El Baño…

El sol decae en el horizonte, bosteza al exhalar un rojo aliento y esconderse en el horizonte de concreto. Watari se despide de Tsuzuki quien le agradece por la ayuda. Muraki está frente a la mesa, toma gustoso su té en una taza de plástico con un conejo sonriente pintado, saborea la dulzura de las galletas, le hace feliz estar junto a aquel hombre de ojos violetas.

Tsuzuki se sienta frente a Muraki, le sonríe al proponer:

— Un baño te sentaría bien, debes estar cansado. — Muraki se niega:

— No, quiero jugar contigo.

— Pero primero báñate. — Insiste. Hay un tenue silencio, se miran al lanzarse un reto. Piensa al esbozar una sonrisa luminosa en su rostro. — Así deberás irte pronto. — El niño se dice en su mente:

— No me baño… no me baño… no me baño… — Tsuzuki vuelve a hablar.

— Yo tallaré tu espalda…

— NO… NO ME BAÑO… NO ME BAÑO… NO ME BAÑO… —

El castaño toma a Muraki en brazos, lo pone sobre su hombro derecho al llevarlo colgado. El niño patalea, se retuerce y grita:

— NO… NO… BAÑO NO… BAÑO NO… NOOOOOOOOOOOOO… — Siente como la sangre se agolpa en su cabeza y nariz. Se calma un poco, advierte como algo líquido y transparente emerge de su nariz. Lleva su dedito índice para capturar su moco — Bonito… —

Tsuzuki abre la puerta del baño, pone al infante en el suelo, observa como el niño hurga su nariz cosa que casi le hace dar un infarto, luego lo piensa y suelta una fuerte carcajada. Muraki se detiene al preguntar:

— ¿Por qué te ríes?

— Nada… — Jamás pensó ver a Muraki sacándose los mocos, pero todos fuimos niños, en algún momento de nuestra vida llegamos a hacerlo; sin importar que el recatado, refinado, sexy doctor sea uno de los hombres más atractivos que existen. — Desvístete y metete a la tina.

— Noooooooooooooooooo…

— ¡Yo lo haré! —

Tsuzuki comienza a desvestir al niño, al menos lo intenta. El pequeño forcejea, le tira manotazos y mordidas a demás de correr por todo el baño. El castaño lo persigue, lucha por lograr su objetivo, logra quitarle la playera al pequeño. El ojivioleta abraza a Muraki al capturarlo, pero pisa el jabón que en la persecución tiró y ambos caen al agua.

El shinigami cierra los ojos al suplicar:

— Que no me haga anda… que no me haga anda… que no me haga nada… — Pero al pasar los minutos no siente cambio en el doctor, al contrario escucha un sollozo. Abre un ojo y mira al niño que talla sus ojos, tiembla e intenta no llorar, pero no puede contenerte y se tira al llanto. — Calma… —

Muraki no hace caso de las palabras de Tsuzuki que trata de calmarlo. El Shinigami se levanta, pone al niño en la tina, al no ver que esté dispuesto a callarse lo abraza con fuerza al decirle:

— Tranquilo… yo… estoy… contigo… —

El niño mira con sus ojos rojos, llenos de lágrimas y tristes al hombre, después intenta rodearlo con sus brazos; pero la ancha espalda de Tsuzuki es mucho para sus cortos brazos. Se quedan abrazados unos momentos, antes de que Muraki se separe para quitarse los pantalones mojados para bañarse.

Tsuzuki toma la esponja para tallar la espalda blanca y suave de su enemigo, el niño está feliz y juega con el agua mientras moja al hombre. Se escucha alguien tocar la puerta, golpea con furia. El shinigami le dice al niño:

— No tardo… voy a abrir… — Él se levanta pero el niño le toma la mano al pedir con tiernos ojos, esos que sólo los niños saben hacer y con los que consiguen todo:

— No me dejes solo… —

El hombre trata de negarse pero no puede, cubre con una toalla a Muraki, lo carga y va a abrir. Un frío hombre de ojos azules, traje pulcro y de postura correcta se acomoda los lentes, ve a Tsuzuki con severidad al exigir:

— ¿Por qué no me lo dijiste? — Da un paso y descubre la cabellera del enemigo.

— Tatsumi… este… yo… pensé… que tú… — Balbucea Tsuzuki. — yo… pues…

— Tenemos que resolver esto. — Comenta para indicarle a su amigo que le deje entrar.

— Pasa Tatsumi. —

Muraki se aferra al cuello de Tsuzuki, le molesta la severa mirada de Tatsumi. El shinigami de ojos violetas trata de separar al niño:

— Te dejaré en la habitación para que te vistas. — Muraki se aferra más a él, dice de forma contundente:

— No.

— Pero… — Tatsumi interviene al acomodarse las gafas:

— No te preocupes, seré breve. — Hace un contacto mental. — Ya verás en la oficina Tsuzuki. — El ojivioleta traga saliva ante la amenaza.

Tatsumi toma asiento frente a la mesa y Tsuzuki, entrelaza sus dedos y comenta como si Muraki fuera un niño "normal", toma en cuenta lo que le explicó Watari después de un interrogatorio rígido:

— Tsuzuki no puedes quedarte con este infante, no se trata de una mascota que encontraste.

— Pero…

— Nada de pero. Mañana lo llevarás a las autoridades correspondientes o tu sueldo resentirá tu desobediencia.

— Míralo… No le hará daño a nadie.

— Tú no puedes tener alguien a tu cargo, pues ni puedes cuidarte solo. —

Muraki hace un puchero, se aferra a Tsuzuki al comenzar a asomarse lágrimas en sus ojos. Tatsumi trata de separar al enemigo de su amigo pero el niño grita:

— NO QUIERO… NO QUIERO… NO QUIERO… NO QUIERO… — Llora. — ¡ERES MALO! —

Tatsumi siente como si su mejilla derecha temblara bajo su párpado, piensa que Muraki está haciendo una actuación estupenda.

— No lo permitiré.

— ¡ZUKI BUENO!… — Muraki no puede pronunciar el nombre de Tsuzuki. — ¡TÚ MALO!

— Muraki deja de fingir. — Tsuzuki interviene:

— ¡Basta los dos! Me lastiman… — Trata de evadir la situación. — Mañana lo decidiremos. — Tatsumi impone:

— Yo me quedaré aquí. —

Tsuzuki no debate pues correría riesgo su salario, le dice a su amigo:

— Voy a buscarle ropa para que se la ponga. —

Tatsumi mira como su amigo se marcha con la amenaza en brazos, le desagrada la situación, además la casa de Tsuzuki no es la más arreglada y pulcra. Acomoda sus lentes antes de poner un poco de orden en el lugar. Mientras tanto en la habitación, Tsuzuki observa que su ropa es muy grande para Muraki en estos momentos, así que toma una playera amarilla con una carita feliz y se la da a su (ahora) pequeño enemigo, le indica lleno de comprensión:

— Ponte esto, yo pondré a secar tu ropa. —

El shinigami de ojos violetas pensó que no necesitaría más ropa, pues la magia del geniecillo se diluía con el agua, pero en Muraki no pasó nada; además él aún estaba mojado. Cierra la puerta para atender a su amigo y jefe Tatsumi. Ve a Tatsumi dirigirle en la mirada el reproche.

Muraki ve como la puerta se cierra, tiene entre sus manos la playera, se abraza al sentirse solo y abandonado, cierra sus párpados al comenzar a temblar, no quiere llorar pero es una sensación incontrolable. Las lágrimas se escurren por sus mejillas, carrerean hasta explotar en el piso. Él se pone la playera con velocidad, corre a la puerta, la abre y sale corriendo al llamar:

— ¡ZUKI!… —Se abraza al Shinigami, le intenta rodear las piernas al aferrarse como si de eso dependiera su vida, llora con fuerza. Tatsumi al ver aquello siente como si fuera una señal del fin del mundo, o algo peor, se interroga en silencio:

— ¿Muraki llorando? Y de esa forma tan poco elegante. —

Tsuzuki le acaricia la cabeza del pequeño, le asegura con suaves palabras:

— Aquí estoy, no me voy a ir. — Muraki se calma un poco, mientras la playera le cubre hasta los pies. — Mientras estés así yo te protegeré. — Tatsumi tose:

— Yo no lo permitiré. — Muraki le dice a Tsuzuki:

— Él es malo. — Tatsumi recrimina:

— No tiene la calidad moral para decir eso. — Tsuzuki intenta desviar la atención:

— ¿Quieren comer algo? — Muraki grita:

— ¡SÍ! — Tatsumi se dice:

— Muraki feliz por comer… creo que estoy en un universo paralelo, tal vez una dimensión posible sin poder regresar a mi mundo. —

Muraki suelta a Tsuzuki para dejarlo caminar, intenta ir tras él pero el hombre le dice:

— Quédate aquí, no me tardo. —

El niño se detiene, queda parado poco convencido de la compañía, mira como el hombre se aleja y una mirada pesada sobre sus espaldas. Tatsumi lo inquiere, estudia y desaprueba, indaga con severidad:

— ¿Qué te propones? — Muraki pregunta sin comprender lo que dice el mayor:

— ¿De qué?… — Tatsumi extiende la interrogante:

— ¿Por qué hiciste esto?

— ¿Qué? —

Tsuzuki llega e interrumpe el interrogatorio, pone sobre la mesa una charola con té y galletas. Tatsumi rechaza:

— Gracias, pero me abstengo. — Muraki toma las galletas, comienza a comer gustoso al disfrutar el dulce. Tsuzuki dice algo dolido:

— Rechazas el té que yo hice… eres malo Tatsumi. — El secretario es rotundo.

— Quemas hasta la ensalada. Eres un fracaso en la cocina. — Tsuzuki adopta su forma chibi al gritar y soltar caudales de lágrimas:

— ERES MALO CONMIGOOOOOOOOOOOO… NADIE ME QUIEREEEEEEEEEEEEEEEE… — Se levanta para salir corriendo. — TATSUMI TIENES LA SANGRE VERDE… —

Muraki está desconcertado por ese cambio tan abrupto. Se escucha alguien llamar a la puerta. Tatsumi se levanta para atender el llamado ya que Tsuzuki aún berrea. Al abrir ve a Hisoka acompañado por Watari que sufrió otro interrogatorio, los deja pasar. El ojiverde y el ojiazul se saludan con formalidad, mientras Watari entra como si se tratara de su casa.

Tsuzuki deja de llorar cuando ve al rubio y retoma su habitual forma de ser. Watari saluda a Muraki, como si se tratara de cualquier crío. Hisoka entra y ve a su compañero, el científico y al infante que extrañamente le evoca terribles recuerdos. Tatsumi comprende que la situación no es relajada, pues si Hisoka se entera podrían pasar muchas cosas, se adelanta a cualquier imprevisto:

— Tsuzuki lleva al infante a dormir, pues todos los niños ya deberían estar soñando. — Hisoka siente que aquello va en parte para él también. Tsuzuki se levanta, toma de la mano a Muraki y se van a la habitación. — Por cierto cámbiate o pescarás un resfriado, y no justificaré tu holgazanería. —

El chico de ojos violetas no discute, se despide momentáneamente:

— Buenas noches, nos vemos al rato. — Watari decide acompañar a Tsuzuki para no volver a ser presa del maltrato de Tatsumi o Hisoka.

El secretario y el chico se quedan a solas. Hisoka se aventura al investigar:

— ¿Quién es ese niño? No creo que sea Muraki. — Tatsumi siente un cosquilleo en su espalda al escuchar aquello, conserva la compostura al responder:

— Es un niño que Tsuzuki se encontró.

— ¿Es su mascota?

— Eso debes preguntárselo. Me quedaré aquí para cuidar a Tsuzuki y al niño, pues el primero no puede cuidarse solo. Hisoka ve a casa, mañana tienes que trabajar. —

El chico no desaprovechará la oportunidad de estar en la casa de Tsuzuki, bajo el mismo techo, además e que es sospechoso todo aquello; sin embargo si esa personita resultaba ser Muraki ese lugar sería el más peligroso del universo.

Tsuzuki recuesta al niño en el fudo (la cama donde duermen los japoneses, no sé si así se escribe xp), lo arropa, le sonríe al decirle:

— Me voy a cambiar al baño. — Lo cierto es que no desea que Muraki lo vea desnudo, darle esa oportunidad a ese villano sería como una invitación. — Espérame. — Muraki se sienta, pide con ojitos tiernos:

— Cámbiate aquí. — Tsuzuki siente un escalofrío en su espalda, insiste en marcharse:

— No lo creo. — Muraki tapa su rostro con el edredón, asegura:

— Me taparé, cerraré los ojos y juro no ver. — Tsuzuki suspira derrotado:

— Está bien. —

Tatsumi ya ha ordenado todo, la forma en que todos se acomodarán y sea una noche tranquila. Cada uno se recuesta donde le ha tocado, saben que lo más probable es que Tsuzuki esté dormido.

Tsuzuki terminó de cambiarse, le dice a Muraki:

— Recuéstate. — El niño pide:

— Duerme conmigo… ¿Sí? — De nueva cuenta el Shinigami no puede negarse a la mirada inocente y tierna de un niño. Se recuesta junto al chavalito, lo abraza y deja que el pequeño se acurruque entre sus brazos y se recargue en su pecho.

Murakito siente la calidez del hombre, la protección de esa persona, un alivio y confianza. Mira con atención ese rostro dulce, hermoso y en apariencia incapaz de esbozar odio. Pregunta nervioso:

— ¿Hice algo malo? — Tsuzuki se sorprende ante el cuestionamiento, trata de indagar un poco.

— ¿Por qué lo preguntas?

— No puedo recordar nada… pero siento algo que me dice que sí.

— Tú no… — El niño se aferra más a Tsuzuki.

— ¿Me quieres? — El Shinigami curvea sus labios, no sabe si un niño le pregunta eso o cierto doctor acosador. Se arriesga:

— Sí, — Se apresura a decir. — eres un niño bueno. —

El infante parece estar satisfecho con esa respuesta, se permite caer en los brazos del rey de los sueños, descansar un rato para recuperar energías. Tsuzuki por su parte trata de no dormir, reza para que Muraki no lo agarre e intente hacer con él lo que quiera, como en la pesadilla que tuvo una ocasión. El Shinigami siente sus párpados pesados, comienza a caer presa del sueño sin darse cuenta, su cuerpo se adormece y no tarda en dormirse.

Entre la oscuridad puede verse la sombra de un hombre alto, de escultural figura, cabello corto, vestido de traje. El hombre se aproxima a donde Tsuzuki duerme con un niño abrazado a su cuerpo. El ser trata de tocarlos pero su blanca mano los traspasa, es como un fantasma, sonríe al comprender que es un desdoblamiento de su personalidad, de algún modo pasó esto y debe aprovecharlo.

El adulto le dice al niño:

— Muraki despierta. — Pero no hay respuesta. — Despierta. — De la oscuridad emerge la voz de otro infante:

— No te escucha y no te hará caso.

— ¿Quién eres?

— El geniecillo que cumplió tu deseo de estar junto a Tsuzuki. — El mayor no se inmuta, pregunta de forma calculadora como es su costumbre:

— ¿Cómo?

— No te importa.

— No estoy satisfecho. Yo quiero estar con él como soy, el doctor Muraki, deseo poseerlo… — El geniecillo lo interrumpe con una burla que se aleja junto a su voz:

— No tiene que satisfacerte a ti sino a mí… Doctor Muraki… —

El resultado del baño fue ese, despertar la conciencia del Doctor Muraki.