II
En aquella habitación no podía distinguirse qué hora era, ni qué tiempo hacía. Todo estaba en oscuridad. La joven se había recluido en el cuarto que compartía con la arqueóloga desde hacía un par de días, cerrando toda entrada de luz, lo que le ayudaba a bajar el dolor de cabeza que aparecía cuando se quedaba seca de lágrimas y sólo quedaban los efectos secundarios de un llanto tan prolongado.
Se sentía mal, culpable, impotente, débil y ausente. Quería creer que despertaría y reiría ante una pesadilla tan real y a la vez tan improbable, se las contaría a todos durante el desayuno y se reirían juntos antes de irse cada quien a sus deberes. Pero no pasaría, porque su mente era débil incluso para imaginar una mínima esperanza. No importaba el clima, ya daba igual si la tormenta se mantenía perennemente en el barco, en la cocina, la enfermería... Cada rincón del barco que cruzaría el mundo era acechado por un huracán.
Se acurrucó más en la cama que de un día para otro era demasiado incomoda hasta para existir.
—No hace ningún bien encerrarse aquí, ni en ningún lado.
Ni siquiera volteó a ver a Robin. La apreciaba, pero en ese momento quería estar sola, sin nadie tratando de subirle el ánimo; si fuera él, entonces hubiera brincado de la cama inmediatamente a abrazarlo y golpearlo al mismo tiempo.
—Tal vez sea mejor si lo hablas con alguien.
—¡Sólo quiero estar sola! —No lo gritó, pero hundió su cabeza en la almohada, su mayor confidente los últimos días.
—Encerrada en esta habitación que huele tanto a café espeso y a postres gourmet con el "azúcar de nombre raro" no le sirves de nada.
La morena se retiró, dejando a la navegante de los Mugiwara con lágrimas y una sonrisa nostálgica en el rostro.
—El azúcar de nombre raro siempre me anima.
No soportó más y cerró la puerta, resbalando en ella hasta llegar al suelo y volver a llorar.
La madera le permitía sentir las vibraciones de los demás al pisar, y estando tan cerca de la enfermería sentía que había otra persona además de Chopper con la capacidad de caminar, pero no se sentía ni con ganas de pensar o averiguar quién le estaría ayudando al doctor. Sabía que tenía que ser ella la que estuviera allí, pero la culpa no le dejaba siquiera pisar la habitación en la que él estaba.
Y el llanto de tristeza pasó a ser de frustración al recordar lo ocurrido, al revivir aquella debilidad del momento, esa fragilidad con la que todo se había derrumbado. Miró hacia el techo, buscando recomponerse; al parecer el dolor de cabeza había regresado, y ahora iba acompañado de esas malditas nauseas que se habían presentado desde hacía unas horas.
—De verdad que doy pena... —suspiró—. Pero ya no hay nada que hacer... Nada más que esperar aquí... Y ver qué hace Chopper...
Respiró profundo, intentando que la vista no se le nublara y el mareo se pasara, aunque no resultó como esperaba.
No sabría decir cuánto tiempo pasó con la cabeza entre sus rodillas dobladas frente a su pecho hasta que unos ruidos la alarmaron viniendo desde la enfermería. Respiró hondo unas diez veces antes de tener el valor suficiente para salir de su habitación. Robin tenía razón, encerrada no podía ayudar a nadie.
—Aunque... ¿y si me quiebro frente a él? Chopper dijo que debíamos permanecer calmados...
—Navegante-san, estoy segura de que podrás hacerlo.
Robin se dirigía a la habitación donde ella había estado antes con un semblante que no ayudó a mejorar el ánimo de la más joven.
—Ya no estoy segura de nada...
Caminó hasta la enfermería y, sin tocar, entró, encontrándose con un rubio desesperado. Parecía ser que Sanji sufría bastante recostado en la camilla del lugar. Revolvía su cabello con impaciencia, llenándose de la sangre que no paraba de salir de sus oídos. Ante esto Chopper se encontraba ansioso, buscando qué hacer para conseguir calmarlo.
—¡Nami! —La voz del reno mostraba lo aliviado que se sentía de verla después de tanto tiempo—. Su adicción al tabaco nos está complicando mucho las cosas, no sé si...
Acercándose un poco más a la camilla, respiró hondo e, ignorando el comentario sobre los cigarrillos, dijo:
—Deberías sentarlo... Deja que te ayude.
Con sumo cuidado colocó su mano en la espalda del hombre y, haciendo movimientos circulares para tranquilizarle, comenzó a elevar su torso, por lo que el rubio volteó a verla extrañado.
—¿Estás cómodo así? —Iba a llamarle como siempre, pero se detuvo al recordar lo que eso podría provocar.
—Sí, gracias, señorita. Es usted muy amable. —Sintió cómo todo se venía abajo al ver la sonrisa sincera de Sanji, pero imitó el gesto sin dejar de acariciar su espalda—. Disculpe... ¿nos conocemos?
Aquello la superó, pero no iba a dejar que la venciera tan fácilmente. Se mordió el labio inferior y contuvo las lágrimas mientras parecía que el rubio seguía consciente de lo que ocurría, pero cuando apretó con una de sus manos su sien por el dolor, y con la otra sostuvo las de Nami, la joven no pudo contenerse y dejó salir un pequeño quejido, pero nada más.
El tiempo se le hizo eterno viendo al cocinero en ese estado, sufriendo tanto, y sin poder ellos hacer algo. Sanji comenzó a abrir los ojos, pero eso pareció alterarlo más. Soltó las manos de Nami e hizo presión a ambos lados de su cabeza, encorvándose para esconder la cabeza entre sus piernas ante la triste mirada de la navegante.
—¡Nami! Trata de calmarlo un poco, que no se tape los oídos. —Tardó un poco en reaccionar. Cuando lo hizo, lo primero que se le ocurrió fue abrazarlo, pero el rubio ni siquiera reaccionó, por lo que decidió tomar sus manos y alejarlas de sus oídos. En un principio se desesperó más, pero cuando la navegante comenzó a acariciar su cabello con las lágrimas retenidas, pareció calmarse un poco y dejar su cabeza descansar en el hombro de su amiga.
Hizo lo que estaba en su alcance para moverse lo menos posible y mantener la posición con el chico, que parecía estar quedándose dormido. Y aunque se mantenía quieta no podía evitar mirarle de reojo, queriendo verificar si la hemorragia de sus oídos se había detenido, pero sin resultado alguno.
Esperó así, con una rodilla apoyada en la camilla y un poco encorvada, hasta que sintió cómo la respiración de Sanji se volvía más profunda y pausada, mucho más tranquila de como había estado cuando entró al lugar.
—Creo que ya podemos recostarlo otra vez. —Volteó a ver a Chopper, quien asintió en su dirección.
—¿Pero… y si lo despierto? —Al pensar en aquello dejo su mano reposar sobre el cabello del hombre, preocupada—. Digo, sólo tú y yo...
—¿Quieres que llame a alguien más para ayudarnos? —Ella asintió y el encargado pareció recapacitar lo que decía—. Voy a ver quién está más cerca, espera.
Ella asintió sin dejar de acariciar el cabello de Sanji. Tenía miedo de despertarlo, de volver a verlo sufriendo tanto. Con Sanji dormido, se permitió dejar escapar unas cuantas lágrimas mientras lo apresaba más contra su pecho.
—Perdón, Sanji-kun.
El rubio comenzó a moverse en sus brazos, alarmándola, pero estaba tranquilo, acomodándose con la cabeza de lado en los pechos de la navegante.
—Nunca cambias. —Sonrió con cierta ternura y nostalgia, sabiendo bien que nada, nunca, volvería a ser como hasta su última escapada de la marina.
Prestó atención a los oídos de Sanji, llevándose la decepción de que, por lo mensos su oído izquierdo seguía sangrando un poco.
—¿Tuviste problemas?
—No, Chopper... Parece estar tranquilo, pero su oído...
—Tranquila, eso lo puedo controlar...
Observó por el rabillo del ojo los movimientos de su compañero, quien buscaba los instrumentos para detener la hemorragia.
—¿Para hacerlo necesitas que esté sentado?
—No, la verdad es que preferiría que se mantuviera recostado.
—¿Entonces... Quién nos va a ayudar? —El reno dejó un frasco en la mesita de noche que la joven tenía al lado, además de unas gasas—. ¿O es buena idea...?
—Zoro ya viene, dijo que quería dejar la comida hecha para que Luffy no la arruinara más de la cuenta. —La nariz de Nami se arrugó al recordar lo que comían hacía muchos años, cuando sólo eran tres en la tripulación.
Tres golpes secos en la puerta le sacaron de sus recuerdos, haciendo que volteara a ver a la entrada de la pequeña enfermería. El espadachín se acercó sin hablar, y entre los tres recostaron a Sanji, quien balbuceó entre sueños, pero no dio señas de levantarse, por lo que la navegante se sintió en la libertad de utilizar su antebrazo para secar las lágrimas que habían caído con rebeldía, además de permitirse inspeccionar el lugar en el que presentía pasaría bastante tiempo.
Observó los colores sobrios de las paredes, los libros que estaban en la estantería detrás del pequeño escritorio de Chopper, y los botes con plantas y líquidos medicinales que se exponían por todo el lugar.
Después de recorrerlo todo con la mirada se centró en observar a sus compañeros con detenimiento. No sabía bien cuántos días se había recluido en su habitación, pero si se guiaba por la fatiga de Chopper, diría que llevaba meses. Y si se guiara por la de Zoro, diría que un par de semanas. Se preguntaba cuánto calcularían los otros si observaran su rostro y sus facciones.
—¿Cómo lo viste?
—¿Eh? —Zoro le había hablado de repente, atacando por sorpresa sus pensamientos.
—¿Cómo lo viste? Es decir... ¿Qué pasó?
—Si supiera a ciencia cierta, te lo diría y trataría de hacer algo... Pero sólo sé que está sufriendo mucho.
—¿Es dolor? ¿Por el sangrado?
Nami negó, sin ganas de hablar del tema, mucho menos de explicar y pelear con el espadachín sobre la situación.
—Tal vez un cigarro no sea tan malo...
—¡No! Fumar es malo de por sí. En su situación actual es como caminar sobre una cuerda floja.
Sanji comenzó a moverse más inquieto y volvió a balbucear algo sobre comida, por lo que Nami se acercó a tratar de calmarlo mientras Chopper regresaba a sus anotaciones y libros.
—Volveré con Luffy.
La navegante lo miró de reojo, volviéndose después hacia Sanji para susurrarle al oído—: No nos dejes morir de intoxicación, ¿sí? Aunque por el momento te doy permiso de seguir durmiendo otro rato.
Rui-chan: Hola otra vez! Gracias por regresar a leer el segundo capítulo, esperamos que les haya gustado, y se hayan quedado con ganas de leer el que sigue. En cuanto a Lucky-chan respecta, gracias por ser el primer review, y por las sugerencias que nos diste. Más adelante las descripciones se irán haciendo más detalladas, para generar ese ambiente del que hablas.
Nuevamente, gracias a todos por leer. Siéntase libres de hacernos sugerencias, y mostrarnos los fallos que pudimos haber cometido. Nos vemos el viernes!
Yume!: Hola! Primeramente, gracias por seguir leyendo. Esperamos que sigan leyendo y les guste.
Gracias a Lucky-chan por el comentario y la sugerencia, ya después los espacios se describen más para darle mejor ambiente.
Gracias a todos por leer, cualquier sugerencia u opinión es bienvenida. Los esperamos para el siguiente capítulo!
