Kagome se quedó petrificada cuando escuchó que el joven frente a ella había hablado. Ella no le contestó, tomó la toalla que estaba junto a ella lo más rápido posible y salió de la tina.
Se resbaló con el agua que estaba sobre el frio piso, el joven abrió sus brazos para detenerla pero ella pasó justo sobre él, como si no existiera.
Kagome se volteó para poder verlo de nuevo pero había desaparecido.
No puede ser, no puede ser, estas soñando Kagome, decía la joven tratando de cambiarse. Fue cuando lo sintió de nuevo ese frio espantoso que hacía que su piel se enchinara.
Levantó su mirada para encontrarse de nuevo con el joven que la veía detenidamente como si tratará de encontrar algo.
Kagome volvió a cerrar sus ojos, esto no puede estar pasando, los abrió de nuevo, el joven se acercaba a ella cada vez más.
Se pinchó el brazo pero no estaba dormida ni alucinando, volvió a cerrar los ojos e hizo lo primero que se le vino a la mente y fue rezar.
"¿Qué estás haciendo?" le preguntó el joven frente a ella, quien claramente se había detenido.
Kagome abrió uno de sus ojos, pudo ver la confusión y el enojo de la persona casi translucida frente a ella, podía jurar que lo había visto materializado hace un minuto.
"¿Quién eres y que estás haciendo en MI casa?" le preguntó enojado.
"¿TU casa?" repitió lo que había escuchado "Disculpa pero la última vez que revisé esta es mi casa, pagué por adelantado seis meses" justo ahora se había dado cuenta que eso fue un gran error.
El joven la vio confundido, aun observando su rostro como si tuviera algo pegado entre los dientes.
Kagome iba a decir algo cuando el joven la interrumpió "Si no quieres que tu vida se convierta en una pesadilla, lárgate" y desapareció.
Kagome se quedó sentada sobre el suelo en toalla, no podía creer lo que estaba viendo o lo que había visto, un joven unos años mayor que ella apareció y desapareció de su cuarto. Lo que no pudo dejar de notar es que cuando él se fue el clima en el cuarto había regresado a la normalidad.
Pero qué demonios estaba pasando, su cabeza comenzó a doler, esto era demasiado, no había forma en la que se pudiera deshacer de la casa ya que su madre había pagado por adelantado el semestre o ¿tal vez sería más sencillo deshacerse de él? Kagome movió su cabeza en desaprobación.
No es como que iba a llamar a los cazafantastmas y si le decía a alguien más pensarían que estaba loca, hasta ella misma lo pensaba. Aunque el chico que la había rentado la casa parecía saber algo.
Tomó su teléfono celular y le marcó, esperó varios segundos pero nadie le contestó, lo hizo varias veces hasta que se hartó y aventó el teléfono a su cama. Ya mañana sería otro día aunque el hecho de que fuera su primer día de clases no ayudaba.
Kagome se levantó, los pájaros que descansaban en su ventana la había levantado, odiaba despertarse temprano pensó volteando hacia el reloj.
Sus ojos se abrieron ampliamente al ver la hora "Oh no, voy tarde" exclamó levantándose rápidamente de su cama. Se puso lo primero que encontró, bajo las escaleras cayéndose, entró a la cocina tomó un bagel lo metió a su boca y salió a toda velocidad de su casa.
Fue tanta su prisa que no se dio cuenta que cierto fantasma la observaba desde la sala.
Kagome corría por los pasillos de su nueva escuela, eran tantos salones que no tenía idea a donde ir, su sentido de la dirección siempre había sido muy malo además de que ya llevaba quince minutos de retraso.
Todos los alumnos que estaban en los pasillos ya habían entrado a sus respectivos salones, con el lugar despejado Kagome pudo distinguir un poco mejor los números de los salones y por fin encontró el suyo.
Al llegar se dio cuenta que todos estaban en sus asientos, habían largas mesas metálicas con alumnos que escuchaban con atención a la maestra, ella se armó de valor y entró silenciosamente al salón.
"Disculpe" escuchó una fuerte voz que venía de la parte frontal del salón, la joven se quedó quieta y comenzó a voltear hacia donde venía la voz.
"Lo siento señorita pero llegar tarde a es algo que no se tolera en clase y mucho menos entrar sin permiso"
Kagome se no se movió, se había puesto más roja que un tomate, todo el salón la veía detenidamente.
Vaya forma de empezar la universidad pensó mientras se disculpaba y la maestra le decía cual asiento podía tomar.
"Llega tarde de nuevo y le pondré falta, acumula seis y se va a extraordinario" comentó la maestra aburrida dándose la vuelta para comenzar a escribir en el pintarron.
Kagome ser mordió el labio, genial… no podía volver a llegar tarde, sería difícil porque la puntualidad no era exactamente una cualidad que poseía.
El día se pasó rápido apenas había entrado y ya tenía tarea y varios materiales que comprar al igual que chocolate, mucho chocolate.
Kagome comenzó a caminar fuera de la escuela, sintió de pronto como alguien tocó su hombro ella saltó, la habían tomado por sorpresa.
La joven que se había sentado junto a ella en la primera clase la vio extrañada "¿Estas bien?" preguntó
"Si, lo siento creo que estoy un poco nerviosa, soy nueva en la ciudad" contestó poniendo una mano sobre su corazón y respirando profundo. Aun recordaba a cierto joven que la había amenazado, aunque ahora la memoria se veía como un sueño ¿Había pasado en verdad?
"Oh lamento haberte asustado, bienvenida, mi nombre es Sango" dijo la guapa joven con largo cabello café y ojos del mismo color.
"Hola, mucho gusto, yo soy Kagome" contestó sonriendo.
"Creo que estamos juntas en la mayoría de las clases, ¿te gustaría ser mi compañera?" en varias de las clases les habían dicho que tenían que tener un compañero con el que cocinarían por el resto del semestre, les habían dado una semana para encontrar a alguien.
"Si, me encantaría" dijo contenta "¿En dónde te estas hospedando?" preguntó curiosa Sango
Kagome señaló la vieja casa frente al campus, Sango abrió sus ojos ampliamente
"Wow, dicen que ese lugar esta embrujado ¿Es verdad?"
Ni me digas pensó Kagome viendo hacia otro lado, probablemente Sango sabía algo al respecto pero en lo menos que quería pensar era en los problemas de fantasmas en su casa.
"¿Sabes dónde puedo comprar las cosas que nos pidieron en clase?" Trató la joven de cambiar el tema.
"Oh si, vamos juntas" ofreció Sango "¿Eres de aquí?" le preguntó Kagome viendo que claramente su nueva amiga tenia rasgos japoneses.
"Si, mis padres son japoneses se vinieron a vivir aquí cuando era muy pequeña" le contestó mientras caminaban.
Estaba nublado y hacia frio, ambas chicas caminaban charlando felizmente, el tiempo se pasó muy rápido y ya había oscurecido.
Kagome había tratado varias veces de comunicarse con el joven que le había rentado la casa pero seguía sin contestar.
"¡Hasta mañana!" se despidió Sango corriendo, ambas se habían acercado de nuevo a la universidad por lo que estaba a unas cuantas cuadras de su hogar.
Kagome llegó a su casa, estaba muy cansada, se había levantado temprano y sólo quería dormir.
Encontró con su mano el switch de la luz y la prendió, se quedó en shock cuando vio que la mayoría de los muebles estaban volteados y los pocos adornos que estaban colgados en las paredes estaban rotos.
Caminó lentamente por la sala, asustada de que le pudiera pasar algo volteo a todos lados para ver si encontraba a los agresores o tal vez al extraño joven que había visto la noche anterior.
Puso las bolsas con las cosas que había comprado en la mesa de la cocina, estaba confundida y tenía mucho miedo, sabía que no tenía a nadie a quien hablarle, estaba sola en un continente desconocido no pudo dejar de pensar en su mamá, en su hermano y su abuelo.
Un sonido en la sala la distrajo de sus pensamientos tomó lo primero que encontró para defenderse lo que fue un pela papas.
Comenzó a caminar lentamente hacia la sala, su corazón latía fuertemente contra su pecho, su respiración lenta, en una de las esquinas del cuarto lo vio, al joven de largo cabello blanco sentado con la cabeza hundida entre sus piernas.
Se veía traslucido no del todo materializado, Kagome se acercó a él aun con el pela papas en la mano.
"¿Planeas matarme con un pelador de papas?" preguntó el joven alzando su cabeza para observarla, sus ojos se veían oscuros.
Kagome no dijo nada, su voz era ruda pero suave a la vez.
Él comenzó a reírse y se dio una palmada en la cabeza "Espera, había olvidado que ya estaba muerto"
"¿Quién eres tú?" dijo la joven con voz ahogada, estaba asustada.
El joven se levantó y comenzó a caminar hacia ella "No… aquí la pregunta es ¿Quién eres tú?" continuo hablando enojado, su paso firme acercándose cada vez más a ella.
El cuarto había llegado a un nivel de frio extremo podía ver como humo salía de su boca al respirar.
Kagome levantó el pela papas amenazando a que no se acercara más sin embargo el continuo hasta que la joven cayó sobre el sofá.
"Tu llegada lo único que ha causado son dolores de cabeza y el regreso de viejos recuerdos" comentó observándola detenidamente su rostro justo frente al suyo.
"Recuerdo haberte dicho que quería que te fueras" susurró con voz maliciosa.
Kagome estaba demasiado asustada como para hablar, desde su lugar podía observar los finos rasgos del joven, su piel blanca como la nieve, su cabello lacio que caía sobre sus hombros, su fina y larga nariz, sus labios… era como un retrato, su perfección lo hacía verse como una fotografía, un hombre atrapado de otro tiempo en un mundo que ya no era el suyo.
"No…" susurró la joven, el fantasma frente a ella la vio con admiración y una ligera sonrisa tratando de cubrir el enojo y confusión de sus ojos.
"¿Perdón?"
"Pagué seis meses por adelantado, no tengo dinero y no me puedo ir a ninguna otra parte" ella se arrepintió al ver que el joven había reaccionado de una manera no muy sutil.
Él se había acercado y parecía que la iba a lastimar, sus reflejos la hicieron cerrar sus ojos y levantar sus abrazos esperando el golpe.
Sin embargo lo que vio fue su rostro apunto de tocarla con sus largas manos traspasando sus hombros.
"No puedes tocarme" comentó sorprendida, el joven se separó se ella y la vio con ojos heridos antes de volver a desaparecer.
El frio de la habitación se había desvanecido junto a él, la joven se levantó y salió de la casa, se sentó en las escaleras y trató de pensar en lo que había pasado.
Si no la podía tocar, ¿cómo había causado tanta destrucción en su casa? y de qué recuerdos estaba hablando… ¿los fantasmas sentían dolor? O sólo hablaba por hablar, se veía muy enojado…
Lo único que le faltaba era tener un fantasma mal humorado destruyendo las pocas cosas que poseía, tenía que hablar con alguien al respecto.
Sacó su celular y volvió a marcarle a Miroku sin respuesta alguna, le dejó otro mensaje de voz.
Estaba segura que él sabía algo.
El frio viento nocturno al danzar con las ramas de los arboles provocaba extraños ruidos que entraban por los oídos de la joven, ella abrazó su cuerpo y comenzó a temblar.
Pensó en Kouga, sonrió al darse cuenta que se había metido en este desastre por su culpa, por la búsqueda de un amor perdido…
Lagrimas comenzaron a salir de sus ojos, no se daría por vencida, tenía que encontrar la forma de deshacerse de él…
El joven se cabello blanco la observaba por la ventana pensativo, hacía muchos años que no se sentía así, era como si los recuerdos estuvieran golpeando su cabeza para poder entrar, haciéndolo pensar y reflexionar sobre todo lo que había pasado en su antigua vida.
Era el rostro de una mujer lo que lo atormentaba el rostro de una mujer muerta… un rostro parecido al de la chica que estaba sentada en las escaleras de su casa llorando.
Eran pocas las cosas que podía recordar, ya se había dado por vencido en tratar de recordar, sin embargo al ver ese rostro todo comenzó a destruirse, la joven lo podía ver, lo podía escuchar y afectaba fuertemente sus emociones…
"¿Quién eres….?"
¡Hola!
Feliz año 2012, les deseo lo mejor y que todos sus sueños se cumplan. Espero les guste el capítulo, muchas gracias por los reviews y prometo actualizar pronto. Les recomiendo mis otros fics especialmente Slave to Love que está a punto de terminar. Les pidió de sus opiniones y reviews para inspirarme : )
Saludos y gracias por seguir la historia.
