Prompt: 002. Sound

Advertencia: leve contenido sexual, canibalismo insinuado. Esto aplicará a todos los capítulos excepto el cuarto y el séptimo. Y hoy publico doble, disculpen D:


Melodías de medianoche
(Rize & Touka)

Está fresco en su mente.

Porque ella se conoce de memoria los senderos por recorrer, las llanuras en qué viajar, los montes y laderas al alcance de su mano —esa piel descubierta y rebelde e indomable adornada con plumas chuecas y pelaje apaleado—, Rize sabe con exactitud dónde acariciar en un susurro impío.

(y es que está fresco, sí tan fresco, como un jugoso brazo de hombre joven

o el tórax de una muchacha recién cercenado y listo para ser degustado por ella).

Rize sabe —que la comida es mejor si se la prepara uno mismo—, y por ello desde que llegó al distrito 20 ha aprendido y estudiado a Kirishima Touka con la suficiente vehemencia y placer para comprender ese hecho además. Que no es ningún secreto para ella que si le toca en los puntos exactos hace que Touka se estremezca y haga melodías delirantes con sus pulmones quemándose rápidamente y su respiración errática y sus ojos de grafito roto que miran todo con desprecio, medio nublados.

(sólo que Touka se pone una máscara de sonrisa, tan inocente, tan maleable, alrededor de los humanos estando de camarera en ese lugar llamado Anteiku. Y la mayor parte del tiempo Rize no puede evitar emocionarse ante la cacería más próxima y desear que desaparezca esa máscara, o que por lo menos Touka la tire al piso un rato).

Le dice en voz dulce pero falsa que adora cuando saca a relucir su verdadera personalidad —más hosca, más torpe, más filosa—. Y Touka (sabe que le miente, por eso) le murmura que se calle.

(— Cállate Kamishiro. Cállate y bésame los huesos de escalera de caracol antes de que cambie de opinión y me marche).

Que su piel es helada, lo más helado que Rize ha probado jamás. Empero le gusta de aquella manera. Pues Touka no juega con muñecas y Rize en Anteiku se pide para llevar de postre un corazón que palpita y se retuerce entre sus garras de apariencia maravillosa. (éste intenta escapar fallidamente, igual que un conejo).

La cosa es que Rize no es afín a la música, sólo ama comer.

Pero por Touka —por Tou-ka-chan—, quizá, sólo quizá, considera cambiar de opinión.

(si se encuentran en la calle por no tan destinada casualidad y Rize está hambrienta y Touka piensa que seguro tiene algo mal en la cabeza porque permanece ahí y no se aparta, Rize se atreve a enfundarse en traje de compositora y músico —a pesar de quitarse su blusa y subirse las faldas—.

Y Touka se vuelve su instrumento predilecto).

Ya que crea Touka allí una sinfonía de gritos silenciosos y sin dolor, de gruñidos moderados que se tropiezan los unos con los otros, de maldiciones dirigidas a su persona —que sólo aumentan la diversión de Rize—.

Y Rize sigue tocando, y tocando, y tocando. Le confiesa:

— Casi me provocas quererte Touka-chan.

Y le delinea la columna con ambas manos. Touka se pinta en rosa, no dice nada. Rize la escucha sin embargo, siempre la escucha, disfrutándola en verdad. (El ruido de sus venas corriendo histéricas es sublime). Ha entonces de raptar sus cantos desafinados y guardárselos en un bolsillo, pedirle que continúe (— Canta para mí, cariño. No te detengas nunca) y entorpecer su sinfonía de a dos.

Para que lo sepan ellas, para que lo sepa el mundo entero.

—Ambas suenan en el silencio—.