CAPÍTULO 2

En poco tiempo estaban ya en el cementerio de aviones, en una zona desértica a las afueras de la ciudad. Era un terreno extenso, donde yacían los restos de aviones militares que en su día sirvieron para defender al país en los períodos de guerra o conflicto. Aproximadamente habría unos 75 aviones, que iban desde el Boeing Stearman 75 hasta el Mikoyan Gurevich MiG-29.

En un terreno tan grande y entre tantos aviones se hubiesen perdido de no ser porque un policía de la zona los esperaba a la entrada del lugar para guiarles hasta el avión donde había aparecido el cuerpo.

- ¿De verdad se hacen visitas turísticas en esta zona? – preguntó Brennan.

- Sí, a los turistas les encanta ver todos estos aviones y fantasear que son los pilotos de uno de ellos – dijo el policía.

- Son fascinantes – dijo Booth al ver que a cada kilómetro que avanzaba con su coche había un avión más grande que el anterior.

- Ya hemos llegado – indicó el policía a Booth tras haber pasado bastantes "manzanas" de aviones. Ahora se encontraban casi al fondo de terreno, en el centro de un "pequeño" grupo de 5 aviones en muy mal estado, que estaban alejados del resto.

Los tres se bajaron del coche y Booth y Brennan emprendieron el camino hacia el avión que contenía el cuerpo, fácilmente reconocible por la multitud de policías y agentes del FBI que lo rodeaban. Brennan se detuvo un momento para observar aquel avión que ahora tenía justo enfrente, en mal estado, sí, pero eso no le quitaba su grandeza. Ante ella se alzaba imponente con altura de casi 5 metros y una envergadura aún mayor, a pesar de que una de las alas estaba partida. Todavía podía distinguirse un poco de la pintura gris que antes lo cubría, a pesar de la gran capa de óxido que se extendía por casi toda la superficie. Temperance dirigió la mirada hacia la cabina de pilotaje, cuyo cristal, aunque estaba bastante cubierto con tierra y polvo, dejaba entrever por un hueco lo que sin duda la cabeza de un ser humano, en avanzado estado de descomposición.

- Vaya – dijo Brennan mostrándose asombrada, no con el hecho de ver el cuerpo, ya en su vida había visto muchos y en peor estado, sino por la impresión que le causaba tener aquel avión militar delante.

- Eh Huesos, ¿qué haces ahí parada? – le preguntó Booth desde unos metros más adelante – Tenemos un caso por resolver.

- Sí, ya voy – dijo ella encaminándose hacia él.

- Los dos fueron primero a hablar con uno de los agentes del FBI allí presentes, quien les relató en profundidad lo ocurrido.

- ¿Cómo es posible que nadie lo haya visto antes? – preguntó Booth.

- Bueno, como habrán comprobado al venir hacia aquí, este grupo de aviones está apartado del resto, por su mal estado evidentemente, por eso no pasan por aquí las visitas turísticas. A los turistas no les gustan los aviones así, pierden mucho atractivo – explicó el otro agente.

- ¿Han abierto la cabina? – preguntó Brennan al agente.

- No, esperábamos a que usted llegase – le respondió este.

- Bien, necesito una mascarilla.

- ¿Mascarilla? – preguntó Booth sorprendido – En todo este tiempo que llevamos trabajando juntos nunca te has puesto mascarilla, por muy podridos que estuviesen los restos.

- Sí, cuando los cadáveres están al aire libre, Booth – le explicó ella -. Este cadáver lleva en esa cabina cerrada herméticamente no sé ni cuánto tiempo, la descomposición es bastante avanzada, y estamos en un desierto. ¿Te imaginas el olor que debe salir de la combinación de todo esto cuando abra esa cabina?

- Que sean dos mascarillas – pidió Booth a los demás compañeros del FBI, lo que le había dicho Temperance había sido suficiente pata hacerle entender, es más, ahora parecía que ya estaba percibiendo aquella peste.

Afortunadamente el FBI había montado una especie de plataforma que quedaba a la altura de la cabina de pilotaje, porque si no el acceso a la misma hubiese sido bastante dificultoso.

Temperance y Booth subieron dicha plataforma y se acercaron a la cabina. Ambos se pusieron las mascarillas y ella se dispuso a abrir el habitáculo donde se hallaba aquel cadáver, pero se detuvo un momento y miró a Booth antes de hacerlo.

- ¿Estás seguro que podrás soportarlo? – le preguntó a su compañero, pues conocía perfectamente su aversión al olor de la muerte.

- Huesos, he estado en una guerra, ¿crees que no voy a soportar un olorcito de nada? – dijo haciéndose el valiente.

- Está bien – dijo ella y levantó el cristal que cubría la cabina.

Sus años de experiencia habían conseguido que su olfato se hubiese habituado a aquel olor pestilente que deja la muerte ya avanzada, y desde entonces no sentía ni tan siquiera un cosquilleo en la nariz con la peor de las putrefacciones.

Esta vez fue diferente. El hedor que salió de allí era tan repúgnate y asqueroso que tuvo que girar la cabeza hacia atrás buscando una bocanada de aire limpio, pues aún con la mascarilla se percibía aquella fetidez. A su lado, Booth estaba notablemente asqueado, repugnado, y dio unos pasos hacia atrás, mientras tapaba su boca con una mano y agitaba la otra intentando quitar aquella peste.

- ¡Oh, Dios! ¡Qué asco, es horrible! – exclamó mientras luchaba consigo mismo por no vomitar.

- Oye si vas a vomitar hazlo lejos de aquí, no quiero que contamines el escenario – dijo Brennan ahora examinando al cadáver.

- Estoy bien Huesos, no voy a vomitar – su orgullo masculino fue lo que le hizo decir eso -. No sé cómo puedes soportar esa peste.

- Simplemente respiro por la boca, Booth, tú también deberías hacerlo.

Booth hizo caso de la recomendación de Temperance y empezó a respirar por la boca, pero pese a eso le pareció seguir percibiendo aquel hedor cuando ya estaba de nuevo junto a su compañera mientras veían el cadáver.

Allí, en el interior de aquella cabina, estaba un cuerpo del que sólo quedaba un mínimo porcentaje de piel y músculos, en realidad quedaba más tejido de su ropa que de tejido humano.

- Oye, ¿seguro que estás bien? – preguntó Brennan a Booth -. Estás muy pálido.

- Sí, tú solo termina cuanto antes, ¿vale?

- Varón, de unos 50 años. No debe llevar muerto mucho tiempo, el calor del ambiente sumado a la alta temperatura que se alcanzaría dentro de esta cabina han acelerado la descomposición. Basándome en esto calculo que lleva muerto no más de una semana, aunque Hodgins lo podrá decir con más exactitud cuando examine estas larvas – dijo mientras cogía una de las muchas que había por todo el cuerpo con una pinza.

- ¿Sabes ya de qué murió?

- No estoy segura, pero es muy probable que por traumatismo craneoencefálico – dijo mientras observaba la parte trasera del cráneo, aún con un poco de pelo -. El hueso parietal está fracturado.

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muchas gracias a lyra91 y sheba7 por los comentarios ;-)