Recuerdo

Sentía el sudor en sus manos, a cada paso que daba le era más difícil seguir corriendo, más difícil no soltar la carga que llevaba. Sabía que de un momento a otro le alcanzarían, tenia que pensar rápido.

Las calles se volvían más cerradas mientras más corría...era seguro, sin sitio donde esconderse no sobreviviría. Se detuvo en una esquina y se escondió tras la pared. La respiración se le hacia más dificultosa y el miedo de se apoderaba de todo su cuerpo.

Miro la maleta que había estado cargando y depositándola sobre el suelo la acaricio levemente con un gesto triste en el rostro. No dejaría que esas personas se la llevaran. Dio un suspiro y oyendo pasos a la cercanía se dirigió por última vez a su carga.

Perdóname por favor.

Con las últimas fuerzas que le quedaban arrojo la maleta cerca de varias cajas de basura. Y salió corriendo en dirección contraria a ese sitio.


Tan sólo había salido por la cena y ahora tenía frente a si un niño que lo miraba extrañado. ¿Como paso de la comida a tener un niño dentro de su habitación? Bueno, si lo pensaba fríamente era su culpa por haber tomado la maleta. Pero no solucionaba nada pensar de quien era la culpa o no, si no que haría.

No había sitio donde regresarlo y claro, ni loco iría a la policía a avisar que encontró un niño perdido. ¿Y si simplemente lo echaba de su habitación y fingía no conocerle?

Las opciones pasaban como lista en su cabeza mientras caminaba en círculos alrededor de la habitación, realmente no deseaba meterse en más líos de los que ya tenia. La opción de dejar al niño y fingir que no tenia nada que ver con él parecía la única factible, así no tendría más problemas y podría seguir tranquilamente su trabajo en la ciudad.

Estaba a punto de convencerse cuando sintio que le jalaban suavemente de la camisa. Miro hacia abajo y de nuevo estaba aquel niño mirándole fijamente. Se agacho para quedar a la altura del pequeño.

-T-tengo hambre, idiota

Bien, lo que le faltaba. Ahora un mocoso que hace apenas cinco minutos lo había confundido con su papá lo llamaba idiota y le pedía de comer. Pensó en ignorarlo y se incorporo pero no conto con que el pequeño de cabellos castaños seria demasiado insistente. No paraba de repetirle que tenia hambre y cuando deseaba sentarse un minuto para poder pensar el niño se le encimaba. La última gota de su paciencia fue derramada

-Ah, bien te daré algo de comer, pero deja de molestarme.

Compartió con él la escasa cena que había comprado. Era la primera vez en muchísimos años que cenaba acompañado, estaba acostumbrado a comer siempre solo. Su mirada durante toda la cena se dirigía hacia el extraño niño quien comida con avidez a la par que se quejaba del sabor. Eso era extrañamente divertido y tierno.

Se golpeo mentalmente. ¿Divertido y tierno? ¿Que mosca le había picado esa día para pensar algo así sobre un extraño?

"Bueno, tan sólo cenara y ya lo podre sacar de aquí".Sí, ese era su plan. Plan que al parecer no se cumpliría por que cuando se dio cuenta el niño se había ido de la mesa. Y para cuando vio a donde, ya estaba dormido sobre su cama.

Su primer pensamiento fue gritarle, pero cuando se acerco más a la cama y al verlo dormido no pudo. Se veía tan indefenso, tan frágil. Cómo si con cualquier cosa pudiera romperse.

Antonio suspiro colocando una mano sobre su , no podía evitar pensar que eso era demasiado lindo. En verdad que esa ciudad le estaba afectando, se estaba volviendo sentimentalista.

Dejo al niño dormir y se dirigió hacia el teléfono del cuarto. Tal vez podía conseguir ayuda para saber que hacer con su "invitado". El timbre sonó varias veces antes de que alguien contestara

-Bonjour~…ah Toni eres tú. Hace mucho que no llamabas mon petite, papi Francis te extrañaba~

Sí, ahora recordaba por que no solía llamarle a Francis por teléfono. Siempre era lo mismo con ese viejo pervertido pero aún así tendría que admitir que él había sido su única ayuda desde hace mucho tiempo. Y ahora era la única persona a quien podía recurrir.

-Bueno, Francis…sí te hablaba por que necesito tu ayuda con algo…no, no puedo decírtelo por teléfono, ¿podrias venir a donde me hospedo?...sí, te daré la dirección…

Tras colgar dio un leve suspiro y miro de nuevo hacia la cama. Aquel niño seguía dormido y hasta había comenzado a roncar. Sin querer soltó una pequeña risa, eso en definitiva era gracioso. Se acerco al borde de la cama, el niño dormía como si no hubiese ningún peligro. Por un momento le envidio, él nunca había podido dormir de una manera tan tranquila, siempre tenia que estar alerta ante el peligro.

Extendió una mano y acaricio con dos dedos un pequeño mechón de cabello del niño. Seguramente Francis sabría que hacer con él y se libraría de problemas. Pensaba en eso hasta que una pequeña mano agarro uno de sus dedos.

¿Había despertado al niño?

No. Cuando dirigió su mirada a aquel pequeño rostro seguía dormido pero su semblante se volvía inquieto como si tuviese una pesadilla. Apretó su dedo con más fuerza y con una pequeña voz asustada y temblorosa volvía a repetirle aquella primera palabra que dijo."Papá, papá" mientras en sus mejillas comenzaban a correr dos pequeños ríos de lágrimas.

El gesto de Antonio se ensombreció. En definitiva algo le pasaba a ese niño. ¿Y si estaba solo y no tenía sitio a donde regresar? Tal vez ese hombre que vio hace solo unas horas muerto era algo del niño. ¿Que pasaría si lo echaba a la calle?

Demonios, el había matado ya antes a mucha gente. ¿Por que ahora se tentaba el corazón pensando en la vida de un desconocido?

No podía apartar su mirada de aquel pequeño rostro y con su mano libre acaricio las tibias mejillas húmedas por las lágrimas.Sí, el sabia por que el interés. Aquel extraño era un niño, igual que él cuando escapo de casa y quedo a merced del frio mundo que le vale una mierda lo que te pase.

Vaya, ahora no sólo se ponía sentimentalista si no que recordaba cosas que creía haber enterrado en lo más profundo de su corazón. Eran recuerdos inservibles que sólo le causaban dolor, no tenia caso tenerlos.

El sonido de la puerta le hizo regresar a su habitación. Con cuidado se soltó del agarre del niño y fue a abrir. Un eufórico rubio surgió detrás de la puerta y lo abrazo.

-Toni~ ya ha pasado medio año desde que te vi. Papi Francis te extraño tanto~

-Y-ya entendí tu punto … ¿puedes dejar de estrujarme?, no puedo respirar

-Que frio eres mon amour~ todavía que vine hasta aquí para verte- el rubio no dejaba de sonreír mientras entraba a la habitación-…y bien. ¿Que problema necesita ayuda de papi Francis?¿Te da miedo dormir solo, Toni?

-B-bastardo… ¿Crees que aún tengo diez años? ¡Claro que puedo dormir solo, no te llame por eso!

-Bueno, bueno- decía Francis con voz tranquila y despreocupada sentándose en un sillón cercano-…entonces dime que es, Toni. ¿Es algo grave?

Antonio suspiro (se le estaba volviendo hábito esa noche) y tomando del brazo a Francis lo condujo hasta la cama y le señalo al pequeño que dormía sobre ella.

-¡No,mon amour~!...no me digas que te has vuelto pedófilo.

Tras unos cuantos golpes y un francés bastante adolorido se entendió la situación. El gesto de Francis se torno serio y sin dejar de mirar al pequeño durmiente hablo.

-Honestamente Antonio. ¿Tienes el corazón tan frio como para echarlo? ¿Has olvidado que tu estabas igual que el hace doce años?

-N-no me salgas con temas asi, ás si de frialdad se trata tanto tú como yo hemos matado gente.

-Lo se, pero nunca hemos tocado ni a mujeres ni niños. Además dime. ¿Acaso este niño ha hecho algo malo que le merezca la muerte?

-No lo creo, apenas tendrá como siete años.

-Entonces…-el francés se acerco a Antonio y coloco una mano sobre su hombro-…ese día yo te encontré y cuide de ti. Ahora alguien necesita tu ayuda, piénsalo.

Y sin decir más el rubio se dirigió a la puerta y salió dejando a un Antonio pensativo. No hacia falta que le recordara aquel día hace doce años…él lo sabia bien. Demasiado bien.