Rose y su primo se despedían de sus padres desde el tren, viendo como desaparecían entre el denso humo de la locomotora, cuando ya estuvieron lo suficientemente alejados comenzaron con su conversación sobre las casas y a cuál preferirían, Albus se había negado rotundamente a quedar en Slyterin. Pero Rose vio cómo el chico conversaba con su padre antes de subir, y después se había mostrado pensativo; incluso cuando su primo James continuaba molestándole con eso de "te pondrán en Slytherin" decidió ignorarlo olímpicamente.

Por su parte Rose estaba indecisa, su primera opción era sin duda Gryffindor dado que era la casa de su familia, todos desde sus abuelos, pasando por sus primos y tíos ;salvando a su tía Fleur que estudió en Beauxbatons y su tía Audrey que fue una Ravenclaw habían pertenecido a la casa de los leones. Pero por sobre todo, por sus padres, sus héroes personales más allá de lo que pensara el mundo mágico para ella eran las personas más geniales en todo el mundo y era una gran suerte ser su hija; todavía recordaba vívidamente la primera vez que su padre mencionó que ella "es tan inteligente como su madre", sin duda su recuerdo más feliz, tanto la marcó que decidió ser siempre la mejor en los estudios, por lo que pasaba horas enteras en la biblioteca de su casa devorando todos los libros que podía, tanto si estos le interesaban como si no; y al descubrir que el sombrero seleccionador estuvo a punto de poner a su madre en Ravenclaw pensó que esa casa también sería una excelente opción, aunque no le hacía mucha ilusión quedar tan alejada de su familia.

-Pues yo creo que Ravenclaw es una opción muy probable para mí, después de Gryffindor claro –Decía en su conversación con Albus, que en honor a la verdad parecía más un monólogo pues su primo seguía sumido en sus propios pensamientos y no parecía prestarle atención a su incesante parloteo.

Cuando por fin se dio por vencida de tratar de establecer una conversación decente con ese chico en frente suyo que prefería mirar su reflejo y le contestaba con monosílabos. Inconscientemente lo imito así que ambos niños estaban sentados uno frente al otro pero cada uno mirando sin ver a través de la ventana. Mientras miraba el paisaje se sorprendió observando su reflejo, no es que fuera particularmente vanidosa pero siempre se sintió orgullosa de su aspecto, que según su criterio era una perfecta mezcla Wesley-Granger; muy parecida físicamente a su madre con todo y maraña de cabello incluida, pero con el color del cabello rojo y las pecas característicos de los Wesley, sumado a los ojos azules de su padre, es como si su reflejo le gritara cada vez que lo veía quienes eran sus padres y lo que eso significaba.

Estaba decidida, si algo caracterizaba a Rose Wesley era su terquedad, cuando algo se le metía en la cabeza no había nada que la pudiera convencer de lo contrario, y por Merlín que conseguiría quedar en Gryffindor o Ravenclaw, incluso si eso suponía negociar con el sombrero seleccionador, pero… ¿habría algo que pudiera interesarle a un sombrero parlante?, trató de hacer memoria, como no recordaba ninguna referencia o detalle importante de ese objeto sacó su muy gastado ejemplar de Historia de Hogwarts heredado de su madre. Ya había leído ese libro al menos unas tres veces pero su retentiva para los detalles no era muy buena, cosa que compensaba obligándose a leer los libros una y otra vez hasta ser capaz recordar lo suficiente como para relatar los pasajes de memoria.

-AAAAAAlbyyyyyyyy! –Un grito que trajo nuevamente a la realidad a un pensativo Albus Potter resonó en el pasillo del vagón peligrosamente cerca del compartimiento que ocupaba junto con su prima, "No, por favor no aquí. ¿En serio piensa perseguirme incluso en Hogwarts?" pensó mientras se ponía en pie de un salto. Conocía esa voz muy bien, en especial ese tono peligrosamente dulce con el que su hermano lo llamaba, y nunca, nunca llevaba a nada bueno. Paseó ansiosamente la mirada, buscando en vano algo, cualquier cosa que le ayudara, pero sólo encontró la mirada de Rose que le decía "déjalo, no va a pasar nada". "¿Ah no?" pues se equivocaba porque siempre, siempre pasaba algo. Ya no le importaba que lo llamara cobarde después, no pensaba permitir que James lo dejara en ridículo justo antes de pisar el colegio, no ahí, no en frente de todos.

"Oh Merlín" que oportuno fue que su padre le permitiera llevarse la capa invisible, de forma que se la puso encima, y se escabulló como pudo fuera del compartimento. Pues aunque se quedara invisible y quieto su hermano muy seguramente sospecharía de la capa ya que muy a su pesar no era nada idiota; lo cazaría y cuando lo capturara sería peor, sin duda. De manera que permanecer oculto y lo más alejado posible era de momento la mejor opción.

Una vez a una distancia prudente detuvo su caminar frenético y comenzó por revisar cada uno de los compartimentos; puede que estuviera huyendo pero no pensaba quedarse en los pasillos como un tonto, por lo menos pasaría esos momentos sentado cómodamente. Por fin vio un lugar vacío y sin dudarlo entró, cerró la puerta y cuando se giró se dio un respingo al notar que de hecho no estaba desocupado. En frente suyo una niña de piel muy blanca, con el cabello negro como el carbón largo hasta la cintura agarrado en una descuidada trenza, que parecía ir en segundo año tenía la cabeza apoyada frente al vidrio con la boca entreabierta y un hilo de saliva que salía de ella, las vibraciones del movimiento hacían que la baba se meciera de un lado a otro al ritmo del tren, la imagen era tan cómica que Albus tuvo problemas para no soltar una sonora carcajada, en lugar de eso siguió su ejemplo echándose en la silla desocupada, arropándose con la capa y esperando que nadie lo descubriera, finalmente cerró los ojos y pronto se quedó profundamente dormido.

Al culminar la búsqueda de su hermano menor, en vano, por casi todos los compartimentos del tren "se me escapó el enano, pero no se puede esconder debajo de la capa invisible para siempre" -pensó mientras sonreía para sus adentros. Después de todo podría decirse que su deporte favorito (además del quidditch obviamente) era pelear con Albus, ambos hermanos no podían ser más diferentes, y claro, el chico a diferencia suya era bastante paciente, algo que motivaba inconscientemente a James a puyarlo hasta hacerlo explotar; luego venían las peleas seguidas de los regaños de su madre y al final el castigo, pero es que es tan divertido pelear con Al que los castigos no importaban, a James Potter lo último que podía importarle en la vida eran los castigos.

Después de atravesar una distancia que consideraba muy larga porque "en serio parece que en Hogwarts les gustara hacernos caminar hasta para ir al baño" -pues consideraba que el castillo era tan grande que si de verdad querían que los estudiantes no llegaran tarde a clases debían conectar los salones a la red flú, o permitir que los estudiantes volaran sobre sus escobas en el interior del castillo -"eso si que sería genial". Al fin llegó con sus primos y sus amigos a pasar el resto del viaje.

-¡¿Quién se cree ese mocoso que es?! Hablaba un muy airado Fred moviendo frenéticamente los brazos frente a Harry Wood quien a su vez hacía gestos de aprobación con una mirada seria. Las lechuzas sin embargo parecían incómodas ante los gritos de su primo y lo miraban con todo el desdén del que esos animales eran capaces. Se acerco a un espacio vacío en el compartimento junto a su prima Dominique, frente a ella estaba Andrew Tyndall su amigo hijo de muggles, un chico flaco de corto cabello rubio ondulado y ojos grises. Se sentó mirando divertido a las aves "provocar a los animales es casi tan divertido como hacer enojar a Al" –se dijo recordando la célebre broma en la lechucería de la que habían salido indemnes. En ese momento su primo Fred le formuló una pregunta que rompió el hilo de sus pensamientos.

-Pues sí, terrible, terrible sin duda compañeros -Dijo con un tono falsamente serio que pretendía ser una imitación de su tía Hermione. - Tamaña insolencia según el párrafo cuatro sección dieciocho del código del bromista sólo puede ser perdonada por una broma que implique…mmm. –Levantó la cabeza para mirar a los chicos con los que compartía la complicidad y los castigos, sus amigos. -Por cierto se puede saber ¿De qué mocoso estamos hablando?

-Para mí que tío Harry lo dejó caer cuando bebé –Dijo Dominique cruzándose de brazos.

-Pues del mocoso Malfoy –Sentenció Fred mirándolo divertido. –Y ¿de dónde ha salido todo eso del código del bromista?

-Me lo inventé –Dijo alzando los hombros –No habrás creído que de verdad me leí un libro. ¿Verdad? –Se apresuró a añadir en un tono horrorizado.

-Bah es sólo un niño ¿Qué más da como te mire? -Continuó Andrew con el hilo de la conversación interrumpida.

-No es "sólo un niño" Tyndall, es Malfoy, si lo dejamos hacer lo que le plazca después va a creer que el colegio es suyo y que puede andar por ahí como si tal cosa, ofendiendo a los que no son sangre pura, especialmente a los hijos de muggles, ya sabes cómo es su familia. Bueno, no, no sabes porque tus padres son muggles y no sabias nada de la guerra, pero créeme es mejor pararlo ahora antes de que se convierta en un mortífago. –Respondió Harry.

-A ver si entendí –James levanto la mano izquierda mientras con los dedos índice y pulgar de la mano derecha se presionaba el puente de la nariz frunciendo el ceño. – ¿Todo este escándalo por una mirada?. ¡Ja ja ja ja! –Rió escandalosamente. -Por su tono creí que les habían lanzado una imperdonable o algo así. –Se detuvo para recuperar el aliento, entonces lo miro directamente a los ojos. –Pero no me malinterpretes primito, por supuesto que Malfoy tendrá su merecida bienvenida al colegio.

Sus primos los gemelos Corban y Evan Cornfoot habían encontrado un compartimento para ellos tres en el tren, después de un rato en el que habían hablado sobre sus expectativas en cuanto a Hogwarts y el tema de las casas, Scorpius tuvo que levantarse para ir al baño; quería quedarse hablando con los chicos, especialmente con Corban, de los dos su primo favorito pues en su opinión Evan era blando como un flan y dulce como una gragea sabor miel, "Nadie jamás se hubiera imaginado que tía Daphne y tío Stephen engendrarían un micropuff" –Pensaba siempre que los veía juntos, llegando a plantearse seriamente que aquel muchacho era adoptado de no ser porque es físicamente igual a su altanero orgulloso y completamente distinto hermano: ambos cabello castaño oscuro liso, piel trigueña y ojos oscuros de expresión solemne, con una voz suave; la única diferencia radicaba en que el tono suave de Corban inspiraba respeto, incluso podía ser amenazante y el de Evan parecía pasar inadvertido la mayor parte del tiempo. Muy parecidos a su padre, igual que él al suyo.

De alguna inexplicable manera se las había arreglado para encontrar el baño, no sabía que en ese aspecto sus compartimentos estaban tan mal ubicados, pues había pasado por lo menos media hora preguntando a quien se encontraba por el camino, pero no importaba cuantas indicaciones siguiera no hallaba el maldito baño. Estaba que explotaba, furioso porque al parecer todos se estaban burlando de él, en esas estaba cuando se encontró a un Wesley "Un Wesley… de tantos que hay ha sido una suerte no haber encontrado más, en serio son como una plaga". -No supo exactamente la razón, quizás porque su padre los detestaba y le había recomendado que se alejara de esa familia, porque simplemente de entrada le causó repelús, porque estaba que explotaba, o por las tres razones; el caso es que no pudo evitar mirarlo con todo el desprecio que le fue posible. Pero cuando pareció que éste iba a responder a su desafío no verbal vio que de hecho salía de un baño, así que de tres zancadas lo rodeó, le dio la espalda, entró al baño antes de que alguien pudiera detenerlo. "Al menos Wesley sirvió para algo". -Se dijo mientras cerraba la puerta con un sonoro golpe.

Regresar de nuevo a su compartimento fue todo un desafío, "Juraría que he recorrido como cinco veces el maldito tren, ¿Dónde en el nombre de todos los malditos dioses se habían metido?" –Murmuraba por lo bajo. Tropezó con varios estudiantes que lo miraron mal, abrió algunos compartimentos en vano interrumpiendo conversaciones, hasta se encontró con el asistente del maquinista quien al verlo frunció el ceño. Por fin después de que decidió adoptar la estrategia de abrir todos los compartimentos uno por uno los encontró, y Corban se desternillaba de risa mientras se burlaba de su carente sentido de la orientación; Evan en cambio parecía preocupado.

-¿Por qué tardaste tanto, si el baño está apenas a unos metros de aquí girando hacia la derecha?, creí que te había pasado algo. –Dijo casi en un susurro. Esta pregunta sólo causó más ira en Scorpius, quien se sentía ridículo (aunque jamás, JAMÁS en la vida aceptaría que alguien como micropuff-Evan le podía hacer sentir ridículo), así que enfurruñado como estaba con sus primos se sentó, sacó un libro de su baúl y antes de sumergirse en una lectura le dedicó una mirada cargada de ira a sus primos. La reacción de Corban fue reírse con más fuerza.