hooola estoy alegre x esos 2 reviews jeje aunke espero mas conforme esta historia avance..
recuerden deke nada me pertenece
Capitulo 2
Cuando Jasper entró en la habitación, vio a su hermano tendido en la alfombra turca, tocando la abundante cabellera negra de Alice. Tenían las caras muy juntas y sonreían. Sus cuerpos se rozaban levemente. Jasper apretó la mandíbula y se puso muy rígido.
- Siento interrumpir.
Al oír su voz, Emmett miró lánguidamente por encima del hombro y Alice cuadró los hombros. Jasper era exactamente igual que lo recordaba. Tenía un pelo espeso y rubio que se le rizaba a la altura del cuello y por encima de las orejas. No sonreía, y raramente lo hacía delante de ella, de modo que su rostro poseía una belleza un tanto rígida. La realeza le sentaba bien. Aunque le costara, Alice tenía que reconocerlo. Jasper habría podido ser uno de los príncipes retratados en los cuadros que había visto en la galería del palacio, con sus altos pómulos cincelados y su piel tostada y tersa. Sus ojos eran negros, casi tan negros como su caracter, y tan severos como su boca esculpida y carnosa, que en ese momento estaba tensa, formando una línea recta. Estaba, como siempre, marcialmente tieso e impecablemente vestido.
Alice tuvo ganas de reír y se sintió cansada por el viaje y tonta.
- Alice me estaba dando otra lección de artes marciales -Emmett se levantó y, tomando a Alice de la mano, la ayudó a levantarse-. He vuelto a quedar segundo. Otra vez.
- Ya lo veo -su inclinación de cabeza resultó formal y pulcramente cortés-. Señorita Brandon.
Ella hizo una leve reverencia, pero esa vez no había ningún fulgor travieso en su mirada.
- Alteza.
- Siento no haber podido ir a recibirla al aeropuerto. Espero que el vuelo le haya resultado agradable.
- Delicioso.
- Quizá quiera refrescarse un poco antes de que hablemos del motivo por el que la hice llamar.
Ella alzó la barbilla. Jasper esperaba que lo hiciera. Alice se inclinó levemente y recogió el pequeño sobre que había dejado sobre el sofá.
- Preferiría que discutiéramos cuanto antes ese asunto.
- Como guste. Subiremos a mi despacho. Emmett, ¿no tenías que dar hoy un discurso en la Sociedad Ecuestre?
- Sí, dentro de un par de horas -él se giró y le dio a Alice un afectuoso beso en la nariz, haciéndole un guiño que solo ella pudo ver y entender-. Te vere en la cena. Ponte algo arrebatador, ¿quieres?
- Naturalmente -pero su sonrisa se desvaneció al volverse hacia Jasper -. ¿Majestad?
Inclinando la cabeza, él le indico que saliera del salón.
Subieron las escaleras en silencio. Jasper estaba enojado. Alice era lo bastante perspicaz como para saberlo, aunque no supiera cuál era el motivo de su enojo. Aunque habían pasado dos años desde la última vez que se vieron, el príncipe parecía sentir hacia ella el mismo envarado recelo que le había demostrado siempre. ¿Sería porque era americana?, se preguntaba ella. No, Edward Masen era americano y se había casado con la hermana de Jasper. ¿Sería tal vez porque se dedicaba al teatro?
Alice esbozó una leve sonrisa al pensarlo. Aquello sería muy propio de él. El Círculo de Bellas Artes de Cordina albergaba uno de los mejores teatros del mundo, pero Jasper gustaba de mostrarse desdeñoso con las gentes de la farándula. Echando la cabeza hacia atrás, Alice entró en el despacho delante de él.
-¿Café?
- No, gracias.
- Por favor, siéntese.
Alice se sentó, pero mantuvo la espalda derecha como un palo. El despacho se parecía a él, con su estilo elegante y conservador. Allí no había colgaduras, ni volantes. Solo olía a café y a cuero. Los muebles eran antiguos y relucientes. La alfombra, gruesa y desgastada por el tiempo. Altas puertas de cristal daban a un balcón, pero permanecían cerradas, como si Jasper no tuviera deseos de oír el sonido del mar, o de aspirar la fragancia del jardín.
Alice no se dejaba intimidar por los signos de la riqueza. Había nacido en el seno de una familia acaudalada y más tarde había amasado su propia fortuna. Era la formalidad de aquel encuentro lo que la hacía sentarse rígida y tensa, como si esperara un ataque.
- ¿Su hermana se encuentra bien? -Jasper sacó un cigarrillo y luego alzó una ceja.
Alice asintió y esperó a que él encendiera una cerilla.
- Está muy bien. Piensa pasar una temporada con Bella y su familia cuando regresen a América. Emmett me ha dicho que uno de los niños está enfermo.
- Dorian. Está resfriado -por primera vez, su semblante se suavizó. Entre los hijos de su hermana, el menor era su preferido-. No hay forma de hacerle guardar cama.
- Me gustaría ver a los niños antes de irme. No los he visto desde que bautizaron a Dorian.
- De eso hace dos años -Jasper se acordaba, quizá demasiado bien-. Estoy seguro de que podremos arreglarlo todo para que visite la granja -sus labios se curvaron, y se echó hacia atrás. Ya no era el tío indulgente, ni el amigo ocasional, sino el príncipe-. Mi padre está de viaje. Le envía recuerdos, por si acaso no regresa antes de su partida.
- Leí que estaba en París.
- Sí -él cerró la puerta de los asuntos de estado sin haber llegado a abrirla siquiera-. Le agradezco que haya venido, porque en estos momentos me resultaba imposible salir de viaje. ¿Mi secretario le explicó mi propuesta?
- Sí, así es -negocios, recordó Alice. Se habían acabado los cumplidos-. Quiere usted que traiga a mi compañía a Cordina para actuar durante un mes en Círculo de Bellas Artes. Las funciones serían a beneficio de la Asociación de Ayuda a los Niños Discapacitados.
- Exacto.
- Perdóneme, Alteza, pero tenía la impresión de que era la princesa Bella quien se ocupaba de esa fundación.
- Y así es. Yo soy el presidente del Círculo de Bellas Artes. Mi hermana y yo trabajamos juntos en esto -dijo él escuetamente-. Bella vio actuar a su compañía en América y quedó impresionada. Piensa que, dado que Cordina posee fuertes lazos de unión con Estados Unidos, el hecho de que intérpretes americanos actúen en nuestro país ayudará a atraer donativos que tanto necesita la fundación.
- Así que esto es idea de la princesa Bella.
- Una idea que, tras largas conversaciones y después de mucho pensarlo, he decidido aceptar.
- Ya veo -una uña redondeada empezó a tamborilear sobre el brazo de la silla-. Creo entender que tenía usted ciertas reservas.
- Nunca he visto actuar a su compañía -él se reclinó ligeramente en la silla y exhaló el humo del tabaco-. En el Círculo han actuado antes otros artistas americanos, naturalmente, pero nunca durante tanto tiempo, ni como preludio al baile de la fundación.
- Quizá prefiera hacernos una prueba.
Los labios de Jasper se relajaron ligeramente en una sonrisa.
-Se me ha pasado por la cabeza.
- Será mejor que no -ella se levantó, y notó con agrado que los buenos modales obligaban al príncipe a levantarse también-. La compañía Brandon se ha ganado en menos de cinco años el respeto del público y de la crítica. Nuestra reputación hace superflua cualquier prueba, en su país o en cualquier otro. Si decido traer mi compañía a Cordina, sería por respeto hacia Bella y hacia la fundación.
Él la observaba mientras hablaba. Había cambiado en aquellos siete años. Había pasado de ser una muchacha inocente a ser una mujer segura de sí misma. Y, sin embargo, por extraño que pareciera, estaba aún más bella. Su tez era blanca, sin mácula, con pinceladas de rosa en lo alto de los pómulos. Su rostro tenía la forma de un diamante y una belleza semejante a la de esa gema, con su hermosa boca carnosa y sus enormes y poéticos ojos grises. Una abundante melena negra, algo desordenada por el viaje, enmarcaba aquel rostro, cayendo sobre sus hombros y más abajo.
El enojo la mantenía rígida, pero su cuerpo era delicado, o eso parecía. Jasper se preguntaba, quizá demasiado a menudo, cómo sería sentir aquel cuerpo contra el suyo.
A pesar de su irritación, la voz de Alice tenía el lento deje texano que Jasper había aprendido a reconocer. Aquella voz sopló suavemente sobre su piel, hasta que los músculos de su estómago se contrajeron. Jasper apagó el cigarrillo lentamente, recurriendo al dominio de sí mismo que tanto le había costado desarrollar.
- ¿Ha terminado, señorita Brandon?
- Alice, por el amor de Dios. Hace años que nos conocemos -exasperada, ella se acercó a las puertas del balcón y las abrió de par en par. Mirando hacia fuera, no notó que Jasper alzaba las cejas, asombrado ante aquella súbita ruptura del protocolo, ni que lentamente sonreía.
- Alice -dijo, dejando que su nombre quedara suspendido en el aire un momento-. Creo que no nos hemos entendido bien. No pretendo juzgar a su compañía. Eso sería difícil, porque, como he dicho, nunca los he visto actuar.
- Y, a este paso, nunca lo hará.
- Si así fuera, mi hermana se pondría furiosa. Y yo preferiría que eso no ocurriera. Siéntese -al ver que ella se limitaba a darse la vuelta y a mirarlo, Jasper reprimió su impulso de darle una orden y señaló la silla-. Por favor.
Ella obedeció, pero dejó las puertas abiertas. Se oía suavemente el mar. Del jardín ascendía un olor a rosas, a vainilla y a lavanda.
- Ya estoy sentada -dijo ella, y cruzó las piernas.
Él desaprobaba su desparpajo. Pero admiraba su independencia. En ese momento, no sabía cómo conjugar ambas cosas. Pero sabía que, como siempre, Alice agitaba en su interior algo más que un tibio afecto. Lentamente, volvió a tomar asiento y la miró a la cara.
- Como miembro de la familiar real y presidente del Círculo de Bellas Artes, es mi obligación elegir con extremo cuidado a la hora de seleccionar a los artistas que habrán de actuar. En este caso, confío en el juicio de Bella y quisiera que pudiéramos llegar a un acuerdo.
- Podría ser -Alice era, ante todo, una empresaria. Los sentimientos personales nunca habían interferido en sus decisiones-. Tendré que volver a ver el teatro para inspeccionar las instalaciones. Y quiero que se me garantice por contrato que tanto mi compañía como yo dispondremos de libertad artística... y de alojamiento adecuado durante nuestra estancia en Cordina. Dado que las funciones serían benéficas, estoy dispuesta a negociar la paga y los gastos. Sin embargo, en el terreno artístico, no hay negociación posible.
- Me encargaré de que le enseñen las instalaciones. Los abogados del Círculo y los suyos se ocuparán del contrato. En cuanto al terreno artístico -extendió las manos sobre la mesa-, dado que usted es la artista, respetaré su criterio, pero no estoy dispuesto a ponerme ciegamente en sus manos.
La idea es que su compañía represente cuatro obras, una cada semana. El material tendrá que ser aprobado por el Círculo.
- O sea, por usted.
Él se encogió de hombros altivamente.
- Como guste decirlo.
A ella no le gustaba de ninguna de las maneras, y no se molesto en ocultarlo.
- ¿Está usted cualificado?
- ¿Disculpe?
- ¿Qué sabe de teatro? Usted es un político -dijo con un ligerísimo deje de desprecio-. ¿Por qué iba a traer mi compañía hasta aquí, a miles de kilómetros de mi país y por la mitad de lo que ganamos normalmente, para que usted seleccione el material que vamos a representar?
A Jasper siempre le había costado refrenar su ira. Largos años de dedicación y esfuerzo le habían enseñado a canalizarla. Y eso fue lo que hizo en ese momento, sin apartar la vista de ella.
- Porque actuar en el Círculo de Bellas Artes de Cordina por petición de la familia real sería un honor y porque sería una estupidez rechazarlo -se inclinó hacia delante-. Y no crea que sea usted una mujer estúpida, Alice.
- No, no lo soy -ella volvió a levantarse, esta vez lentamente, y esperó a que él se pusiera en pie al otro lado de la mesa-. Primero veré el teatro y me lo pensaré antes de consultarlo con los miembros de mi compañía.
- Pero usted dirige la compañía, ¿no?
Ella ladeó la cabeza y un mechón de pelo le cayó sobre uno de los ojos. Se lo apartó con las puntas de los dedos.
- Olvida usted que América es una democracia, Majestad. Yo no impongo decretos. Si las instalaciones me parecen las apropiadas y mi compañía está de acuerdo, hablaremos del contrato. Ahora, si me perdona, me gustaría deshacer la maleta y cambiarme antes de la cena.
- Haré que le muestren sus habitaciones.
- Sé dónde están -ella se detuvo en la puerta, se dio la vuelta e hizo una altiva reverencia-. Alteza.
- Alice -Jasper vio que alzaba el mentón. Algún día, pensó, alguien le bajaría los humos-. Bienvenida a Cordina.
Ella se dio la vuelta haciendo una mueca.
espero les haya gustado el 2do cap de esta preciosa historia ke apenas sta comenzando jejejeje
espero muuchos reviews jejejee
byee
