Capítulo 2: Una mente sin recuerdos
Olivia había llegado a la oficina del FBI con más de diez minutos de retraso. Ese tiempo fue el que le tomó a ella salir de la cama cuando despertó una segunda vez con aquella maldita migraña. Las pastillas en su botiquín del baño ya comenzaban a escasear e hizo una nota mental para pedir una cita con su neurólogo. El doctor Robert Langdon, quién trabaja para Massive Dinamic y que fue recomendado para ella por Nina. Con las pastillas obrando su magia, Olivia se duchó y vistió lo más rápido que pudo y oró para que el tráfico de la mañana por las calles de Boston no la alcanzara. No hubo suerte.
En la oficina Lincoln estaba en su escritorio revisando algunos archivos muy concentrado cuando Olivia lo fue a saludar.
Hola Lincoln – le dijo Olivia en tono alegre al ver que el joven alzaba su cabeza para verla. ¿Y esas gafas? ¿Son nuevas?
Si… fue un regalo de… no importa. – respondió el Agente Lee restándole importancia con desgana. Te estuve esperando en el restaurante anoche – le dijo con seriedad cambiando de tema. ¿Te olvidaste de nuestra… ehh cita?
Olivia se quedó sin habla por un momento. No podía entender las palabras dichas por su compañero, tampoco recordar si alguna vez hayan quedado en algo juntos, no al menos luego de que él le rechazara su invitación a cenar.
Yo… lo siento, la verdad es que no recuerdo nada de ninguna cita… - le respondió extrañada. La última vez que yo te invité a comer algo tú dijiste que no y yo pensé… que…
Pero, ¿Entonces no recuerdas nada de anoche? – insistió el joven cada vez más sorprendido. Tú y yo en el restaurante… a las tres de la madrugada… hablamos de mí que no podía dormir por las noches y que por eso me pasaba ese tiempo en restaurantes…
A la voz de Lincoln Olivia ya no estaba sorprendida sino angustiada. No podía creer que olvidara algo tan importante como una cita con su nuevo compañero. Lo único que recordaba era haber despertado con una intensa migraña encima de las cubiertas de su cama y vestida para salir. Al pensar en eso volvió a sorprenderse cuando le dio sentido a las palabras molestas de su compañero por el plantón que sin querer le había dado. Quiso disculparse con él por lo que le hizo pero la voz de mando del Agente Broyles acabó cortó de plano su conversación. Se sintió mal por la mirada desilusionada de su compañero de equipo, pero fue pronto borrada por una completamente profesional, todo negocios, así que ella siguió su ejemplo e hizo lo mismo.
Agentes tenemos un nuevo caso – dijo el hombre de tez morena sin preámbulos. La policía de Boston ha encontrado a una mujer vagando por las alcantarillas casi desnuda y con signos de haber sido expuesta a algún tipo de experimentación además de cautiverio. Su nombre es Ángela Kramer, tiene 31 años y es abogada de un buffet del centro de Boston. Se especializa en casos de abuso infantil. Y ese es precisamente el caso en el que estuvo envuelta. Niños telekinésicos. Lo demás que les puedo decir es que por desgracia éstos niños están muertos. – se dio una pausa para que los agentes asimilaran la noticia. Eran un par de gemelos de cinco años llamados George y David Brawn. Esta más decir que estas muertes afectaron a Ángela mucho más de lo que podemos imaginar.
Es comprensible, son niños de lo que estamos hablando aquí – espetó Lee con seriedad.
Es horrible cómo siguen habiendo éste tipo de casos – acotó Olivia visiblemente afectada. Cómo es que puedan existir todavía personas que se crean con derechos sobre la vida de gente inocente. Olivia miró a Broyles y esté le devolvió el guiño de manera comprensiva, sabía que era un tema delicado para ella y era por ese motivo que la necesitaba. Lincoln observó las miradas de ambos y no comprendió aquellas expresiones. Estaba a punto de preguntar por ello cuando Broyles volvió interrumpir.
Pero eso no es todo – espetó con un dejo de cansancio. Como ustedes ya creo que saben han aparecido otras personas muertas últimamente.
¿El asesino en serie? – preguntó Lincoln con interés. Broyles asintió, pero Olivia no comprendía de que estaba hablando.
¿Asesino en serie?
¿Es que no ves televisión? – preguntó Lee sorprendido. La noticia está en todas partes. Hay un asesino en serie, o eso según reporta la policía local ya que está abrumada con tantos casos.
Lo que dice el agente Lee es cierto me temo – dijo Broyles. Lo extraño de todo esto es que el asesino elige siempre a las mismas víctimas. Todas son mujeres de entre cincuenta y sesenta años, caucásicas, de buena situación económica y lo más extraño es que todas son pelirrojas. No ha habido ninguna víctima más con otro aspecto, son todas iguales.
Pero ese no es un caso Fringe para mí – dijo Olivia extrañada. ¿Por qué nos cuenta esto señor?
Se lo cuento simplemente porque la policía de Boston está sobrepasada con este caso y ha pedido nuestra ayuda. – le respondió con seriedad. Pero de eso nos ocuparemos más tarde, ahora sólo vamos a lo que nos compete. Ángela Krámer. En estos momentos está siendo trasladada a nuestras instalaciones y necesito que ustedes dos averigüen dónde estuvo, con quién estuvo y qué hacía vagando por las alcantarillas. Ambos Agentes asintieron a su jefe y juntos se fueron a la sala de interrogaciones. En la sala Ángela ya estaba esperándolos. La mujer estaba vestida con un buzo azul de cuerpo entero, el cabello castaño estaba sucio y desordenado, y así su rostro pálido y demacrado daban cuenta del estado deteriorado en el que se encontraba.
Buenas tardes Señora Krámer – saludó Olivia cuando estuvo frente a la mujer mientras se sentaba al otro lado de la mesa junto a Lincoln. Mi nombre es Olivia Dunham y él… - Ella es un demonio – susurró la mujer sin levantar la vista a sus visitantes cortando de golpe la presentación de la Agente rubia. Cuando lo hizo se quedó mirando fijamente a Olivia como si la conociera y alterándose aún más no dejaba de retorcerse en la silla a la que la habían encadenado, haciendo saltar a los agente que tenía enfrente.
¡Ella es un demonio y tú seguirás sus pasos! – le gritó la mujer a Olivia fuera de sí. ¡No sabes de lo que es capaz! ¡No sabes lo que te está haciendo!
Señora Krámer por favor cálmese – le pidió la Agente Dunham con suavidad intentando dialogar con una loca. Si pudiera calmarse para hablar más claro, sólo queremos ayudarla. Su voz pausada consiguió el efecto deseado y Ángela de a poco se fue calmando, en su estado alterado pudo comprender que las personas que tenía adelante no eran malas personas y que no querían hacerle daño, sino todo lo contrario. Cuando la Agente Dunham notó que estaba más tranquila volvió a intentarlo.
Ahora dígame señora Krámer, ¿Qué es lo último que recuerda antes de que la encontrara la policía vagando por las alcantarillas? ¿Recuerda dónde estaba o la última persona con la que habló?
Era un lugar oscuro – dijo sin emoción. La boca del lobo, la cueva del demonio…. Había gente azul que me rodeaba todo el tiempo y un líquido rojo salía de una bolsa directo a mi cuerpo… luego mareos… nauseas… migraña... ¡Ay este dolor de cabeza no se irá jamás…! ¡Y todo por culpa del demonio de cabellos de fuego! ¡Todos esos niños…! ¡Salven a los niños, salven a los inocentes! La mujer volvió a desconectarse de su entorno mientras no paraba de balbucear sin descanso lo mismo de siempre como tampoco dejar de tocarse los antebrazos con las huellas de su tortura. Cuando la mujer comenzó a mecerse hacia adelante y hacia atrás en su silla, los agentes entendieron que ya la habían perdido y que no le podían sacar más información. Lincoln se levantó de su silla para llamar por el intercomunicador y pedir que se llevaran a la mujer, mientras Olivia seguía con la mirada fija en Ángela. Deseaba mucho hablar más con ella, pero sabía que en su estado era imposible. Cuando se iba a levantar para seguir al Agente Lee fuera de la sala de interrogaciones, la mano de Ángela logró detenerla antes de que pudiera hacerlo. La mirada perturbada y demencial de la mujer logró intimidarla pero logró esconder su miedo a tiempo sin que ella lo notara.
Esa mujer es un demonio y tú estás en peligro – le dijo Ángela en un susurro feroz. ¡No puedes confiar en el demonio que te quiere ver muerta, tienes que cuidarte de ella!
¿De quién? – le preguntó Olivia alzando la voz lo suficiente para que la otra mujer siguiera hablando. ¿De quién está hablando? ¿De quién tengo que cuidarme?
Cuando lo sepas será muy tarde – espetó con voz áspera. Cuando acti… un grito ensordecedor por parte de la mujer hizo saltar por segunda vez a Olivia mientras se acercaba a la mujer para saber qué le había ocurrido. Lo único que Ángela había conseguido pronunciar antes de desmayarse, fue que le dolía la cabeza. Ambos agentes fueron testigos del momento en el que se llevaban a Ángela de la oficina del FBI rumbo al Hospital Psiquiátrico de St. Claire. El mismo lugar del que tuvo que sacar a Walter Bishop hace tres años.
¿St. Claire? – preguntó Lincoln interesado. ¿No es ese el Hospital de dónde sacaste a…?
Walter – respondió en tono apagado. Sí… es el mismo…
Olivia no podía dejar de pensar en las palabras de Ángela. Palabras que le daban vueltas en la cabeza al grado de provocarle una de sus ya acostumbradas migrañas. ¿Qué quiso decir la mujer con eso de que estaba en peligro? Además de eso, ¿Quién era el demonio de cabellos de fuego?
Parece que te ha llegado fuerte este caso, ¿O no Agente Dunham? – le preguntó el joven agente a Olivia al verla tan ensimismada.
Olivia miró a Lincoln de manera tan intensa que deseaba poder decirle con los ojos todo lo que le estaba pasando con respecto al caso. Que sentía tanto miedo de confesarle sus problemas, su pasado tormentoso y asustarlo de tal manera que ya no la vea igual. Que piense que es una rara, casi un monstruo. No, no podía correr ese riesgo, estaba luchando tan fuerte por sentirse como una persona normal que sentía que no podía correr un riesgo tan grande al mostrarse tal cual era.
La verdad es que si – confesó por fin. Este caso me llega más por la muerte de los niños. ¿Te fijaste cómo estaba esa pobre mujer? Lo que hicieron con ella le arruinó la vida.
Si es lamentable – admitió el joven a su pesar. Pero para eso estamos nosotros Olivia, para ayudarla resolviendo su caso y de paso dándole una mano a la gente de la policía.
En esos momentos el agente Broyles vuelve aparecer con unas carpetas en sus manos. En ellas hay nueva evidencia del caso de los niños telekinésicos que necesita ser investigado y es lo que les hace saber a sus agentes. Y el primer lugar para hacerlo es como siempre Massive Dinamic.
¡Eso no podía pasar! – exclamó una voz furiosa delante de un hombre ataviado con una bata blanca que está asustado por el volumen fuerte de aquella voz femenina. ¡Se suponía que tú eras otro de los investigadores encargados de la máquina no me puedes decir que no puedes activarla! Dime que más necesitas para que esté lista.
Usted sabe qué es – le respondió con voz apagada el hombre junto a la mujer un tanto tembloroso. Necesitamos a la guardiana. Pero la guardiana todavía no está activada. Usted dijo que…
Que yo me encargaría de ello – lo cortó la mujer en tono serio y el hombre asintió. Y es lo que estado haciendo doctor, pero no ha dado resultado. El sujeto aún no ha mostrado señales de activación de ninguna índole a pesar de que se le ha administrado la nueva droga como estaba previsto. Y es aquí dónde le hago la pregunta: ¿Qué es lo que falta?
El hombre se quedó pensativo por un momento intentando dar con la respuesta que le era esquiva. Hasta que su propio temor a quedar mal con su jefa le dio en blanco.
Miedo – respondió el hombre en un susurro ronco. Las emociones exacerbadas, eso es lo que necesita para ser activada.
La mujer de más edad meditó las palabras del hombre buscando una manera de hacerlo. Sopesó varias estrategias hasta que dio en el blanco. Si lo que le sucedió hace tres años funcionó, entonces volvería a funcionar de nuevo. Con ese plan en mente se quedó más tranquila.
Ya sé la manera de hacerlo – le dijo con sequedad a su segundo científico. Tú sólo tienes que enfocarte en lo que te compete y por lo cual se le paga horas extras. Cualquier duda que tenga el doctor Falcón lo podrá ayudar sin ningún problema. Pero la máquina tiene que estar activada lo antes posible, espero no tener que recordarle la gravedad de nuestra situación aquí jovencito. Ahora, por favor deseo estar a solas.
El joven científico respiró aliviado ante la petición de su jefa de salir. No podía seguir al frente de ella sin sentirse intimidado por aquella mujer.
Una vez que la mujer estuvo a solas volvió a sentarse tras su escritorio para llamar por teléfono. Sólo tuvo que esperar unos cuantos minutos hasta que una conocida voz masculina le respondió al otro lado del teléfono.
Vaya mujer, tres veces en un día – dijo la voz ronca del hombre al otro lado con sarcasmo. ¿Qué deseas esta vez?
Lo mismo de siempre – le dijo en un susurro intencionado. Tú amable colaboración. Necesito que me consigas un lugar aislado en dónde pueda dejar a un sujeto por digamos… unas cuantas semanas. Necesito a la gente especializada en lo que tú ya sabes. Tengo la coartada perfecta para activar al sujeto pero necesito a la gente especializada para hacerlo, gente que tú tienes y conoces mucho mejor que yo.
Entiendo hablas de la guardiana verdad – preguntó el hombre con suspicacia. Nuestra arma.
Por supuesto. – le respondió sin inmutarse. La he cuidado desde hace varios años ya y confía en mí plenamente. No nos dará ningún problema. Ya es tiempo que el destino haga de nuestra guardiana lo que está destinada hacer.
¿Aunque ese destino también sea el destruir el mundo? – le preguntó el hombre con segundas intenciones.
El único mundo destruido será el de ellos no el nuestro y tú lo sabes. – le respondió con sequedad. Con el hijo de ese loco fuera del mapa ya no hay nada que impida que el soldado cumpla su misión que para eso fue creado.
Espero que sigas igual de segura como hasta ahora cuando tu sujeto descubra la verdad. – le dijo el con un suspiro cansado.
Lo seguiré… William… tú me conoces.
Lo sé y es por eso que siempre me has gustado – le confesó el científico. Está bien, lo arreglos para tu coartada ya están hechos, sólo tienes que avisarme para cuando lo quieres.
En una semana más querido William. – le respondió la mujer mientras observaba la fotografía dónde salía con una niña pequeña sentada arriba de un caballo. En una semana nuestra arma acabará con todo y lograremos ganar esta guerra.
