Capitulo 2: el karate como forma de vida. (Sumika POV)

Sinceramente no sé cómo llevar este entrenamiento si tengo mi mente en lo que casi ha ocurrido hace una hora. Kazama y yo casi nos besamos, no puedo creérmelo. Lo había hecho a posta, se estaba acercando a mí y yo me acercaba a ella. Simplemente no puedo creer que lo que estaba esperando desde hace años casi sucediera hoy.

-Buenas tardes- saludé a los alumnos que contestaron con una reverencia- hoy Murasame-sensei no podrá dar la clase, así que me ha dejado a mí al cargo - miré de soslayo a Kazama y noté una mirada extraña que me hizo sonrojar y por lo tanto me quedé en shock. Me estaba mirando de una forma que nunca antes había visto en ella. Parecía, no sé, ¿Deseo? No. Imposible. Otra de mis fantasías se estaban formando en mi mente, seguro que era eso.

-Murasame-sama- uno de los estudiantes me llamó la atención, agité la cabeza antes de contestarle. Tenía que concentrarme, no podía dejar que la presencia de Kazama me impidiera dar la clase.

-Empecemos con el calentamiento- me quité las gafas y me acerqué a donde estaba Kazama mientras que el resto de la clase comenzaba a correr.

-Hola Sumika-sensei- dijo de forma bromista con una sonrisa que me obligó a sonreírle abiertamente.

-¿Me sujetas las gafas por favor?- le pregunté ofreciéndoselas, ya veía borroso pero podía distinguir el brillo inacabable de sus ojos.

-Sí, claro Sumi-chan- iba a girarme cuando me sujetó el brazo-Espera, tienes el karategui mal puesto- noté como agarró las dos solapas del karategui y los cruzó. Supuse que con las prisas no me colocaría bien la ropa. Estaba mirando la cara de concentración de Kazama, cuando noté que algo me rozaba el pecho derecho. La cara de Kazama se sonrojó como nunca antes y la mía más aún- lo siento Sumi-chan, fue sin querer- se la veía apurada, yo estaba nerviosa y notaba un extraño cosquilleo en la parte del bajo vientre que solo surgía con ella.

-No te preocupes Kazama, son... Son cosas que pasan- me volví a dirigir al grupo completamente sonrojada. Y es que me había rozado un pecho, su mano había rozado mi pecho.

Me acerqué al grupo y encabecé la carrera con un trote moderado. Ese día estaban ocurriendo demasiadas cosas para que mi corazón y mi salud mental resistieran. Después los estiramientos. Primero casi me besa, ahora me roza el pecho. ¿Qué será lo siguiente? No podía olvidarme de ningún músculo ni articulación. Además esa manera que tiene de sentarse a lo seiza, mostrando parte de sus muslos con la falda, dentro de poco me sangrará la nariz. Aún recuerdo cuando me desguincé el tobillo por no haber estirado lo suficiente antes de entrenar. Agité mi cabeza de lado a lado para evitar seguir pensando en aquello y concentrarme en el entrenamiento.

- Bien, vamos a practicar varias katas y después haremos combate por parejas- después de dar la orden todos se colocaron en cuatro filas y yo encabecé la kata. Nos colocamos mirando hacia el espejo que ocupaba toda la pared de un lateral. Allí estaba Kazama sentada a lo seiza, aunque la veía borrosa me la imaginaba como todas las veces que la he visto así antes. Y el efecto era el mismo que verla con gafas puestas. Tragué saliva y suspiré. Comencé la kata y todos me siguieron.

Después de varias katas y antes de comenzar a combatir la puerta del dojo se abrió muy ruidosamente. Así dejaron entrar a tres hombres corpulentos y altos, vestidos con karategui. Me giré instintivamente y comencé a acercarme.

-¿Quienes sois? ¿Qué queréis?- pregunté acercándome a ellos cada vez más con paso firme. Al pasar al lado de Kazama hizo un amago de acercarse a mí, pero le hice una seña con la mano indicándole que se quedara en su sitio.

-Soy Matsuda Shinoki- comenzó avanzando un paso-heredero del dojo Katana de Acero, y vengo a retarte a un combate- concluyó a lo que todos los presentes clamaron un "oh" profundo. No entendía por qué tenían tanto afán con combatir, se suponía que el karate era un deporte para defensa, no para combatir con el primero que se presente.

-¿Se puede saber por qué quieres retarme a un combate?-rodé los ojos y pregunté sonoramente mientras cruzaba los brazos y me erguía con toda mi altura, y fue allí cuando me di cuenta de que a pesar de mi gran altura siendo una chica, el heredero del otro dojo me superaba en casi diez centímetros.

-Tu padre, Murasame-sensei, insultó el honor de mi dojo- comenzó a explicar amenazándome con el dedo índice- ¡Y no pienso consentir eso!- acabó mientras los otros dos que venían con él le ovacionaban. Definitivamente mi padre era un bocazas. Me metía en varios líos por sus meteduras de pata.

-En ese caso, creo que lo más conveniente seria combatir en la competición de dentro de una semana- aclaré sin moverme casi nada- así habrá un árbitro neutral y varios testigos más- acabé señalando con el dedo pulgar derecho hacia atrás, donde estaban todos los alumnos del dojo de mi padre.

-No me parece mal- accedió más para si mismo que para el resto, aunque alzó la mirada hacia mi persona- pero el ganador tendrá derecho de atizar un golpe al perdedor, y este debe dejarse golpear- varias voces dieron un grito ahogado entre la que distinguí la voz de Kazama, ¿Desde cuando estaba detrás mía?- además si gano Murasame-sensei debe darnos una disculpa públicamente- fruncí el ceño mirándolo altiva y pensativa.

-Está bien, trato hecho- aclaré ofreciéndole mi mano para cerrar el trato, él a su vez la miró con cierto asco y justo después le dio un manotazo casi a la par que me golpeaba la mejilla con su puño derecho. Como no me esperaba tal golpe casi me desequilibré e instintivamente coloqué mi mano izquierda en mi mejilla, Kazama ya estaba a mi lado con expresión preocupada, mientras que el resto de los alumnos intentaron abalanzarse sobre el otro karateca- ¡Quietos!- obedecieron al instante.

-Así es como cerramos los tratos en mi dojo Murasame-san- concluyó con una sonrisa maliciosa justo antes de salir del dojo.

-¿Estás bien Sumi-chan?- me preguntó Kazama mientras miraba mi labio, pues parte del golpe lo había recibido allí y se estaba hinchando.

-Sí, tranquila- al ver la cara de Kazama me comencé a asustar. Fue entonces cuando noté un líquido cálido caer por mi labio hacia mi barbilla. Llevé los dedos allí, estaba sangrando, ahora entendía la cara de miedo de Kazama- Muchachos, se acabó el entrenamiento- sentencié sin mirar a los alumnos y comencé a caminar para salir del dojo.

Una vez que entre en mi casa de nuevo fui al baño sin dejar de maldecir a mi padre por tener una boca tan grande, me enjuagué la herida en el lavabo y miré mi reflejo en el espejo suspirando.

Tres golpes en el marco de la puerta del baño me sobresaltaron, Kazama estaba allí con una expresión de preocupación que incluso empezaba a asustarme.

-¿Estás bien Sumi-chan?- dio un paso adelante ofreciéndome las gafas. Ni siquiera recordaba que las tuviera ella. Las cogí de sus manos intentando sonreírle, pero me dolió el labio y acabó siendo una mueca de dolor- ¿Te duele mucho?- preguntó con los ojos casi llorosos, cosa que me preocupó demasiado.

-No, estoy bien- intenté restarle importancia, odiaba que llorara por mi culpa- tranquila.

-A ver- se acercó aún más a mí, y me agarró la barbilla con su mano izquierda, sentí un cosquilleo en el estómago ante ese contacto- déjame curarte un poco- acabó sonriéndome de esa manera que solo ella sabe hacer. Me agarró la mano y me guió hasta la cocina donde me senté- Abre las piernas- abrí los ojos como platos y montones de fantasías llegaron a mi cabeza al oír esa petición, no pude evitar sonrojarme y cuando me miró a la cara ella también se sonrojó- Es para curarte mejor- al parecer se había dado cuenta de como había sonado. Se acercó a mí dubitativa y se colocó de pie entre mis piernas- Levanta la cara, por favor- roció un trozo de algodón con alcohol y me lo puso en el labio, ante eso me quejé un poco- ¿Qué vas a hacer?- preguntó sin mirarme a los ojos. Dudó un poco antes de preguntar, aunque su ceño fruncido demostraba lo concentrada que estaba en su tarea.

-¿Con qué?- pregunté sin mover los labios.

-Con el combate- aclaró dando un último golpecito en mi labio con el algodón y justo después clavó sus ojos pardos en los míos- ¿Tendrás cuidado verdad?- se agachó de cuclillas apoyando sus codos en mis rodillas.

-Claro que sí- no podía despegar mis ojos de los suyos, me estaba hipnotizando como solo ella podía hacer. Noté que me empezaba a acercar a ella y cuando reaccioné no pude evitar soltar una risa nerviosa- No te preocupes Kazama, ganaré seguro.

Kazama sonrío tiernamente y se levantó para acercarse al fregadero. Se apoyó un momento con ambas manos en la encimera y después de unos segundos que me llenaron de tensión se giró tan rápido que me sorprendí.

-¿Te apetecería venirte a dormir a mi casa?- me sonrojé ante su petición y sobretodo al ver sus mejillas sonrosadas, ante su hechizante sonrisa no pude hacer otra cosa que asentir.