Título: Nothing to Remember.
Pareja: Santana/Brittany.
Resumen: Las palabras salieron de tu boca precipitadamente, no tuviste tiempo de pensarlo. Nadie entiende porque tú, Santana López, se ofrece de voluntaria en lugar de la niña Pierce, y si eres sincera, tú tampoco lo sabes.
N/A: Muchas gracias por los reviews, las alertas, los favoritos y también por los PM. Me alegra que el fic les haya gustado, estoy poniendo todo mi esfuerzo en que sea decente y sobre todo en la narración, porque la segunda persona no es mi fuerte. Así que cualquier error, que sé que de esos me sobran XD, me lo hacen saber para arreglarlo.
Para responder los mensajes privados sólo voy a decir: ¡Sí, estoy viva! XD *no estaba muerta, andaba de parranda* Estoy de vuelta y pretendo quedarme para acabar todo lo que empecé.
Sin más que decir, les dejo la segunda parte de esta pequeña historia.
Nothing to Remember.
2: Preparación.
El viaje en el tren es bastante tranquilo, aunque esperabas otra cosa. Pensaste que tal vez serías acosada por la gente del Capitolio, que te dirían como sentarte, como saludar y hasta que ritmo debes tener al respirar, pero no te ha tocado nada de eso. Te han dejado sola el primer día, probablemente dejando que asimiles que morirás en un par más. Ni siquiera has visto mucho a Dave Karofsky, sólo se topan en las comidas y no intercambian muchas palabras.
Son enemigos, incluso mientras cenan, luchan por obtener el alimento que el otro quiere (es un pequeño adelanto de lo que será en la arena y es perfecto, nunca te ha agradado después de todo).
Las comidas. Sonríes un poco, lo mejor de haberte metido en este lío, es que ahora no tienes que preocuparte de morir de hambre. Los vigilantes no dejarán que uno de los tributos muera antes de que pueda ser televisado. Así que te han servido alimentos que nunca antes en tu vida has visto y has comido como nunca antes, te llenas hasta que sientes que puedes vomitar y ni siquiera te sientes culpable por la gula que padeces.
Sin embargo, esta mañana tu tranquilidad se ve interrumpida por tu escolta de cabellos verdes, April Rhodes. Rápidamente y sin hacer contacto visual (de hecho evita a toda costa mirarte), te informa que después del desayuno tienes que practicar con ella.
¿Practicar qué? Cuando te dice que te va a enseñar a caminar con tacones y un vestido tienes la tentación de arrancarle ahí mismo la cabeza. ¡Eso no te ayudará a ganar los juegos! Pero es parte del itinerario de los tributos y no puedes hacer nada para evitarlo, no si no quieres verte como una verdadera idiota frente a todo Panem.
Afortunadamente tienes que acudir primero donde tu mentor, quién hasta ahora no tienes idea de quién puede ser (nunca le pusiste atención en los anteriores juegos y tampoco es que el Distrito 12 tenga una gama muy amplia de donde elegir, sólo recuerdas que es una mujer).
Después de devorar la comida, te diriges a la sala donde ya se encuentra tu mentora.
− Santana López. − Dice ella mirándote detenidamente. − Cazadora, vives en la Veta después de haber sido golpeada hasta casi la muerte en el orfanato, te presentaste como voluntaria en el lugar de Ashley Pierce. – Frunces el ceño al notar que básicamente eso es todo lo que eres. Diecisiete años y no has hecho nada que sea memorable. Al menos nada que este en los límites de la legalidad.
− ¿Cómo te llamas? – Preguntas bruscamente y la rubia frente a ti te regala una sonrisa chispeante, es posible que piense que es divertido que no sepas quién es, cuando ha estado en al menos quince juegos hasta ahora.
− Holly Holliday. – Responde y entonces la recuerdas, la ganadora de los cuadragésimo cuartos juegos. Ni siquiera sabes cómo pudiste olvidar un nombre tan llamativo. – Voy a ser sincera, Santana. – Giras los ojos aburrida, obviamente tiene que ser sincera. Ya has sido condenada a muerte, no tiene caso mentirte para hacerte sentir mejor.
− Por favor. – Sueltas irónica y haces un gesto burlón con la mano.
− Tienes muchas posibilidades de conseguir patrocinadores, has despertado el interés del Capitolio cuando te has ofrecido de voluntaria, sobre todo siendo del distrito 12. – Se lame los labios y se cruza de brazos, notas que su vestido blanco es bastante simple y hermoso, incluso puedes decir que es elegante y te gusta mucho más que los que usa April (los colores preferidos de ella suelen lastimarte los ojos). – Ahora, están esperando una justificación a la altura de tu noble acción.
Abres los ojos asustada. No la tienes. No tienes ninguna historia conmovedora. Decir que tu boca tiene vida propia no va a impresionar a nadie y si quieres sobrevivir sabes que tienes que conquistar a los frívolos habitantes del Capitolio.
− No la tengo. – Dices ahogadamente, en este instante sientes como tu única oportunidad de vivir se te escapa entre los dientes.
Notas que, sin quererlo, acabas de romperle la promesa a Puck, Brittany y su familia.
− Eso me temí. – Asiente pensativa la rubia y suelta un suspiro segundos después. Te mira detenidamente, con cautela y cuando se dispone a hablar, sabes que no te gustará lo que tiene que decir. – Tenemos que fabricar una historia, Santana. Una historia que tienes que interpretar hasta que mueras y si ganas, bueno, si ganas tenemos que arreglárnosla en ese momento.
Asientes conforme, no parece una mala idea. ¿Mentir? Mentir es una de tus especialidades, años de desafiar las leyes e inventarte excusas para los agentes de la paz menos flexibles, parecen que te servirán de algo ahora.
− ¿Qué tipo de historia?
− La gente del Capitolio ama los romances. – Frunces el ceño, ¿qué diablos tiene eso que ver contigo? No tienes ningún romance en casa, y nadie en el distrito se va a creer que tienes algo con Puck, porque ellos te conocen y están conscientes de cómo funciona su dinámica.
Ingenuamente piensas que va a querer vincularte con Dave o algo así (qué es asqueroso, pero todo sea por tener la esperanza de ganar), pero lo que sale de su boca no te agrada en lo más mínimo.
− Vas a decir que ocupaste el lugar de Ashley Pierce, porque estás enamorada de su hermana mayor, Brittany.
Las palabras te golpean directamente en el estómago y sientes mareos.
− No. ¡Por supuesto que no! – Gritas enojada. Sin saber porqué, te tiemblan las manos notoriamente. Brittany es una opción mucho mejor que Dave. Es bonita, amable y no sería difícil ver porque harías algo así por ella, pero estás más dispuesto a fingir con él. ¿Por qué?
Te convences de que es porque Dave estaría consciente de que es una farsa y Brittany creería que todo es cierto, y en el muy probable escenario de que seas asesinada, sólo lograrías que se sienta una culpa innecesaria cuando te vea morir.
No es justo. No puedes permitirte que cargue con algo así, no cuando es falso. Sobre todo porque es falso, te dices.
Te levantas bruscamente y caminas a la puerta dando grandes zancadas, desesperada por escapar de la mirada calculadora de tu mentora. Quieres huir de la mujer que quiere manejar tu vida (lo poco que te queda de vida) a tal punto, que va a llegar a lastimar a la chica que te pidió que ganaras, quiere que la chica quién te dio el abrazo más cálido que has recibido, viva para siempre con la carga de tu muerte.
No. No puedes hacer algo tan bajo como esto. Prefieres mil veces estar perdiendo el tiempo jugando a las muñecas con April que seguir el plan de Holly.
− Es tú única alternativa, Santana. – Te dice usando un tono condescendiente, como si fueses idiota y no entendieses en lo que te metiste.
− ¡No lo haré y punto! – Le gruñes sin siquiera mirarla, estás a escasos centímetros de la puerta.
− Mi deber es mantenerte con vida allá, niña. – Sientes un poco de satisfacción al ver que la fachada amigable de tu mentora se ha perdido. – Y con tu agradable personalidad, no vas a conseguir nada. – Usa un tono acusador, pero no entiendes de qué diablos te acusa. ¿Acaso es un crimen ser malhumorada y hostil con la gente que te llevará a tu muerte? − ¡Esta historia es la única cosa que tenemos para llamar la atención de…!
No escuchas más, sales de la habitación asegurándote de dar un fuerte portazo.
Bajo ninguna circunstancia vas aceptar el plan de Holly.
(Vagamente recuerdas que tu mentora te gritaba que tenían que hablar sobre tus habilidades físicas. Pero no tienes ningún tipo de capacidad, así que da igual, que se entretenga con Karofsky).
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Resulta que al final, la práctica con April fue muy útil y despejó tu cabeza de la estrategia de Holly, no te diste cuenta de eso hasta que estuviste en el desfile de los tributos (no sin antes pasar por el doloroso proceso de embellecimiento). Sin ningún problema embarazoso que te destacara de lo demás, pasas con una sonrisa confiada y una pose desafiante, digna de un vencedor.
Sonríes mientras saludas a la multitud, escuchas como vitorean tu nombre con fervor. Tanto hombres como mujeres te lanzan besos y cumplidos a esta belleza artificial que el Capitolio creo para ti. Finges sentirte adulada, regresas algunos besos, la multitud jadea y pretenden luchar por atraparlos.
Ignoras las náuseas que te provocan estas personas, detestas que para ellos sufrir significa no haber sido reconocidos por un tributo popular. Finges que nada de eso te molesta, el show debe continuar y todo lo que puedes hacer es fingir, fingir que no los odias, fingir que te gustan, fingir que estás encantada por la atención que te brindan. Fingir es la clave.
Con una postura segura, Dave te acompaña y ambos con orgullo muestran sus trajes negros como el carbón. Se ven como nunca antes alguien del distrito 12 se había mostrado.
(Se comportaron como verdaderos profesionales, como si hubiesen escogido estar aquí. Y te ríes, porque tú estás ahí por elección propia).
Afortunadamente, tu estilista Shelby, dejó atrás los trajes de minero y según ella, se dedicó más al concepto del carbón creando un vestido muy elegante. Si a ti te preguntan, no tienes idea de a que se refiere, pero te ves bien y los comentarios sobre ti fueron absolutamente positivos en contraste de la chica del Distrito 7, quiénes dijeron, parecía un árbol caminante.
El gran desafío es encantar a los habitantes del Capitolio, y ya llevas el camino recorrido en esa área, por alguna razón estos extraños humanos te aman.
No te preocupes, el hecho que seas voluntaria ya les ha encantado, ahora sólo tienes que cerrar el trato con la historia que Holly te dé. Te había dicho Shelby mientras te arreglaba el cabello, y había tenido razón, lo que ella no sabía era que la historia de tu mentora, era lo último que iba a salir de tu boca.
Poco sabías tú, que las cosas no iban a salir a tu manera, que Holly es mentora por una razón y sabe lo que hace.
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Holly te dice que no muestres tus verdaderas habilidades en los entrenamientos, lo cual no fue un gran problema porque no posees nada de lo que puedas presumir. Dave por el contrario, posee una fuerza sobrehumana y rápidamente se hace respetar entre los profesionales. Tú en cambio te dedicaste a jugar con nudos, aprender sobre plantas venenosos y averiguar lo que puedes y no puedes comer, también lanzaste un par de cuchillos a los blancos, teniendo un buen resultado en eso.
Aún así, no has hecho nada memorable o que intimide a tus enemigos.
Incluso intentaste usar el arco, pero pronto descubriste que lanzar flechas es difícil y doloroso para los músculos de tus brazos, por lo tanto te dices que si en la arena tienes que usar un arma, tendrán que ser cuchillos y te fuerzas a meterte la idea de que lo mejor es ver a los otros tributos como animales salvajes, como si fuesen las presas que has cazado tantas veces en los bosques.
Esperas que eso te haga más fácil las cosas, pero no lo hacen.
− Jesse St. James te tiene en la mira.− Te dice alguien a tus espaldas. Te giras rápidamente, dispuesta a utilizar el cuchillo que tienes en tus manos, incluso sabiendo que va en contra de las reglas atacar a otro tributo en los entrenamientos. Pero sólo te encuentras con la expresión aburrida de la chica del distrito 3, Sunshine Corazón.
− ¿Y qué? – Encoges los hombros, desinteresada. – Aquí todos tenemos en la mira a todos, no veo cual es la diferencia con él.
− Dijo que te iba a sacar el corazón con sus propias manos, quiere acabarte en el baño de sangre en la Cornucopia. – Alzas las cejas y no te molestas en ocultar tu sorpresa, más que por la amenaza en sí, por la táctica que el chico del distrito 2 quiere usar. ¿Sacarte el corazón? Si logra hacer eso se va a demorar un poco, tal vez el tiempo suficiente para que tú o alguien más le rebane el cuello.
− Es estúpido. – Dices burlona y Sunshine sonríe.
− Lo sé. – Apoya tu burla con muecas divertidas. Luego intercambian palabras tranquilamente, nada muy importante que puedan usar en contra de la otra, antes de que ella se vaya hacia el puesto de los nudos y finja interés en el hombre que pretende enseñarle.
Es una chica agradable, tal vez en otra vida, lejos de Panem, en otras circunstancias, hubiesen podido charlar más y ser amigas o algo así. Pero ahora es tu enemiga, vas a tener que matarla y no vas a dudar ni un segundo en hacerlo.
Aborreces que este sitio y la presión de ser un tributo te hayan afectado en tan poco tiempo, y que estén destruyendo poco a poco tu humanidad (y la de todos).
Pero lo que más detestas es que, entre más tiempo los ves entrenar y ves cuáles son sus capacidades, te das cuenta de la importancia que tiene adquirir buenos patrocinadores.
Odias que, con cada hora que pasa, empiezas a encontrarle sentido a la estrategia de Holly Holliday.
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Brittany.
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Desde la cosecha, las horas pasan lentamente en tu casa. Tus padres todavía están alterados por lo sucedido, aun parece que están procesando lo sucedido en la plaza, sin poder creer que casi tuvieron que ver a su hija menor ser asesinada en la televisión. Incluso notas que tu madre mira a tu hermana con desconfianza, creyendo que en cualquier momento va a desaparecer y la abraza mucho más de lo normal, como si necesitase del contacto físico para calmar todos sus miedos y no puedes culparla por ello, tu también miras a tu hermana como si en cualquier momento fueses a despertar y darte cuenta que Santana nunca se ofreció y que tu cobardemente guardaste silencio mientras se la llevaban al Capitolio.
Ashley por su parte está aterrorizada, cada noche sufre de pesadillas y despierta gritando, temiendo a que los agentes de la paz entren por la noche a su casa y se la lleven lejos de los que ama. Nadie puede consolarla porque no saben cómo hacerlo. Nadie sabe lo que siente, ni siquiera tú que eres la más cercana a ella y eso te hace sentir terriblemente mal, se supone que estás ahí para protegerla, para hacerla sentir segura, pero cuando te necesitó, no fuiste capaz de salvarla y eso pesa en tu conciencia.
Estás completamente segura, de que Ashley ya no confía en ti, ni en tus promesas vacías de que todo mejorará y eso te rompe el corazón.
Tuvo que venir ella para salvarla. Santana López, de todas las personas, tuvo que venir para protegerla de su destino.
La chica de la cual llevas enamorada prácticamente toda tu vida, se ofreció como voluntaria por tu hermana para ir a una masacre. Cada vez que lo piensas, sientes como se te forma un nudo en la garganta y los ojos te empiezan arder, a penas retienes las lágrimas, porque ella básicamente dio su vida y tú ni siquiera fuiste capaz de decirle lo que sentías, tu cobardía es vergonzosa y te es difícil ser capaz de ocultarla.
Primero no pudiste salvar a tu hermana, sabes que a pesar de que no digan nada, tus padres se sienten decepcionados de ti, no porque te quieran ver en la arena, si no porque se dieron cuenta de que tus promesas fueron vacías. Que cada vez que decías que si Ashley llegaba a ser escogida, tú ocuparías su lugar fueron mentiras.
Quieres decirles que lo intentaste, que quisiste gritar que tú irías, pero no pudiste. Las palabras se quedaron atoradas en tu boca, el miedo te paralizo y por aquellos minutos que estuviste jadeando, tu mente se lleno de recuerdos de los anteriores juegos, de todas las torturas, las matanzas… y no podías decirlo.
(Una parte egoísta de ti, no quería decirlo y perdiste ante ella. Porque soy una cobarde, te dices con desprecio).
Después no fuiste capaz de confesarle tus sentimientos a Santana, esa chica que te conquistó cuando sólo tenía siete años.
Recuerdas con cariño la primera vez que la viste, ella estaba herida, temblorosa y hambrienta, venía escapando de alguien cuando chocó contigo. En sus brazos tenía un pequeño gatito que estaba en el mismo estado que ella, te acuerdas de cómo sus ojos se llenaron de lágrimas y te rogó que cuidaras del animal, porque en el orfanato lo habían estado apedreando y ella no había sido capaz de protegerlo.
Por favor, cuídalo. Te había dicho con la voz entre cortada. Tú eres la hija del boticario, sé que puedes curarlo, son buenas personas… por favor, él te necesita.
A pesar de la suciedad y la sangre, nunca habías visto a una niña tan linda antes. No sabes si fueron sus ojos marrones llenos de esperanza o su voz áspera debido al llanto, pero fuiste capturada por Santana López en esos momentos, querías saber más sobre esta niña, querías cuidar de ella y del gato, querías aliviar su dolor y llevarlos al mundo feliz del que tú venías, pero la morena sólo quería brindarle protección al felino y sólo para verla sonreír, aceptaste.
Nunca vas a olvidar la sonrisa llena de felicidad que se apoderó de su rostro, sin mentir, ese es el recuerdo más preciado que posees.
En este momento el gato, al cual nombraste Lord Tubbington, se pasea por tu casa como si no recordase esos días oscuros.
Después de aquel encuentro, no dejaste de pensar en ella, durante todos estos años has estado al pendiente de cada cosa que hace, que dice y a pesar de que detestas a Noah Puckerman por estar cerca de Santana como tú quieres estarlo, estabas contenta de que finalmente tenía a alguien de su lado que la protegiese de las crueles palabras de la gente del Distrito.
La llevas amando desde hace años y no sabes cómo dejar de hacerlo. Sin embargo perdiste la oportunidad de decírselo, dejaste que el miedo te venciese y dejaste pasar la, tal vez, única ocasión de poder confesar tus sentimientos, porque sabes que es muy probable que Santana no vuelva.
Ahora, pasas toda la noche llorando por ella, asustada, horrorizada por todo lo que se avecina y te sientes asqueada contigo misma por sentirte así. ¿Qué derecho tienes a estar asustada? ¡Es Santana la que tiene que luchar por su vida! ¡Fue Ashley la que casi fue un tributo! ¿Y tú? Tú no eres más que una chica egoísta, que puede pasar toda su vida en la tranquilidad de su hogar, sin el temor de ser escogida porque ya has pasado el límite de la edad.
No tengo derecho, no tengo derecho. Te repites una y otra vez mientras intentas ahogar los sollozos.
/
Quinn es la única que sabe cómo te sientes. No lo entiende, siempre ha encontrado a Santana desagradable y engreída, pero lo acepta porque eres su mejor amiga y lo que te haga feliz, la hará feliz también. Por lo tanto, sólo Quinn sabe porque estos juegos te afectan tanto, la mayoría cree que es porque fue Ashley la que casi fue tributo y te odias más, porque te das cuenta de que ese debería ser el motivo principal de tu malestar (pero te has asegurado de que tu hermana está sana y salva en tu casa).
− Ashley estará mejor, Brittany. – Te dice Quinn mientras almuerzan. – Es comprensible que se comporte así, sobre todo porque si no hubiese sido por Santana, hubieses sido tú en la arena y para Ashley ver a su hermana ahí, ocupando su lugar, no debe ser nada agradable. – Habla con tono calmado, como si entendiese realmente las emociones y sentimientos de tu hermana menor, o las tuyas para el caso.
Has notado que últimamente eres demasiado sensible con el tema de Santana, y las palabras de tu amiga no te gustan para nada.
− ¡Qué Santana sea tributo no lo hace mejor! – Le gritas y se te quiebra la voz, como cada vez que mencionas su nombre. – Estoy aliviada que Ash esté en casa, no me malinterpretes, sus pesadillas han mejorado mucho estos días… − Haces una pausa, porque si sigues así, sabes que vas a romper a llorar. − Pero ver a Santana ahí, cuando debería ser yo… no puedo alegrarme de tener a mi familia completa, Quinn. Sé que es horrible, pero no puedo ser feliz cuando yo la mandé ahí.
Quinn se queda en silencio, te mira con tristeza, pero se guarda el comentario que sabes está pasando por su cabeza. (Me alegro que sea ella y no tú la que está ahí, Britt).
/
Ayer fue el desfile de los tributos, Santana estuvo despampanante con su vestido negro, se veía elegante como nunca nadie la había visto, su maquillaje ligero acentuaba sus rasgos, dándole un aire de misterio encantador. Sin duda, su equipo de preparación y estilista supieron capturar su belleza perfectamente, sin entorpecerla con tontos trajes de minero. Incluso los comentaristas halagaron mucho su aspecto hermoso y sobre todo su actitud confiada, tan poco usual en los chicos de tu distrito.
En el momento que apareció en tu pantalla, tus ojos se humedecieron. Tuviste que mantener la compostura por tu familia, no obstante lo único que deseabas era tocarla, apreciar la calidez de su piel, inhalar el aroma de su cuerpo, sentir su vida y por sobre todas las cosas, sacarte del pecho todos aquellos abrumadores sentimientos que no te dejan respirar.
Estás tan enamorada de ella, que resulta un poco patético.
Santana ni siquiera te conoce y es imposible que devuelva tus sentimientos, pero aún sabiendo esto, no puedes luchar contra el amor que florece en tu corazón cada vez que la vez.
− Mi padre dice que Santana puede conseguir buenos patrocinadores. – Murmura Quinn rompiendo el silencio que se apoderó de tu habitación. Están estudiando uno de los complicados libros de hierbas de tu madre, ya que ambas comenzarán dentro de poco a trabajar con ella. – Al parecer, la gente del Capitolio está muy interesa en ella… ya sabes, por haberse presentado voluntaria siendo del distrito 12.
− Le pregunté cuáles eran sus motivos, me dijo que no sabía. – No le has dicho a Quinn que Santana, básicamente, te llamó una cobarde. No quieres que piense mal de la morena, cuando ella sólo dijo la verdad.
(Porque fue la única lo suficientemente valiente para decir lo que todos pensaban).
− A lo mejor no quería avergonzarse, Britt. – Dice encogiéndose de hombros, pero alcanzas a captar su intención.
Quieres preguntarle si realmente quiere decir eso, más guardas silencio. No quieres molestar a tu amiga, no con tus ilusiones infantiles de que, tal vez y sólo tal vez, Santana sienta algo, aunque sea minúsculo, por ti.
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Después de la cena, te sientas junto a tus padres para ver la transmisión de los juegos. Hoy es el día en que les darán las puntuaciones y estás muy nerviosa. Sabes que esto no significa mucho, sólo es un número qué no indica quién ganará, ni mucho menos le hace justicia a las verdaderas capacidades de los tributos. Sin embargo, es un factor importante a la hora de ganarse el interés de las personas, si Santana llega a tener una buena puntuación, los patrocinadores van a querer apostar por ella.
Sólo puedes esperar.
Como es obvio, los llamados tributos profesionales, sacan puntuaciones que oscilan entre el ocho y el diez, Jesse St. James del distrito 2 sacó un diez siendo el más alto de la noche, seguido de cerca por la chica del Distrito 1, Lauren Zizes con un nueve, en contraste hay un chico del distrito 5, Artie Abrams que sacó sólo un 2 y fue la burla de los comentaristas por un buen rato. Tu padre menciona que el chico del cinco se encuentra en silla de ruedas y que nadie le ha dado una segunda mirada porque morirá en el baño de sangre.
Te sientes mal por el alivio que te invade, pero es un tributo menos que amenaza a Santana y esa es una buena noticia para ti.
Cuando llegan al distrito 12, muestran la foto de Dave Karofsky primero, a su lado hay un enorme ocho, no es una mala puntuación le escuchas decir a tu padre, para ser del doce, un ocho es casi como haber sacado la puntuación máxima. Intentas imaginar cómo está su familia ahora, seguramente se encuentra celebrando que las posibilidades de su hijo han aumentado.
Los comentaristas hacen algunas observaciones y pasan al último tributo, el que más te interesa.
En la foto, Santana tiene una cola de caballo, y su característica una sonrisa desafiante. Hermosa, piensas sin poder contener la sonrisa. Su uniforme es negro con franjas rojas, tiene una leyenda en el pecho: "Veni, vidi, vici". No entiendes lo que significa, tu padre te explica que está escrito en una lengua que ha muerto mucho antes de que Panem haya nacido, menciona que Santana no debe saber su significado, pero su estilista, quién le brinda la vestimenta, debe haber querido llamar la atención del Capitolio con ese mensaje.
El pequeño discurso de tu padre, se interrumpe cuando aparece un reluciente diez junto a la foto.
Un diez, Santana obtuvo la misma puntuación que el chico del distrito 2.
− ¿Cómo es posible? – Escuchas la pregunta de tu madre y es la misma que pasa por tu cabeza. – Es sólo una chica…
− Recuerda que es cazadora. – Responde tu padre con una sonrisa, parece muy contento con la puntuación de la morena y quieres preguntarle el motivo. – Ella lucha cada día por comida, estoy seguro que tener que impresionar a las personas del Capitolio fue pan comido para ella.
− Aún así ¿un diez? – Tu madre está sin poder creérselo, pero poco a poco se empieza a formar una sonrisa en su rostro. – Tal vez tenga más posibilidades de ganar de las que creíamos.
A pesar de que la puntuación no indica ganadores, por primera vez, después de la cosecha, se empieza a respirar algo nuevo en tu casa. Algo que pensaste había muerto en tu interior, vuelve a renacer en tu pecho como si fuese un fénix. La esperanza.
Santana puede ganar.
(¿Ganar a qué precio, Brittany?. Ignoras lo que tu cabeza te dice, porque no te importa, sólo quieres que vuelva).
/
En el día de las entrevistas como siempre, todos son obligados a observarlas desde la plaza. El lugar tiene una enorme pantalla, igual que el día cuando tu hermana fue sorteada y Santana ocupó su lugar.
Sientes que te mareas por los recuerdos, la sensación de impotencia y desolación vuelven a invadirte.
Comienzas a ahogarte.
− Ven, Britt. – Quinn toma tu mano y te arrastra hasta un lugar apartado de todas las miradas acusadora que te lanzan los demás. Tu familia y amigos te dicen que es tu imaginación, que nadie te mira de manera diferente. Nadie te culpa de nada y que sólo alucinas.
Es tu culpa la que te hace ver esas cosas.
− Lo siento, es que… − La hija del alcalde niega con la cabeza, como siempre, Quinn sabe lo que te pasa.
− Santana lo ha estado haciendo bien, Britt. – Te tranquiliza, aunque una expresión agria se apodera de su rostro, como cada vez que dice un cumplido sobre la cazadora. – Sea lo que sea que esté haciendo, al Capitolio le gusta. Estoy segura de que esta noche los dejará a todos satisfechos. – Arruga la nariz y logra sacarte una sonrisa.
Se prende la pantalla y aparece el sello de Panem, luego suena el himno. Pasan unos minutos hasta que Caesar Flickerman aparece en el escenario dándoles la bienvenida a la audiencia y los tributos, esta vez su cabello es de un fuerte tono violeta, así como su vestimenta y labios, frunces tus pálidos labios ante la moda del Capitolio, no puedes entender como alguien puede encontrar eso atractivo.
Caesar hace una breve introducción de los juegos de este año, nombra a los tributos más populares, la gente enloquece, el se ríe. Es la rutina de todos los años, después de unos chistes más, llama al tributo masculino del distrito 1, Blaine Anderson. Y el show comienza.
Ves detenidamente como pasa cada tributo, ves como usan distintas estrategias para ganarse al público. Algunos son encantadores, otros se van por el lado de la sensualidad, pocos usan la estrategia de la timidez, una chica intimida con su gran tamaño y fuerza, el chico del distrito 2 es sarcástico y burlón.
Dave es cortante, no ríe ni sigue las bromas del anfitrión, en ningún momento es capaz de sacarle una risa al público, se nota que está incomodo y por mucho que Caesar intenta hacerle brillar, es un perdida completa de tiempo.
Es el turno de Santana y tu boca se abre cuando la ves pararse frente al hombre de violeta.
Lleva un vestido blanco ceñido al cuerpo, sus piernas se ven fantásticas y te encuentras babeando por su apariencia, sin duda la estilista sabe lo que está haciendo con Santana, porque realmente se ve espectacular. Quinn suelta una risita cuando nota tu expresión embobada.
Santana saluda a Caesar y se sienta con una sonrisa alegre, que nunca antes le habías visto. ¿Será real o sólo un acto? No sabes si la chica va a fingir para agradarle a la gente o va a ser la autentica Santana, pero sea lo que sea que haga, no parece importar mucho. El público ya está gritando su nombre.
− Bueno, Santana. Creo que todos estamos impresionados por tu desempeño hasta ahora. – Empieza Flickerman con alegría, parece bastante contento de que la chica frente a él, se muestra más dispuesta a jugar que su compañero de distrito. – Has sorprendido al Capitolio con tu encanto y habilidades, pero dime ¿cómo el Capitolio te ha sorprendido a ti?
Santana se toma un tiempo para pensar.
− Creo que lo que más me sorprendió fueron los colores, es sin duda una hermosa ciudad con gente fascinante. – La multitud ruge ante sus palabras. Sin duda Santana sabe lo que está haciendo. – Incluso le dije a mi estilista si podía pintarme la piel verde, pero creo que le gusta mi color natural ¿Qué opinas tú? – Ves como le muestra un brazo a Caesar y este compara su color con el propio.
− ¡Voy a estar de acuerdo con tu estilista! – Se ríe fuertemente, acompañado de la multitud. – Tienes una hermosa piel bronceada.
Flickerman hace un par de bromas, Santana responde en el momento correcto, siempre sonriendo y haciendo reír a la gente.
− Es realmente buena en esto. – Te dice Quinn, sin poder creer que la chica que la irrita y encuentra grosera, es capaz de cambiar tanto en tan poco tiempo. Ninguna sabe si Santana está fingiendo o si es realmente así, pero sea como sea, sin duda la chica tiene un don con sus palabras y una capacidad innata para hacer reír a la gente.
Las cosas siguen ligeras, hasta que el hombre menciona la cosecha y toda la postura de Santana se tensa.
No te das cuenta de que la tuya también.
− Creo que todo Panem está interesado en saber porque te presentaste voluntaria, Santana. – La voz de Flickerman se vuelve seria, incluso alcanzas a percibir un tono consolador. − ¿Qué impulsó esta valiente decisión?
Ves como la chica vacila, la inseguridad es palpable y parece reacia a hablar, pero finalmente lo hace.
− Ashley Pierce… − Comienza Santana y el nombre de tu hermana suena extraño viniendo de su boca. – No estaba preparada para algo como los juegos, no podía ver a su familia pasar por esto…
Te muerdes el labio inferior, ¿por qué no te dijo esto, cuando se lo preguntaste?
− ¿Qué tiene de especial la familia Pierce? – Es, probablemente, la pregunta asecha la cabeza de todos los habitantes del distrito doce, incluso la tuya.
Sorprendentemente, Santana se sonroja (nunca la habías visto más adorable), eso parece ser una señal, porque Caesar abre la boca con sorpresa, como si hubiese descubierto los misterios del universo. Sientes como Quinn se pone rígida y no entiendes porqué, ¿acaso dijo algo y te lo perdiste?
− No es la familia Pierce, es uno de sus miembros. – Explica mirando tímidamente el piso. – La hermana mayor de Ashley, Brittany Pierce, lo hice por ella, si no me presentaba como voluntaria, lo iba hacer ella y no podía permitirlo.
Abres tus ojos desmesuradamente. ¿Qué? Eso no fue lo que ella te dijo.
− Oh, creo que todos entendemos ¿es tu amiga? – Ves como la morena niega, sin hacer contacto visual con el presentador. ¿Por qué parece tan tímida? − ¿tu novia? – pregunta utilizando un tono pícaro que te provoca náuseas.
Santana se ríe.
− Dios no, pero me encantaría que lo fuera. – Flickerman dice algo, sin embargo no eres capaz de entenderlo, escuchas los gritos de la multitud, pero no distingues palabras.
¿Es posible qué…?
Sientes como la temperatura sube, la plaza se siente caliente, como si fuese el mismo infierno, las cosas empiezan a darte vuelta, te cuesta respirar y tus piernas empiezan a temblar.
− Sí, estoy enamorada de ella. – Alcanzas a oír la confesión que finalmente Santana da. Has estado esperando toda tu vida para oír esas palabras. Entonces ¿por qué no estás contenta? ¿por qué se forma un nudo en tu garganta? ¿por qué su confesión no te provoca otra cosa que tristeza? ¿por qué lloras cuando ella dice que te ama?
Te aferras a Quinn, ella intenta consolarte pero sólo eres capaz de oír la voz de la chica que dice que te ama.
− Me dijo que intentara ganar, y lo voy hacer por ella.
La entrevista termina, la multitud clama el nombre de Santana y ella con gracia se despide de todos, prometiendo volver.
Santana está enamorada de mí. Piensas. Ha estado enamorada de mí, durante todo este tiempo y yo…
Nunca vas a tener la oportunidad de decirle que tú también la amas, ella puede morir mañana creyendo que a ti ni siquiera te importa. Porque no fuiste capaz de decirle lo que sentías. ¡Debiste decírselo cuando la fuiste a ver! Tal vez incluso se hubiesen despedido de una manera más memorable, con un poco de suerte hubiese podido besarla, como llevas soñando por años.
Quizá, si hubieses confesado tus sentimientos, le hubieses dado algo que recordar, una razón para ganar.
Alguien por quién volver.
Pero con tu cobardía la mandaste a morir.
El pánico te invade y ya no puedes más, te falta el aire, te fallan las fuerzas y caes, caes y caes.
Quinn pide ayuda a gritos, pero lo único que está en tu cabeza, es que tú la mandaste a morir, que es tu culpa que ella tenga que participar en los juegos. Tú deberías estar ahí, tu deberías ser el tributo, tú no ella.
Tú que lo has tenido todo, deberías protegerla a ella, que ha tenido que luchar toda su vida. No debiste permitir que ella tomase el lugar de Ashley. Debiste gritar tu desacuerdo, pero como ahora, ese día tenías atoradas las palabras.
Deseas decir algo, pedir disculpas, rezar para que Santana las oiga.
Lo siento, lo siento, lo siento…
La única respuesta que recibes es la oscuridad.
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A/N2: ¿cuántos adivinaron que esta era la ruta que iba a tomar? Apuesto a que muchos, si no fueron todos XD. Ya en el próximo comienzan los juegos y veremos cómo le va a Santana y a Brittany.
