Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
Junto a Tí
CAPITULO II
La muerte del tio William
La mañana estaba realmente hermosa. Candy se había levantado muy animada. Se sentía tan contenta de volver a estar en su querido hogar, junto a sus madres y sus niños, pero también porque con ellos se encontraba su amigo Albert. Ella lo llevó al rancho de Tom, donde de inmediato se hicieron amigos, y Tom le ofreció trabajo en el rancho de su padre. Albert comenzó a trabajar para el señor Steven y ella con un doctor del pueblo, así que las cosas estaban marchando mejor de lo que ella esperaba.
Candy luciendo un bonito vestido color damasco, se fue al comedor para ayudarle a la señorita Pony y hermana María a preparar el desayuno, antes que se levantarán los niños.
—Buenos días señorita Pony, hermana María –las saludó con alegría.
Ambas mujeres se encontraban colocando la mesa para el desayuno.
—Buenos días, Candy –contestó la señorita Pony.
—Veo que ya tienen casi listo el desayuno.
—Sí, Albert nos ayudó antes de irse al rancho.
—A Albert le encanta cocinar, cuando vivíamos en el departamento él siempre me cocinaba.
—Es un buen muchacho –comentó la hermana María.
—Sí, Albert es maravilloso –suspiró Candy.
Ambas mujeres se miraron, al sentir el suspiro de su niña que salió con mucha emoción.
—¿Candy, dinos la verdad, estas enamorada de ese joven? –le preguntó la señorita Pony directamente.
Ella abrió sus ojos como plato.
—¡Oh que cosas dice, señorita Pony! –se puso nerviosa -Albert es solo un buen amigo.
—Pero te pudieras haber enamorado de él. Es un joven muy guapo. ¿Acaso no te has dado cuenta?
—Claro que me he dado cuenta -se sonrojó -Albert es guapísimo, parece un príncipe, pero eso no significa que este enamorada de él.
—Que lastima que no pueda recordar quien es.
—Yo sé que algún dia el recobrara la memoria y cuando eso suceda él se ira de aquí –comentó la rubia con tristeza.
—Y tú no quieres que se vaya, ¿verdad? –le preguntó la hermana María.
—No, no quiero que se vaya –admitió Candy –Bueno voy a buscar a los niños para que vengan a desayunar.
…
En la mansión Andrew de Chicago, Elroy se encontraba desayunando en el comedor principal junto a Stear y Archie que la estaban acompañando. Aunque su mente estaba en otro lugar, en aquella noticia que George le había dado días atrás. Una noticia que la tenía destrozada, sin poder creer que el hijo de su hermano estuviera muerto. Pero todo indicaba que sí, aquellas ropas que había traído George eran de su sobrino y una medalla de la familia.
Cerró sus ojos, recordando esa tarde que George le dio la noticia.
Flashback
—Señora Elroy, es mejor que se siente ?–le dijo George llevándola a un sofá del salón.
—¿Quiero qué me cuentes como murió William?
—Fue en un tren donde iba viajando, se estrelló y hubieron muchos muertos, entre ellos William.
—¿Viste su cuerpo?
—No, habían muchos cuerpos irreconocible, pero pude reconocer unas prendas de él y esta medalla -se la paso.
Elroy la tomó con sus manos reconociéndola de inmediato.
—Es la medalla que fue de mi hermano el padre de William.
—Si señora Elroy, estaba junto a las ropas que encontré.
—¡Esto no lo voy a poder soportar, mi querido sobrino muerto! –se tomó el rostro con ambas manos.
—Tiene que ser fuerte, señora Elroy, a William no le gustaría verla así.
—Lo se…George, sin embargo no dejo de sentirme culpable por lo que ocurrió. Nunca debí dejar que William se fuera tan lejos.
—Usted no tiene la culpa de eso, William era una venturero de la vida, al menos murió haciendo lo que tanto le gustaba.
—Eso es verdad…
—Tenemos que preparar lo de su funeral.
—Encárgate tú George, yo no tengo fuerzas para eso.
Fin del flashback.
—¿Tía abuela, te sientes bien? –le preguntó Stear interrumpiendo los pensamientos de la anciana.
—¿Por qué me preguntas, Stear?
—Por qué te ves muy pálida.
—Me duele un poco la cabeza –contestó tocándosela.
—¿Tienes problemas, tía abuela?
—Nada importante.
—Tía, sabes que puedes confiar en nosotros para lo que necesites –le dijo Archie.
—No se preocupen, yo sola puedo resolver mis asuntos, ustedes preocúpense de estudiar.
—Tía tenemos algo que contarte –le dijo Stear.
—¿De qué se trata?
—De Candy, regresó al hogar de Pony.
—Me alegra que haya regresado de donde nunca debió haber salido.
—Es…que…no se fue sola.
—¿Y con quien se fue?
—Con un amigo que sufre de amnesia.
—¿El mismo con él que vivía en el departamento? –preguntó la anciana recordando que Sara y Elisa le habían hablado sobre eso.
—Si…No quiso dejarlo solo, el pobre no tiene a donde ir.
—¡Lo último que me faltaba! –exclamó alterada -Oh esa chiquilla va a destruir la reputación de esta familia.
—¿Tía crees que cuando el tio William se entere se moleste con ella? -le preguntó Archie.
—No lo sé…no deseo hablar más sobre esto-contestó Elroy saliendo llorando del comedor.
Los hermanos Cornwell se miraron asombrados por la actitud de la tía abuela.
—Archie yo pienso que algo malo está pasando con la tía abuela –le comentó Stear.
—Sí, hermano y presiento que tiene que ver con el tio William.
—¿Por qué piensas eso?
—Porque el otro dia, cuando llegó George ella quedo muy afectada. Pienso que le vino a decir algo malo del tio William.
—¿Será que está enfermo?
—No lo sé…Stear, pero hay que averiguarlo.
…
Candy después de su trabajo, en la tarde pasó a buscar a Albert al rancho de Tom. Al llegar lo encontró reparando una cerca que estaba en mal estado. Ahí se quedó observándolo por un instante, viendo lo animado que se veía su amigo, que la hiso reafirmar que había tomado la mejor decisión de su vida de venirse con él al hogar de Pony.
—Hola Albert –lo saludó sonriendo.
—Hola, pequeña–contestó mirándola –¿Cómo te fue en el trabajo?
—Muy bien…me toco atender a muchos pacientes con el doctor Smith.
—Te llevas muy bien con él, ¿verdad?
—Sí, es un anciano muy agradable. ¿Y a ti como te ha ido aquí en el rancho?
—Bien…Mira como está quedando la cerca.
Candy la toco con una de sus manos.
—Está muy firme, el señor Steven va quedar contento con tu trabajo.
—Sí, ya me lo dijo, poco a poco me estoy ganando la confianza de él y gracias a ti –le dijo Albert tomándole la barbilla.
—A mi…
—Sí, porque tú me recomendaste con Tom.
—Para que consiguieras este trabajo.
—Y te lo agradezco, así me siento más útil.
—Que tengas amnesia no significa que seas un inútil.
—Jajajaja, eso es verdad, pequeña.
—¡Candy! –la nombró Tom corriendo hasta ellos.
—Hola Tom –lo saludó la rubia - Vine a buscar a Albert, porque ya puede irse, ¿verdad?
—Jajajaja claro que sí, pero por que no se quedan a cenar con nosotros.
—Yo encantada, ¿qué dices Albert?
—¿Por qué no?
Después de comer en el rancho de Tom, los rubios se fueron en una carreta al hogar de pony. Pero en el camino una de las ruedas se echó a perder.
—¿Albert crees poder repararla? –le preguntó Candy que estaba sintiendo mucho frio, ya que la noche comenzaba a caer.
—Sí, pero me voy a tardar un poco –respondió el rubio examinando la rueda –¿Tienes frio?
—Sí, un poco –contestó brotándose los brazos.
Albert se sacó su chaqueta y se la colocó a ella.
—Con esto te sentirás mejor.
—¿Y tú Albert…?
—No te preocupes, con la fuerza que voy hacer a colocar la rueda voy a entrar en calor.
—Gracias…
—De nada preciosa –le dijo tocándole la punta de la nariz.
Ella sintió un salto en su corazón.
Albert se arremangó la camisa y comenzó a arreglar la rueda de la carreta.
Candy no dejaba de mirarlo, viendo lo varonil que se veía en ese plano. Realmente Albert era todo un hombre, tan fuerte y tan guapo también. Aquel pensamiento la hiso sonrojar sus mejillas, sintiendo que no era correcto lo que estaba pensando, pero era algo que no podía evitar.
En ese momento recordó la conversación que había tenido en la mañana con sus madres, donde la señorita Pony le había preguntado si estaba enamorada de Albert. Ella había contestado que no, después de lo de Terry no tenía ninguna intención de volver a enamorarse, pero ahora que se encontraba con Albert, en un lejano camino en medio de la noche, era algo que no podía descartar.
—Ya está lista –dijo Albert después de varios minutos de haber reparado la rueda.
—Tan rápido.
—Sí, no estuvo tan complicado.
—¡Oh eres fantástico! –lo abrazo Candy impulsivamente.
—No es para tanto, pequeña –le dijo Albert apartándola un poco de él.
Ella se sonrojó.
—Disculpa, siempre soy tan impulsiva.
—No te preocupes, me encanta que seas así –dijo acariciándole una mejilla.
Candy cerró sus ojos con aquel contacto y el envuelto en aquel sentimiento que lo estaba invadiendo en ese instante, poco a poco comenzó a acercar sus labios a los de su pequeña. La noche era mágica donde las estrellas eran testigo de aquel hermoso sentimiento que estaba naciendo entre ellos dos.
—¡Puppet! -exclamaron los dos al ver a la mascota que se lanzó en los brazos de Albert, interrumpiendo aquel momento.
La mascota los miró divertido y ellos se echaron a reír con una mescla de nerviosismo por lo que estuvo a punto de suceder.
…
Elroy se reunía con el concejo de ancianos para darle la noticia de la muerte de William Andrew, todos quedaron impactados con la noticia, sintiendo enormemente el fallecimiento del patriarca de los Andrew.
Una vez que se fueron Elroy quedo sola en la biblioteca con George.
—Señora Elroy, ¿cómo se siente?
—Bien, George. No sé de donde he sacado las fuerzas para soportar todo esto.
—Como una buena Andrew.
—Eso es verdad, tengo la fortaleza de mi padre. Mañana nos vamos a Lakewood para preparar todo para el funeral de William.
—Hay que comunicárselo a la familia.
—Sí, lo se…y también a la novia de mi sobrino.
—La señorita Steel.
—Sí, ella tiene que estar presente. Hay que enviarle un telegrama a Boston.
—Yo se lo mando y le voy a mandar otro a la señorita Candy.
—A Candice no –expresó Elroy con dureza - No quiero verla en el funeral de mi sobrino.
—Pero ella es la hija adoptiva de William.
—Me importa poco eso, no la quiero y punto.
—Como usted diga, señora Elroy.
Stear que había estado escuchando toda la conversación afuera de la biblioteca, se fue corriendo hasta el cuarto de su hermano Archie.
—¡Archie! ¡Archie! –lo llamó al entrar.
Este se encontraba tirado en la cama leyendo un libro.
—¿Qué pasa, Stear? –le preguntó parándose.
—Ya sé lo que le ocurre a la tía abuela.
—¿Y qué le ocurre?
—El tio William murió.
—¡No puede ser…! –exclamó Archie impactado con la noticia -¿Cómo fue?
—No lo sé, solo le escuché que le decía a George que mañana se irían a Lakewood para el funeral y que tenía que avisarle a la familia y a la novia de tio William.
—¿Tio William tenía una novia?
—Fue lo que escuché.
—Yo creo que escuchaste mal.
—A lo mejor –sonrió Stear encogiendo los hombros.
—Pobre Candy, cuando se entere que su padre adoptivo murió –comentó Archie con tristeza.
—La tía abuela no quiere que se enteré.
—Ella, tiene que saberlo, Stear.
—Hermano nosotros se lo tenemos que decir.
—Sí, viajaremos al hogar de pony para contárselo –dijo Archie decidido.
…
Al dia siguiente los hermanos Cornwell, junto a sus novias, viajaron al hogar de pony, para hablar con su amiga Candy y contarle la triste noticia del tio William. Ambos muchachos sabían que sería muy doloroso para la rubia, así que tendría que decírselo con mucho cuidado, no querían causarle tanto dolor.
El viaje fue largo, así que llegaron al atardecer al hogar.
—¿Chicos que hacen aquí?–les preguntó Candy al ver a sus queridos amigos en las puerta del hogar.
Ellos se miraron.
—Venimos a visitarte, Candy –respondió Annie –¿Cómo has estado amiga?
—Bien, ¿y ustedes?
—Bien también –contestó Archie pensando en cómo le iba a decir a su gatita que su padre adoptivo ya no estaba en este mundo.
—Pero entren, para que saluden a mis madres y a Albert.
Los cuatros jóvenes ingresaron a la sala del hogar, donde la señorita Pony y la hermana María estaban sentada al lado de la chimenea cociendo una ropa de los niños, mientras que Albert le echaba más leña al fuego.
—Señorita Pony, hermana María, Albert tenemos visitas –les dijo Candy presentándole a sus amigos.
—¿Qué alegría verlos aquí?–comentó la señorita Pony.
—¿Que los trae por estos lados? –preguntó la hermana María.
—Venimos a ver a Candy –respondió Archie.
—Qué bueno. Candy los extrañaba mucho –dijo Albert.
—¿Cómo has estado, Albert? –le preguntó Stear.
—Muy bien, estoy trabajando en el rancho de Tom.
—¿En serio?
—Si…
—Tomen asiento –dijo Candy –¿Qué les pasa llegaron muy tímidos?
Ellos se miraron.
—Es que…hay algo que tenemos que contarte Candy –dijo Annie.
—¿Que pasa chicos?
—Stear se acercó a la rubia y le tomó un hombro.
—Amiga, tienes que ser muy fuerte.
—¿Por qué me dices eso Stear?
—Candy…el tio William murió.
Ella negó con la cabeza.
—¡No, eso no puede ser verdad!
—Lo es amiga –se acercó Patty –Él está muerto y mañana es su funeral.
—¡No…él no se pudo haber muerto! –se echó a llorar - Ni siquiera lo alcance a conocer.
Albert al ver mal a su amiga, se acercó para abrazarla.
—Tranquila, pequeña…
—Hermana María, vaya a buscar un vaso de agua para darle a Candy –le pidió la señorita Pony.
La monja se dirigió a la cocina.
—¡No creo que él se haya muerto! –exclamó como aturdida -¿Que le ocurrió?
—No sabemos bien, solo se lo escuché a la tía abuela –contestó Stear.
—Nosotros de inmediato quisimos venir a contarte –añadió Archie.
—¡No…mi padre adoptivo muerto! Nunca pude decirle lo agradecida que estaba de él por haberme adoptado.
—Él sabía eso gatita –le dijo Archie –El tio William Andrew estaba consciente de lo agradecida que estaba de él.
—¡William Andrew! –repitió Albert sintiendo un fuerte dolor de cabeza, que provoco que se la tomara con sus manos.
—¿Albert que te pasa?–le preguntó Candy al ver su reacción.
—Me duele mucho la cabeza, me duele –contestó cayendo desmayado al suelo.
Continuará…
Hola lindas chicas.
Espero que se encuentren muy bien. Quiero agradecerle la buena acogida que ha tenido mi nuevo fic, muchas gracias por todo su apoyo y sus lindos reviews y que la hayan colocado en su favorita. Aqui les dejo otro capitulo de esta historia, espero que la difruten.
Saludos para :
Stormaw, elbroche, AnneNov, Rosario escobar, Selenityneza, Guest, venezolana lopez, White Andrew, yei, elenharket2, tutypineapple, wall-e17, pivoine3, Balderas, Ana Isela, sayuri1707, Abril.
Gracias por apoyarme con esta historia nuevamente.
