Después de ver la división total de comentarios y opiniones que ha habido en vuestros reviews, creo que unas os vais a quedar con mal sabor de boca por este capítulo y otras no tanto. Eso sí, para las que os llevéis la decepción, deciros que era necesario para el desarrollo pensado para este fanfic. Eso sí, podréis comprobar que a Inuyasha se le van a ir bajando mucho los humos en este capítulo y que en general mejora bastante aunque le quede mucho recorrido.

Capítulo 2: Seducción

Ella debía estar aterrada. Le miraba con los ojos abiertos como platos, la boca entre abierta y podía percibir el temblor en su cuerpo incluso a aquella distancia. ¿Por qué demonios estaba tan asustada? Él no pretendía hacerle ningún daño, todo lo contrario. Quería darle placer, más placer del que hubiera sentido en toda su vida, fusionarse con ella, hacerle gemir, retorcerse de puro éxtasis, gritar su nombre.

Se sentía estúpido allí de pies observándola. Tenía las dos copas en las manos, le ofrecía una pero ella no avanzaba hacia él para aceptarla y no sabía si sentirse estúpido o rechazado. Si tuviera quince años, estaba seguro de que no podría hacer más el ridículo de lo que lo estaba haciendo en ese momento. Cualquier otra mujer de esa maldita fiesta habría corrido hacia él ignorando las copas de champan y se le hubiera echado encima pero él debía de haber escogido a la única que tenía escrúpulos o a la única que lo odiaba. A lo mejor le había dado una terrible primera impresión a Kagome, a lo mejor le caía mal o lo odiaba por intentar lo que estaba intentando.

Estaba aún sumido en sus pensamientos cuando ella cerró la puerta a su espalda, dejándolos a ambos dentro de la habitación. A paso lento pero decidido se dirigió hacia él y no se detuvo hasta quedar a menos de treinta centímetros de su cuerpo. Ella agarró la copa de champan que le había estado ofreciendo y antes de que retirara la mano, se la agarró y le hizo rodear su cintura. El gesto le sorprendió pero también le complació infinitamente. Ella debería pertenecerle a él, no a Miroku. Estaba seguro de que ellos no tenían esa conexión que estaba sintiendo con ella en ese instante. Chocaron sus copas en un silencioso brindis y ambos cerraron los ojos antes de llevarse la copa a los labios y tomar el líquido dorado.

Debería sentirse mal por estar seduciendo a la prometida de su mejor amigo, debería dar media vuelta y largarse de aquella habitación, debería olvidarse de lo que estaba sintiendo por primera vez con la cercanía de una mujer y sobre todo, debería olvidarse de Kagome Higurashi. Debería hacer tantas cosas…

Al volver a abrir los ojos se encontró con la mirada perturbada de la joven. Era él quien dudaba en ese instante y estaba claro que ella podía notarlo en la tensión del brazo que rodeaba su cintura. Se perdió en la inmensidad de aquellos preciosos ojos color chocolate y aquel extraño brillo que parecía tan característico en ella, lo cautivó. Era tan joven, tan hermosa y parecía tan maravillosamente inexperta. Lo tenía fascinado.

- Ven conmigo.

Soltó su cintura para agarrar ambas copas de champan y las dejó sobre la mesa de roble antes de agarrar una de las pequeñas manos de la mujer. Sus manos eran tan pequeñas, tan suaves, tan cálidas. Nunca se había sentido tan satisfecho con tan solo sujetar la mano de una mujer. ¿Qué tenía ella?

Abrió la puerta que daba al balcón y le hizo salir al exterior, donde la brisa era fresca y se escuchaba el sonido de los grillos. Sintió el temblor de la joven y tan rápido como llegaron a la barandilla se quitó la chaqueta y se la pasó sobre los hombros. Retiró sus manos acariciando hasta las muñecas sus brazos con la piel de gallina por el frío y volvió a subir sus manos por su torso. Se detuvo justo debajo de sus senos, rozando su opulencia cuidadosamente y la estrechó contra su cuerpo. Su espalda estaba pegada a su torso y él se inclinó buscando una posición más cómoda para apoyar su cabeza en el hueco de su hombro. Nunca había estado con una mujer tan menuda pero le gustaba a pesar de su falta de costumbre.

Ella se recostó confiada en su torso y suspiró cuando sintió su aliento contra la piel de su cuello, cerca de la yugular. Besó cuidadosamente la zona y la acarició con la lengua, formando un pequeño sendero hasta alcanzar el lóbulo de su oreja. Era deliciosa.

- No sabía que se vieran las estrellas desde aquí…

¿Las estrellas? Alzó la cabeza, separando sus labios de su cremosa piel y observó el cielo estrellado de aquella maravillosa noche. Él era un aficionado de la astronomía desde su niñez y tenía muchas clases de telescopios en su casa para disfrutar del cielo nocturno. Nadie sabía su secreto ya que nunca sintió la necesidad de compartirlo pero por primera vez, deseó hablar de ello. Kagome parecía interesada en las estrellas y él sabía de ellas y le gustaba hablar sobre astronomía.

- La estrella más cercana a nuestro sistema solar es Proxima Centauri, uno de los componentes de la estrella triple Alpha Centauri, que está a unos 40 billones de kilómetro de la Tierra. En términos de velocidad de la luz, este sistema de estrella triple está a unos 4,29 años luz; la luz, que viaja a unos 300.000 km/s, tarda más de cuatro años y tres meses en llegar desde esta estrella hasta la Tierra.

- Eso suena realmente increíble.- sonrió- Cuéntame más.

- Creo que no hace falta decir que el sol es una estrella que sólo podemos ver de día debido al movimiento rotativo de la tierra.- continuó- La estructura interna del Sol y de otras estrellas no se puede observar de forma directa, pero hay estudios que indican corrientes de convección y una densidad y una temperatura que aumentan hasta alcanzar el núcleo, donde tienen lugar reacciones termonucleares. Las estrellas se componen sobre todo de hidrógeno y helio, con cantidad variable de elementos más pesados.

Ella parecía estar atendiendo a cada una de sus palabras y al terminar su última frase supo que lo estaba pensando, que lo imaginaba. ¡De verdad estaba interesada!

- Las estrellas más grandes que se conocen son "supergigantes", con diámetros 400 veces mayores que el del Sol, en tanto que las estrellas conocidas como "enanas blancas" pueden tener diámetros de sólo una centésima del diámetro del Sol. Sin embargo, las estrellas gigantes suelen ser difusas y pueden tener una masa 40 veces mayor que la del Sol, mientras que las enanas blancas son muy densas a pesar de su pequeño tamaño.- señaló toda la extensión del cielo- Puede haber estrellas con una masa 1.000 veces mayor que la del Sol y, a escala menor, bolas de gas caliente demasiado pequeñas para desencadenar reacciones nucleares, denominadas enanas. Un objeto que puede ser de este tipo (una enana marrón) fue observado por primera vez en 1987, y desde entonces se han detectado otros.

- ¡Guao!- exclamó- Creo que voy a empezar a frecuentar el observatorio.

- Ojala tuviera aquí mi telescopio y mi guía para enseñarte las constelaciones que hoy son visibles.

- ¿Tú has visto alguna?

- He visto muchísimas

- Entonces, descríbeme alguna.- le pidió- Yo la imaginaré.

- Mejor voy a describirte una nebulosa.- le contestó- Las constelaciones son más geométricas, más matemáticas.

- De acuerdo.

No tenía planeado hablar de astronomía con ella, ni siquiera había planeado que acabaran observando las estrellas. La llevó al balcón para ayudarla a relajarse mientras la seducía pero se descubrió a sí mismo compartiendo uno de sus mayores secretos con la joven. Le estaba enseñando una de sus mayores pasiones y ella no se reía, no simulaba interés, no intentaba cambiar de tema. Quería saber más y más y él iba a complacerla.

- En términos académicos, la nebulosa es una masa localizada de gases y pequeñas partículas de polvo que se puede encontrar en prácticamente cualquier lugar del espacio interestelar. Hay dos clases: las asociadas a estrellas muy evolucionadas: nebulosas planetarias y remanentes de supernovas, y las asociadas a estrellas muy jóvenes, algunas incluso todavía en proceso de formación: objetos Herbig-Haro y nubes moleculares.- le dio un beso en el cuello- Pero hablemos en otros términos…

Inuyasha la estrechó más fuertemente contra su cuerpo y comenzó a besar su cuello tal y como había hecho anteriormente.

- Una nebulosa es sencillamente hermosa…- aspiró su aroma a lilas- Todo parece oscuridad con pequeños puntos similares a diamantes y de repente, una rayos violáceos empiezan a tomar una forma…- sus manos empezaron a ascender y descender sobre sus costillas- No toma ninguna forma definida, nada que nosotros conozcamos pero resulta atractiva a la vista, suave, brillante, sensual…

Abrió los labios mostrando sus dientes y mordió de forma juguetona el punto más sensible del cuello de la mujer.

- Observarla es una auténtica delicia… - murmuró en su oído antes de pasar la lengua- Te hace desear tocarla, sentirla en tus manos…

Las manos del hombre se volvieron más atrevidas y ascendieron hasta alcanzar las cumbres de sus senos. Abarcó los pechos con ambas manos y los masajeó tiernamente. Kagome se arqueó contra sus manos deseando obtener un contacto mucho mayor y su rostro con los ojos cerrados y las mejillas teñidas de color carmesí quedó a su vista. Se veía realmente hermosa y tentadora. Sus labios se estaban ofreciendo a él y no podía decepcionarla a ella, ni a sí mismo ignorando la clara invitación. Sin dejar de acariciar sus pechos inclinó la cabeza hasta que sus labios se rozaron. Los labios de la mujer eran tremendamente suaves al contacto con los suyos y no pudo evitar acariciarlos con su lengua. Ella entreabrió la boca ofreciéndole más aún y él aceptó la invitación con una sonrisa de oreja a oreja.

No fue un beso lento y pausado, no fue dulce y tierno pero tampoco fue brusco o violento. De hecho, fue el mejor beso de toda su vida. Sus bocas parecían hechas para el otro, encajaban como las dos únicas piezas de un puzle y eso sólo consiguió enardecerlo, aumentar su deseo animal por aquella mujer. La devoró con sus labios y con su lengua, retuvo su lengua contra la suya en una danza interminable, probó su dulce sabor combinado con el champan y la dejó sin respiración. Sus manos se volvieron más activas sobre sus senos, acariciando, apretando y provocando sobre la fina tela del vestido. Ella no llevaba sujetador debajo y podía sentir sus pezones erguidos contra la tela de la prenda. Lo estaba matando de puro deseo.

Kagome debía sentirse como él porque repentinamente, una de sus manos agarró su nuca para apretarlo más contra su boca mientras que la otra sujetó una de las manos que estrujaba sus senos. Aquel gesto tan apasionado lo fascinó y lo perturbó al mismo tiempo. Pellizcó sus pezones sobre la tela del vestido y sus caderas comenzaron a moverse contra el trasero de la joven. Ella debió sentir su erección y debió entender el movimiento puesto que se movió contra él tal y como había deseado.

A penas transcurrió un minuto más cuando rompió el beso y antes de que ella protestara y lo buscara de nuevo, inclinó su cabeza sobre su cuello y comenzó a morder y lamer la sensible carne. Ella gimió de puro placer por lo que le estaba haciendo y acarició su cabello incitándolo a continuar. Estaba empezando a perder el control y si seguía así acabaría apoyando las manos de la mujer en la barandilla y bajándole las bragas para poseerla allí mismo.

Frustrado, soltó sus pechos y apartó la boca de su cuello. Kagome se merecía que le hicieran el amor en condiciones, no un poco de sexo bruto en un balcón donde pudiera verlos cualquiera que saliera al exterior.

- Espérame aquí.- le pidió- Ahora vuelvo.

Ella parecía enojada porque se hubiera detenido y encima se marchara pero al mirarlo a los ojos debió darse cuenta de que él sólo pretendía retrasarlo unos minutos puesto que asintió con la cabeza y le dio la espalda para esperar. Ansioso e impaciente se dirigió al interior de la habitación y miró la cama de matrimonio. Lo que tenía que hacer era levantarla en volandas, llevarla hasta esa cama y depositarla en el centro con suma delicadeza. Ahora bien, no lo encontraba lo bastante romántico para la primera vez que iban a estar juntos. Buscó con la mirada en la habitación algo que le convenciera hasta que su mirada se topó con la chimenea. Tal vez…

Tardó poco más de cinco minutos en prepararlo todo y cuando salió de nuevo al balcón, ella seguía de espaldas a él esperándolo y parecía impaciente. Movía los pies como si le estuviera costando una infinidad quedarse allí parada y eso le encantó. Ella lo deseaba más de lo que había imaginado.

- ¿Me esperabas, preciosa?

La rodeó con sus brazos desde atrás y depositó un suave y húmedo beso en su hombro.

- ¿Por qué tardabas tanto?

- En seguida lo sabrás.- sonrió contra su piel- Pero primero prométeme una cosa.

- ¿El qué?

- Quiero que cierres los ojos antes de volverte y que no los abras hasta que yo te lo diga.

- Hmm…

- No me tengas miedo, pequeña.- le suplicó- Sabes perfectamente que yo no te haré daño.

Kagome asintió aún a pesar de que la duda parecía seguir embargándola y cerró los ojos. Él la hizo volverse y sin soltar su mano la guió hacia el interior de la habitación que acababa de abandonar. La alzó para que no tropezara con el escalón y la hizo detenerse para cerrar la puerta del balcón antes de continuar. La habitación ya estaba bastante caliente por lo que deslizó su chaqueta por los hombros de Kagome hasta dejarla caer en el suelo. Siguió a la chaqueta hasta el suelo y llevó las manos a sus tobillos para desatar las sandalias. Fue un tormento acariciar la piel de sus pantorrillas y sus pequeños y delicados pies sin poder hacer nada más. Sólo le consolaba el hecho de que cada vez le faltaba menos.

- Ya puedes abrir los ojos.

Su exclamación de sorpresa le indició que ya debía de haber visto lo que había estado preparando. Lo hizo con prisa pero había quedado bastante bien o por lo menos él lo veía así. La chimenea encendida dando calor e iluminando ligeramente la habitación con su tono dorado, suaves cojines y almohadas apilados ante ella para que pudieran tumbarse, el champan al alcance de la mano. Nunca en su vida se había tomado tantas molestias por una mujer pero ella no decía nada y lo estaba poniendo nervioso. A lo mejor no le gustaba el escenario que había montado, a lo mejor ella no buscaba romanticismo tal y como él pensó, a lo mejor se le habían quitado las ganas de que hicieran el amor por hacerla esperar e insinuar que lo hicieran sobre unos cojines en el suelo.

- Kagome…- titubeó- ¿T-Te gusta?

Ella pareció reaccionar en ese momento porque se volvió para mirarlo, demostrándole de esa manera lo mucho que le gustaba. No necesitaba que contestara para saber la verdad puesto que sus ojos en ese momento se lo estaban diciendo todo.

- Me encanta.

Fascinado por sus palabras agarró sus manos y la ayudó a sentarse sobre los mullidos cojines. Él hizo lo suyo sentándose a su lado pero algo fallaba. Kagome le estaba mirando entero pero más que apreciar su atractivo, parecía como si estuviera buscando algo en él.

- ¿Kagome?

- Disculpa… - musitó- Es que te has quitado la corbata…

La corbata de los fuegos artificiales. ¿En verdad le gustaría esa corbata de la que tanta gente se había reído en aquella noche? Se estaba empezando a plantear el añadirla a su vestuario habitual si a la joven le complacía verle con ella.

- Si quieres, puedo volver a ponérmela…

- ¡No!- exclamó avergonzada- Sólo era una observación…

Inuyasha sonrió sintiendo cierta ternura por la mujer. Era tan tímida, tan modesta, tan amable, sociable, hermosa… perfecta.

Colocó su mano en su nuca para conseguir que se acercara a él y juntó sus labios con los suyos en otro apasionado beso. Ella se movió inquieta, él entendió su estremecimiento y la ayudó a tumbarse sobre los cojines sin romper el beso. Él se colocó sobre ella apoyando los codos para no cargar todo su peso sobre su delicado cuerpo.

- Eres tan hermosa… - murmuró contra sus labios.

Sus labios descendieron por su garganta arrancando suaves jadeos hasta llegar al escote del vestido. Besó son ímpetu todo lo que el vestido dejaba a la vista y luego volvió a ascender con su lengua hasta llegar a su clavícula. Mordió juguetonamente su hombro y con los dientes apartó uno de los tirantes dejando al desnudo todo el hombro. Ronroneando de satisfacción repitió el mismo proceso con el otro hombro. Volvió a descender hasta alcanzar la curvatura de su pecho y mordió suavemente la curva provocando que la joven se arqueara contra él. En lugar de intentar bajar el cuerpo del vestido, descendió sobre la tela y le mordió el pezón. Sabiendo que a ella le gustaba llevó ambas manos a sus pechos y volvió a masajearlos tal y como hizo en el balcón.

De repente sintió unas aventureras manos sobre su cabello, descendiendo hacia sus hombros cubiertos por la camisa, buscando acariciar su ardiente piel y él iba a complacerla. Se irguió quedando arrodillado con ella entre sus piernas y desabrochó uno a uno los botones de la camisa hasta poder quitársela. Ella se relamió los labios al observar al fin su torso desnudo y él no pudo menos que sentirse complacido por resultar de su agrado. Volvió a tumbarse sobre ella, a masajear sus pechos cubiertos por aquella molesta tela, a besar su vientre también cubierto. Necesitaba más que eso y ella también.

- Levántate conmigo, Kagome.

Kagome lo miró extrañada por sus palabras pero aceptó su ayuda para levantarse cuando se la ofreció. Una vez de pies, no tardó ni dos segundos en rodearla con sus brazos y volver a besarla intensamente. Ella se abandonó a él con un intenso gemido y rodeó su cuello con sus manos en un intento por acercarlo más. Entusiasmado y excitado llevó sus manos a la espalda de la mujer y buscó a tientas la cremallera del vestido que sabía que estaría allí. No se resistió ni un poquito cuando empezó a bajarla, como si estuviera esperando ese momento y le encantó. Acarició su columna vertebral desnuda estremeciéndose de puro placer a la vez que ella por la sensación de tocar aquella suave piel.

- Te deseo, Kagome.

Era más que obvio que la deseaba si se tenían en cuenta sus acciones y el prominente bulto en sus pantalones hechos a medida pero aún así sintió la imperiosa necesidad de decírselo y de que ella le respondiera.

- ¿Kagome?- rozó sus labios suavemente- ¿Tú me deseas?

Ella tan sólo tenía veinte años, era muy joven y temía que se estuviera dejando llevar por un hombre que sabía cómo seducirla y que en realidad, no lo deseara. No quería arrepentimientos a la mañana siguiente, no quería lágrimas, ni discusiones. Quería a una Kagome tan maravillosa como lo estaba siendo en esa noche y quería poder repetirlo porque no podía ocurrir nada en ese momento que estropeara su extraña conexión.

- Yo… Sí, Inuyasha- le miró con los ojos nublados por la pasión- Te deseo…

De la garganta de Inuyasha surgió un gruñido ronco que sonaba igual que el de un animal a punto de lanzarse sobre su presa. Ayudó con sus manos a sacar el vestido que aún la cubría y observó maravillado el delicioso cuerpo que había deseado desde el primer instante. Los muslos llenos y redondeados, las pequeñas braguitas blancas que cubrían la única parte de su cuerpo que aún no había descubierto, las caderas redondeadas, el vientre plano y liso, la cintura de avispa y los perfectos senos coronados por un par de perlas rosadas.

- Tan hermosa…

Se inclinó para besar una vez más su cuello y agarró las manos de ella llevándolas a su pantalón. Quería que se lo quitara ella y no se quedó decepcionado cuando los dedos de la joven empezaron a trastear con su cinturón y la bragueta de los pantalones. Ella rozó asustada el bulto que ocultaba bajo sus pantalones y esa reacción lo intrigó. A lo mejor nunca había estado con un hombre de su tamaño. No quería ser arrogante pero no muchos hombres contaban con su longitud.

Colocó sus manos sobre las de ella para tranquilizarla y apoyó su frente contra la suya mirándola a los ojos. Sonrió al ver que el miedo de la joven se iba disipando al mirarlo a los ojos y la ayudó a bajarse los pantalones. Ambos se quedaron con tan solo una única prenda cubriéndolos y volvieron a tumbarse sobre los mullidos cojines. En esta ocasión, se tumbaron piel contra piel y jadearon por el tremendo placer que les produjo el simple contacto. Entonces, fue cuando ambos perdieron por completo el control.

Inuyasha la estrechó entre sus brazos y atrapó sus labios en un largo y apasionado beso mientras que Kagome correspondía mientras acariciaba su espalda desnuda, investigando su musculatura y apretándolo más contra su cuerpo.

- Inuyasha…

Escucharla gemir su nombre era mucho más de lo que podía soportar. Se obligó a abandonar su boca y ahogó cualquier protesta por parte de ella cuando su boca atrapó uno de sus senos. Mordió y besó la blandura de toda la curva para luego concentrarse en el inhiesto pezón. Kagome era tan hermosa como deliciosa y su sabor se estaba volviendo realmente adictivo para él. Lamió, mordió, besó y succionó su pezón hasta considerar que había quedado satisfecho y entonces se pasó al otro para otorgarle el mismo tratamiento.

Ella se removió inquieta bajo su cuerpo y debido a uno de sus movimientos terminó tumbado entre sus piernas con el bulto que representaba su erección clavándose contra el mismo centro de la mujer. Ambos gimieron ante ese nuevo contacto y casi inconscientemente comenzaron a mover sus caderas, la una contra la otra.

Inuyasha levantó su cabeza para volver a besarla y su mano comenzó a descender acariciando su vientre. Bajó más y más hasta que se encontró con el diminuto encaje blanco que protegía el sexo de la chica. Le acarició sobre la tela pero al no ser suficiente para ninguno de los dos, introdujo la mano entera rasgando las bragas y ahuecó la mano en su centro. Estaba tan caliente y tan húmeda que él mismo estuvo a punto de eyacular en ese momento. Ella estaba mucho más que preparada para unirse a él y no podía hacerse de rogar por mucho más tiempo. Sólo la acariciaría un poco más.

Se encendió más aún cuando las manos de Kagome descendieron desde sus omoplatos hasta sus nalgas cubiertas por los bóxers. La joven apartó con timidez el elástico e introdujo las manos para acariciarle las endurecidas nalgas por el duro ejercicio. Gimió satisfecho al sentir sus caricias y cuando ella le clavó las uñas en las nalgas, se inclinó y volvió a besarla como había hecho anteriormente. Parecía tan inexperta y sin embargo, estaba resultando mucho mejor que cualquier otra mujer con experiencia.

Apoyó su frente contra la de ella para poder mirarla a los ojos y se encontró una vez más con esa mirada deseosa que tanto le gustaba. Él tenía la frente perlada por el sudor y su cuerpo comenzaba a transpirar por el calor y el movimiento; ella respiraba con dificultad a juzgar por el delicioso movimiento de sus pecho y su cuerpo empezaba a ponerse tan húmedo y resbaladizo como el de él. Eran todas las señales, había llegado el momento de unirse, de formar uno solo. Sin dudarlo un solo instante apartó la tela rasgada por su mano y se arrancó sus propios bóxers. Ella ya tenía las piernas abiertas y estaba esperando, totalmente dispuesta para él y entregada. Aquella imagen de Kagome debía ser el sueño de todo hombre y era toda suya, para que la disfrutara exclusivamente él.

Tanteó entre sus piernas con su miembro aún erecto hasta que la punta se acomodó en su entrada. A lo mejor le resultaba un poco molesto al principio ya que su tamaño era mayor de lo normal pero se acostumbraría en seguida. Acomodó sus brazos a los lados de su cabeza y justo cuando dio un fuerte empujón para introducirse de una sola vez, le pareció que ella iba a decirle algo. Cuando estuvo en su interior supo sin necesidad de preguntar lo que ella iba a decirle. Kagome era virgen, no se había entregado a ningún hombre antes, ni siquiera a Miroku. Ella lo había escogido a él… ¿Por qué?

- ¿Kagome?

- ¿Te molesta que sea virgen?- le preguntó con lágrimas en los ojos- Preferirías a una mujer con más experiencia, ¿no?

Ella pensaba que él había dejado de desearla por ser virgen, lloraba por su culpa. Él nunca había tratado con una virgen, no sabía lo que tenía que hacer pero sin duda alguna no había dejado de desearla y no iba a dejar que pensara eso. Haría todo lo posible para complacerla lo máximo posible.

- No me molesta… - le aseguró- Me gusta que seas virgen…

- ¿Ah, sí?

- Sí, Kagome…

- Pero… ¿Por qué?

- Eso significa que soy el único hombre que te ha tocado y me gusta porque soy muy celoso...

Antes de que ella pudiera decir una sola palabra más se inclinó para volver a besarla, sellando cualquier protesta. Sus manos volvieron a acariciar todo su cuerpo buscando encender de nuevo su deseo y no comenzó a moverse hasta que la joven movió sus caderas contra las de él, buscando enloquecerlo.

Sus movimientos fueron lentos y pausados al principio para darle el tiempo necesario para que se acostumbrara pero a medida que iban pasando los segundos, aumentó más y más el ritmo hasta que ambos gemían y se abrazaban moviendo sus caderas violentamente. La culminación les llegó al mismo tiempo a ambos y gritaron el nombre del otro justo antes de volver a besarse.

Inuyasha se dejó caer sobre ella mientras su respiración se iba regulando pero al percatarse de que a lo mejor pesaba demasiado para la mujer, se hizo a un lado. Se puso de costado para poder mirarla y ella lo imitó para verle de frente. Tenía la mirada de una mujer satisfecha y sabía que él se encontraba exactamente igual. Ninguna mujer con más experiencia podría haberle hecho sentir lo que acababa de vivir con Kagome. Ella no era cualquiera mujer, ella era su mujer. Ahora lo veía tan claro que se sorprendió de no haberse dado cuenta. Estaba enamorado de Kagome, se había enamorado a primera vista y si no era con ella, no podría casarse nunca con ninguna otra. De hecho, después de haber pasado una noche con Kagome no creía poder acostarse con ninguna otra mujer nunca.

- ¿Te sientes bien?- le preguntó- ¿Te duele?

La primera vez para una mujer dolía e incluso se podía llegar a sangrar en algunos casos. Él todavía no se había atrevido a mirar si había sangre pero se obligó a hacerlo. Se levantó sin sentir ninguna vergüenza por su desnudez y fue hacia el baño en busca de una esponja. Tras mojarla y escurrirla volvió al salón y se sorprendió al percatarse de que ella no intentaba cubrir su cuerpo desnudo. Ella abrió las piernas antes de que se lo pidiera y pudo ver entre sus muslos los restos de sangre y de su propio semen. Limpió con mucha delicadeza la zona y suspiró aliviado al darse cuenta de que había sangrado muy poco. Le asustaba pensar que pudiera haberle hecho más daño del necesario a cuenta de su tamaño.

- ¿Ya no te da vergüenza?

- ¿Hug?

- Antes te mostrabas muy tímida.

- Porque no sabía lo que tenía que hacer… Era mi inexperiencia la que me cohibía… - se sonrojó- Pero no me avergüenza mostrar mi cuerpo. ¿Preferirías que me sintiera avergonzada?

- No,- se apresuró a contestar- me gusta que seas así conmigo…

Volvió a llevar la esponja al baño y tras limpiarse un poco él mismo, regresó al lugar en el que Kagome lo esperaba. Se sentó a su lado y acarició la "s" que formaba desde su hombro pasando por su cintura y caderas hasta los tobillos. Normalmente, cuando acababa con una mujer se marchaba pero eso era distinto. Kagome no era cualquiera mujer, era su presente y su futuro y si ella no lo sabía él se lo haría ver, pero no en ese momento. Aquel momento era demasiado perfecto como para arriesgarse a provocarle algún disgusto o sufrimiento a la joven. Hablaría con ella al día siguiente y aclararían el asunto de su compromiso.

- Tendré que romper con Miroku.

Aquella frase lo sacó de sus pensamientos y llamó su interés.

- No puedo casarme con él cuando acabo de estar con otro hombre… Eso no está bien y él no se lo merece.

Era cierto, Miroku no se lo merecía y mucho menos cuando era su mejor amigo el que le había robado a su novia. También tendría que hablar con Miroku e implorar su perdón.

- ¿Crees que me perdonará?

- Seguro que lo hará.

A ella sí que la perdonaría. Si Kagome se presentaba en su casa con su dulce sonrisa y su tierna mirada para explicarle todo, estaba seguro de que Miroku la perdonaría. Él, en cambio, era otra cuestión muy diferente. Ojala Miroku fuera algún día capaz de perdonarle por esa traición que tan poco se merecía.

- Pero…

- Shhhhhhhhhhhh- la hizo callar- No pienses en eso ahora.

Pasó un brazo por debajo de sus rodillas y otro por detrás de su espalda y la levantó en brazos, apretándola contra su pecho desnudo. La llevó hasta la cama de matrimonio y con mucho cuidado la tumbó en el centro. Siguió su ejemplo tumbándose junto a ella y la abrazó.

- No pienses en nada más que tú y yo.- rozo sus labios con los de él- Esta noche es para ti y para mí.

Acalló cualquier protesta con sus labios y volvió a ponerse sobre ella para llevarlos a ambos hacia el paraíso una vez más.

Continuará…