Notas de autor: Decidí terminar esta historia y le meteré turbo. Es mi prioridad y trataré de actualizarla semanalmente. Total. Solo serán 6 capítulos. Es mi nuevo desafío pokemon: llenar de jerzy jerzy a Sabastu. Aunque el gruvia hace lo que quiere conmigo T_T, aunque es pesada de escribir y me quiera arrancar los pelos por el vocabulario empleado y como no, también es pesada de leer xD así que: ¡GRACIAS POR EL APOYO A LOS TRES VALIENTES QUE ME COMENTARON XD!
Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece.


Para Sabastu: Gracias por desflorar el fic XD fue el destino que tú llegaras primero: destapa el champagne, apaga las luces, dejemos las velas encendidas y afuera las heridas (? debo decir que después de que desfloraste mi fic, me aterraba que no aparecieras después (? Pero lo hiciste :x llamaste y pediste otra cita 7u7)r así que aquí tienes la continuación y es pa' ti *corazones* insisto, espero que te hagas adicta al gruverza xD que trato de ser equilibrada con las escenas de ambos, pero mis personajes hacen lo que quieren D=


Dor

Capítulo II: La amistad del pastel


Era una novedosa sorpresa que la señora Fullbuster horneara ella misma los pastelillos y pese a su nivel de clase social, era pasatiempo que le agradaba y bendita fuera por ser tan buena en ello.

Después de culminar la cena, los invitados se habían dedicado a halagar, sin exagerar para no perder credibilidad, las buenas cualidades culinarias que la señora poseía. El señor Fernandes había comprendido con rapidez la discreta renuencia de los presentes en cederle su postre ―quitando el hecho de que era una descortesía a los anfitriones―, cayendo en cuenta que no eran alucinaciones suyas; él también hubiera entrado en conflicto interno. Pero habiendo probado el agregado de cena, pudo ponerse en los zapatos de todos aquellos que ya los habían probado y en los zapatos, también, de aquellos que secretamente robaban los pastelillos.

Una discreta sonrisa se formó en sus labios. La señorita Scarlet era la adorable culpable del pequeño altercado del festín en la casa de los Fullbuster. Y tras haber probado el pastel, podía comprender las razones que la llevaron a eso. Quizás él también lo hubiera hecho y tampoco se arrepentiría de hacerlo. Cabía destacar el hecho que todos se habían quedado cortos al describir el sabor del postre, y quizás alguien de los presentes podía dar un cumplido mucho más acertado, a su juicio…

Se vio obligado a mandar su vista hacia la pelirroja, por curiosidad y por el deseo de ver en primera instancia su reacción, incluso en busca de un tema de conversación con ella acerca de la adulación más acertada para la cena. Tenía la cuestión perfecta: "Si Alfred Tennyson pudiera probar los postres de la señora Fullbuster, ¿Qué diría?"

No obstante, para su sorpresa encontró un semblante bastante diferente al que su mente ideó; la señorita Erza Scarlet apretaba con su mano uno de los cubiertos que estaban en la mesa, su entrecejo estaba fruncido y su expresión evocaba a una inenarrable ironía: ni las mejores metáforas de Alfred Tennyson podían describir la ira que sus ojos color marrón proyectaba y tampoco le podían hacer justicia a lo bien que lucía de esa forma.

Era tan viva como el color de su cabello. Por algo su tono era mucho más subido, más fuerte, que el rojo. Estaba en otra dimensión.

La señorita Scarlet era un nuevo y apasionado poema que ansiaba leer. Y quizás se convertiría en su favorito.

Y en cambio ella, apretaba la cuchara con fuerza para no brincarle encima y reclamarle su frívola conducta. Había muchas cosas que ella no podía perdonar y una de ellas era que las personas fueran malagradecidas. Así como lo era él.

Erza pensaba que era un niño rico y quejumbroso, capaz de poner casi en revolución a sus amigos por un postre faltante. Sinceramente era una gran razón: postre. Delicioso postre hecho por Juvia, pero eso no justificaba su ingratitud con los Fullbuster. Porque en vez de mostrar gratitud por la cena, la grata bienvenida y todas las atenciones que le habían ofrecido, él miraba los pequeños fallos y los volvía grandes. Era un exagerado.

Otra cosa que Erza no podía tolerar era a los ladrones… y ese niño llorón, rico y quejumbroso le había robado sus postres. Juvia lo único que había hecho era comportarse a la altura y taparle la boca con su habilidad de anfitriona para resolver pequeños fallos…

Sentía que la buena imagen que había proyectado horas atrás, se derrumbaba… Había sido tan perfecto en cuanto a poesía, pero las cosas dieron un radical giro.

~O~

―Juvia no se explica que pasó para que la repartición de los pasteles no fuera proporcional ―susurró apenada. Caminaba del brazo de su marido y guiaban a los invitados a una sala de juegos para que pudieran descansar después de haber terminado la cena ―Nancy no comete errores y Juvia está segura de haber dicho la cantidad correcta.

Quiso decir que no debía mortificarse por algo que ya estaba resuelto y que claramente todos los invitados habían olvidado y otra parte de él, trató de ayudarla a encontrar la explicación a todo porque si se encontraba el fallo, podían remediarlo y evitar que volviera a pasar. Así que se auxilió de la lógica para que diera por finalizado su casi bochornoso altercado.

Como el hombre sensato que era, buscó explicaciones dentro de su mente: un simple error de cálculo, haber escuchado mal la cifra, no terminar de repartir y luego olvidar, tal vez alguien se había comido uno…

Erza…

Ella podía ser la culpable. No, era la única culpable. Y más cuando la tentación estaba tan cerca de su alcance. Y la pelirroja era lo suficientemente astuta como para sentarse justo al frente de donde los postres estaban colocados. Además, que era débil ante el dulce. Aún no era el momento para tratar eso, ya vería su oportunidad.

El señor Fullbuster se guardó su observación hasta después de que la velada se dio por terminada: hasta el momento en que los invitados anunciaron que era hora de retirarse. Entre más lo pensaba, más se miraba sospechosa: su silencio mientras trataban de adivinar en la cena, ¿Erza quedarse sin participar? ¡Jamás! A menos que tuviera sus manos y boca ocupadas en robar y eliminar las pruebas… y poco había hablado después… Eso solo lo conducía algo: estaba incómoda.

―Erza…

La aludida ladeó el rostro. ―¿Si?

Achicó los ojos. Tenía escrito en la frente la palabra: "Culpable" con enormes letras mayúsculas.

―¿No hay algo que deseas confesar?

Antes de responder puso la misma cara que él. Ambos se retaban y ninguno cedía. ―No ―dijo, aunque pensó que sí tenía algo que decir. Mucho que decir, pero era inocente hasta que se demostrara lo contrario. Además, Gray no había sido muy claro con ella ―¿de qué me estás hablando?

Mantuvo su severa postura y estiró su cuello para acercarse a ella. Gruñó. ―¿Algo referente a la cena?

―Estuvo deliciosa, si es que te refieres a eso. Ya sabes la opinión que tengo sobre los cocineros de esta casa ―fue ahí donde Erza desvió por un segundo la mirada ―también sabes que soy la admiradora número uno de los postres de Juvia…

―Correcto y por eso tú te robaste los postres…

Y las señoritas no debía decir groserías pero… ¡Maldición! Sola se echó la soga al cuello.

―Discúlpate con Juvia ―dijo con exigencia.

―¿Pero por qué? ―infló sus mejillas, haciéndose la inocente.

El señor Fullbuster fijó con mayor intensidad sus ojos en Erza, quien estaba cayendo en cuenta, por primera vez, de que su travesura pudo perjudicar la mágica velada que su amiga había planeado.

La señorita Scarlet era impulsiva y un tanto torpe en cuanto a ese tipo de situaciones se tratara. No pensaba las cosas dos veces antes de actuar y era inocente en ese aspecto, porque ella no buscaba lastimar a nadie, era demasiado noble y justa para hacer algo de esa índole. Pero si frente a ella ponían su mayor debilidad, simplemente su mente se volvía blanco y actuaba de forma incorrecta: no miraba atrás y ni calculaba las consecuencias, ella lo hacía y ya.

Parte de la noche había estado ansiado comer pastel y otra parte había estado repudiando al señor Fernandes por robarse uno de los pastelillos de su cesta. Aunque, ahora que Gray ponía las cartas sobre la mesa… era su culpa, porque ella robó de los postres que se les ofrecían equitativamente a los invitados. Juvia lo único que hizo fue reponer algo que ella había arruinado.

Dicho de esa forma… la antagónica era ella y no el señor Fernandes. Por ella se derivó el hurto a su mafia.

Y como se decía por ahí: ladrón que robaba a ladrón tenía cien años de perdón.

―Mi señor... ―la voz se Juvia interrumpió a ambos.

―Bien... ―suspiró, Gray seguía insistiendo con la mirada y como Juvia se sumó, se sintió peor. Era orgullosa, pero su orgullo no estaba por encima de sus amigos.

―¿Pasa algo? ―sonrió, aunque tanta seriedad le daba miedo.

Para ninguno de los dos pasó desapercibido que Juvia llevaba en sus manos un cesto de postres, cumpliendo así con su parte dentro de esa "mafia", aumentando así la indignación de su marido y el remordimiento de su amiga.

―Erza tiene algo que confesarte…

Su rostro se puso rojo y agachó la mirada. ―Yo… Y-o lo siento, Juvia ―apretó sus manos en forma de puños ―yo no resistí a los pastelillos que estaban frente a mí y me los comí a escondidas ―la señora Fullbuster parpadeó confundida ―no fue un error de cálculo, fue mi culpa… yo los robé.

~O~

Una vez que el matrimonio Dreyar y la señorita Scarlet habían pasado a retirarse, debido a las insistencias de descanso de Laxus a su esposa por su embarazo, los Fullbuster volvieron con el resto de sus invitados, que estaban próximos a irse.

―He quedado encantada con Mira ―exclamó feliz.

¿Mira? ¿Ultear ya le decía así a la señora Dreyar? ¿En cuestión de dos o tres horas ya eran íntimas amigas? Jellal estaba incrédulo por la confianza creciente entre ambas mujeres.

―La señorita Scarlet es muy simpática también ―Meredy agregó. La señorita Milkovich le dio la razón.

―Ella es un poco más seria, estuvo callada mucho tiempo. Cambió totalmente de un momento a otro… ―dio su observación, algo consternada por el cambio repentino. A primera instancia le pareció una mujer vivaz y valiente, pero durante la cena, estuvo seria y aburrida.

Juvia rió alegre. ―La señorita Scarlet es alguien bastante divertida ―habló ―es tan apasionada por las cosas que puede olvidar que hay personas a su alrededor, como pasó esta noche.

Ultear arqueó una ceja, intrigada por ese comentario. El señor Fernandes agudizó su oído, dispuesto a conocer un poco más de ese escarlata enigma.

―Coincido con lo que dices, Juvia ―Ultear asintió ―cuando hablábamos de poesía, la efusión por su autor favorito era palpable. Sus ojos destellaban una intensa llama, pero durante la cena, fue como si se hubiera apagado…

―Te falta observar ―Gray se sumó a la charla.

Mordió su labio inferior. Aunque si le pensaba un poco, ella y la señorita Scarlet tenían en común el no ser ecuánimes. Ella se perdió y en sus adivinanzas y no observó más. Y al parecer, la pelirroja había pasado por lo mismo.

Atraído como si el aroma de un perfume se tratara, quiso integrarse a la conversación. Añadir algo de lo que había visto en la señorita Scarlet, que podía predecir que en cualquier momento Ultear cambiaría el ritmo de la conversación a un juego de adivinanzas acerca del misterio que envolvía la seriedad de la susodicha.

―Sin duda alguna, la señorita Scarlet estuvo bastante seria durante la cena y después de ella ―no agregó nada nuevo, pero sabía que su comentario daría pie a más preguntas.

―¿Usted notó algo, señor Fernandes?

Asintió. ―Lo suficiente como para poder afirmar que toda aquella intensa llama de la que hablas, Ultear, se enfocó en algo completamente distinto a la conversación de la mesa. Esto era algo literalmente tangible y que cada uno disfrutó a su manera… Y la señorita Scarlet lo hizo con mayor intensidad que todos nosotros ―sonrió bobamente, de verdad le hacía gracia su infantil comportamiento.

La señorita Milkovich hizo una mueca, abrumada y frustrada por no saber a lo que se referían, que la risa y las afirmaciones de Gray y Juvia, le decían que todos estaban en la misma sintonía, menos ella.

―¿Vio algo más?

Él negó. ―No por desgracia… creo que hasta aquí llega mi observación, pero me pregunto si ocurrió algo más.

―Nada de qué preocuparse ―Juvia sonrió y le restó importancia a todo el asunto.

―Nada que eso literalmente tangible y que todos disfrutamos a nuestra manera no pudiera arreglar ―el señor Fullbuster agregó, recordando la disculpa y como Juvia y Erza quedaron satisfechas tras dar una cesta de pastelillos.

―Me siento excluida de esta conversación ―su rostro reflejó indignación.

―No, por favor… señorita Milkovich no se sienta así ―Juvia agitó sus manos en el aire. Gray gruñó, sabía que eso era una mentira para que le contaran todo, su esposa era ingenua y se perturbaba ante la vaga idea de que alguno de sus invitados estuviera incómodo en su casa, obviamente se estaban aprovechando de esa bondad.

―Ul… creo que exageras ―Merdy rió nerviosa, notando la molestia de Gray.

Los caballeros guardaron silencio y Juvia se apresuró al hablar. ―A lo que mi señor y Juvia se refieren es que la intensa llama de pasión de la señorita Scarlet cambió de la poesía de Alfred Tennyson a los postres que estaban sobre la mesa. Eso es lo que estamos diciendo que era "literalmente tangible y que todos disfrutaron a su manera".

―Oh, eran deliciosos ―aún no captaba por completo la idea ―pero la señorita Scarlet estuvo seria antes de probarlos.

Jellal soltó una pequeña risa. ¡Lo sabía! ¿Había sido ella? la señorita Milkovich volteó hacia su amigo, queriendo que le relatara la causa de su carcajeo y abrió la boca un par de veces para decir algo, pero no podía formularlo.

―La señorita Scarlet ama los pasteles.

Todo cayó de golpe: La señorita Scarlet estaba callada porque se estaba comiendo a escondidas los postres…

Cada presente en la habitación se rió ante el evento. Maravillados de la explicación tan poco usual en las veladas. Fue un evento nuevo, pero sin duda eso no le quitaba lo agradable que era para los expectantes.

―Qué simpático por parte de la señorita Scarlet ―comentó totalmente relajado, sumando algo más a la lista de eventos inusuales de Ultear. ¿Jellal riendo tan fácil? Sonrió de medio lado, ¡Apenas y se daba cuenta! El hombre estaba encantando con las gracias de la señorita.

―Cuando Juvia hornea, siempre hace un cesto de pasteles para su señor y otro para la señorita Scarlet.

―Tienen una mafia de pasteles ―puso los ojos en blanco ―y para reponer el postre faltante, tomaron uno de la cesta de Erza… lo que explica su seriedad después de la cena.

―¿Se molestó? ―la mente de la señorita Milkovich comenzaba a trabajar.

―Algo así ―respondió ―pero ya está solucionado. La señorita Scarlet por un momento consideró que el señor Fernandes era un ladrón de pasteles.

Parpadeó. ¿Cómo así? ¿Tanto amaba los pasteles como para echarle la culpa? ¿Se daba cuenta que él no robó? ¿Se daba cuenta que todo se derivó a raíz de que ella tomó un pastel del cesto de todos los invitados?

―Tienes que ir a disculparte con la señorita Scarlet ―Ultear ordenó casi de inmediato, antes de que se perdiera el tema ―no hiciste nada, lo sé. Pero no es bonito que se lleve una impresión errónea de ti o un sabor desagradable luego de conocerte ―fingió estar preocupada, aunque no era así. Ella había formado un plan, si su intuición no se equivocaba, que nunca pasaba eso, de esos dos podía salir una relación romántico.

Era consciente que los modales y la caballerosidad de Jellal, lo llevarían a seguir su orden. Y más el interés que creía ver por parte de él, en la pelirroja. ¡Listo! ¡Ahora necesitaba aliados!

―Juvia puede hornear pasteles para que se los lleve a modo de disculpa, si piensan que es adecuado.

―¡Eso es una excelente idea! ―aplaudió. Que de ahí, empezaba su plan.


Con lentitud se sentó sobre el sofá. Con delicadeza palmeó su frente y detectó que tenía gotas de sudor, las cuales trató de limpiar con suma discreción. Respiró profundo y alcanzó el vaso de agua que Nancy, el ama de llaves, le estaba ofreciendo.

―Señora, ¿Usted se siente bien? ―su voz sonó alarmada. Era una mujer mayor, sumamente fiel a la familia, la cual no podía dejar de actuar rigurosamente con los demás empleados domésticos para alcanzar la perfección dentro de las paredes de la mansión del matrimonio Fullbuster.

Y aunque fuera estricta con los de la servidumbre, tanto para Gray como para Juvia, era una mujer dedicada y que se esmeraba para que vivieran de la mejor manera. Trataba de aconsejarlos y darles su apoyo, como si fuera una abuela amorosa. Nancy había criado a Silver Fullbuster, el padre de Gray. Por eso, y por todo el cariño que sentía por ambos, con su trabaja pretendía contribuir en la felicidad del joven matrimonio.

Retiró su mano de su rostro y las entrelazó sobre sus piernas, irguiendo su postura. ―Juvia está bien, Nancy ―regaló una sonrisa torcida a todas las presentes ―no tiene de qué preocuparse.

La mujer soltó un gruñido y la vio con sospecha.

―Juvia te ves pálida ―Ultear le prestó casi la misma atención que el ama de llaves, ambas sabían que la aludida les mentía para no mortificarlas.

―Solo fue un pequeño mareo porque Juvia se puso de pie muy rápido, no es nada.

Meredy apretó los labios para no persuadir, reflexionaba que Juvia era tan considerada con los demás, que olvidaba ponerse primero. Si en verdad se sentía mal, ella no lo aceptaría con tal de no preocuparlas y "arruinarles" los planes que tenían para ese día. También, pensó en que con las presiones de Ultear y Nancy, eran suficientes para agobiarla.

Nadie la veía bien. Era un hecho, pero ¿servía acosarla hasta que lo confiese?

Ultear había optado por cambiar de estrategia. ―Bien, ¿se te pasó el mareo? ―una casi imperceptible sonrisa se formó en sus labios, Juvia asintió ―¿segura? ―ante una segunda afirmación, dio un paso hacia delante ―¿estás segura de que estás en condiciones para ir a casa de los Dreyar?

Juvia abrió la boca para decir algo, pero Nancy se le anticipó.

―Disculpe que una vieja ama de llaves se meta en su conversación, señorita Milkovich ―la mujer aclaró su garganta ―pero mi señora no se ve bien como para dar un paseo o visitar a alguien ―tenía el entrecejo fruncido. No comprendía la invitación y menos el acoso hacia su señora.

Ultear asintió sonriente, tratando de eliminar tensiones. ―Lo sé, disculpen si entendieron otra cosa, a veces soy muy atolondrada para hablar ―suspiró ―pero me refiero a que Juvia no debe ocultarnos que se siente mal, porque todas podemos verlo. Y vamos, ni Gray, ni el señor Fullbuster y ni yo misma, me perdonaría el hecho de perjudicar en tu salud, Juvia ―la joven fijó su vista en ambas mujeres ―solo te pido, que si te sientes mal, nos lo digas y nosotros cancelamos el paseo.

―Ul tiene razón Juvia. Nosotras no nos vamos a enojar porque te sientes mal.

―Pero Juvia…

―¡No te disculpes por nada! ―interrumpió ―ahora, llamemos a un médico para que te revise. ¿Te sientes mejor?

Suspiró. ―En verdad, Juvia está bien. No tienen por qué preocuparse ―sonrió ―solo es un mareo y un poco de cansancio ―confesó, las presentes asintieron ―algo pasajero, Juvia está segura que no es nada grave y por eso, Juvia les quiere pedir que sigan con sus planes para hoy, visiten a la señora Dreyar. Juvia lo que menos quiere es preocuparlas, por eso les pide que vayan y se diviertan.

―¿Pero y tú? ―Ultear se atrevió a hablar.

―Juvia se quedará aquí a descansar.

―¿Segura?

Juvia asintió. ―Juvia ya se siente mejor, solo necesita descansar y aquí está Nancy, quien puede cuidar de Juvia.

Hubo un silencio y ante la brillante y suplicante mirada de la señora Fullbuster, Ultear tuvo que ceder. Recapitulando lo que había pasado esa mañana: se había visto bien cuando ellas llegaron, en la noche habían acordado pasar a su casa para ir juntas a casa de los Dreyar, incluso había empezado a hornear y conforme a la información que tenía, esa mañana era muy ajetreada para Juvia, quien tenía el don de darse tiempo para todo.

Sin embargo, la perfecta mañana de Juvia se vio opacada por un mareo. Y ahora, estaba casi siendo enjuiciada por las tres mujeres en el salón. Horas atrás, la habían visto fuerte y activa, como era, y de repente había cambiado…

―Está bien Juvia ―cedió, una estupenda idea cruzó su mente ―pero si te vuelve el malestar, por favor manda a alguien por nosotras.

Juvia agradeció el apoyo, le hacía sentir mejor el hecho de que ellas no se detuvieran por su malestar, y dio su palabra de que les llamaría por si pasaba algo, aunque aseguró de que no pasaría a mayores.

Una vez dentro del carruaje que las transportaría hasta la mansión de los Dreyar, Meredy se acercó a Ultear para cuestionarla acerca de la decisión de dejar a Juvia, pero pronto se sintió tonta con sus dudas, ambas sabían que a Juvia le haría sentir culpable el hecho de sus planes se frustraron debido a ella.

―Quita esa cara Meredy ―Ultear sonrió para tranquilizarla ―si no me equivoco, dentro de poco el señor Fullbuster será un abuelo muy feliz ―rió maliciosa y se recargó en su asiento.

Y ella era una mujer que rara vez se equivocaba en lo que su instinto le dictaba.

~O~

Cuando el señor Fullbuster y el señor Fernandes regresaron a la mansión, se encontraron con un silencio desconcertarte, considerando el factor de que se suponía había tres mujeres en casa. Ellos habían salido mientras las dejaron en casa.

Ambos hombres se vieron preocupados y avanzaron dentro de la casa.

―¿La señora y la señorita Milkovich salieron de la casa? ―preguntó Gray, apenas cuando Nancy había salido a recibirlos.

―Las señoritas Milkovich y Meredy fueron a visitar a la señora Dreyar.

Gray achicó los ojos. ―¿Y Juvia? ―cuestionó de inmediato.

La mujer agachó la mirada un segundo y luego la alzó. ―Esta mañana estaba horneando los pastelillos para la señorita Scarlet ―asintió impaciente, eso no le decía nada, a menos que quisiera decirle que Juvia seguía secuestrada en la cocina ―pero de repente, la señora se sintió mal… no tuvo energía para terminar de hornear, incluso envió a alguien al mercado para que compraran los postres hechos en la panadería ―relató.

Sus ojos se abrieron como platos, sintiendo como si un balde de agua fría le caía encima. Juvia era una mujer activa y para dejar de hacer su pasatiempo favorito, significaba que algo malo le había pasado. ―¿Qué es lo que tiene? ―su voz sonó preocupada y que Nancy tardara en hablar, le estaba dando miedo.

Soltó un suspiro. ―Un mareo. Estos últimos días le he notado un poco descompuesta, no ha comido bien. Hoy sintió mareada y cansada que terminó por cancelar todas sus actividades de este día para irse a recostar a su habitación.

El señor Fullbuster trató de controlarse lo mejor que pudo, pero le fue imposible no soltar unas cuantas maldiciones. ―¿Por qué nadie me lo dijo? ―reclamó . Se preocupaba mucho por la salud de su esposa, antes de casarse había tenido un susto y a raíz de ese acontecimiento, porque no quería volver a pasar por ahí, trataba esos asuntos con sumo cuidado y precaución, eso Nacy lo sabía bien―. ¿Ya vino un médico a verla?

El ama de llaves negó rotundamente. ―La señora no me dejó ―Gray despeinó su cabello con frustración, dando unos bruscos y descontrolados pasos hacia delate.

―No Nancy, cuando Juvia esté enferma o le ocurra algo, es su deber llamarme aunque ella no quiera ―suspiró y comenzó a caminar apurado ―por favor, manda por el médico, que venga de inmediato.

La señora asintió mientras se disculpaba y se dirigía a cumplir su orden.

~O~

Presuroso abrió la puerta se su habitación y de inmediato detectó a su esposa tendida sobre la cama, quien al verlo entrar con rapidez, se incorporó sentándose con la espalda recargada, en su totalidad, en la cabecera de la cama.

―Mi señor… ―Juvia susurró débilmente.

Gray se sentó a su lado y acarició su mejilla con dulzura. ―¿Cómo te sientes?

―Juvia está mejor ―sonrió para asegurar su condición y acurrucándose sobre su palma.

Incrédulo entrecerró los ojos. Estaba receloso de lo que decía y midiendo su comportamiento para averiguar la verdad. ―Estoy enojado con usted, Juvia ―la mujer frunció el entrecejo, alterada e incrédula de lo que su esposo había mencionado ―enfermarse y no llamarme, no querer ver a un médico y ahora ¿mentirme? ―reprochó. Que la conocía mejor que nadie y no la miraba bien, sus ojos estaban vidriosos y bajo ellos había ojeras. Ver su condición, que ella tratara de ocultarlo, solo aumentaban su culpa. Él había prometido cuidarla y estaba fallando.

Contuvo el aliento. ―Juvia no quería preocuparlo, tampoco pretendía estropear su salida con el señor Fernandes ―musitó débil, apartando la vista para evitar llorar, lo que menos soportaba era que su señor se molestara con ella ―solo que Juvia pensó que no era nada, que pronto se le pasaría.

Retiró su mano de su mejilla para tomar la de ella. Nada le conmovía más que las lágrimas de su esposa, por lo que decidió cambiar el tono de su voz y tratar de ser mucho más suave y benevolente con ella. El enojo no la haría sentir mejor, y él tampoco se sentía bien estando enojado con ella.

Tragó en seco cuando la mujer levantó el rostro para verlo. Vio que unas traviesas lágrimas se escurrían por sus mejillas. ―Sabes que no existe nada, presente o pasado, que ponga antes que a ti, Juvia.*

Asintió y apretó los labios. A esas alturas era imposible cortar su llanto. Estaba conmocionada, sabía que sus palabras eran totalmente ciertas y que desde aquella vez que cayó enferma, él se preocupaba mucho por ella. Por eso, se sentía peor.

―Juvia lo sabe… pero…

―Por favor, no llores ―se removió para acercarse a ella, en un rápido movimiento tomó ambas manos de la mujer y le hizo mantener su vista fija en su rostro. Se golpeó mentalmente por hacerla llorar, se convertía en otro hombre cuando se preocupaba y era incapaz de pensar con claridad ―perdón ―era doloroso ver como sus ojos no dejaban de lagrimear.

Juvia negó. ―No, no, no… perdone a Juvia. Juvia no ha sido una buena esposa porque solo preocupa a su señor ―sabía perfecto que más que enfado con ella, era mortificación.

Refutó lo dicho negando con la cabeza. ―Por favor… no vuelvas a decir eso ―se detuvo a observar su semblante ―ya alguien fue por el médico, no debe tardar en llegar… ―sonrió para apaciguarla.

Dicho y hecho, la señora Fullbuster no había alcanzado a responder porque el llamado de la puerta de su habitación, les interrumpió. Gray se puso de pie de inmediato, se quedó a un lado de su esposa y no tardó en preguntar quién era.

Cuando Nancy anunció al médico, y rápidamente dio la orden para que pasaran, no había más tiempo que perder.

El médico era un hombre larguirucho y de cabello negro, conocido en Magnolia. Y tras saludar educadamente, se dedicó a hacer preguntas de todo tipo a Juvia, quien, en presencia de su marido, respondió y describió cómo se sentía. Hubo ciertas interrupciones del señor Fullbuster, el cual añadía las observaciones que Nancy le había dado.

El médico asentía conforme hablaban y después de haber escuchado todo lo que le describían, se dedicó a hacer una serie de preguntas, que no hicieron más que ponerlos alertas.

―¿Ha estado devolviendo la comida?

La señora Fullbuster asintió.

―¿Siente náuseas con los olores?

Otro asentimiento. Cada vez eran más afirmaciones y ante la ignorancia, no pudo hacer más que arrugar el entrecejo, preocupado y bastante asustado.

―¿Hace cuánto ha estado sintiendo esto?

―Juvia no lo sabe con exactitud… tampoco es mucho tiempo, solo lo suficiente como para pensar que algo no cayó bien en el estómago.

Hubo una pausa y tras una pose analítica, añadió una observación. ―Esta mañana, dice, estaba horneando y tras el aroma de los alimentos sintió náuseas ―Gray apretó la mandíbula, se sentía culpable ¿Desde cuándo su esposa se sentía enferma y él no se daba cuenta? ¿Qué si era algo grave y de nuevo no podía hacer nada? ―luego fue el mareo y decidió guardar cama.

Expectante alternó la vista en su marido y buscó su mano para apretarla, temerosa, y a la vez, decidida a transmitirle optimismo. Él podía estar igual o peor que ella.

Ninguno se atrevió a preguntar qué lo tenía tan callado, qué era lo que Juvia tenía o si era grave. Y luego de unos minutos eternos para el matrimonio, el hombre rompió el silencio.

―Todo lo relatado por usted, señora. Me lleva a una sola conclusión… ―sus corazones latían fuerte ―¡Felicidades! ―ninguno de los dos esperaba esa palabra y no reaccionaban ante las prolongadas pausas del médico ―usted está esperando un hijo.

~O~

El alma le volvió al cuerpo y ahora éste parecía demasiado pequeño como para contener toda la alegría que daban las palabras del médico: ¡Un hijo! ¡Un hijo! Juvia estaba esperando un hijo de él.

Su mujer había chillado emocionada y con la mano disponible, trató de reprimir su exclamación alegre. Una sonrisa, espontánea por el momento, se había dibujado en su rostro y claro, no podía borrarla. Sus mejillas dolerían más tarde, pero no importaba: ¡Serían padres!

El médico había dado unas importantes recomendaciones y le había ordenado a Juvia guardar reposo durante unas semanas. Gray tuvo que llamarle a Nancy para que estuviera atenta a las instrucciones médicas acerca de la alimentación que Juvia debía mantener durante su embarazo. Incluso, para que se diera por aludida con los demás cuidados.

La mujer se había puesto feliz al escuchar que la señora estaba esperando un hijo y había dado su palabra que personalmente se encargaría de las comidas. Todos querían que Juvia estuviera bien y que recobrara su fuerza, que su estado era un poco delicado, nada grave había reiterado en muchas ocasiones el doctor, pero eran necesario ciertos cuidados especiales.

Una vez solos, no pudieron ni hablarse. Se veían embobados y sonrientes. Sus miradas lo decían todo, las palabras estaban de más. La había abrazado y besado en repetidas ocasiones, había susurrado un par de veces la palabra "gracias" y Juvia había hecho lo mismo, agregando que su mayor felicidad era darle un hijo y verlo tan feliz.

El señor Fullbuster, controlando la euforia, le había pedido cuidarse y ser sincera, informarle de cualquier malestar por más mínimo que fuera. Y se había prometido a él mismo, ser mucho más atento con ella.

Estaba dispuesto a mimarla todo lo que fuera necesario, se lo merecía, con tal de hacerla feliz. ―¿Puedo hacer algo por mi señora?

Completamente en las nubes, asintió. Feliz. Muy feliz de todo y de la vida, de su vida, de su marido. Gray variaba mucho la forma de llamarle; a veces era Juvia y otras le decía "mi señora", y cada vez que pronunciaba la segunda, sentía mariposas revoloteando en su estómago, siempre reaccionaba como si fuera la primera vez que le llamaba así.

―¿Puede quedarse con Juvia en cama? ―el médico le había ordenado reposo absoluto, tres días. Y si su marido la acompañaba, sería más feliz todavía.


Había estado nervioso, moviendo su pierna de arriba abajo. No tenía ni idea de lo que estaba pasando y su bondadoso corazón le hacía preguntarse qué pasaba con sus amigos. Solo cuando había escuchado la voz del médico y de Nancy, quienes bajaban por las escaleras se puso de pie y caminó hacia ellos.

Vio a la severa mujer con lágrimas asomándose por sus ojos y eso incrementó su preocupación, pero luego de pensarlo y ver bien… notaba que estaba aparentemente tranquila y feliz. No se escuchaba nada que detonara malas noticias. Al contrario.

Nancy cerró la puerta y con una amplia sonrisa y antes de que regresara a sus actividades, Jellal se arrimó a preguntar sobre qué pasaba y la mujer, canturreó feliz que pasaba lo mejor que podía pasar. Él no lo supo hasta después, pero se sintió contagiado por la alegría y el canto del ama de llaves.

Solo cuando Gray bajó, aún más sonriente que la empleada doméstica, entendió absolutamente todo: la contagiosa alegría, la armonía y la placidez. Por supuesto que dio sus felicitaciones y cuando el señor Fullbuster le explicó las peticiones de su esposa, para ambos, no le quedó más que cumplir con lo que una dama pedía.

Mientras que el señor Fullbuster se quedaría con ella, él tenía que cumplir con la misión: "hacer las paces con la señorita Scarlet", y para ello, era guiado hacia la casa de la pelirroja, llevaba los pastelillos que Nancy le había dado e iba dispuesto a disculparse por algo que no había hecho, pero que era su deber enmendar.

Una vez que la empleada doméstica vociferó su visita, la pelirroja asomó su rostro y la notó incrédulo por su presencia en esa casa.

―Buenos días, señorita Scarlet.

Achicó los ojos, recelosa de su visita. ―Buenos días ―dijo por fin ―¿se le ofrece algo en especial?

El señor Fernandes sonrió amenamente. ―Vengo en son de paz ―levantó el cesto que cargaba para mostrárselo. Alcanzó a ver que su hostil expresión fue cambiando por una mucho más agradable, pero renuente a ceder. Sonriente prosiguió hablando ―un pajarillo me contó que usted está algo molesta con mi persona y vine a pedir disculpas.

Los ojos marrones de Erza se fueron ampliando, conforme descubría la razón de su visita: ¿Venía a traerle pastelillos a modo de disculpa? ¡Eso podía ser casi una ofensa! ¿Qué clase de hombre se suponía que era? ¡A quién engañaba! Era el mejor de todos. ¿Creía que iba a poder ponerle atención con semejante distracción? Pues no, no iba poder estar atenta.

Era una idea imbécil, pero a la vez era la mejor idea del universo.

Era una forma deliciosa y dulce de disculparse. Se lo concedía. Pero… tenía una imagen y un orgullo que mantener, por más pasteles que le trajera, no iba a ser fácil. Según ella. Estaba bien, solo un poco más y sacaría banderas blancas.

―La señora Fullbuster sugirió que podía traer esto.

Se refería al contenido del cesto. Erza, con nervios, tragó saliva y trató de resistirse. ¿Juvia había vuelto a hornear? ¡Claro! Ahora la idea parecía mucho mejor. Más exquisita y quiso mandar al diablo su digna imagen. ¿Cómo resistirse? ¿Cómo?

Jellal sabía que los pastelillos no eran los horneados por la señora Fullbuster, pero si no dejaba entrever que era una preparación ―que tampoco había mentido―, la señorita Scarlet no iba a dejar pasarlo y quizás, su visita resultaría infructífera.

Erza desactivó toda su resistencia y disminuyó los niveles de discordia. ―Bueno, si Juvia horneó todo eso, no podemos desairarla ―fue una invitación. Digna de alguien supuestamente indignada.

Pero nadie le creía, no estaba en su naturaleza guardar rencores. Lo había perdonado desde la noche, pero todo fuera por los pasteles.

Colocaron el cesto sobre una mesa y Erza mandó por café para acompañarlo. Ambos se habían sentado, sin hablar mucho se dispuso a descubrir la canasta. Se saboreó en cuanto vio los montones de pasteles que contenía. Tomó uno y tuvo la cortesía de compartir, total él estaba ahí para hacer las paces con ella. Igual, le había parecido agradable hasta que el crimen se dio cita.

Encantada de la vida probó el pastelillo que había tomado. No tardó ni dos segundos en poder diferenciar el sabor.

Crème sorcière… ―musitó, haciendo que el caballero que la acompañaba sonriera.


Tehehehe. Lo dejó aquí para poder tejer todo en el siguiente capítulo cómo verán, el Jerza apenas se está queriendo coser, acabo de ponerle agua al arroz, prácticamente. Jellal ya tiene buena impresión de ella, ahora falta que Erza se forme una y lo dejé de culpar. xDD ´Fue intento de humor, por cierto. xD El gruvi gruvi ya está servidito en la mesa, por eso me consume más XDDD y según yo estaba equilibrado. En fin, ahora algunas explicaciones:

―"No existe nada presente o pasado que ponga antes que a ti" es una frase dicha por Dean Winchester en la temporada 8 de supernatural.

―El chiste de la "creme sorciere" se revelará en el siguiente capítulo. Es de origen francés. xDDD

―Muchos saltos y fluctuaciones. Me odio por ello.

Ahora los reviews: sabastu x2: gracias por desflorar y llamar al día siguiente 7u7)r xD me da vergüenza decirlo pero tendrás que esperar un poco más por esta relación porque me estoy yendo Little by Little D: que la jerzadoradora número uno lo adore es más de lo que puedo pedir *O* con eso me doy por bien servida y fangirleooooo *O* Gracias por comentarlo =D Lightblue: has hecho dibujos de este fic? XDD tengo que verlos? XDDD OMG xD gracias por lo del vocabulario, no me había dado cuenta xDD me proyecté, creo. Sabía que tú entenderías el mensaje oculto tras "mi señora" estos conejitos ya empezaron a procrear, dales tiempo 7u7)r xDDD Silver será feliz :x Ultear es bruja :x Sakom: siento el dolor de cabeza. Créeme que a mí todavía me duele xDDD gracias por comentar. Aquí siempre habrá pastelillos de por medio.

EDITADO 10/01/2018