Título: El reflejo de un deseo
Claim: Teddy Lupin
Notas: Publicados anteriormente en mi LJ. Para la comunidad histeria fandom.
No todos los hechos presentados son canónicos, aunque quise apegarme lo más posible al mismo.
Rating: T
Género: Drama/Angst
Tabla de retos: Tiempo
Tema: 03. Segundos


La puerta se balanceaba perezosamente al aire estival, reverberando por las paredes el sonido que hacían las bisagras al no estar enceradas. Suponía que sería más difícil encontrarlo, dado que un mago tan famoso como Dumbledore —al que su padrino tenía en alta estima—, lo había ocultado. Sin embargo, tras dar varias vueltas por Hogwarts, con ayuda del mapa del merodeador que había tomado prestado a Albus, por fin había encontrado un pasaje secreto detrás de una armadura y justo protegiendo al espejo de Oesed, ése de leyenda.

Su padrino, Harry, le había contado mucho sobre el espejo —y sobre otras cosas, sobretodo cuando su amigo Ron se les unía y comenzaban a beber whisky de fuego sin moderación—, pero de entre todas las peripecias casi fantásticas vividas por el par de amigos y Hermione, la que más le intrigó se encontraba frente a él en esos instantes, buscada con ferviente deseo y desesperación.

No planeaba quedarse a observarlo para siempre, Harry le había dicho que no era bueno, que nada podía suplir la vida que perdería si se consumía persiguiendo un deseo quimérico en un espejo; no obstante, Teddy sí planeaba echarle un buen vistazo, algo más corpóreo —o casi—, que las fotografías de sus padres, que los relatos contados a lágrima viva por Molly y las hazañas por las cuales eran recordados Remus y Nymphadora —Tonks— Lupin.

El joven no se molestó en cerrar la puerta tras de sí, contra todo pronóstico había ido a posarse frente al espejo, emulando a Harry muchísimas décadas atrás, buscando lo mismo que él: a su familia. Por eso, cuando el reflejo le devolvió la mirada, dos miradas cariñosas desde el otro lado, un escalofrío recorrió su cuerpo. Eran ellos. Podía decirlo por el aspecto de su padre, con ese toque lobuno acrecentado por una barba perfectamente limpia, la ropa raída y la sonrisa amable. Podía decirlo por su madre, cuyo extraño color de cabello compartía cuando se le placía: un rosa chillón que a muchos impactaba; mucho más joven que él, pero con rasgos desafiantes que él había heredado, así como cierta torpeza y amabilidad innata.

Posó su mano sobre el frío cristal. Harry no tenía padres y perdió a todos quienes simbolizaron a una figura paterna para él. Teddy, en cambio, sabía que tenía a una gran familia, a la cual le faltaban dos integrantes pero que era cariñosa aún con dos sillas vacías en Navidad.

¿Qué más podía pedir?

Su madre le hizo un gesto con la cabeza, como si le pidiera retirarse educadamente. Había ido a verlos y allí estaban. Remus John Lupin, Nymphadora Tonks. Allí estaban, en un reflejo que se diluiría en cuanto saliera de la habitación. No quería irse. Pero fue entonces cuando recordó el consejo de su padrino, cuando recordó lo poderoso que era el amor, que podía atarlos para siempre a su lado, aún si no era físicamente.

—Adiós —murmuró a alguien que no podía escucharlo, luego se dio la vuelta para salir de la habitación, no sin tropezar antes con sus propios pies.

El reflejo, segundos antes de desvanecerse, le devolvió la sonrisa de su madre.