Disclaimer: Axis powers Hetalia no me pertenece. Así como (casi) ninguno de los personajes que salen en esta historia.

Advertencia: Hay bastantes OC y concepciones (Head cannons) que tengo de algunos personajes. La historia es bastante coral así que tenganme paciencia. También tengan en cuenta que es un AU.

Nota de autor: Hola! este es el segundo fic que subo. Como Hay algunos OC o cambios de nombres al final de cada capitulo voy a poner una especie de glosario para hacerlo más sencillo. También quería hacer obvio que gran parte de la trama está inspirada en la serie ZOO. Espero que les guste mucho y todas las críticas (constructivas) son bienvenidas ya que nunca escribí nada en este género. Ahora si, los dejo para que lean!


Capítulo I

"¿El capitán?"

"¿A quien se le ocurre organizar un tren como si se tratara de un buque de guerra?"

"Escuché que entró a la marina siendo muy joven"

"Que antes de los veintidós ya era capitán de toda una flota"

"Estoy seguro que la Reina Victoria lo recibió en persona"

"Oí que perdió una mano en un accidente en altamar"

"¿Era un pirata?"

"Toda su familia murió en un accidente"

"Dicen que era un hijo bastardo."

"¿Estaba casado?"

—Escuché que contrajo matrimonio durante un viaje al África —el pelirrojo tomó asiento en la larga mesa del comedor junto a su hermano. Ambos intercambiaron una traviesa sonrisa. En el fondo de la mesa un lituano se levanto enfadado de su lugar, dejando el plato de comida prácticamente intacto.

—Dicen que era tan fea que nunca la dejaban salir de su casa —continuó Micheail reprimiendo una carcajada mientras se deleitaba con la expresión de curiosidad en el rostro de sus acompañantes. Ambos gemelos encontraban hilarante el jugarle bromas a los nuevos pasajeros. El resto de las personas en el comedor comía en un silencio casi sepulcral.

—O'Donnell —espetó McGregor de pie junto a la entrada del comedor. Silencio, solo podía escucharse el sonido de la máquina a vapor de fondo. La mayoría de los pasajeros dejaron de comer al instante, los hermanos sonrieron dándose por aludidos—. Deben haber terminado todas sus tareas si tienen tiempo de andar por ahí soltando la lengua cual viejas chismosas.

—Sí, sí —respondieron con tono monótono ambos hombres a la vez. Recogieron sus platos y desaparecieron de la vista del contramaestre* sin decir una palabra más.

El escocés suspiro mirando a ambos alejarse por el siguiente vagón. Tomó su plato de comida y se sentó en uno de los lugares vacíos para comer en silencio. Poco a poco, el resto de los comensales a su alrededor siguieron su ejemplo.

El Juniperus contaba con ocho vagones y una poderosa locomotora a vapor. El primer carro pertenecía al Capitán y de sus dos oficiales a bordo, con una habitación lo suficientemente grande y cómoda para cada uno de ellos.

La cocina compartía espacio con el comedor conectados solo por el estrecho pasillo. Las mesas individuales que alguna vez decoraron el lugar habían sido reemplazadas casi en su totalidad para dar lugar a la larga mesa de madera oscura barnizada en donde la mayoría de los pasajeros tomaba cada comida. La estación donde se preparaban los alimentos distaba de ser lujosa, pero era lo suficientemente grande y equipada para proveer a la decena de pasajeros y la escasa tripulación.

Al carro destinado a la enfermería lo seguían las habitaciones. Tres vagones roomettes* eran suficientes para para albergar más de cincuenta pasajeros, la mayoría pudiendo alojar hasta tres personas cómodamente en el interior de las paredes de madera rojiza. Las camas distaban de la comodidad del palacio de Buckingham, pero eran más que suficiente para la mayoría de los pasajeros.

Al final de los pasillos cerraban fila dos descuidados vagones de carga. Pocas pertenencias personales ocupaban su espacio, su lugar lo tomaban las contadas provisiones y algún que otro cofre de armamentos. Pocas personas tenían el permiso de acceder a los últimos dos carros.

La joven rubia se abrió camino con dificultad a lo largo de los seis vagones cargando su pesada canasta. La brillante llave colgada de su cuello golpeaba graciosamente contra su pecho en cada paso que daba. Si alguien la viera por primera vez tomarían su colgante y su confianza al caminar como prueba fehaciente de ser parte de la tripulación. Sonrió al divisar al contramaestre aún sentado en el comedor y se dejó caer en el asiento junto a él dándole la espalda a la mesa. Se revolvió en el lugar incomoda, el corset le aprisionaba las costillas; limpió el polvo de su larga falda antes de posar sus ojos en el escocés.

—Deberías dejar que él haga eso en tu lugar —dijo Sean sin levantar la vista de su plato. Su voz era grave y ronca; como si bebiera whisky desde la cuna, dirían los gemelos—. ¿Todavía te duele el tobillo?.

—No me duele lo suficiente como para no hacer mi trabajo —contestó la muchacha tras un suspiro observando la canasta con alimento que cargaba. Varios comensales levantaron la mirada al escuchar el melodioso acento mezcla de francés y alemán. También estaba el hecho de que era la única mujer a bordo—. Si dejara que Francis tuviera acceso a la despensa la saquearia por completo.

Ambos guardaron silencios por unos instantes. Finalmente la rubia se puso de pie para continuar su camino.

—¿Sean?.

—¿Mmm? —masculló todavía con comida en su boca.

—Necesitamos provisiones.


Nadie sabía exactamente cómo o cuándo había comenzado. La mayoría había notado algún extraño cambio en el comportamiento del clima antes que en sus mascotas. Cuando la noticia de que diez cuerpos habían sido hallados en una vieja casa en Budapest todos leyeron el periódicocon una extraña fascinación, como si se tratara de un grotesco espectaculo de circo; los asesinos habian sido nada másy nada menos que una jauríade perros callejeros.

No pasó mucho tiempo antes de que las cosas se salieran por completo de control. La repentina agresividad que presentaron los animales domésticospronto fue secundada por la ferocidad de los animales salvajes. Se hizo más común divisar alces o venados en la ciudad. Los zoológicosenseguida tuvieron problemas manteniendo las especies dentro, pronto escaparon dejandoun rastro de sangre a su paso.

El clima tambiéncambió; lugares donde el buen clima era la principal atracción pronto se vieron arrasadospor las tormentas. En poco tiempo Holanda estaba completamente bajo el agua, un extraño terremoto dejó a Londres en las ruinas y los canales de Venecia se secaron sin dejar una gota.

Ahora habíapasado poco más de seis meses y las personas se escondían en las ciudades que habían quedado en pie. La comida, aunque no escaseaba, era dificil de conseguir y pronto el mercado negro emergió como los hongos en el bosque. Parecía mentira; cuanto más acechaba el peligro, mas se empeñaban las personas en salvarse a si mismas dejando a sus pares a su suerte.

Sean entró en silencio a la cabina de la locomotora. Afuera ya estaba oscuro y solo la luz de la maquina iluminaba el camino. El calor de la caldera contrastaba con la fría brisa de la intemperie.

El maquinista se encontraba recostado en su asiento. Brazos cruzados, boina cubriendo su rostro. El contramaestre le quitó el sucio sombrero de la cara para descubrir los ojos verdes brillando con molestia

—¿No tienes tu propia habitación, lad*?—el escoces apartó la mirada dirigiendola a los controles.

—No estaba durmiendo—protestó el maquinista acomodandose de forma tosca el cabello castaño—. Pero ya envié a los O'Donnell a descansar—.

—¿Cuanto falta para la proxima ciudad?.

—Tres o cuatro días hasta llegar a Hamburgo—calculó el muchacho de ojos verdes y con pereza agregó más carbon al caldero.

—Que sean dos.


Contramaestre: Los contramaestres deben garantizar ladisiplina y elorden de la tripulación, dando intervención al capitán cuando resulte necesario. Si el capitán y el piloto se encuentran inhabilitados o imposibilitados de cumplir con sus funciones, el contramaestre asume el mando de la nave. (Basicamente son el nexo entre la tripulación y el capitan)

Roomette:es el lugar destinado al alojamiento de tripulantes o pasajeros

Son pequeñas habitaciones individuales o compartidas donde habita/duerme la tripulación.

Lad: Es un modismo escoces, una forma muy casual de llamar a un chico/joven

Hay una pequeña referencia en el chisme que cuentan los gemelos de una historia de lovecraft "Hechos tocantes al difunto Arthur Jermyn y su familia"

Sean McGregor: Escoces. Contramaestre del Juniperus.

Micheail y Collin O'Donnell: Irlandeses. gemelos y tripulantes del Juniperus.