CAPÍTULO 2: PALABRAS

Al llegar a casa, Lisa se fue directamente a su cuarto. No quería ver a su familia. Por mucho que la quisieran, seguro que si se enterasen de esto la tratarían fatal.

Springfield era un pueblo en donde todo el mundo se acaba enterando de todos los chismorreos de los demás. La gente era objeto de burlas y de habladurías a sus espaldas. Lisa no quería eso.

Para ella su sueño era ir a una buena universidad, estudiar una buena carrera, encontrar un buen trabajo, casarse con un buen marido y lograr hacer algo bueno por la humanidad. Pero… ¿cómo actuaría la gente si se supiera lo que había pasado?

La tacharían de rara, no la admitirían en la universidad, ningún hombre querría casarse con ella y mucho menos la contratarían en ningún trabajo. Sus peores pesadillas se harían realidad.

Jessica miró a Allyson, que le acariciaba el pecho cariñosamente.

- Venga… ¿no me vas a decir que es lo que habéis hecho?

- ¿Tanto te preocupa?

- Para nada… supongo que te lo habrás pasado pipa…

- No te lo puedes ni imaginar.

- La próxima vez, podrías dejarme probar a mí…

- Bueno, de momento confórmate con lo que tienes – Jessica le beso y ambas cayeron en la cama entre besos y abrazos, mientras una desnudaba a la otra, en el afán de lograr satisfacer su lujuria.

Lisa ni siquiera comió, lo que preocupó mucho a su madre, Marge Simpson. Lisa inventó la excusa de que ya había comido algo antes de volver a casa, así que no tenía hambre. De nuevo en su habitación, bajó la persiana y encendió el ordenador.

En la carpeta Mis documentos abrieron el archivo Mi diario. Lisa llevaba dos diarios, uno escrito a mano en el que no podía escribir grandes cosas, debido a que Bart o su padre, Homer Simpson, podría cogérselo y leer lo que quisieran, como ya hicieron una vez. En este escribía sus secretos más íntimos, ya que ella era la única que tenía acceso al documento, pues era la única que conocía la contraseña.

Tecleo la contraseña Ouch!, y empezó a escribir.

Mientras tecleaba para contar la historia de lo que le había pasado hoy, Lisa sintió como su corazón se venía abajo. Sentía rabia y pena por ella misma. Había hecho una cosa desagradable a más no poder. No pudo continuar escribiendo todo lo ocurrido, pues cuando iba a contar como Jessica y Allyson la desnudaron, sintió una enorme opresión en el pecho.

Decidió seguir más tarde, así que guardó el archivo y cerró el documento. Como no sabía que hacer, decidió darse una ducha aunque sabía que ni aún así lograría sentirse limpia.

Cuando el agua comenzó a caer por su cuerpo, se limpió sobre todo su parte más íntima, intentando borrar todo rastro que Jessica hubiera podido dejar. Pero a su mente regresó aquella sensación extraña que había sentido cuando Jessica le insertó los dedos.

Para su edad, Lisa sabía muchas cosas. Incluido lo que era el sexo. Pero también sabía que era incorrecto el amor entre dos mujeres y hacerlo siendo menor de edad.

Esa noche, cuando se acostó tras cenar, tenía una cosa clara. Tenía que hablar muy seriamente con Jessica y Allyson, para que hablaran con el psicólogo del colegio sobre lo que habían hecho. Aunque afectase a su expediente, pero no debería porque Lisa fue la víctima, tenía que hablarlo con un experto, para así solucionarlo.

Jessica miró las nuevas botas que le habían comprado sus padres. Aunque en verdad le daban igual, porque solo era un pequeño capricho.

No podía quitarse de la cabeza lo ocurrido con Lisa en los baños. El recordar aquella situación la excitaba profundamente, y aunque ya se había desahogado con Allyson, el recordar la inocencia de Lisa la excitó tanto que sintió la necesidad de sentir placer de nuevo, y aún más de volver a hacer el amor con Lisa.

Se bajó las bragas, se puso la almohada entre las piernas y comenzó a moverse adelante hacía atrás, respingando su vagina con la almohada. No podía dejar de pensar en como lo había hecho todo con Lisa, su cuerpo no paraba de pedirle que tenía que repetirlo una y otra vez.

Al día siguiente, Lisa paró a Jessica en el pasillo y se la llevó al baño de chicas. No sabía donde estaba Allyson, pero hablar con una y luego la otra.

- ¿Qué pasa Lisa? ¿Ya quieres volver a probar? – Preguntó Jessica, sensualmente.

- ¡No digas tonterías, Jessica! – Replicó la joven Simpson – Lo que hicimos esta mal y lo sabes.

- ¿Tú crees? ¿Y por qué está mal?

- B-Bueno… porque es… antinatural…

- ¿Ah, si? ¿De verdad? Mucha gente lo hace, no sé que hay de raro.

- ¡Mentira!

- No te miento. Para ser tan lista no estás muy informada, ¿verdad?

Lisa no dijo nada. Había oído hablar de las parejas homosexuales pero nunca había prestado mucha atención al tema. Lo que si sabía es que eran muy recriminadas.

- Aún así, Jessica tenemos…

Jessica le puso un dedo en los labios a Lisa para que callase, y le lanzó una sonrisa juguetona.

- Escúchame, si quieres hablar de esto lo hablaremos luego. Ahora tenemos clase. Luego ven a mi casa y allí hablaremos sobre esto.

- Vale.

- Además, hay algo que quiero que veas… - le murmuró al oído.

Tras comer, Lisa se dirigió directamente a casa de Jessica ¿Estaría allí Allyson? Jessica no dijo que la fuese a llamar, pero si estaban ambas mejor. Cuanto antes terminarán con todo esto mejor.

Toco el timbre de la casa de los Lovejoy, pero no hubo respuesta. Volvió a tocarlo y entonces oyó la voz de Allyson.

- ¡Pasa, Lisa! ¡La puerta esta abierta!

Y era cierto, con un leve empujón la puerta se abrió. Jessica bajo las escaleras y la saludo con una sonrisa.

- ¿Y tus padres? – Preguntó Lisa, algo nerviosa.

- Han salido un momento a comprar ¿Vamos a mi cuarto?

Lisa asintió y ambas subieron al piso de arriba. Lisa ya había estado en la habitación de Jessica, así que no se llevó ninguna sorpresa.

- Escúchame, Jessica, tenemos que hablar y…

- Ya lo sé, ya lo sé ¿Pero me ayudas con una cosa?

- ¿El qué?

- Mis padres me compraron ayer unas botas nuevas, pero no me convencen mucho ¿Me dices a que te parecen como me quedan?

- No entiendo mucho de esas cosas… - respondió Lisa, algo apenada porque en el campo de la moda no era la más lista del mundo.

- No te preocupes, son solo unas botas.

- Vale, pero no creo que pueda ayudarte mucho.

Lisa se sentó en el borde de la cama, mirando hacía la puerta, mientras Jessica abrió el armario y comenzó a rebuscar. Tan solo pasaron un par de minutos.

- Ya estoy – dijo Jessica.

Lisa se giró y se encontró a Jessica totalmente desnuda, cubriendo únicamente la parte inferior de sus piernas con unas botas rojas.

- ¡J-Jessica! ¡¿Pero qué haces?!

- Si me pongo la ropa no las verás mejor, así que creo que así las aprecias más – respondió - ¿Qué te parecen?

Hizo un par de movimientos sensuales, para provocar a Lisa, pero ella cada vez estaba más nerviosa.

- E-Esto… p-pues… yo…

Jessica se subió a la cama y fue caminando a cuatro patas hasta Lisa, quien se levantó y se alejó.

- J-Jessica… escucha… tenemos que hablarlo… no…

Jessica agarró a Lisa de la muñeca y la tiro hacía si, plantándole un apasionado beso en la boca. Lisa hizo lo posible por resistirse, pero notaba algo extraño cuando la lengua de Jessica comenzaba a juguetear con la suya.

Jessica separó su boca de la de Lisa y comenzó a lamerle lentamente el cuello, lo que le produzco a Lisa un extraño cosquilleo.

- No… Jessica… no… esto no esta bien…

- ¿Ah, no? ¿Acaso no lo estás disfrutando?

- N-no…

Con un estiró de Jessica, Lisa cayó en la cama boca abajo. La joven Lovejoy se situó detrás de Lisa, le subió el vestido y le comenzó a bajar sus bragas azules mientras le daba pequeños besos en sus nalgas.

Le quitó las bragas y las expandió bien en el aire, viendo que la zona correspondiente a su monte de Venus estaba muy húmeda.

- Vaya, vaya. Pero si estabas mojadísima ahí abajo.

- ¿Q-Qué dices…? – Jadeo Lisa, entrecortadamente.

- Ya verás como lo que te voy a hacer te va a gustar mucho.

Jessica se arrodilló. Acarició con ternura las nalgas de Lisa. Tenía un bonito trasero y su piel era tan suave como la de un bebé.

Pasó su dedo por la vagina de Lisa, quién dio un respingo.

- ¡¿Qué haces, Jessica?! – Protestó Lisa.

- Tranquila, verás como te gusta.

Sin aviso, Jessica pasó su lengua por la vagina de Lisa, quien encontró las fuerzas suficientes para levantarse de la cama y tiró a la joven al suelo.

- ¡Déjame en paz!

Lisa se puso bien el vestido y salió corriendo. Jessica no supo como reaccionar. Se lamió los labios. Aún tenía algo de los líquidos de Lisa. Era demasiado excitante toda esa situación. Pensó en ir tras ella, pero quizás eso solo empeoraría las cosas.

La joven Simpson corrió hasta su casa. Nada más llegar se encerró en su habitación. Las cosas no habían ido para nada como ella lo había pensando. Jessica estaba mal, necesitaba ayuda pero de verdad. Lo que le había hecho no tenía perdón.

Cuando recordaba la impotencia que había sentido unos momentos antes, como sus fuerzas habían desaparecido y había quedado a merced de Jessica Lovejoy. Seguro que le había dado alguna especie de droga. Si, sería eso ¿Por qué sino iba a dejarse hacer todo eso? Esa era la única explicación, seguro.

Aún así, no pudo evitar preguntarse que era lo que había sentido en esos momentos. Ese extraño cosquilleo.