Noche en el desierto...Frío intenso y dañino; después de recibir los informes de los daños causados por los bandidos desalmados, y la noticia de que él era el sheriff de ese pueblo en que todo el equipo siete se encontraba, de procesar el ser esposo de su antigua compañera Haruno Sakura, y saber que había procreado dos hijos con ella y uno... o una que estaba en camino, se recostó en la cama; en el oeste las mujeres eran escasas, así que ciertamente podía sentirse afortunado por estar casado con una; la sentía tiritar a su lado, aferrándose a las mantas, si bien, el cuerpo de el Uchiha era más cálido que el de la pelirosa este no se atrevía a tocarle, por una sencilla razón, no deseaba consecuencias como el amor, y mucho menos la perdida de este, tampoco una noche de sexo que seguramente le traería consecuencias irrevocables, más de las que ahora ya tenía.

— Tsk.— Echó un vistazo más a esa cabellera rosada; olvidando por un momento quien era, se dejó llevar por los instintos, la recorrió de arriba a abajo, tentado a tocar aquellas firmes y bien formadas montañas que poseía por pechos, los contempló en su perfección, ni grandes ni pequeños, le parecieron simplemente bellos y adecuados; unas blanquecinas manos se abrazaban al cuerpo de su dueña, protegiendo ese vientre delgado que en su interior permitía habitar a un nuevo ser; sus piernas eran torneadas y ese camisón rosa se transparentaba, dándole un fácil acceso a el pelinegro para mirar esos muslos, la espalda, los bultos redondos que conformaban su trasero, sus pies descalzos; ardió una llama en su corazón, que por unos instantes descongeló el hielo que le endurecía; le embriagó una preocupación terrible, por sus hijos, por la Haruno, pero sobre todo, por primera vez temió a despertar de un sueño— Ven— susurró—estás embarazada, no puedo permitir que te resfríes.—le acercó a su pecho, desubicándole; ¿Por qué era así?, en esta y en todas las dimensiones Sakura siempre le amaría, a pesar de que Sasuke no la tomara en cuenta, aunque la rechazara una y otra vez, aún odiándose mutuamente, si importar que todos sus vínculos se rompieran, quebrándose el alma; ahí estaría ella, no desistiría en ó su aroma, y relajó su rostro para dejarse llevar por el sueño y el infinito.

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La mañana se pronunciaba, él tenia calor; cuando abrió los ojos se dio cuenta de el porqué; estaba abrazado a la pelirosa, ella con una pierna sobre las suyas, el Uchiha recargando su cabeza en el pecho de la Haruno; exaltado, no solo por el hecho de dormir así, sino que, a sus veintidós años cargaba con una enorme erección encubierta, frunció los labios, se levantó y se dirigió a el baño, en busca de la única manera que le parecía correcta para desahogarse; echó el cerrojo a la puerta, jaló una silla y se sentó en esta, suspirando bajó sus calzoncillos, durante años se había resistido a sus impulsos sexuales, pero Sakura conseguía externarles; maldijo una vez por lo bajo, y tomó su dura erección, la sostuvo firme y comenzó a subir y bajar su mano una y otra vez en esta; jadeante y conteniendo el instinto de gemir; sus dedos se frotaban más rápido sobre su miembro cada instante, sus testículos se movían también, con ritmo, hasta que todo el semen salió disparado hacia arriba; se sintió frustrado, con odio hacia sí, él mismo se dio asco, y repulsión; era un Uchiha, y había sucumbido a la tentación de tocarse, notó que la necesidad de una relación tanto emocional como sexual incrementaba día a día.

Calmado se limpio un poco y volvió a la habitación, Sakura continuaba dormida; escucho pasos y risitas, verificó el pasillo, y en las escaleras halló a dos infantes, vestidos de mezclilla, con camisas a cuadros, de manga larga, un chaleco marrón, y uno color crema, y esa sonrisa, tan como la suya, y otra sonrisa, muy parecida a la de Sakura, sus hijos; mas la ilusión desapareció cuando cayó en la cuenta de que no era más que un simple sueño, un genjutsu.

— ¡Padre!— Exclamó el menor de los Uchihas—¿Qué harás de desayunar? ¿Podemos ayudarte? pues.—, a ciencia cierta ni siquiera él sabía que cocinaba, y el acento de casi todos le parecía raro, aunque, en ese mundo ¿qué no lo era?

— Mmm... ¿Sakura no cocina?—Inquirió el pelinegro.

— Tú no dejas a madre acercarse a la cocina ujum, la última vez que lo hizo por poco quema el pueblo entero.

El pelinegro ladeo la cabeza, víctima de un mal recuerdo, aquel día en que la pelirosa intentó darle un poco de manzana, y el la arrojó al suelo.

— Bien... Ya veo.— ¿Sucede algo padre?, nunca eres tan frío y cortante.

— Emm, no, nada, vamos a hacer de comer para mamá ¿Entendido?

—Sí, ¿Iori nos ayudará?.

—Claro.— Los tomó de la mano y ellos le guiaron a la cocina.

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Agua, carne seca de venado, alce, aves, búfalo, frijol, queso duro, frutos secos, manzanas, pasas y albaricoques bayas y ciruelas, budín, galletas de harina, sal, agua y café.

—¿Qué es todo esto?— Sasuke giró la cabeza con asco.— ¿Acaso no hay omusbis o algo para prepararlos?

— O... ¿Qué?

— ¿Qué es lo que ustedes comen?

— Lo mismo que tú padre; carne seca, dices que tiene proteína para hacernos fuertes, y los cowboys te admiran mucho, incluso mamá les comparte tus recetas.

"Sakura... ¿Eh?" susurró el Uchiha mayor para sí. Miles de imágenes brotaron en su cabeza, su voz, aquellas frases de niña: "Eh pero Sasuke-Kun es el mejor", "Sasuke-Kun es mío, así que aléjate de el Ino cerda", "Naruto, el solo escogió al perro más grande", "Sasuke-Kun volviste, no seas penoso niño tonto...", "¡Sasuke-Kun!", "¡Sasuke-Kun, una serpiente", "¡Alto!, detente, por favor, no lo hagas", "Gracias, tú, me salvaste ¿no es así?", "...¿Quieres que te la de en la boca?", "¡Espera Sasuke-Kun tú no tienes que estar solo...!", "¡Te amo tanto que yo no puedo soportarlo...!", "Sasuke-Kun...", "Sa-suke-Kun..." "Sasuke-Kun...", "¿¡Eh!? ¿¡Pero qué haces aquí!?", "Deserté de Konoha, no tienes ni idea de lo mucho que me he arrepentido de no haberme marchado contigo esa noche", "... ¡Por favor, no te vayas!..."

— ¿Padre?— El Uchiha parpadeo, y sonrío alborotando las negras cabelleras a sus hijos.

— ¿Qué le gusta a su madre?

— Padre tú sabes todo sobre mamá, ¿Nos estás poniendo a prueba a Itachi y a mi?— Preguntó Iori.

—¡Ototo!— La voz inundó sus cavidades acústicas; se frotó los ojos con frenesí.— ¿Qué?— El hombre lo miró— Parece que viste un fantasma; perdón por no recibirlos, ayer me quedé dormido, se sentó a la mesa.— ¿Y Sakura-Chan?; vaya, con esa carita parece que no hubo nada anoche.— El pelinegro dio un respingo al escuchar lo último.— Oye no te preocupes, es sólo el embarazo; ni pienses en engañarla, porque sabes que es la única mujer a la que has amado, claro, después de mamá.

— ¿A qué se refiere tío Itachi papá?—Sasuke calló, su hermano estaba vivo, con él, aquel hermano que tanto añoraba, por el que sufría, lloraba, al que a pesar de intentar no podía olvidar, el que le hacía sentir humano.

¿De qué le servía? Si ese mundo no era real; quizá Sakura, Naruto y Kakashi sí lo eran, mas tampoco quería dañarles, sí, el Uchiha siempre hacía lo que decidía sin consultar a nadie, pero no, no era bueno mintiendo, él amaba a su antiguo equipo siete, y aún con los intentos de asesinato hacia este, de pretender destrozar sus vínculos y no conseguirlo, con eso y más continuaba amándole, y sus integrantes le amaban por igual, incluso perdonándole, claro es que hay un alto, y que no por amor se olvida todo lo terrible, sin embargo el perdón es mejor que el rencor, es la grandeza de la humanidad.

Pudo ser menos egocéntrico, mas expresivo, no contó con nadie que le enseñara a serlo, careció de comprensión en su niñez, y de el calor de una familia.

— I... Itachi... Nii-San...— El mayor de los hermanos Uchihas sonrío nervioso.

— Sasuke ya déjate de rarezas, mamá y papá quieren darles algo a Sakura-Chan y a ti, apresúrate a cocinar, ¿O lo hago yo?— Un reflejo de sonrisa boba se dibujó en los labios de Sasuke, sus padres estaban vivos, aquel lugar dejó de parecer un sitio oscuro, se llenó de luz, tal y como si una orla ostentosa acabara de sobreponerse en él. Intentó sonreír con franqueza.

— Ya veo.

— Tú tienes algo estúpido hermano menor; no veo cual es el problema que tienes con que Sakura-Chan no te de sexo, entiende, ella está embarazada, mamá lo explicó a ambos, es normal que duerma mucho; realmente te vez muy mal, como un puberto virgen.

—Tsk cállate Itachi.— El aludido jaló de una oreja a su hermano.

—Oye, ambos saben que hacer el amor no lo es todo, y que tiene consecuencias, ahí tienes a Iori y a Itachi, lo importante es eso hermanito, que ese amor les dio frutos con más amor, tanto para ti como para su madre.

—Nii-San...

—Sí hermanito, perdimos a el resto de nuestra familia, exceptuando a mamá y a papá, por eso lo esencial es disfrutar de lo que aún nos queda, no temas perderlo, es mejor tener y perder que nunca haber tenido. — El hombre torció el gesto.— Y ya quita esa careta de amargado Sakura-Chan también tiene deseos, y su embarazo los acrecentará.

— ¡Itachi!— Le calló Sasuke azotando la mano en la mesa.

— Estúpido hermano menor, tus hijos no saben ni de que hablamos, cocina o lo haré yo.

La entrada de la cocina se abrió lentamente, permitiendo a una mata de cabellos rosados y revueltos entrar.

—¡Mamá!— Gritó el pequeño Itachi, y le secundó su hermano Iori abrazando a la pelirosa y haciéndole sonreír.

—Hola, buenos días Sakura-Chan— El Uchiha mayor le guiñó un ojo y besó una de sus mejillas.

— Uchiha... Ita...Itachi.— Sakura respiraba a bocanadas de aire, intentando no desplomarse y disimular su evidente sonrojo, los Uchihas le contemplaron casi confundiéndola con un tomate.

—¿Eh?, ¿qué se traen tú y Sasuke?

— ¡No toques a mi madre, ella es de papá, búscate una novia!—El menor de los Uchiha unió las manos de la Haruno y el taciturno Uchiha.

— ¡Eah sobrinito eso ya lo sé!

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El mundo tiene dos interpretaciones, bien puede ser la historia de una vida, o la vida de una historia, ¿cómo puede cobrar vida una historia?, con personajes que evolucionen en ella, y ¿cómo puedes escribir la historia de una vida?, sólo hace falta papel e inspiración.

¿Cuál es tu historia favorita, una con final feliz o una con final triste? A Itachi le gustan las historias, y a Sasuke también, el primero prefiere los finales que te dejan un buen sabor de boca, en cuanto a el segundo no está seguro de cual es una mejor opción, y mil veces ha elegido la soledad por encima de la alegría. Una esperanza marchita llena el corazón de dolor, el alma quebrantada atraviesa la razón y destruye un sentimiento que a su vez corta con la vida, al generar desilusión se pierde más que un simple deseo; se pierde... Un motivo... Y si realmente es importante... El propósito de existir. ¿Puedes entonces decir que conoces el dolor? ¿Que conoces la desgracia?, define primero "dolor" y encuentra la consecuencia de este, a la cual podrás llamar desgracia.

La constante lucha mental genera ideas, paranoicas, amorosas, depravadas todas las que puedan existir; la enardecida guerra física cansa y lleva a el punto en que es hora de parar, puede ser tarde, tanto para confiar de nuevo como para pedir perdón.

Cada individuo con ideas abstractas encuentra un distinto significado a cada palabra, y una frase distinta por dentro y por fuera, relacionándole en sí con su propio universo, en el que falta no hacen ni leyes ni letras.

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