Disclaimer: El potterverso pertenece a nuestra diosa J. K. Rowling.
Este fic participa en el reto "Solsticio de invierno" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
Personaje utilizado: Hermione Granger (como principal) Hugo, Ronald y Rose (como secundarios, pero importantes al fin y al cabo)
Palabra dada y utilizada en este capítulo: Luces de colores
Raiting: K+
Número de palabras: 714, según Word.
N/a: No soy fan del romione (sólo del que escribió Rowling), pero la verdad el pelirrojo fue en la persona final que pensé para este cap del fic y pues para emparejarlo con Hermione, quizás porque quería hacerlo algo cannon. En fin, cualquier cosa, errorcillo, OoC, lo que vean, avinseme. Sólo eso, gracias por leer.
Hermione Granger
Sonrió.
Justo en el momento en que se percató de las luces de colores y la nieve que cubría levemente la entrada de su casa.
Podría haber sido un duro día de trabajo en el ministerio, pero a pesar de eso, recordar que era veinticuatro de diciembre la hacía sonreír, al día siguiente despertaría tarde y escucharía los gritos de felicidad que Hugo y Rose seguramente pegarían al ver sus regalos en el árbol.
Él nunca le fallaba. Ella podría llegar siempre tarde en la víspera de navidad, pero su casa siempre la recibiría con ese hermoso y navideño panorama, con las luces de colores, guirnaldas y sobre todo nieve.
Porque la conocía perfectamente. Y sabía cuanto le encantaba la nieve, sobretodo porque la hacía sentirse un pequeñaja. Porque observar la acumulación y el descenso de esos cristales de hielo la hacían dejar a un lado todos sus instrumentos de trabajo y tirarse hacia los montículos blanquecinos. Porque en ese momento ella hacía ángeles de nieve, como cuando era pequeña.
Y cuando su familia la escuchaba salían de inmediato a su encuentro para también hacer ángeles de nieve. Rose, Hugo y Ronald. Las tres personas más importantes en su vida. El amor de su vida y sus hijos. La razón de que cada navidad ella tuviese una sonrisa pintada en sus labios.
Entonces cuándo culminaban los ángeles de nieve en vez de ir a calentarse en su cómodo hogar, ellos preferían ponerse a lanzarse bolas de nieve. En parejas. Ronald y Rose. Ella y Hugo. Y como siempre su pequeño hijo y ella terminaban perdiendo, gracias a que Ronald y Rose eran más agiles y rápidos que ellos.
Hugo solía poner un puchero, enojado por perder. Ella, algunas veces, solía hacer lo mismo. Ronald y Rose se carcajeaban y ellos los observaban ceñudos. Y cuando solían quedarse con esa expresión durante mucho tiempo los vencedores de la pelea de bolas de nieve hacían aparecer dos tazas humeantes de chocolate para dárselas a Hugo y a ella.
Cuando el delicioso, exquisito y maravilloso manjar de los dioses tocaba sus paladares, no podían evitar sonreír.
Hugo y ella se olvidaban de que eran los perdedores de una batalla de bolas de nieve, mejor dicho, no les importaba haber perdido dicha batalla. Cuando sentían el sabor del chocolate todos se les olvidaba y no podían evitar sonreír.
De repente ella se acercó hacia su esposo y lo besó. Con dulzura, con amor, con cariño, con pasión y con ternura, totalmente embargada por los sentimientos que él le producía y sintiéndose más enamorada que nunca del que antes era su mejor amigo, pero ahora era su esposo.
— Qué asco, mamá.— escuchó decir a su pequeño hijo.
Se separó de Ronald sonriendo y sonrojada.
Vio que Rose bufaba y miraba a su hermano con ganas de asesinarlo e incinerarlo.
— Cállate, enano. —le soltó al pequeño pelirrojo.— No le hagas caso, mamá. Papá y tú se ven tiernos cuando se besan.—acotó la chica con voz soñadora.
Hugo volvió a enojarse y bufó, molesto.
Ella sonrió y no pudo evitar enternecerse con la imagen que su hijo le brindaba, si el pequeño supiera cuanto se parecía a su padre cuando se enojaba. Entonces lo abrazó y a Rose, aunque esta última trató de evitar ser abrazada al mismo tiempo que su pequeño hermano. O como ella le decía el enano.
— Los amo, pequeños dolores de cabeza.—les dijo sonriente.
— ¡Mamá!— se quejaron ambos pelirrojos ante el calificativo.
Ronald soltó una carcajada. Y se acercó hasta donde ella se encontraba junto con sus hijos, para abrir sus brazos y estrecharlos a todos.
— Feliz navidad a todos.—comentó sonriendo de oreja a oreja.
Ella escuchó la feliz respuesta que Hugo y Rose le brindaron, no pudo evitar sonreír al recordar que ella había llegado a sólo media hora de que fuera navidad, era increíble que no se hubiera percatado la rapidez con que la medianoche había llegado.
Abrazó aun más a su familia, feliz por tenerla, feliz por que fuera navidad, y feliz por compartir momentos con ellos que la hacían olvidar todo a su alrededor. Y sobre todo feliz de poder convivir cada navidad con el mejor regalo que la vida había podido darle.
Su familia.
— Feliz navidad, familia.—acotó sonriendo.
Y terminé este reto. Espero que les haya gustado aunque sea un poco y no estaría mal que si leen dejen un comentario (?. Como sea. Saludos mágicos y feliz navidad.
