Capítulo II

¡El Jinch ûriki hará de Cupido, ´ttebayo!

Con paso decidido, mirada erguida y manos metidas en las profundidades de los pantalones de entrenamiento, Sasuke caminaba entre los aldeanos como una sombra fugaz con dirección a Ichiraku's, donde bien era sabido que Naruto depositaba más de la mitad de sus ingresos como ninja.

Al estar frente al local, levantó con ímpetu la ligera persiana de madera, recibiendo la amistosa sonrisa de Ayame y la huraña mirada de otro cliente cuando el viento que levantó se le coló molestamente por la espalda. Sin embargo, no había rastro alguno del cabeza de chorlito que con tanta desesperación buscaba.

-Buenas tardes, Uchiha-sama- dijo la vendedora con una cortés inclinación de cabeza, buscando con la mirada un menú para el recién llegado. -¿Qué desea? La oferta de hoy es el ramen de carne de cerdo y verduras. Puede, además, agregarle más verduras si así lo desea-. Mientras hablaba le dio la espalda al muchacho y depositó con la destreza adquirida a base de práctica un plato humeante de la comida frente al hombre mientras se estiraba a buscarle unos palillos para que comiera.

-Nada, gracias.- respondió precipitadamente. Había visto tantas veces comer ese platillo a Naruto con la boca abierta que la idea no resultaba de lo más tentadora. Carraspeó, intentando alejar la perturbadora imagen de su mente y agregó con voz más clara: -Estoy buscando a Naruto. ¿Lo han visto?-

La atmósfera del lugar cambió, volviéndose repentinamente sombría y triste. Levantó una oscura ceja con curiosidad. ¿Habría estafado el rubio a esta gente?

-¡Oh, no, Ayame!- exclamó Teuchi con desesperación, despegando su atención de los fideos y mirando a su hija con pavor. -¡Ni siquiera Uchiha- sama sabe dónde está Naruto! De seguro ha muerto en alguna misión…-

Se vio acallado cuando la muchacha apareció con un aura aterradora detrás de él, y con un eficiente movimiento del brazo dejó caer un pesado cucharón de madera sobre la cabeza del desprevenido hombre, que ni siquiera tuvo tiempo para hacerse un lado o cubrirse del golpe.

-¡Cállate, papá!- exclamó, furiosa, meneando el cucharón de un lado a otro, poniendo nervioso al aludido. -¡No llames a las malas vibras, que si se muere Naruto quedamos en la calle! ¿Dónde conseguiríamos a alguien tan tragón en kilómetros a la redonda?-

Una gota de sudor le recorrió la frente al moreno al ver la escena. Con toda la calma del mundo, procurando no llamar la atención de los vendedores, comenzó a retroceder hasta salir cuidadosamente de la tienda. Prosiguió con su camino. ¿Dónde podía estar metido Naruto? Descartó rápidamente unas opciones, y como único resultado vislumbró su departamento. Era, de todas formas, lo más probable.

El edificio en el que su amigo vivía se encontraba algo apartado del centro de la aldea, específicamente al norte de ésta. Subió las escaleras de metal de dos en dos, apresurándose y haciendo chirriar cada escalón hasta llegar al último piso. La fachada algo rústica de color crema con rayones verdes estaba considerablemente más limpia que cuando eran niños; todo era obra y responsabilidad de Hinata Hyûga, quien desde el término de la guerra era oficialmente la novia del héroe.

Avanzó por el pasillo de entrada y quedó cara a cara con la madera de la puerta.

¡Si hasta Naruto había tenido más bolas para declararse que él! Eso era humillante, realmente humillante y poco digno de un Uchiha.

Suspiró, enderezando sus hombros caídos y llamó con tres secos golpes a la puerta. Escuchó la voz de Naruto chillando algo y luego otro ruido que sonó más bien parecido a un porrazo. Extrañamente, aquello le hizo darse cuenta de que no tenía un plan; estaba metiéndose al reconocido manicomio Uzumaki solo con unos celos endemoniados y una pregunta molesta carcomiéndole la cabeza.

Miró hacia ambos lados, sopesando unos segundos la alternativa de irse rápidamente de ahí hasta tener más o menos una idea de lo que iba a decir. Sin embargo, justo en aquel odioso momento, la puerta se abrió. En el umbral apareció Hinata, observándolo con aquellos ojos perlados llenos de curiosidad.

-Hola- saludó el chico escuetamente, revolviéndose incómodo en su lugar.

-Hola, Sasuke-kun- respondió ella, moviéndose para que él pudiera entrar. –Pasa, no te quedes ahí. Estoy segura que Naruto-kun se pondrá muy feliz de verte-

El chico asintió una sola vez con la cabeza y obedeció en silencio. Aquello no pasó desapercibido para la observadora chica que, enarcando sin percatarse una ceja, se preguntó que sucedía para que Sasuke tuviera algo más de expresión en el rostro en su presencia.

Ambos se dirigieron a la habitación de Naruto en un silencio que no los incomodó mucho al ser ambos más bien callados. Sasuke observó todo con atención; no tenía muchos recuerdos de ese lugar, pero de alguna forma le resultaba conocido y reconfortante; tal como la calidez que solía desprender siempre su amigo. Era bastante espaciosa. Las paredes estaban pintadas de un suave color verde crema; sobre éstas, cerca de la cabecera de la cama, había un cartel de ramen junto a una ventana con persianas. El muchacho esbozó una pequeña sonrisa al verlo. Típico de Naruto.

Hinata sacó de un armario ubicado al lado izquierdo de la habitación un tapete de color verde, que prosiguió a estirar frente a una mesa redonda y pequeña, aledaña a una estrecha cama cubierta por una colcha con dibujitos de remolinos amarillos. Le indicó con un movimiento de su muñeca que tomara asiento y así lo hizo, nuevamente sin ninguna mirada desdeñosa por tener que recibir una orden de alguien más.

Eso terminó de inquietar a la muchacha. Se sentó frente a él y lo contempló sin tapujos, intentando no cohibirse de la mirada huraña.

-¿Sucede algo, Sasuke-kun? Te noto algo… preocupado- preguntó, con sincera curiosidad. El aludido le frunció el ceño, sin saber qué contestar o cómo evadir aquella interrogante tan directa.

-¿Quién era, Hinata?- canturreó Naruto en ese instante, entrando a la habitación el rubio cabello húmedo y la ropa de dormir entre los brazos. Su atención se vio atraída en seguida por la presencia de su amigo, por lo que el rostro se le iluminó con una radiante sonrisa.

Tiró la ropa por los aires, sin importarle dónde fuera a caer, y se arrojó al desprevenido Sasuke, echándole los brazos al cuello.

-¡Teme, te he extrañado tanto, 'ttebayo!- exclamó, restregando su mejilla contra la del moreno de forma empalagosa.

Una gota de sudor descendió por la sien de Hinata, quien procedió a cubrirse el rostro con la mano.

-¡Sácate de encima, dobe!- forcejeando por liberarse de tan intrincado abrazo, Sasuke golpeó al rubio en el rostro sin demasiada fuerza como para herirlo en serio, pero sí con la necesaria para que éste se pusiera a berrear con toda la fuerza de sus desarrollados pulmones.

-¡Ay, ay, ay, mi naricita!- gimoteó, restregándola con cuidado. Se alejó de su amigo en dirección a Hinata, con los ojitos anegados en lágrimas y un pucherito en los labios. -¡Me duele mi naricita!-

Ella le sonrió dulcemente y le tendió los brazos para que terminara de llegar a su lado. Una vez allí, luego de lloriquear otro tanto, se quedó desparramado en el suelo junto a la muchacha.

Sasuke se recriminaba con creciente histeria que jamás debió haber recurrido a Naruto para un consejo de aquella índole. ¡Era como hablarle a un mocoso con pañales! Dudaba que en realidad fuera a serle de gran ayuda, pero lamentablemente no tenía a quien más recurrir.

Además de Sakura, claro.

-Entonces, teme- prosiguió el Jinchûriki del Nueve Colas, desistiendo momentáneamente de sus payasadas y sentándose erguidamente. Juntó sus manos bajo la barbilla en una planificada pose intelectual, apoyando los codos sobre la lisa superficie de madera. -¿Cuáles son los "servicios" que requieres de mi persona? Dudo que hayas decidido dejarte caer por aquí solo para ver mi bello semblante si no te gustan las bienvenidas cariñosas, 'ttebayo- una sonrisa burlona se le extendió por las comisuras de los labios mientras levantaba las cejas repetidamente con aire insinuante.

Sasuke bufó, poniendo los ojos en blanco. –No lo digas en ese tono, dobe. No necesito ningún tipo de "servicios" de tu parte. Asqueroso depravado, para eso tienes novia. Estoy seguro de que esas mañas las aprendiste de Jiraiya-.

Naruto llevó las manos a los oídos de Hinata, obstruyéndolos por sobre la cascada de cabello negro azulado que caía recto por sobre sus hombros. Su rostro, normalmente pálido, estaba ahora rebosante de color ante las insinuaciones del chico que tenía frente a ella.

-¡No digas cosas sucias frente a esta alma tan pura!- exclamó, abrazando protectoramente a su novia. –A veces me pregunto si en realidad Kakashi-sensei te prefería a ti de niños porque sabía que ibas a ser un pervertido igualito a él, 'ttebayo. ¿Me vas a decir acaso que Orochimaru no te mostró sus encantos?-.

-¡Ja!- respondió con arrogancia, mirándolo con la superioridad innata de su clan. –Kakashi siempre me ha preferido a mí porque sabe que no soy un inútil retrasado como tú- suspiró, ignorando el torrente de insultos que salió a una velocidad increíble de la boca del rubio.

A medida de que las palabras fluían, una vena cada vez más grande crecía en la frente del moreno, que a todas luces empezaba a perder la paciencia. Mentalmente, se debatía entre estar nuevamente en el libro del Bingo como criminal clase S por matar a aquel fastidioso muchacho y vivir huyendo de una ciudad a otra, o simplemente dejarlo inconsciente para que cerrara la maldita boca de una vez por todas y evitarle el trauma a Hinata.

Ella, todavía sonrojada, se levantó del regazo de Naruto y salió a paso corto de la habitación. –Cre…creo que los dejaré hablar a solas- murmuró.

Ambos muchachos aguzaron el oído para percibir que la chica llegara sana y salva a la sala de estar. Cuando eso sucedió, volvieron a mirarse a los ojos.

-Vamos, Sasuke- urgió Naruto, resoplando aire. No entendía por qué no soltaba lo que lo acongojaba y ya. -¿Me vas a decir para lo que has venido? Sabes que puedes confiar en mí, dattebayo-.

El aludido achicó los ojos, llenó imperceptiblemente sus pulmones de mucho aire y exhaló, tratando de reunir fuerzas para admitir aquello que lo tenía inquieto desde hace minutos. Se sonrojó levemente al momento en el que se decidió a hablar –cosa que no fue pasada por alto por su interlocutor debido a la palidez del semblante- ,preguntándose nuevamente por qué mierda había recurrido a Naruto en primer lugar, en vez de a cualquier otro.

-Es que yo...- tragó el nudo invisible de su garganta y tomó aire para soltar aquello lo más rápido posible –veníaapedirtequemedijerassisabíassiSakuraestásaliendoconLee-

-¿Qué idioma te piensas que hablo yo, dattebayo? ¡No entendí nada!- parpadeó un patidifuso Naruto con los ojos muy abiertos, que de lo único que estuvo seguro de saber con exactitud era su nombre.

-Sakura,- masculló entre dientes, desviando la mirada al suelo y tornándose de un rosado más profundo -¿está saliendo con alguien?-

-¿Sakura-chan? ¿Saliendo?- repitió, llevándose un dedo a la barbilla para rascarla. Volvió la mirada al chico que seguía tal cual desde que soltó aquella frase tan enigmática. -¿Por qué rayos me preguntas eso a mí, teme? ¡Deberías preguntárselo a ella, dattebayo!-

-No puedo- respondió.

-¿Por qué? ¿Es que acaso está enojada contigo?- la mente inocente del Jinchûriki no se imaginó jamás la verdadera razón del problema. -¡Venga ya, Sasuke! Sabes que Sakura-chan te adora, ´ttebayo-

-¡Me da vergüenza preguntarle eso precisamente a ella!- explotó, aliviado por poder purgar su interior. Nunca se le había salido una situación de las manos de aquella forma; evitaba dejarse llevar completamente por las emociones, y ahora estaba fracasando estrepitosamente en el intento.

Naruto bufó y puso los ojos en blanco. -¡Ay, por todos los Kages! ¿Son amigos o no son amigos? ¡Es tan fácil como hablar conmigo! ¿O te habría dado vergüenza preguntarme por mis sentimientos hacia Hinata? ¿No, verdad? Pues para que entiendas lo que te quiero decir, te contaré desde cuándo comenzó todo con lujo de detalles. Quizás debería llamarla para que me ayudara si es que se me olvida algo, dattebayo.-

-¡No estoy enamorado de ti, grandísimo animal!- gruñó. Demasiado tarde, por la cara de shock del rubio, se percató de que había soltado la información vital a un volumen mayor del recomendado; el suficiente para que hasta Hinata, perdida en algún lugar de la casa, lo escuchara.

Naruto no podía emitir palabra. Sin despegar la vista del tomatito en carne y hueso en el cual se había transformado Sasuke, metió el meñique en su oído con el fin de comprobar si alguna mugre obstaculizaba el sentido. Al retirarlo, la uña salió totalmente limpiecita.

Su cerebro emprendió, entonces, la difícil labor de procesar la información. Ladeó ligeramente la cabeza mientras una zorruna sonrisa le estiró los labios. No obstante, cuando halló su voz, pareció que los demonios del infierno hubiesen encontrado la forma de salir de su prisión y atormentaran ahora a la humanidad.

-¿¡QUÉ MIERDA HACES AQUÍ SI ESE ES EL CASO, SASUKE TEME?!- graznó. Se puso de pie y se acercó al moreno, tomándole del cuello de su camiseta y zamarreándolo para que entrase en razón. -¡DEBERÍAS ESTAR A LOS PIES DE SAKURA-CHAN, IMPLORÁNDOLE UNA MÍSERA OPORTUNIDAD A VER SI SE TE QUITA LA CARA DE ESTREÑIDO!-

-¡NO ES NECESARIO QUE GRITES DE ESTA FORMA, DOBE! ¡ESO YA LO SÉ!- contestó. Naruto se sorprendió un poco; no esperaba realmente librarse sin un buen porrazo después de soltarle semejante grito a su amigo. Comprendió tardíamente cómo acomplejaba la situación a la mente tan cuadrada de Sasuke.

Soltó un suspiro de resignación y colocó sus manos en los hombros del otro muchacho, que descansaba la mirada en el suelo. Lentamente la levantó, consiguiendo apreciar la alentadora sonrisa de su amigo. Eso podía significar que no pasaba nada y todo sería un recuerdo bochornoso, o que definitivamente la había cagado. Se decantó por la segunda opción.

-¡No te preocupes, mi querido teme!- exclamó Naruto -¡Gracias a mi ayuda, conquistarás a la kunoichi, dattebayo!-.

¡Hola a todos nuevamente! No tengo una excusa lo suficientemente buena como para explicar mi tan prolongada ausencia, pero se las diré de todos modos. Por algún motivo extraño, mi word repentinamente dejó de funcionar, así que tuve que esperar a la oportunidad de tener acceso a otro computador con la ayuda de mi infalible amigo pendrive :3

Sumado a las actividades del colegio, que lamentablemente no son pocas, me tomó muchísimo más tiempo del calculado subir por fin el capítulo. Me alegro de haberlo hecho.

Retomando, les quería agradecer de todo corazón a todas las personas que han leído esta historia, y a ti que la estás leyendo esto en este preciso instante. También a todos los que me agregaron a favoritos y a las chicas que me dejaron un review.

En particular a Pinky Queen y a Rou-san. A esta última, lamento haber dado la impresión de OCC de parte de Sasuke; intentaré remediarlo mostrándole con anticipación los escritos a mi parabatai para que me mate en caso de que vuelva a hacerlo.

Besos, y gracias nuevamente, Manzana.