Disclaimer: Todos los personajes que aparecen aquí pertenecen a Stephenie Meyer. Solo la historia es mía. Si ven algún párrafo o algo que les resulte familiar durante la lectura también pertenecen a Meyer, puesto que me eh guiado un poco de los libros originales.
Muchas gracias por sus reviews! Me puse muy feliz al ver mi correo y ver todas los mensajes y alertas…
Con respecto a algunas preguntas que me han hecho: Los Cullen si aparecerán en el fic, pero mucho más adelante. Los primeros capítulos se concentraran en lo que viven Jasper y Bella mientras ella está creciendo… Y con lo de si ellos dos serán pareja o no, lo dejare para que lo descubran por ustedes mismas n,n
Nuestro Primer Hogar
Jasper Pov.
No deje de correr en ningún momento en todo el camino. Sentía si parara correría el riesgo de que alguien me descubriera y me apartara a mi Bella de las manos. Y yo no dejaría que eso sucediera. Bella se quedaría conmigo y eso no cambiaria.
Había salido de Forks desde hace horas y estaba en la carretera. Bella se había dormido en cuanto salimos del bosque y ahora permanecía descansando en mis brazos. Escucha su pequeño corazón latir con normalidad y su acompasada respiración, impactando su aliento contra mi pecho. Sonreí al ver su rostro y un sentimiento de protección me envolvió por completo.
Mire al frente cuando escuche el rugir de un motor. Una vieja camioneta, con ralladuras y abolladuras estaba estacionada aun lado de la carretera. Un hombre robusto y bajo salió del auto cerrando la puerta con brusquedad. Pare de correr cuando estuve demasiado cerca de él y lo observe fijamente. Solo pasaron algunos segundos antes de que notara mi presencia. Se giro con brusquedad sorprendiéndose. De inmediato sentí el terror y la preocupación emanar de el al ver mi rostro.
No sabía cual era mi expresión más recordé el estado en que estaban mis ropas y eso me aclaro algo de dudas. Rete al hombre con la mirada gruñéndole cuando se fijo en lo que tenía en brazos, haciendo ademan de gritar. Apreté a Bella contra mi pecho mostrándole mis dientes al extraño. Algo en el me daba muy mala espina. En un abrir y cerrar de ojos me le puse en frente. Estrello su espalda contra el capo del auto temblando.
-¿Qué…. Que es lo que quiere? –exclamo. Intentaba parecer valiente, pero en sus emociones se notaba que el miedo le poseía.
Sonreí para mis adentros. En eso el olor a marihuana me llego y un nuevo gruñido escapo de mi garganta. El tipo era un traficante. Se encogió de miedo al escucharme. Lo tome del cuello y lo avente hacia el otro lado de la carretera. Abrí en auto con brusquedad y vi los montones de bloques de droga en el asiento. Las llaves estaban puestas. Los saque todos los paquetes, dejándolos esparcidos en el asfalto. El auto quedo impregnado con el olor por lo que abrí las ventanas para que el aire fresco se esparciera. Oí las protestas del hombre al momento en que me subía al auto y le encendía, pero solo me vasto con enseñarle los dientes para que se callara.
Arranque en un santiamén. Resultaba más lento viajar en un viejo automóvil pero era más seguro y caliente para Bella, ya que había empezado a notar que se estremecía ocasionalmente por el frío. Agradecí que el olor a marihuana se fuese rápido para que mi pequeña no tuviese que inhalarlo.
Conduje con una mano el resto del camino. Con Bella aun dormida en mi brazo y el bolso en el asiento del copiloto me dispuse a pensar en el que haría ahora. No podía simplemente vagar de un lugar a otro pues obviamente ya no me encontraba solo. Y ya había decido que el dejarla en un orfanato no era una opción. Tendría que hacer parecer a la luz pública que Bella era mi hija.
Y tenía al humano perfecto para hacer el trabajo…
Tome el ascensor al último piso y espere pacientemente hasta que las puertas se abrieran nuevamente. Una joven mujer sentada tras un viejo escritorio fue lo primero que vi al llegar a mi destino. Entre a la sala con seguridad atrayendo la atención de la secretaria, quien al verme allí se sobresalto perceptiblemente. Sus emociones empezaron a llegar en oleadas fuertes pero las ignore olímpicamente.
-Vengo a ver al Jason Jenks. Dígale que requiero de sus servicio –espete sin más con total seriedad.
La mujer me miro de arriba abajo.
-Lo lamento pero el Sr. Jenks no está recibiendo a ningún cliente en estos momentos –dijo cortante.
Fruncí el ceño y me acerque un poco mas inclinándome hacia su rostro. Ella trago en seco y note su miedo.
-Sera mejor que le avise al Sr. Jenks de mi presencia si no quiere que las cosas se pongan feas para usted. No tengo mucha paciencia que digamos –murmure bajo pero firme.
La secretaria asintió temblando y prácticamente se tiro sobre el teléfono interno de la oficina. Me enderece en el acto viendo como marcaba el número.
-¡Sonya! Te advertí que no quería interrupciones. ¿¡Que rayos pasa! –Escuche la voz de Jenks al otro lado de la línea. Sonaba claramente enfadado.
-Lo lamento Señor, pero hay alguien que desea verlo. Esta aquí en la oficina –murmuro tímidamente evitando contacto visual conmigo.
-¡Dígale que no me interesa atender a ningún traficante idiota! Estoy ocupado –espeto.
-No parecer ser un traficante señor…. –respondió, encogiéndose un poco cuando me examino nuevamente.
-¡Que no me importa! ¡Sáquelo de aquí! –grito.
-Dígale al Sr. Jenks, que Jasper Whitlock, espera impaciente encontrarse con el –exclame. Sonya se sobresalto al oírme hablar.
Asintió rápidamente temerosa de lo que pudiese hacerle si no hacia lo que le pedía. No me sorprendería que le hubiese dado un infarto en ese instante.
-Se… señor. Dice aquí el señor.. Whitlock… que espera verlo lo más pronto posible… -murmuro entrecortadamente. No eran mis palabras exactas, pero esperaba que el nombre bastara. Y así fue…
Un silencio sepulcral se instalo al otro lado de la línea. Me pareció haber escuchado una ahogada exclamación seguida de un pequeño grito de asombro. Sonya se asusto al no recibir respuesta alguna.
-¿Señor Jenks? –murmuro.
-¡¿Qué demonios esperas allí imbécil? ¿¡Como se te ocurre hacerle esperar? ¡Haz pasar al Sr. Whitlock si no quieres que te despida! ¡YA! –grito Jenks con histeria.
Sonreí complacido cuando la secretaria colgó la llamada y se levanto con prisa dispuesta a guiarme al lugar donde se encontraba su jefe.
-No es necesario. Conozco el camino –dije.
Ella sintió y se sentó nuevamente como una niña regañada. Me contuve de no reír allí mismo y entre por la puerta que daba a la oficina de Jenks. Cruce un pequeño pasillo y antes de llegar a otra puerta de roble donde estaba colgada una placa colgada.
J. Jenks se me encontraba sudorosa y nervioso frente a su escritorio, esperando a mi llegada. Al verme trago en seco y paso una mano por sus grasosos cabellos como intentando arreglarlos lo mejor que podía. Se acerco a mi a grandes zancadas.
-¡Sr. Whitlock! Que sorpresa el verlo por aquí. Hace mucho no tenía noticias de usted –exclamo extendiéndome la mano.
Le mire fijamente con seriedad y él se encogió de hombros levemente.
-Al grano Jenks. Necesito documentos –espete.
El dejo caer su mano en acto el acto, limpiándose el sudor de ella en su pantalón.
-Por su puesto. Por supuesto. Por favor siéntese –exclamo haciéndose aun lado. Mostrando las sillas frente al escritorio.
Le mire de reojo y me senté en una de ellas. Jenks rodeo corriendo el escritorio y se sentó frente a mi sonriendo temerosamente. Se apresuro a sacar algunos papeles que tenía guardados y me miro expectante a que yo hablara.
-Quiero cualquier tipo de documento necesario para crear una nueva identidad. Actas de nacimiento, pasaportes, visas, certificados, permisos… Absolutamente todo –exclame.
Jenks asintió escribiendo con rapidez en el papel.
-A nombre de quienes debo de hacer los documentos –murmuro, sin apartar la vista de la hoja.
-Los míos que sean como siempre. Solo modifica la edad. 25 años –aclaré.
Medio gruñí cuando vi que iba a preguntar. Cerró la boca en el acto y se concentro en seguir con lo suyo.
-Los demás que sean a nombre de Isabella, Isabella Whitlock. 13 de septiembre de 1887 –continúe.
En ese momento fue cuando Jenks pareció notar al bebe en mis brazos. Abrió los ojos sorprendido y sentí una serie de emociones intensas emanar de él. Confusión, intriga, preocupación y miedo. No me sorprendería que miles de situaciones se plantearan en su mente en un intento por explicar de dónde había sacado a la niña, y lo que haría con ella.
Fruncí el ceño inclinándome un poco y atrayendo nuevamente la atención del humano. Se sobresalto y me dedico una mirada nerviosa antes de volver a escribir apresurado. Su frente brillaba por el sudor y su manos temblaban al pasar el bolígrafo por el papel.
-Es una linda niña la que tiene allí –logro decir -. ¿Es su hija?
-Así es… -dije cortante.
Se encogió aun mas.
-¿Quién es la madre? –pregunto, como quien no quiere la cosa.
-Murió al nacer ella –exclame -. Asegúrese de hacer bien los documentos. No quiero ningún error como la otra vez. Ya sabe lo que sucediera.
El corazón de Jenks dio un respingo y su pulso se acelero considerablemente. Empalideció y altero. Eso me basto para saber que aun recordaba el pequeño encuentro que habíamos tenido, por aquel error cometido.
-No… no tiene de que preocuparse señor Whitlock…. Me encargare personalmente de hacerlo todo como a usted le gusta… -dijo apresurado, con ansias de acabar con esto pronto.
-Le doy un plazo de 10 días a partir de hoy. Confió en que lo tendrá listo para ese momento pues vendré a buscarlo personalmente –Concluí levantándome.
Jenks asintió levantándose también. Quiso decir algo mas pero me di la vuelta hiendo a la puerta.
-Recuerde Sr, Jenks. 10 días. Eso es todo –amenace antes de salir.
-Bueno, esto será suficiente –murmure dejando caer el bolso en la sala y mirando a Bella con una sonrisa en los labios -. Bienvenida pequeña.
Ella me observo fijamente con esos bonitos ojos marrones. Agito un poco sus manitos entre mis brazos. Le acaricie los cabellos y rápidamente se movió para atrapar mi frio dedo. Reí y ella sonrió en respuesta.
Ya mi pequeña tenía dos meses y desde hace pocos días había empezado a sonreír. Cada vez que yo sonreía ella me acompañaba haciéndome sentir realmente feliz y especial por presenciar su cariño. También había mostrado especial atención en la música. Cada que escuchaba alguna giraba un poco su cabeza en busca del origen.
Le hice algunas muecas para entretenerla mientras cerraba nueva la puerta de nuestra nueva casa y avanzaba al interior.
-Mira Bella. ¿Te gustan? Son todos tuyos –exclame sentándome en el suelo y atrayendo algunos juguetes que había tomado la libertad de comprar solo para ella.
Bella sonrío nuevamente en cuanto le puse en frente un peluche de puma frente a ella. Le bese la mejilla mientras la veía sujetar el muñeco y lo llevaba de un lado a otro.
La deje recostada en el suelo jugando a un lado del sofá, con varios cojines a su alrededor por las dudas y fui a su nueva habitación. Aun no estaba completamente equipada y solo tenía la cuna echa de roble en donde dormiría. Me dirigí al baño y prepare el agua caliente para asear a Bella un poco.
Había logrado conseguir esta pequeña casa en Boston gracias al dinero que había ahorrado y conseguido a lo largo de los años. No era ni muy rico pero tampoco pobre y todo me era suficiente para cubrir los gastos que Bella requería como juguetes, ropas, comida y otras necesidades. Como yo no necesitaba comer y las ropas que tenia ahora aun estaban en buen estado no me preocupaba demasiado por mí.
Volví un nuevamente a la sala y en cuanto entre intento girarse sin existo para buscarme. Sonreí con ilusión y me le acerqué con rapidez. Bella empezó a agitarse un poco y alzo los brazos para que le cargara. En cuanto estuvo mis brazos recostó la cabeza en mi hombro haciéndome sentir una agradable sensación de felicidad en mi pecho que me hizo sonreír aun más grande.
Media hora después bajaba nuevamente con mi pequeña más limpia y fresca, jugando con mi cadena de militar entre sus manitas. Bella no podía ver la cadena sin empezar a jalármela y llorar para que se la diera. Y yo como cualquier padre vulnerable no podía soportar verla llorar, por lo que siempre la cadena acababa enredada entre las los brazos de la pequeña. Claro que siempre cuidaba de que no se la enredara en el cuello.
Le prepare un biberón con formula especial para bebes y se lo di mientras encendía la televisión y ponía las caricaturas.
Suspire con confort observando a Bella beber su leche hasta quedar profundamente dormida en mis fríos brazos. Le bese la frente con cariño y la lleve a su habitación dejándola dormir cómodamente en su cuna.
-Te quiero pequeña… -murmure.
No sé cuánto tiempo permanecí allí, parado a un lado de su cuna, velando sus sueños. Tenía ese sentimiento de protección que me impedía irme y terminar de arreglar los muebles, y quedarme allí.
Realmente no cambiara esta vista por nada del mundo.
