Los personajes (a excepción de Moonlight) son propiedad de Hasbro.
II
La sombra delgada de la chica caminó tambaleante pero con firmeza, emergiendo de una especie de portal situada en la estatua del caballo. Su cuerpo era delgado, su cabellera larga y de color rojo con dorado, su piel era de un color bronceado, y su mirada parecía ser muy desafiante. Aunque los primeros pasos que dio fuera del portal fueron accidentados, pronto le cogió el truquillo para apañárselas y poder sostenerse. Miró a su al rededor, con una clara pose de confusión, como si ese no fuera su mundo.
"¡¿Pero qué…?!"
Sunset Shimmer se despertó de golpe, sintiendo un dolor punzante en la cabeza, por un momento el sol del día la aturdió un poco, tenía la boca seca. Poco a poco los recuerdos fueron llegando a su cabeza, poco a poco pequeños fragmentos de la noche anterior fueron tomando coherencia cronológica. Sus ojos se abrieron por completo, al recordar la parte más importante de la noche.
"¡Moonlight!"
Sus manos recorrieron rápidamente su cuerpo, como tratando de verificar que todo estuviera en orden. Se dio un vistazo rápido, pero meticuloso tratando de encontrar algún detalle fuera de lugar. Lo único que vio es que, estaba en su cama, con su ropa de dormir, nada fuera de lo normal había en su ropa, o en ella. Se sintió aún más confundida. Nada parecía tener sentido para ella en ese momento. Con la mirada buscó a la intrusa de la noche anterior, buscó al rededor de su departamento intentando hallarla, finalmente sus ojos se posaron en un bulto encima de un sillón, situado enfrente de su cama. Ahí, se encontraba Moonlight sentada, observándola con una sonrisa burlona.
-¡Buenos días Sunset! ¿Descansaste bien?-. Le guiñó el ojo, haciendo sentir incómoda a Sunset.
-¿Qué pasó anoche?-. Exigió una respuesta un tanto irritada por su actual confusión.
-Lo que tenía que pasar-.
Hubo un silencio en esa habitación, a pesar de su poca experiencia en relaciones interpersonales, Sunset no era nada tonta, y sabía muy bien que algo no andaba bien. Sintió como el corazón se le empezó a contraer en el pecho, había algo que le impedía respirar con facilidad. Sentía dolor, vergüenza de sí misma y no sabía qué hacer.
"Si Celestia se enterara de esto, ¿sentiría decepción de mi?" Sunset pensó para sus adentros, sintiendo como se hacía un nudo en su garganta. Se sentía mal, se sentía confundida, se sentía enojada, había un remolino de pensamientos y sentimientos que no lograba separar. Todo en su cabeza daba vueltas, haciendo que el dolor de cabeza aumentara. Toda esa situación era confusa, y no lograba digerir nada, o más bien, no quería pensar en ello. No era algo a lo que estuviera acostumbrada o preparada, de la nada, en una noche aparece alguien de su pasado sin previo aviso. Se cuela en su presente, irrumpe en su vivienda, y lo último que recuerda es estar debajo de esa misteriosa chica en su propia cama, a punto de hacer "aquello".
Los ojos carmesí se posaron fijamente en las expresiones de la adolescente confundida, podía ver cómo los ojos cían de su anfitriona se tornaban un tanto tristes, sin duda, por alguna razón eso la conmovió un poco. Suavizando la mirada, y dejando a un lado la sonrisa burlona, cambiándola a una más amigable se levantó del sofá, y se sentó a un lado de la confundida Sunset, que no daba crédito a esa situación tan confusa.
-Te desmayaste en la mejor parte-. Finalmente respondió, depositando un beso en la frente de Sunset, que se puso tan roja que no sabía si había sido por el coraje o por la vergüenza, o por ambas cosas.
De pronto todas las cosas tenían sentido para ella, recordaba que Moonlight se le había echado encima, y que cuando ésta le besó el cuello llegó a su límite, y sintiéndose muy mareada cerró los ojos, todo a su al rededor daba vueltas, y mientras intentaba reponerse todo se volvió oscuro, hasta que despertó muy confundida esa mañana. Un alivio recorrió por todo su cuerpo, esa sensación de frescura llenando su ser. Sintió como literalmente, el alma le volvía al cuerpo. Y dejando escapar un suspiro se le dibujó una sonrisa en su cara claramente aliviada.
La otra chica de piel pálida arqueó una ceja, aunque su cara no reflejara claramente sus sentimientos, en sus ojos había un pequeño destello de desilusión y dolor. -Sabes que no te haría daño Sunset Shimmer-. La miró intensamente a los ojos, dejando ver su clara frustración ante las suposiciones de Sunset hacia ella.
El comentario hizo que se sintiera un tanto culpable, pero no podía negar que esa situación había sido muy raro. De la nada aparece, después de años sin saber nada la una de la otra, y de pronto decide plantarse enfrente de su casa y seducirla de manera muy despreocupada. En definitiva, Sunset no se había acomodado por completo a las extrañas costumbres de ese mundo. Los "humanos" eran seres muy irregulares en su forma de comportarse, y más en el ámbito sexual.
-Gracias por dejarme quedar aquí esta noche, te debo una-. Moonlight cerró la puerta de la entrada un tanto fuerte, saliendo de la vivienda, dejando peor a Sunset, que se había perdido por completo en el proceso de esos acontecimientos tan repentinos. Todo había pasado tan rápido, que no había tenido tiempo de captar si quiera la lógica tan retorcida de su extraña realidad.
Se levantó de la cama muy despacio, y se dirigió a la regadera, donde tuvo un momento de reflexión sobre los acontecimientos recientes. El agua corría de manera regular sobre su cuerpo, haciendo un camino desde su rostro, hasta el pecho, para pasar por su vientre, sus muslos, piernas y terminar en el suelo. Un bello recorrido, suave y ligero. Mientras el vapor se acomulaba algo hizo click en su mente.
"¡Moonlight ha regresado!" A pesar de lo obvio que era ese hecho, por alguna razón Sunset le había restado completa importancia al hecho de la estadía de Moonlight esa noche con ella. Por alguna razón, su mente inconscientemente se dedicó a ignorar el hecho de que algo olvidado había regresado, para reclamar un lugar en su presente. Aunque en sí, no era algo malo, Sunset no podía evitar sentir algo de angustia por eso, se sentía en deuda por alguna razón, se sentía culpable por algo que había pasado ya tiempo atrás, y que eso involucraba a Moonlight. Sin embargo, la chica se había marchado sin siquiera darle oportunidad de aclarar ciertas cosas con ella. Se dejó llevar por sus miedos y prejuicios, dejando escapar la oportunidad de arreglar cuentas pendientes con Moonlight. La historia de ambas era algo que permanecía como uno de los recuerdos más especiales de Sunset, pero como eran tan preciados los había guardado muy en lo profundo de su corazón, para que éstos no se gastaran.
...
El agua corría a través de una habitación medio iluminada por la luz del sol. De pronto se dejo de escuchar el correr del agua, abriéndose de manera casual una puerta, de ésta salió un espeso vapor y la figura de una relajada Adagio emergía envuelta en una toalla. Caminó un poco más hacia la cama, donde se encontraban las prendas que usaría ese día, todas prestadas por la dueña de la casa, ya que las suyas se hallaban en la lavadora. Suspiró en parte cansada, en parte agradecida y en parte aliviada. Todos sus planes se habían echado a perder, y ahora sin poder ni magia estaban desoladas, sólo se tenían a ellas mismas. Aunque parecía por fuera que no se llevaban del todo bien. A decir verdad se congeniaban muy bien, y se entendían mejor que nadie. Había un lazo especial entre esas tres sirenas sin voz.
Se apresuró a vestirse para bajar a la cocina con las otras dos chicas, que la esperaban con el desayuno. Bajó las escaleras con una cara un tanto preocupada, pero una vez llegó a la cocina la quitó para poner la misma cara de confianza, para dar apoyo moral a sus compañeras de desgracia. Tomó un lugar en la mesa redonda de la cocina, agarró con la mano derecha la caja de cereal, echando unas hojuelas en el tazón que tenía enfrente de ella hasta que pensó que eran suficientes, y con la otra mano vertió leche en ellas. Muy calmadamente comenzó a comer su desayuno, sin prisas ni apuros, ya que no tenían ningún plan en sí para ese día.
Las otras dos chicas la miraban con asombro, llevaban mucho tiempo compartiendo cosas entre ellas, y sabían cuando algo incomodaba a su líder. A pesar de sus constantes peleas por quién debía tomar la batuta de la banda, Aria mostraba un muy bien disimulado rostro de extrañeza. Y aunque a veces Sonata podía ser un poco densa, sabía cuando las cosas no andaban muy bien con sus amigas.
-¿Todo está bien?-. Preguntó tratando de sonar indiferente Aria.
-¿Hmmm?-. Los ojos de Adagio se abrieron un poco más, que aún estaba masticando el cereal de manera despreocupada.
-Si, pareciera que tienes algo en mente-. Comentó Sonata, dejando en el aire su cuchara, con una ceja levantada y una mirada atenta.
Sólo se escuchaba el crujido que hacían las hojuelas que trituraba Adagio, su semblante estaba completamente indiferente ante la situación de crisis que estaban pasando. Por lo general, siempre se mostraba molesta, o pretenciosa ante cualquier cosa, y más con ellas. Esperaban que se mostrara muy furiosa y llena de rencor, pero en vez de eso la veían muy calmada comiendo cereal, como si fuera de lo más normal. Sus ojos parecían haber perdido aquella chispa que las inspiraba, esos ojos que nunca habían perdido de vista su objetivo, sin importar ningún obstáculo. Ahora se veían distantes y muy dispersos.
"Algo no cuadra aquí. Perdí todo lo que tenía, ahora no tengo nada, no soy nada ni nadie. Sin embargo, ¿qué es esta sensación de calma que tengo?" Pensó muy concentrada en sí misma Adagio. Sabía que algo raro le estaba pasando, ¿será que el ya no tener sus poderes mágicos la estuvieran convirtiendo en alguien normal? ¿era eso posible? No estaba segura de ello.
No hubo respuesta audible para la pregunta de Aria, sólo hubieron sonidos del cereal siendo triturado. Nada más. Sólo hubieron choques de miradas, de suspiros, y señales que sólo entre ellas podían entender, ese espacio sólo les pertenecía a ellas tres, como siempre había sido. Aunque no hubo respuesta, y en vez de eso sólo hubo silencio en todo el desayuno, en el corazón de las tres se hallaba la respuesta, y las tres lo tenían muy claro. Aunque, cabe decir que, Sonata tardaría un poco más en asimilar por completo la situación. Ella sólo miraba con una cara de confusión, y unos ojos atentos que trataban de encontrar pistas antes las miradas de Adagio y Aria. Aún así, tarde o temprano encontraría la respuesta a su manera. Hasta que llegar ase momento, seguiría comiendo cereal tranquilamente, y resolviendo el crucigrama que venía en la parte trasera de la caja de cereal.
...
Después de salir del departamento de Sunset Shimmer, Moonlight caminó un poco, se subió a su auto, que por cierto era un Ford GT40, arranco el motor, dejando escuchar lo potente que era y decidió dar marcha. Su mirada estaba fija en el trayectoria, mientras que en su mente se llenaba de miles de recuerdos, tanto buenos como malos, y en cada uno se encontraba Sunset Shimmer. ¿Qué había entre ellas?
La luz se puso roja, y tuvo que hacer un alto, aprovechó también para hacer un alto a sus pensamientos que de nada servía pensar en lo que ya había pasado. Cerró los ojos y los masajeo un poco, como dando vuelta a la página. Respiró profundo y volvió a enfocar la mirada en el camino. Sus ojos carmesí parecían ir perdiendo el brillo que antes tenía con Sunset. Su expresión se volvió más sería. Ni enfadada, ni feliz ni nada. Sólo era un rostro con una expresión difícil de entender. Y como arte de magia, su mente se vacío, dejando sólo una bóveda en completa oscuridad. Sin nada que ver ni admirar. Sin nada de lo cual hablar, ni mencionar. Oscuridad.
Decidió aparcarse en una cafetería, muy frecuentada por los estudiantes de Canterlot High, y aunque no quería ir precisamente a esa tienda, su cuerpo le exigía una taza de cafeína, ya que la noche anterior había estado sin pegar ojo. Estuvo en vela casi toda la noche, así que su cuerpo le exigía un estimulante a gritos. Se bajó del auto, ignorando las miradas de los curiosos, algunos confundidos, otros sorprendidos, y otros más extrañados. Decidió ignorarlos a todos y cada uno, y seguir de largo para tomar su dotación de la bebida amarga, bien cargada. Se abrió paso por la tienda, y caminando con un aura intímidante se paró frente la señora Cake, quien tomó la orden de manera amable, como solía hacerlo. No tardó mucho en hacer el pedido y se lo entregó. Moonlight pagó, agradeció de manera apagada, y cuando se disponía a marcharse se chocó con otra persona. Al principio no supo contra quién se había chocado, pero cuando logró enfocar la figura más pequeña se dio cuenta que era alguien que conocía.
-¿Rarity?-.
La otra chica, con aura sofisticada, la miró detenidamente por unos segundos hasta que hizo click. Su mirada cambió de estar viendo a una completa extraña, a una en la que se encontraba con una vieja amiga. Sonrió amablemente y muy ampliamente. Pidió su orden rápidamente para encontrarse con su antigua amiga, que la esperaba sentada en la mesa, donde solía sentarse con su otro grupo de amigas.
-¡Moonlight! ¡Tanto tiempo sin verte! ¿Qué te has hecho estos tres años? ¡Casi no te reconocí!, mejor dicho, ¡no te reconocí-, rió torpemente. -¡Has cambiado mucho en estos años! ¡Tú cabello! ¡Oh por Dios, realmente has cambiado mucho!-. Una alegre Rarity estaba haciendo mucho jaleo ante la situación. Era evidente su emoción tan honesta que desbordaba.
Moonlight sonrió de manera muy cálida, dejó salir un pequeño suspiro, y sus ojos se suavizaron y quedaron muy centrados en los azules de Rarity. La miraba muy fijamente, recordando todos los momentos que había compartido con su amiga. En realidad tres años no es mucho tiempo, sin embargo, cuando te vuelves a encontrar con un antiguo conocido después de haber perdido completo contacto, el reencuentro siempre es un poco incómodo, pero de manera positiva. Acomodó su rostro sobre su mano izquierda y sin dejar de mirar un instante a la bella joven, soltó una pequeña risita. -¡Tú también has cambiado mucho Rarity-. Se acercó más. -¡Eres más hermosa que cuando nos conocimos, en primero!, al parecer han pasado muchas cosas mientras yo no estaba aquí-, diciendo esto último se alejó, recargando su espalda en el respaldo del sofá. Ante la anterior actitud de Moonlight, Rarity había sido tomada completamente por sorpresa, no se había molestado en lo más mínimo, sólo sentía que un pequeño rubor se asomara en su piel blanca.
-Vamos, no te lo tomes a mal, en verdad estás muy bonita, sólo quería expresarlo-. Sonrió ampliamente, como un niño, que con inocencia había soltado una verdad incuestionable, pero que nadie se esperaba.
"No recuerdo que Moonllight fuera así. Ha cambiado mucho, parece otra persona" .
Rarity cerró por unos breves momentos los ojos, y en sus labios se formó una sonrisa gentil. Se sentía un poco shockeada por el comentario anterior, ya que a pesar de su belleza, nadie le había dicho algo así antes. Y eso la había hecho sentir un poco acomplejada. Antes, cuando algo le molestaba venía Moonliht y siempre le decía justo lo que quería escuchar. Siempre estaba ahí para sacarle una sonrisa, y si era necesario una risa. La sonrisa de Rarity se volvió más amplia, y con un gesto más dulce miró a una Moonlight relajada tomando su café.
"No. Sigue siendo la misma. En verdad, ella ha regresado"
-¿Quieres que te lleve a la escuela?-. La repentina voz sacó de sus recuerdos a Rarity, quien observó que la otra observaba su móvil verificando la hora.
-¿Escuela? ¡Claro, la escuela! ¡Lo había olvidado por completo! Geez…-.
-¿Está todo en orden?-.
-Debo regresar a casa por mi bolso, no esperaba tardar mucho aquí, ya sabes… tu… de nuevo… regreso… cielos, ¿qué estoy diciendo?-, rió torpemente, -¿llevarme? ¿podrías hacerme ese favor?-. Abrió alegremente los ojos ante la propuesta, que le caía como perlas.
-Por supuesto, para mi sería un honor-. Levantándose de la mesa, Moonlight estiró la mano para que Rarity la tomara, como si se tratara de un caballero con su damisela. Rarity sólo acertó en reírse de manera divertida ante el gesto de su amiga, y siendo llevada del brazo hacia un carro que no era de su gusto, pero que reconoció tenía estilo.
...
Enfrente de un casillero se encontraba ahí, una muy inmersa en sus pensamientos Sunset Shimmer. Todo lo era tan extraño, por primera vez en mucho tiempo, sintió que ese escenario no le pertenecía, que ella por alguna razón sobraba. Le dolía la cabeza, y mucho. A pesar de haberse quedado profundamente dormida, no sentía que su cuerpo hubiera descansado gran cosa tampoco. Se sentía muy pesada. Muchas cosas habían pasado sin si quiera dejar que se tomara el tiempo para meditar sobre ellas. Introdujo la combinación de su casillero y de pronto, como si de algo se acordara se quedó estática. El candado tenía una combinación. Una combinación de números. Números que no precisamente fueran 0000, era una secuencia específica. ¡Por Celestia! ¡Lo había olvidado por completo!, más que olvidarlo, se había convencido a sí misma que ese día nunca llegaría. Pero su mente era torpe, muy torpe en esas cuestiones. Sunset realmente era inteligente, muy inteligente. Antes de que Twilight fuera la estudiante estrella de Celestia, ella lo había sido antes, y se dio el lujo de dejar sus estudios personalizados sólo para conseguir una ilusión, que no pasó de ser eso, una ilusión. De pronto todas las piezas hicieron click para ella, ¡claro, la chica de ayer!, debió suponerlo, debió de haber recordado el incidente de hace unos años atrás. Y de pronto sin previo aviso, una fuerte luz iluminó por lo alto a una aludida Sunset. Sólo hasta ese momento la luz, junto con un desconocido sentimiento de calidez llenó su ser entero, un sentimiento que no sabía que era la llenó de pronto. Hacía mucho tiempo que no se sentía ansiosa por algo. Se había concentrado por completo en la amistad, y en cómo aprender de ella que había descuidado por completo las demás facetas de su ser. Cuando más tranquila y serena se sentía, de pronto una brisa de lo desconocido, aparcó en su corazón y amenazaba con entrar.
-¡Buenos días querida!-. Una voz con acento sofisticado muy familiar la saludó por detrás, ella sólo volteó para ver a una muy feliz Rarity, más de lo normal.
-Hey, ¿qué tal? ¿ha pasado algo?-. Sunset podía percibir la alegría que emanaba de su amiga más refinada.
-Se podría decir que sí-, sonrió de manera muy afable, de manera muy especial y muy cálida.
-Por tu sonrisa supongo que fue algo bueno-. Sonrió genuinamente ante la reacción de su amiga, que le pareció en verdad muy adorable.
-¡Y de verdad que lo fue!-, hizo una señal estilizada con la mano, mientras que con la otra estaba recargada elegantemente sobre su cadera. -Hoy me encontré con una amiga que no veía en años, fue realmente magnífico. ¡Hasta me hizo el favor de llevarme a mi casa para recoger mi bolso, y finalmente me trajo a la escuela! ¡Un día tengo que presentártela!-.
Habían cosas que hacían que Rarity perdiera la compostura, y se podría decir que no eran muchas esas cosas. Siempre que perdía la compostura era por algo que ella consideraba divino, hermoso o simplemente perfecto. Desde ropa, zapatos, accesorios, hasta música, eventos y demás cosas muy Rarity. Pero, el que se pusiera así por una persona era algo muy lindo de ver, era otra cara que desconocía de ella. Sunset se sentía más en deuda con ella que con las otras, pues gracias a ella, Rarity había sufrido una total humillación en la primavera pasada, y de alguna manera intentaba quedar en paz con ella, haciendo todo lo posible por enmendar su error para con ella. Tanta generosidad la hacía sentir muy en deuda.
-Claro, me gustaría conocerla. Suena genial de hecho, y dime ¿hace cuánto que no se hablan?-. Preguntó muy interesada sobre esa amiga de Rarity.
-Mmm, desde hace tres años que no sabía nada de ella hasta ahora-, respondió Rarity, poniendo su mano sobre la barbilla, en posición pensativa.
"¡Tres años! Hace tres años desde que eso pasó. Rayos"
-Sunset, querida, no te ves muy bien, ¿te encuentras bien?-. Rarity tomó las manos de Sunset con gentileza.
-Eh…. e-estoy bien, es sólo que… anoche no pude descansar bien, es sólo eso-. Se sonrojó un poco por el contacto con otras manos, -ayer también me sorprendió un viejo conocido mío en la puerta de mi casa. Fue todo tan repentino, y loco-. Desvío un poco la mirada, no quería que su amiga se diera del rubor de sus mejillas.
Ambas chicas se despidieron y se dirigieron hacia sus respectivas aulas de clases.
Ya en la hora de comer, la seis amigas acostumbraban a comer juntas. Cada una con una selección de comida diferente, ya que tenían diferentes gustos y necesidades. La última en sentarse fue Pinkie Pie.
-Así que… ¿has rechazado a una chica ayer, no es así, Sunny?-. Preguntó de lo más normal mientras le daba un sorbo a su zumo. Los ojos de las demás chicas se posaron sorprendidas sobre la figura de Sunset, quien ya había olvidado por completo ese asunto.
-Si, no… bueno, ¡sí!-. Respondió un poco avergonzada, esos temas le incomodaban un poco.
-¡¿Y por qué no dijiste nada?!-. Los ojos de Rarity se abrieren de par en par ante la noticia. De las cinco, ella parecía la más sorprendida ante este hecho. Las demás sólo se limitaban a observar la situación, no querían participar mucho sobre la vida privada de Sunset.
-Porque no era algo importante-.
De pronto se escuchó como una bandeja caía sobre el suelo. Las seis voltearon a ver de dónde venía el sonido, y justo detrás de Sunset se encontraba la chica del otro día, con una clara expresión de dolor en su cara. Sin poder dar marcha atrás de lo dicho, ni pudiendo hacer nada, Sunset vio como la chica, casi con lágrimas se iba corriendo del lugar, dejando a todos confundidos.
Se llevó una mano a la frente, era por esa razón que no le gustaba nada acerca del romanticismo, estaba completamente segura que esa parte de su vida jamás sería posible. Aunque era muy inteligente, versátil, astuta y tenaz, también era muy torpe, despistada y a veces, insensible en cuanto a los sentimientos de los demás. Sus demás amigas la miraban un tanto incomodas, hasta que la insensata de Rainbow decidió hablar.
-Era linda-. Todas las demás la crucificaron con la mirada. Más Fluttershy.
-¿Qué?-. Rainbow era incluso más insensible que Sunset en cuanto a captar sentimientos, y momentos incómodos.
No hubo más comentarios de nadie. Sólo hubo una mano amiga, que se extendió en medio de ese circo vergonzoso que pasaba Sunset, y se posó en su hombro con fuerza. Al levantar la vista, vio que Applejack la miraba con cariño, y con la mano intentaba animarla y reconfortarla. Era la única forma en la que se sabía expresar la campirana, de ojos verdes como los prados. Sunset soló tomo la mano de Applejack que sujetaba su hombro, y sonrió de manera incomprensible.
Después de la comida, se dirigieron a sus respectivas clases. Sunset trataba de concentrarse, pero cuando lo hacía, la imagen de la chica con el corazón roto se clavaba en su mente. Una vez más le había hecho daño a alguien, aunque en esta ocasión no fue con malas intensiones. Sólo pasó, así sin más, sin nada que explicar. Sólo pasó.
Durante la hora de salida, Sunset se dirigió rápido por los pasillos, intentando encontrar a la chica. Hasta que finalmente la encontró en un rincón, parecía como si estuviera llorando. Muy despacio, y con sigilo, Sunset se fue acercando hasta estar lo suficientemente cerca. Ella quería disculparse por lo anterior, pero no sabía cómo.
-Hey-. Alcanzó a decir, mientras posaba su mano en forma de apoyo sobre la chica.
La otra chica sólo se dio media vuelta para encontrarse de frente a Sunset, que tenía una clara cara de arrepentimiento por lo dicho antes sin pensar. La chica sólo aguantó un poco el llanto. Pero sus ojos seguían cristalizándose.
-Este… verás, venía pedirte disculpas por lo anterior. De verdad que no fue mi intención herirte, o ridiculizar tus sentimientos. Es sólo que, no se me dan bien estas cosas y… de verdad lo siento-. Como gesto último abrazó de manera muy sincera, y arrepentida a la otra chica, dejando que la otra dejara salir todo, mojándola en el proceso. Una vez terminada su labor, y dicho lo que tenía que decir, se disponía a irse, pero la repentina voz de la otra chica la paró en seco.
-¡Sunset Shimmer!-. Casi lo gritó, como si su vida dependiera de ello.
Sunset sólo se dio media vuelta, un tanto sorprendida de la manera en la que la había llamado.
-¿Podría pedirte un favor?-. Unos ojos suplicantes, y un rostros muy, pero muy rojo hicieron que Sunset se ablandara.
-Claro. Dime-. Se tornó por completo hacia ella.
-¿Podrías darme un beso?-.
La repentina llamada, casi grito, más la extraña petición hizo que Sunset se quedara perpleja. En serio que, los habitantes de ese lugar eran unos descarados. Eran demasiados abiertos en estas cuestiones. Por un momento vaciló sobre qué hacer. Ya le había hecho suficiente daño a la chica, aunque no fue porque ella quisiera, pero lo que demandaba era demasiado para ella. Mientras se debatía en qué hacer, unos ojos suplicantes la hicieron doblegarse, y accediendo a la petición se acercó de manera sugerente a la otra chica. Sus rostros estaban muy cerca ya, los ojos de Sunset se posaron en los de ella, mientras que en un reflejo, la chica cerró los ojos para esperar el tan anhelado beso. Sunset se acercó más, y más, y cuando estaba demasiado cerca desvió un poco los labios, besando muy cerca de la comisura de los labios de la otra chica. No era lo que esperaba, pero era el mejor gesto que le podía haber brindado Sunset.
Sin más que decir, y hablar, ambas se despidieron y se marcharon en distintas direcciones.
Y justo cuando Sunset iba pasando por la estatua del jardín principal de la escuela, una persona se le planta enfrente, con una sonrisa de lado y unos ojos carmesí muy penetrantes.
-Te he estado esperando Sunset-. Se apartó un poco, para darle espacio a Sunset, que no salía de una para meterse en otra.
-…-.
-Han pasado tres años desde ese entonces, ¿recuerdas aquella época? ¡realmente fue muy divertido!-, una sonrisa muy amigable se dibujó en la cara de Moonlight, que parecía tener una actitud totalmente diferente a la de la otra vez. Esta vez se mostraba más serena y menos agresiva.
-Creo que ya sabes por qué estoy aquí, frente tuyo, ¿cierto?-.
Sunset no respondía, sabía a qué se refería pero por alguna razón se había quedado congelada ahí, sin saber qué hacer, decir o pensar. Todo esto estaba yendo muy rápido para ella. Sus manos empezaban a transpirar, y su garganta a secarse.
-Hace tres años que te conocí, y hace tres años que te dije mis sentimientos, y estos por ti no han cambiado nada-. Dijo con tanta resolución que Sunset empezaba a sentir miedo, aunque no sabía porqué.
-Hoy he venido a pedir una respuesta-.
Continuará…..
