Capitulo 2:
Drácula siguió sin pronunciar palabra mientras sus ojos se clavaban en aquel hombre como si el simple gesto fuera a traspasar su corazón. Su cuerpo estaba allí sintiendo el frió en la piel pero su mente no estaba en aquel lugar y mucho menos en aquel tiempo. Cuatrocientos años son más que mil vidas y aun así parecían no haber bastado para borrar aquellos recuerdos.
Gabriel caminó hacia la salida entre paredes recargadas de cuadros y alfombras rojas que amortiguaban el sonido de sus pasos. Su bolsillo repleto y su espalda dolorida de estar en pie desde el alba preparándolo todo. No había sido tan duro después de todo al menos, no el trabajo. Los nobles eran gente extraña que cazaban por diversión y francamente, lo hacían de pena.
-¿Ya te vas?
La voz del conde lo hizo volverse. Ante él una sonrisa que entonces no entendió pero que llegaría a amar tanto como a su poseedor, tal vez demasiado.
Comenzaron poco a poco como dos desconocidos que se hacían compañía las calidas noches de verano junto a una copa, pronto se convirtieron en amigos mientras luchaban en guerras justas y veían a las marrones hojas del otoño caer y finalmente, apagaron su fuego frente a las llamas en el más curdo de los inviernos, como amantes. Ninguno dijo nunca ni un te quiero, ni un para siempre pero tal vez fue por que ambas cosas las dieron por supuestas hasta que unos años después...
-Shhh. No te muevas Gabriel.-Susurró en su oído al notar, que al tratar de levantarse, lo había despertado.
-¿Donde vas a estas horas?
–Te dije hace semanas que mi padre vendrá hoy.
-Pero aun faltan horas para que amanezca.- Protestó Gabriel alzándose un poco.
-Si lo conocieras como yo sabrías que es mucho mejor asegurarme de que todo este como es debido. En cuanto pueda te presentare ante él.
-¿Tu crees que le gustare?- Preguntó Van con sorna.
-Espero que no.-Respondió antes de robarle un beso.
Drácula trató de levantarse pero los fuertes brazos de Gabriel lo sujetaron. Sin saber como, el conde se encontró bajo él sintiendo su el peso de su cuerpo. Los dedos del cazador le quitaron la camisa botón a botón besando la piel que poco a poco quedaba al descubierto.
-¿Sabes…?-Habló Drácula mientras acariciaba sus cabellos distraído.-Deberías afeitarte.
Su amante alzó la cabeza mirándolo con fijeza.-Ayer no te oí quejarte.
Drácula solo sonrió, aquella enigmática sonrisa que lo desmontaba.
Las sabanas volvieron a enredarse entre sus cuerpos uno vez más. Gabriel lo recorrió con sus dedos trazando un mapa, el de las tierras que nunca querría abandonar. Drácula, volvió a colocarse sobre él.
-Gabriel.-susurró su nombre con ardiente pasión.-Gabriel.- Mientras sus labios lo colmaban de atención.
El cazador cerró los ojos sintiéndolo todo con más fuerza. Una mano se deslizó sujetándose a las barras del cabecero mientras la otra enganchaba sus uñas a la espalda de su amante. Los labios del hombre de cabellos rebeldes se cerraron tratando de no dejar escapar un gemido cuando Drácula se introdujo en él. Las arremetidas comenzaron lentas casi como un castigo para su amante que demandaba más, mucho más.
-Gabriel.-Repitió el conde con su acento. La espalda del cazador se arqueó antes de terminar. Drácula cayó poco después sobre él respirando trabajosamente. Con suavidad Gabriel retiró el pelo de su rostro y posó una mano en su mejilla.
-Drácula…
-¿Si?
-Hay algo que quiero darte. No hace falta que digas nada. Lo tenia hace tiempo pero… -Gabriel se movió hasta alcanzar la chaqueta del suelo, tras sacar una pequeña caja se la entregó.
-¡Es un anillo precioso!
-No hace falta que exageres ya sé que no es el tipo de pieza a la que…
-No digas estupideces. Es hermoso Gabriel. Mírame. Lo llevare siempre. ¿Qué significa?
-¿Qué significa? Yo…
-¿Tú?-Le preguntó burlón.-Shhhhh. Cuando lo hayas pensado bien me lo dices. He de marchar ya. ¿Te veré después?
-Tengo que trabajar pero volveré a la noche.
-Esplendido.-Respondió complacido. Antes de marchar contempló de nuevo el anillo que lucia en su mano y lo sonrió.
-Mi señor.-Lo interrumpió uno de sus sirvientes casi al atardecer. Drácula alzó la vista de sus documentos.-Vuestros padre os espera en la biblioteca.
-Padre.-Saludó Drácula al verlo entrar.
El aludido, un hombre de pelo y barbas canas lo miró como el que mira un libro que no necesita pero al que no le queda más remedió que conservar.
-Traigo noticias. Sígueme.-Fue el corto saludo de su progenitor.
-Si padre.
Ambos subieron hasta el salón y salieron a la espaciosa terraza. Fuera, se podía contemplar sus bastas tierras desde las montañas del este hasta la inmensa ciudad donde pequeñas hormigas de colores iban y venia por las calles. Su progenitor apoyó las manos sobre la barandilla y respiró profundamente como el que tiene algo muy importante que decir. Drácula de espaldas a él no se molestó en ofrecerle ni asiento ni bebida por que sabía que lo rechazaría como siempre.
-Drácula traigo buenas noticias. Cracian quiere terminar con la tirante relación que hemos mantenido durante todos estos años. Ambos tenemos algo por lo que sabemos que podemos aunar fuerzas. Juntos conquistaremos las tierras bajas y unificaremos nuestros reinos. En un mundo en el que a los Reyes y nobles no se les trata como se debiera volveremos a resurgir y a ser temidos. Nuestros reinos se extenderán desde aquí al fin de los siglos y para eso cuento contigo.
-Lo que deseéis padre.
-No me hables como si fuera idiota.
-No era mi intención Padre. ¿Cuál es esa noticia?
-Cracian tiene una hija, Ashiría.
Drácula asintió con las manos a la espalda al fin de al cabo su nombre y su hija le eran indiferentes. Dentro de poco comenzaría a llover. El cielo había empezado a oscurecerse y pequeños grupos de nubes grises comenzaban a amontonarse como ovejas azuzadas por un perro llamado viento. El primer rayo cayó hacia los montes.
-…te casaras con ella.
-¿Como?
-Te habló del momento más impórtate de tú vida y ni siquiera tienes a bien fingir que me prestar atención. De aquí a un mes te casaras con la hija de Cracian.
-No…
-¿No que? Tienes un titulo y una responsabilidad. La gente como nosotros no podemos casarnos con quien amamos pero si con quien debemos. Ha llegado el momento de que continúes con nuestra estirpe.
-Padre…
-No me avergüences más de lo que lo has hecho durante estos años.
Drácula apretó los puños con fuerza mientras veía como su padre abandonaba el balcón sin impórtale lo mas mínimo que es lo que pensara pero la ultima palabra no había sido dicha y por encima de todas las cosas no seria la de su padre.
Aquella noche Van volvió pero no le dijo nada sobre el asunto, ni la noche siguiente ni las que vinieron después por que no había nada de lo que hablar... Hasta que un día…
-…cuatro y cinco. Ya están todas.-Habló el dueño de la tienda mientras recogía del mostrador las pieles que Gabriel le había traído.-Son unas piezas excelentes. Algún día tiene que decirme donde caza.
-Algún día.-Respondió este recogiendo su parte y saludando antes de marchar.
El hombre alto caló su sombrero tapando sus ojos y salio fuera. Gabriel miró a uno y otro lado extrañado de que hubiera tanta gente en las calles. Probablemente estarían preparando alguna gran fiesta pero el no recordaba que por aquellas fechas hubiera ninguna. Las mozas más jóvenes engalanaban las calles ataviadas con sus mejores ropas, los hombres arreglaban fachadas y vayas mientras lo niños jugaban también vestidos para una gran ocasión.
De pronto Gabriel se sintió arrastrado hacia uno de los poco recomendables callejones. Un hombre de unos treinta años golpeo su espalda contra la pared dejándolo sin resuelle.
-Gabriel, ¿que crees que estas haciendo?- Le preguntó. El cazador trató de quitárselo de encima pero tras un breve forcejeo se detuvo. -¿A que juegas?
Esta vez Van volvió a revolverse soltándose de un empujón. –¿Sebastián? No se de que hablas.
-Se te da muy mal hacerte el tonto.-El hombre de cabellos rubios lo miró atentamente.-Te mandamos para que lo investigaras no para que retozaras con él.
-Lo que yo haga no es de vuestra incumbencia.
-Ya lo creo que…
-No lo es.-Repitió Gabriel tajante. – Vine, lo investigue y no he descubierto nada de lo que le acusasteis.
-Ya veo. Drácula consiguió un amante fiel que dentro de poco habrá de convertirse en su puta cuando se case. ¿Y esa cara? ¿No lo sabias?-El desconocido se carcajeó con ganas.-Que idiota. Ten. Este papel esta colgado por todo el pueblo.-
Los puños de Van aporrearon las puertas del castillo casi al alba. Los nudillos de sus manos se volvían más y más rojos a medida que llamaban.
Los sirvientes lo abrieron y sin esperar, a que el gran portón se abriera del todo, se coló en el interior. Ascendió las escaleras con pasos ligeros, apunto de llegar a las habitaciones de Drácula este le salio al encuentro envuelto en la bata.
-¿Qué te sucede?
-Eso dímelo tu.-Respondió tirando a sus pies un papel. Drácula se agachó recogiéndolo del suelo.-Esta repartido por todo el pueblo. ¿Cuándo pensabas…? ¿Por qué…?
-Crees antes un papel que…
Van se lo arrebató de las manos poniéndoselo prácticamente en la cara.-Es un documento con el sello real ¿pretendes decirme que es falso?
-Clámate Gabriel. Esto no va a pasar yo me encargare de ello.
-No.
-Gabriel espera. No pienso casarme con ella. Mi padre…
-Ese es el problema Drácula que no piensas. Tenias que habérmelo dicho.
-Gabriel estate quieto. ¿Dónde vas? Te he dicho que lo solucionaría y lo haré. Vamos.-Le dijo tendiéndole una mano, en ella aun estaba el anillo que le regaló. El cazador lo miraba ahora con más duda que rabia. –Ven.
Una vez más asió aquella mano creyendo en sus palabras o tal vez solo necesitando creerlas.
