiéndolas al pasar. Ellas atraparon la mirada de cada hombre en la plaza y note que Edward no era la excepción. Puse mala cara cuando lo note, por alguna razón me molestaba, pero no pude entender porque.
El sonido de una banda de música acompaño la marcha y pronto pude distinguir la sonrisa alegre de los soldados y la manera orgullosa en que alzaban sus rostros mientras desfilaban. Una mujer joven le tendió una flor a Edward y el la miro. Fascinado por la gloria de los soldados y el estado de ánimo tangible de la multitud. Me miro, su rostro se ilumino y le devolví la sonrisa. Atrapada en la alegría y la emoción olvidándome de mi misma.
El desfile llego al centro de la plaza, el grupo se detuvo y el comandante comenzó a gritar al público. Anuncio que estarían sentados en una mesa y que cualquier hombre entre dieciocho y cuarenta años que deseara unirse debe presentarse y poner su nombre en el registro. Inmediatamente, un enjambre de jóvenes caminaron hacia el mesón, dispuestos a convertirse en un nuevo integrante del glorioso grupo, y se formaron alrededor del hombre sentado detrás de la mesa sosteniendo una lista de inscripción. El público aplaudió, mientras cada hombre avanzaba y escribía con orgullo su nombre antes de volver con sus amigos y familia quienes palmeaban su espalda o besan su mejilla amorosamente.
Sentí a Edward apretar mi mano y alcé mi cabeza a tiempo para verlo soltar mi mano y corre a unirse al creciente grupo. Mientras se acercaba al escritorio y firmaba su nombre, pude ver una enorme sonrisa aparecer en su rostro y apretar la flor fuertemente en sus manos. Todos en la plaza no pudieron evitar sonreír junto a los hombres a medida que se alistaban para combatir en la Gran Guerra, orgullosos de nuestros muchachos que nos protegerían de enemigo.
En su debido momento, Edward volvió a mi lado y miramos el grupo de hombres descender poco a poco, y en poco tiempo la multitud comenzó a dispersarse lentamente. A medida que vagábamos lentamente hacia nuestros hogares, Edward y yo hablamos sin cesar de la guerra, la gloria y la aventura en la que pronto se embarcaría. No creo que ninguno de nosotros se detuvo a considerar todo lo que significaría para nosotros, como afectaría nuestras vidas, pero eso apenas parecía importar.
Él estaba lleno de emoción, y yo de orgullo, mientras contemplábamos las perspectivas e imaginábamos el peligro y enemigos que podría encontrar, y le hice prometer que cuando volviera, él compartiría todas sus historias conmigo. Lo hizo de buena gana y se detuvo de repente en medio de la calle, empujándome para parar junto a él.
Tomando mis dos manos me observo seriamente a los ojos, alegría danzando en los suyos, y dijo, -Hare que estés orgullosa de mi, Bella. Voy a ser un gran soldado y estarás orgullosa.-
-Estoy orgullosa de ti, Edward,- replique, contagiado por su entusiasmo y optimismo. –Siempre estoy orgullosa de ti.-
Tiro de mi en un apretado abrazo y susurro en mi oído, -Pero pronto estarás mas orgullosa aun.- Luego se separo y continuamos caminando, lado a lado, hasta que llegamos a su casa donde él se detuvo y, con un rápido abrazo, entro.
Mientras continuaba caminando las pocas calles hasta mi casa, reflexione sobre lo que había pasado entre nosotros. Es cierto, yo estaba orgullosa de él, pero mi corazón se lleno con la idea de él luchando por la libertad de países atreves del océano, y pensé con alegría en cómo iba a regresar, cansado de batallar y endurecido, pero lleno de honores por su valentía y coraje.
Cuando entre en mi casa, mi padre me llamo desde la sala y salté al verlo. Él capto de inmediato mi buen humor y entrecerró los ojos con suspicacia.
-¿Dónde has estado?- pregunto, me pareció que era más un interrogatorio que una pregunta cortés.
-Edward y yo fuimos a ver el desfile,- le conteste, y se relajo un poco, aunque todavía parecía cauteloso.
-¿Qué pasa que estas tan emocionada?-
Negándome a permitir que su mal humor arrasara con el mío, solo me reí y me acerque a la puerta. –Estaré en mi habitación, si me necesitas,- le conteste a la ligera, y lo deje mirándome, su actitud sospechosa se intensifico cuando evadí la pregunta.
Riendo en voz baja para mí misma, corrí escaleras arriba y me desplome en mi sillón de cretona, cogiendo un libro de la estantería para ocupar mi mente. Sin embargo, no pude quedarme tranquila y me quede recordando la mañana con entusiasmo, las trompetas, la alegría y la anticipación. Sonreí y trate de perderme en Austen, pero mi mente se desviaba continuamente a la perspectiva de la Gran Guerra y el orgullo de mi Edward luchando como un soldado.
