Hola a todos. Lamento la tardanza con el fic, espero sepan disculpar, y en sí, este capitulo lo tenía listo desde hace rato pero tardé en publicarlo. Lo siento...
Disclaimer: Ningún personaje que aparezca, o sea mencionado, en este fic me pertenece. Todos son propiedad de sus respectivos dueños; yo solo hago esto por diversión.
Advertencia: AU, universo alterno. Yuri. Lemon (+16) en capítulos futuros.
Acto 2 - Romeo conoce a Ceniciente -
—¡Toma! —exclamó una voz femenina con cierto entusiasmo—. Aquí tienes.
Luka apartó la mirada de su libro y contempló, sorprendida, el recipiente que su mejor amiga estaba ofreciéndole. —Oh. Veo que lo hiciste. —le dice con una sonrisa en el rostro antes de guardar los cuadernos debajo de su escritorio.
—¡Por supuesto! Dije que yo haría la comida y cumplí con mi palabra—. Cuando su amiga tomó el bento volvió a sentarse en su asiento, acercando más la silla hasta el pupitre. —Ese es el tuyo y aquí está el mío. —menciona bailando sobre su asiento. Ahora sí podría comer sus deliciosos puerros.
La joven Megurine soltó un pequeño suspiro para luego mirar a su mejor amiga mientras negaba con la cabeza. ¡Parecía toda una niña pequeña! Rió por lo bajo ante el giro de sus pensamientos y volvió la vista a la caja entre sus manos, admirando en silencio los manjares en su interior: había croquetas de pescado, un poco de ensalada, sushi casero, salchichas en forma de pulpo, y unas tres tortillas. Sin olvidar los muchos adornos comestibles hechas de arroz cocido, desde conejitos hasta gatitos.
«Sí que se ha esforzado, y eso que no le gusta cocinar. » Un tenue y casi imperceptible sonrojo se adueña de sus mejillas. El solo hecho de recordar que Miku había hecho todo eso para ella, y solo para ella, le hacía sumamente feliz.
—Gr-gracias…
—¡No es nada! Para servirte.
—Insisto, muchas gracias. —murmura mordiendo su labio inferior; aquel comportamiento vergonzoso solo aparecía cuando estaba con ella.
La más joven niega con la cabeza, sin llegar a perder esa sonrisa sincera y optimista. —No tienes que agradecerme. Me gusta cocinar para ti—. Saca sus palillos y observaba fugazmente el rostro de su amiga. «Oh. Está sonrojada. » Piensa al reprimir el deseo de reírse por lo adorable de la imagen. «Mejor guardo silencio porque si no se enojará conmigo. » Tararea una de sus canciones favoritas mientras mece sus piernas de atrás hacia adelante. —Nee nee Luka, también traje esto. —dice al poner otro recipiente sobre la mesa.
—¿Algo más?
—Aja, ¡sírvete lo que gustes!—. Toma uno de los Onigiri [1] de su bento. —¡Gracias por la comida! —exclama la niña de dos coletas, para luego dar una gran mordida a la bola de arroz entre sus manos—. ¡Delicioso!
Luka asiente en silencio, murmurando un "gracias por la comida" y da un pequeño sorbo a su bebida; sus ojos se entreabrieron al percatarse del otro platillo que su amiga había traído. Tomó entre sus dedos un escarbadientes y lo incrustó en el centro de la de la bolita de masa condimentada.
—¿Takoyaki [2] ? —preguntó antes de darle un mordisco, quitando con una servilleta el resto de migas.
Miku asintió y lamió el resto de arroz en sus labios. —Tú me pediste atún y eso te traje.
La chica de cabellos rosas terminó de comer y le obsequió a la otra una tímida y nerviosa sonrisa. —Sí pero, esto se hace con pulpo.
—Bueno, el pulpo vive en el mar. El atún vive en el mar ¿lo ves? ¡Están relacionados! Por eso lo hice. —menciona con una sonrisa altanera en el rostro, orgullosa de su propia respuesta—. Si no los quieres ¡los comeré yo!—. Toma con un escarbadientes la comida y lo engulle rápidamente, haciendo lo mismo con otro y con otro; llegando a comerse tres de una sola vez.
La de cabellos rosados suspira con resignación; su amiga era muy terca y nadie podía contra ella en ese aspecto. Por lo que no tuvo otra alternativa que hacerlo a su modo.
«No es como si me molestase. » le recordó una vocecita en su cabeza, para luego volver a comer lo más tranquila posible. Vio como Miku conversaba animadamente Yukari y Aoki Lapis sobre un examen, bajó la mirada y se centró en los alimentos con tal de no molestar al reciente grupito. «No debería ser así —pensó al dejar el bento y los palillos sobre el escritorio—, ella tiene derecho a conversar con quien quiera. » Desvió la mirada hacia el cielo oscuro, admirando el paisaje deprimente a través de la ventana del salón.
Su teléfono celular vibró.
Asustada por el repentino temblor, Luka pegó un gritito que tanto la atención de su amiga como la de las otras chicas. Murmurando un "lo siento" buscó el celular en su bolso y, con las mejillas plenamente sonrosadas, lo abrió.
Era un mensaje de Rin.
"¡Onee-chan! ¿Puedes venir a mi casa hoy? ¡Tengo un examen importantísimo mañana y Lenny no quiere ayudarme! ¿Puedes hacerlo tú?"
Estuvo a punto de responder hasta que recordó algo importante: esa tarde, ella no estaba libre. Tenía que ir con Miku al centro de videojuegos, se lo había prometido, y no podía faltar a su palabra.
Mordió su labio inferior al sentirse tan abrumada. No quería decirle no a alguna de sus dos amigas. «¿Qué debo hacer? » Volvió el rostro a la líder del coro, admirando la brillante sonrisa en su rostro acompañada por dos halos rosados en sus mejillas. «No puedo verla triste. » Suspiró. —Lo siento Rin, pero tendrás que disculparme por esta vez. —murmura para sí misma, como si la rubia de ojos azules la estuviese escuchando; responde el mensaje con rapidez, apaga su celular y vuelve a guardarlo dentro de su bolso.
Por su parte, la joven Hatsune Miku conversaba con dos compañeras con total entusiasmo.
—Realmente no me gusta el inglés, no tengo una buena pronunciación…
—¿De verdad? ¡No parece!
—Si tienes una calificación alta, Miku-chan.
Hizo un pequeño mohín. —Pues sí, es la verdad ¡mi inglés es pésimo! Incluso a veces no se entiende bien. —dice la dueña de las largas coletas haciendo un puchero al final—. Es una suerte que el profesor Big AL no me eche de clases cada vez que me duermo.
La chica de cabello corto y azulado, Aoki Lapis sonríe nerviosamente. —D-desearía ser buena en inglés, pero apenas sé hablar español correctamente.
Yukari asiento estando de acuerdo, tomando entre sus dedos uno mechón de su cabello lila. —Ojala pudiéramos ser como Megurine-san ¡ella es increíble en Ingles! ¿Verdad, Hatsune-san?
—Te dije que me llames Miku, Yukari. —replica con un falso tono de enojo, posando ambas manos sobre sus caderas—. Y tienes razón, Luka habla y escribe en un perfecto inglés. —dice antes de desviar la mirada hacia su mejor amiga—. Es algo envidiable ¡desearía ser como ella!
Luka continuaba almorzando sola. Con una expresión serena y calmada en su rostro, hasta pudo distinguir una pequeña sonrisa, casi imperceptible para cualquiera; durante un breve instante, la mirada de ambas se encontró. Un contacto visual efímero, ya que la peli rosada fue la primera en apartar su rostro y continuar probando la comida casera… parecía, como si no quisiera ver a su amiga.
Aquel detalle llamó demasiado la atención de la Hatsune. «¿Le ocurrirá algo? Se ve diferente a lo habitual. » Pensaba con algo de preocupación. Inconscientemente, sus dedos comenzaron a juguetear con la pulsera de amistad en su muñeca derecha, recorriendo con las yemas los hilos de colores. «No es como si fuese algo grave, ¡quiero decir! Yo lo sabría... tal vez le incomode comer sola. » Las esquinas de sus labios se curvaron hacia abajo, haciendo desaparecer por completo esa expresión alegre y despreocupada.
Tal parece que Miku se quedó observándola más de la cuenta, porque sus dos compañeras no tardaron en traerla a la realidad.
—¿Hatsune-san? ¿Te encuentras bien?
Ella reacciona y sacude su cabeza graciosamente. —¡Ah! No, no es nada. —dijo moviendo sus manos con torpeza—. ¡A-ah! Me disculpan por favor—. Juntó sus manos delante de su cabeza, ocultando parte de su rostro. —E-es que me muero de hambre. ¡Hablamos luego!
Despidiéndose fugazmente, corrió hasta su asiento, pasando por medio de los escritorios de sus compañeros y saltando alguna que otra silla; su torpeza siempre aparecía, pero era una verdadera suerte que no haya tropezado con alguna mochila o bolso.
La chica de cabellos rosados aparta la mirada y centra sus ojos en el rostro de su amiga. —¿Miku? ¿Por qué corres?
—¿Eh? ¡A-ah! E-es que yo… —balbuceó nerviosamente hasta que una idea apareció—. ¡Y-yo quería comer un puerro! ¡Sí, eso!—. Engulle rápidamente uno de los vegetales para que su mentira fuere más creíble; era un completo milagro el que no se haya ahogado.
Aunque no lo dijese en voz alta, Miku se sintió culpable de haber dejado sola a su mejor amiga. La apreciaba demasiado y no quería que se sintiese triste.
Una sonrisa aparece en el rostro de Luka, y rápidamente le entrega la lata de jugo que tenía en su bolso. —Tú y tu manía con los puerros.
Luego de tomar todo el contenido, y calmar su respiración, la verde-aqua ríe alegremente. —¿De qué hablas? ¡Los puerros son deliciosos! Es solo que no les has dado la oportunidad.
—No gracias, prefiero el atún.
—El atún es rico, pero no para comerlo siempre.
—Lo mismo digo para el puerro.
Le saca la lengua a su amiga, dando por finalizada la discusión. Se acomoda en su asiento y suspira complacida de que todo ha salido bien, necesitaba un pequeño descanso. Acomoda su falda y observa el cielo con el entrecejo fruncido. —No me gustan los días nublados. Luka ¿Tú crees que lloverá?
—Dijeron que había sesenta por ciento de probabilidad de lluvia, además de esta terrible humedad. —dice en un tono burlón jugueteando con un mechón de su cabello.
—¿En serio? Debería ser más precavida en ese asunto.
—¿Tu hermano no te avisó?
La más joven negó con la cabeza. —Ahora que mamá y papá están de viaje, Mikuo se ocupa completamente de la universidad ¡Ya casi ni le veo en casa! Si no son los puerros, es su novia Lily la que está en su cabeza. —finaliza sacando la lengua en un gesto juguetón.
Mientras las amigas conversaban tranquilamente, una tercera chica apareció de repente. Corriendo desde la entrada del salón, saltando algunos bancos y llegando sana y salva hasta donde se encontraban sus amigas.
—¡Miku, Luka! —gritó llamando la atención de toda la clase, inclusive la de sus dos amigas—. ¡Chicas, al fin las encuentro a ambas!
Miku pegó un pequeño salto al oír el grito de su amiga. —¿G-Gumi? ¿Qué…?
—¡L-las he estado buscando por todo la escuela!
—Respira Gumi.
—¡Pero, pero, pero, pero! ¡Tengo algo que contarles y-!
La muchacha de cabellos rosados se levanta de su asiento y posa una de sus manos sobre el hombro de la chica. —Gumi. Respira y luego habla. —dice en un murmullo, tratando de ser lo más suave posible—. Nosotras te escucharemos atentamente.
Los ojitos de la chica de cabello corto comenzaron a brillar con intensidad. —¡Oh Luka! —dice su nombre entrelazando ambas manos a la altura de su pecho—. ¡Me llamaste por mi nombre!
Sonrojándose, desvía la mirada hacia su regazo. —Bueno, sí ¡Ah!—. Guarda silencio al sentirse aprisionada por unos fuertes y delgados brazos.
—Gracias, gracias, gracias ¡Gracias! Estoy tan feliz. Nunca creí que llegaría el día en que me llamaras por mi nombre. ¡Eres grandiosa Luka-chan!
—Gumi ¿qué te he dicho sobre respirar?
—¡Oh! No diré más.
Luka sonríe. —¿Ya estás más relajada?; ahora bien ¿qué tenías que decirnos?
—¡Habrá un nuevo estudiante en la escuela! —gritó luego de tomar un poco de aire.
Antes de que Miku y Luka pudieran decir algo, el resto de sus compañeros se adelantaron y rodearon por completo a la chica, asaltándola con una sarta de preguntas. Curiosos por el supuesto nuevo estudiante.
Por su parte, las dos chicas observaron la escena desde lejos.
La chica de dos coletas sonríe. —¿Deberíamos salvarla?
—No está en peligro, solo la rodean nuestros compañeros. —replica la mayor con un tono de resignación, volviendo a sentarse sobre su escritorio—. Mejor dejémoslo así…
Encogiéndose de hombros, da una última mirada al "espectáculo" y comienza a guardar sus pertenecías, en unos minutos acabaría la hora del almuerzo y lo mejor sería tener preparados los útiles de la siguiente clase. Da un último sorbo a su bebida antes de lanzarla al cesto más próximo, saca un libro de literatura y limpia su escritorio con un pañuelo verde; no necesita darse vuelta para saber que su mejor amiga ya había limpiado su mesa y acomodado sus libros perfectamente sobre ella.
—Luka. —la llama sin despegar la vista de su labor.
—¿Mmm?
—¿No sientes curiosidad por el nuevo chico?
—No.
—¿Ah sí? Porque yo sí tengo curiosidad, me resulta extraño que alguien decida cambiarse casi finalizando el año. [3]
—Siendo franca, no. Ni en lo más mínimo…
Miku sonrió nerviosamente, un poco incomoda por el repentino comportamiento de su mejor amiga. «A ella no le gusta este tipo de griterío. » Se apoyó sobre el borde de la pequeña mesa y desvió la mirada hacia el ventanal, admirando en silencio el oscuro cielo. —Ha comenzado a llover. —murmura al recordar que este tipo de climas son muy comunes en primavera; si bien Febrero era uno de los meses más agradables, no podía decir lo mismo de los días cuando hay tormenta.
La joven Hatsune suspiró.
Solo esperaba que la lluvia no fue un inconveniente a la hora de regresar a casa.
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—¡Oh rayos! Tendría que haberle dicho a Luka que me esperara aquí. —lloriqueaba al intentar, inútilmente, cubrirse de la lluvia con su suéter morado.
El sonido de un relámpago resonó, causando que la muchacha diera un brinco.
Asustada, y maldiciendo su suerte por lo bajo, intentó protegerse de la lluvia de la lluvia con su chaqueta color verde. Cubriéndose la cabeza. Apretó los parpados y continuó corriendo, tratando de llegar al edificio antes de que otro trueno se abriera paso por el cielo oscurecido.
Un gritito brotó de sus labios al tropezar con una piedra y terminar estampándose contra el suelo mojado, dejando caer la prenda de vestir. Su extenso cabello se esparció a su alrededor y los charcos de agua alcanzar a mojar sus muslos internos.
«Ugh… eso dolió. » Se sienta sobre sus talones, restregándose los ojos. Una pequeña mueca apareció en su rostro al sentir un dolor punzante su rodilla. —¡Oh no! Me lastimé. —murmuró al ver como el raspón sangraba un poquito.
Miku dejó de sentir la lluvia cayendo por encima de su cabeza. «¿Y el agua? » Parpadeó sorprendida, sin despegar su mirada del suelo.
—¿Te encuentras bien? —preguntó una voz ajena, con calma y amabilidad.
De manera inmediata, la joven de dos coletas levanta su mirada y su rostro se sonroja lindamente al ver a un muchacho sonriéndole con amabilidad. «Parece un príncipe. » Piensa mientras admira al desconocido en silencio: su profunda mirada azul, las finas hebras del mismo color, la pálida piel.
Saliendo de su aturdimiento, ella sonrió con nerviosismo. —O-oh… sí. Estoy bien.
Él asintió antes de buscar su pañuelo y entregárselo a la chica. —Toma, tienes algo de tierra en el rostro…
—¡A-ah! No puede ser—. Quitó un poco de suciedad con sus dedos, mirando las manchas con detenimiento. «¿Uh? Es muy oscuro, hasta parece ceniza. » Ríe ante su broma y pasa la suave tela por sus mejillas y frente, percibiendo levemente la esencia de un perfume masculino.
Al terminar, Miku se levantó del suelo y le devuelve el pañuelo; el muchacho niega con la cabeza, murmurando un "puedes quedártelo" y acomoda la sombrilla para que ambos puedan protegerse de la lluvia.
—Por cierto, ¿qué haces en un lugar así y con esta lluvia?
—Olvidé mi chaqueta en el gimnasio, pero… tal vez tendría que haberla dejado allí. —dice al levantar su chaqueta del suelo, escurriendo el agua de la tela.
—Ya veo.
—Muchas gracias por haberme ayudado—. Se inclina en señal de respeto—. Pero, creo que debo irme…
—¿Si gustas puedo acompañarte a tu casa?
El tinte carmín en sus mejillas aumenta mientras siente su pulso acelerar. —N-no, no quiero ser una molestia. —menciona moviendo los brazos graciosamente—. Además yo…
La interrumpe. —Insisto. Es lo mínimo que puedo hacer por ti. —murmura antes de tomar una de las manos de Miku y depositar un pequeño beso en el dorso.
«Oh. En verdad parece un príncipe. » Su corazón latía como un loco, y ver esa sonrisa amable, siendo solo para ella, hizo que sus rodillas temblaran y sintiera un cosquilleo extraño a la altura de su estómago. —A-a-ah, no me has… dicho tu nombre. —dijo lo primero que se le vino en mente.
—Kaito. Kaito Shion, un placer.
—¡Soy Miku! —menciona señalándose a sí misma—. Mucho gusto, Shion-san…
Él sonríe con ternura, conmovido por la actitud alegre de la muchacha. —Puedes llamarme Kaito.
—Oh. Entonces, tú puedes decirme Miku.
—Muy bien, Miku ¡Es verdad! ¿Tú estudias aquí, no?—. La otra asiente en silencio. —Me alegro. Al menos tendré a alguien conocido con quien conversar…
—¿Estudiaras aquí? ¡Qué alegría!
—Miku.
—¿Sí?
—¿Has venido sin bolso a clases? —pregunta con una expresión de curiosidad en su rostro.
Da un pequeño grito al recordar todo de pronto. —¡Ah! ¡Olvidé mis cosas en el salón de clases!
—¡Espera Miku! Te acompaño. —dice Kaito en un tono amable; tratando de impresionar a su acompañante. Siendo sinceros, ella le intrigaba, además de gustarle un poco.
Había sido como una atracción instantánea.
Tan solo con verse a los ojos.
—¿En serio? ¡Gracias!—. En un movimiento rápido, toma la muñeca a su nuevo amigo y comienza a correr; tironeando de ella. —¡Apresuremos! Antes de que la lluvia empeore.
Mientras tanto, en la entrada del colegio, una muchacha de cabellos rosados esperaba pacientemente la llegada de su amiga.
"¡Olvidé mi chaqueta en el gimnasio! Espérame en la entrada, Luka. " le había dicho su amiga al terminar de vestirse y caminar por los pasillos de la escuela. Antes de irse, le pidió a Miku que buscase su sombrilla puesto que también la había olvidado, pero en el salón de clases; y como era de esperarse, Luka hizo lo que su querida mejor amiga le pidió.
La joven Megurine suspiró, desde hace unos treinta minutos que estaba esperando la aparición de la otra niña. Se impacientó y jugó nerviosamente con el borde de su falda, doblándolo hacia adentro o rozar con las yemas de sus dedos las marcas de las costuras.
Una mueca de disgusto apareció en su rostro cuando la lluvia empeoró.
Levantó su mano y atrapó algunas gotas con la palma de su mano.
«Esto… se convertirá en una tormenta pronto. —piensa con el entrecejo levemente fruncido, secando su mano con la tela de su falda—. Odio las tormentas. Al igual que papá… » Una pequeña y tímida sonrisa aparece en su rostro al recordar las ocasiones en las que su madre los regañaba a ella y a su padre por tapar las ventanas con los muebles; vuelve a admirar al cielo, rogando en silencio para que las cosas no empeoren.
O sería algo difícil regresar a casa el día de hoy.
Duda por un momento ¿debería irse? Si le había prometido a Miku que esperaría por ella, ¿pero por qué tardaba tanto? El gimnasio no estaba lejos, se encontraba en la plata baja, en la sala este de la escuela, ella no tenía que recorrer mucho para llegar hasta allí.
—Ya se retrasó. —murmura al sacar su celular; ahora, habían pasado unos cuarenta minutos desde que Miku se fue. «¿Habrá sucedido algo? » Sacude su cabeza para deshacer cualquier clase de pensamientos malos. —. Tal vez, salió por la puerta trasera de la escuela. Ella es de hacer esas cosas….
Guarda el teléfono en su bolso antes de morder su labio inferior.
Titubea, pero luego de unos minutos tomó su decisión.
—Ni modo, tendré que irme sola. —murmuró para sí. Acomodó su bolso, se quitó la chaqueta y la usó como medio de protección para la lluvia cuando se echó a correr.
Un relámpago resonó y Luka no le dio importancia.
Estaba molesta, un tanto furiosa, como para prestarle atención a pequeñeces como esa. Ignoró a todo lo que estuviese a su alrededor y se concentró completamente en llegar a casa lo antes posible; de alguna manera, parecía que el cielo hacia juego con sus sentimientos.
Camina por las calles vacías, viendo como los coches que pasaban por los charcos y la empapaban de pies a cabeza.
Pateó el suelo y gritó enfurecida, sintiéndose frustrada por la situación, quitó la chaqueta de su cabeza y la llevó a rastras por el pavimento. Su ropa estaba mojada, llegando incluso hasta la ropa interior, y su cabello un completo desastre ¿para qué protegerse? De todos modos terminaría con un resfriado por estar corriendo bajo la lluvia; si su madre estuviese en casa, la regañaría hasta el momento en que se curara y su padre no sería capaz de salvarla.
Ella sonríe a pesar del clima.
Ese repentino pensamiento hizo que su mal humor desapareciera momentariamente; esto mismo ocurría si pensaba en sus queridos amigos: como Miku, Gumi, Len y Rin.
«Oh. Es verdad, Rin pidió mi ayuda. » Ante ese pensamiento se largó a correr en dirección a la casa de su amiga, esperando a llegar a tiempo; solo debía recorrer unas cuatro manzanas y llegaría a destino. Dobló en la siguiente esquina, y allí, a unos quince metros, vislumbró la casa de sus amigos gemelos.
Con un último esfuerzo llega hasta el pórtico, cubriéndose de la lluvia en el pequeño techo y llama a la puerta esperando a que alguien le abriese. Espera unos minutos y un tanto impaciente, comienza a tocar el timbre una y otra vez, sin despegar la mirada de la entrada principal.
—¡Un momento!
Luka intenta calmar su respiración y peina sus cabellos para tener una apariencia más "decente".
—¡Un momento por favor! —escucha el grito de un niño del otro lado—. ¡Ya vo-! ¡Rin! ¡Ten más cuidado en donde dejas tus patines, por poco y me caigo!
Sonríe y oculta detrás de su oreja un mechón de su largo cabello rosado. «Estos niños no cambian. » Retira con torpeza el agua de su rostro, intentando tener una apariencia por lo menos decente; la entrada se abre y un niño, de aproximadamente quince años de edad, aparece con una taza de té en mano.
—¿Sí, qué…? ¡Oh, Luka-nee! No sabía que vendrías aquí. —menciona sorprendido al reconocer la presencia de la joven.
—Lo siento, tendría que haber avisado.
—No te disculpes, puedes venir a visitarnos cuando-
Una voz femenina lo interrumpió. —¿Quién es Lenny? —pregunta al subirse sobre la espalda de su hermano menor. —¡Onee-chan, viniste!—. Velozmente, se bajó de su hermano y corrió a abrazar a la mayor.
—Hola Rin.
—¡Me alegra que estés aquí y…!—. La rubia retrocede al sentir una humedad en su ropa de favorita. —Luka, pero, si estás mojada…
La mayor parpadea y baja la mirada, notando como la ropa se pegaba a su cuerpo. —A-ah ¿esto? Dejé mi sombrilla en la escuela. —murmura avergonzada, rascando nerviosamente su mejilla sonrojada—. Creo que estoy… algo distraída.
Si bien Rin no creyó en ninguna sus palabras, sabía que éste no era el momento indicado para hablar. —¡Oh, está bien! ¡No te quedes ahí, Lenny!—. Empuja a su hermano y toma la muñeca de su amiga, invitándola a que ingrese en el interior de la vivienda. —¡Pasa Luka! Recuerda que esta es como tu casa.
"Gracias" murmura con una sonrisa tímida en su rostro. Se quita los zapatos y acepta gustosa la toalla que el menor de los Kagamine le ofrece, seca su cabello y parte de su uniforme. Para su suerte, los gemelos trajeron su ropa que quedó aquí y le prepararon el baño; después de todo, conocía al par desde niños y no le alcanzaban los dedos de sus manos para contar las veces en que se quedó a dormir en esta casa.
Un baño caliente fue todo lo que necesitó para que su mal humor desapareciera; eso, y olvidarse momentariamente de la ausencia de Miku.
Al terminar de vestirse, se dirigió a la sala de estar mientras se secaba el cabello húmedo. Notando al instante como los dos hermanos miraban la televisión, dejando sobre la mesita frente a ellos unas tasas de té y recipientes repletos de dulces, también pudo vislumbrar algunos libros y cuadernos sobre el suelo.
«Ah, ya recuerdo. El examen… » Deja la toalla sobre sus hombros y toma asiento en uno de los descansabrazos del sofá. —¿Qué miran?
—Nada en particular. —responde Len mirando atentamente una revista de videojuegos.
—Solo el canal del clima para saber si continuará lloviendo. —aclara la rubia al entregarle una taza a su amiga—. Tal vez tengamos suerte ¡y podamos faltar algunos días a clases!
—Tienes un examen importante mañana.
—¡Si pero, si tormenta no habrá clases!
—La tormenta era temporal, no durante toda la semana.
—Bueno, bueno ¡pero podría inundarse la zona, el barrio y hasta incluso la escuela!
—¿En Febrero, Rin?
—¿Qué no has oído del cambio climático, Len? ¡Las cosas ya no son como antes! Tranquilamente podría inundarse esta zona ¡y cuando menos te lo esperes!
Len suspira resignado, cubriéndose el rostro con una mano. —Solo estudia Rin. —lloriquea por lo bajo, sin poder creer todavía lo dicho por su hermana.
Le lanza un cojín a su gemelo y vuelve la vista hacia la muchacha. —Nee, Luka—. La joven la mira aun con la tasa entre sus labios. —¿Viniste a ayudarme con el examen?
—¿Necesitas ayuda para el facilísimo examen de mañana, Rin?—. Unos duros audífonos impactando contra su rostro fueron suficientes para hacerle callar.
Soltando un grito de cólera, se levanta de un brinco del sillón. —¡Eso fue todo geniecito! ¡Largo de aquí!
—También es mi casa…
—Lastima por ti, hasta que mamá y papá lleguen, yo estoy a cargo y te ordeno que te vayas. Luka-nee y yo estudiaremos un poco. —dice al tomar por el brazo a su hermano y echarlo de la sala principal—. Ve y enciérrate en tu habitación como siempre lo haces…
—¡Ey! ¡E-espera!
—No Lenny, las niñas aquí tienen que estudiar.
—¡R-Rin! ¡¿Qué…?!
—Adiós. —exclama antes de empujarlo por la espalda, sin importarle que su rostro se estampase contra el suelo de madera. Sacudió sus manos y volvió a tomar asiento junto a su amiga—. ¡El estorbo fue desecho! Ahora podemos continuar…
Luka sonríe confundida. «Sabía que Rin era fuerte, pero, eso fue demasiado. » Pensó compadeciéndose del gemelo de la rubia. Le revolvió el cabello y recostó ambas manos sobre su regazo; al menos aquel espectáculo le hizo sonreír.
No como otro que había visto en la escuela.
—Y bueno… ¿por dónde comenzamos?
Los ojitos de la rubia brillaron intensamente. —¡Mira, por aquí! Todavía no entiendo cómo aplicar esa "Regla de tres simple". Se supone que es éste, por éste e igual a éste… —continuó hablando
Luka escuchó atentamente las dudas de su joven amiga, aunque sus pensamientos estuviesen pendientes en otra cosa, o mejor dicho, en otra persona. Antes de que pudiera responder su teléfono celular vibró, lo sacó cuidadosamente del bolsillo de su chaqueta y al descubrir que tenía un mensaje su entrecejo se frunció levemente: era de Miku.
"¡Encontré tu paraguas! Te lo devolveré mañana. Descuida, está en buenas manos"
La chica de cabellos rosa suspiró. Se sentía molesta y decepcionada, a tal punto que lo que menos deseaba en esos momentos era hablar con su mejor amiga; volvió a guardar el aparato y ocultando un mechón detrás de su oreja izquierda respondió la pregunta de la rubia.
Ella fingiría que nunca había recibido aquel mensaje.
Aunque tratase concentrarse en la explicación, Rin pensaba en el repentino comportamiento de Luka. Ella nunca, en todos estos años que la conocía, había llegado a mostrarse enojada ¡ni siquiera cuando ella y su hermano rompieron uno de sus perfumes favoritos! Jugueteó con el lápiz amarillo mientras trababa de entender el porqué de la situación. ¡Aquello había sido tan repentino que creyó estar viendo mal! La peli rosada no era de tener ese tipo de actitudes.
«¿Habrá discutido con alguien? Eso debía ser por la expresión que puso. » Piensa mientras ve por el rabillo de su ojo como la otra hace unos rápidos cálculos sobre su cuaderno. «Tal vez Miku-nee sepa qué está pasando. » Asiente a lo dicho por su amiga, como si realmente entendiese la explicación.
Porque para ella, Luka era como un libro abierto. Bastaba con mirarla unos segundos para descubrir qué le sucedía a su preciada amiga, y su instinto le decía que algo le ocurría.
Lo único que la rubia esperaba es poder serle útil.
[1] Onigiri: es un plato japonés que consiste de una bola de arroz rellena o mezclada con otros ingredientes, suele tener forma triangular u oval.
[2] Takoyaki: es una comida japonesa hecha con harina de trigo y trozos de pulpo.
[3] El año escolar comienza en abril y termina en marzo del año siguiente, teniendo cuatro periodos de vacaciones durante el ciclo escolar; en la historia están por finalizar febrero, casi comenzando marzo.
Bien... es todo por ahora. Cuídense mucho, y nos vemos en el siguiente capitulo... Acto 3 - Romeo -
Atte: Canciones de Cuna.
