Hola. Aquí les traigo el segundo capítulo de este fic. Agradezco los review que me dejaron, me motivaron muchísimo a seguir escribiendo. No las distraigo, espero que disfruten la lectura.

Prince of tennis no me pertenece sino a Konomi-sensei.

2

Su madre estaba preocupada por ella, e insistía en que debía ir a la escuela, sin embargo Sakuno había despertado sin las ganas ni la fuerza para ir al colegio. Aunque la vieja Sumire no había conseguido sacar ninguna información a su nieta, le bastaba con recordar el día anterior para saber que Sakuno merecía el día libre.

—Déjala ser, tampoco es que se salte todos los días la escuela.

—¡Abuela! — Exclamó sorprendida la pelirroja antes de dirigirle una sonrisa agradecida.

Finalmente la madre de Sakuno dejó que su hija se quedara en casa. En realidad le preocupaba Sakuno. No la veía nada bien y temía que algo le hubiera pasado en el colegio. Habría preferido que Sakuno fuera a clases, al menos así tenía a Tomoka para hablar y distraerse un poco. Pero en realidad la niña ni siquiera tenía ganas de ver a su mejor amiga, seguro Tomoka la jalaría a buscar a Ryoma y del prodigio de Seigaku era del que menos quería saber por el momento.

Suspiró de forma cansada, una vez estuvo sola. Hizo algo de limpieza y también los deberes del colegio que tenía pendientes, todo fuera por mantenerse ocupada y no pensar en Ryoma.

Hacía lo posible por no ponerse triste, pero en realidad el rechazo de su amado príncipe era algo que no iba a superar tan fácilmente.

Estaba enamorada de Ryoma. Se enamoró desde el primer momento en que lo vio.

¿Amor a primera vista? Sí y no la avergonzaba. Así era ella, romántica por naturaleza. Creía que bastaba una primera mirada para quedar flechada. También creía que no hacían falta las palabras, los actos y gestos bastaban, porque una sonrisa vale más que mil palabras. Era de las niñas que creían que no era necesario todo un rito de seducción para llamar la atención del ser amado, bastaba con ser una misma para que el amado príncipe cayera rendido. Y quizá ese había sido su problema, idealizar tanto a Ryoma como un príncipe y a ella como una princesa, que nunca se dio cuenta que la realidad era muy distinta.

Dejó de lado sus libretas y libros. Lloró amargamente mientras se llamaba tonta a sí misma y se torturaba imaginando en todas las cosas de las que carecía y que, imaginaba, a Ryoma le agradaban en una chica. Un pequeño espejo puesto sobre su escritorio atrajo su atención. Miró su rostro enrojecido por el llanto y húmedo por sus deseos cristalizados en lágrimas. Sus labios temblaban y lucían agrietados. Sus enormes y brillantes ojos castaños le devolvían la mirada, una mirada apagada y falta de ilusión. No quedaba ni rastro de la Ryuzaki Sakuno alegre y soñadora. Su sonrisa amable se había esfumado y ella bien sabía la razón.

—Después de todo, los príncipes no existen.

n.n.n.n

Cuando menos se dio cuenta, el reloj marcaba una hora pasada desde la salida habitual en Seishun Gakuen. Pero no por eso Sakuno se sorprendió menos cuando el timbre de la casa sonó de forma insistente. Hasta entonces había estado horneando algunas galletas, así que limpió sus manos en el delantal antes de atender la puerta. El timbre repiqueteaba con insistencia. Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro, sólo conocía de alguien que llamaba de esa forma a las puertas de casas ajenas.

—¡Tomo—chan! —Saludó con entusiasmo al abrir la puerta y toparse con el rostro desesperado de su amiga. — ¿Qué pasa, por qué traes esa cara? —preguntaba mientras se echaba a un lado para darle el paso al recibidor.

Al instante la otra niña se abalanzó contra Sakuno. Le tomó fuertemente de los hombros mientras la movía como a una muñeca, mientras revisaba su cuerpo. Sakuno se sonrojo un poco sin llegar a entender muy bien la reacción de su amiga o sin ni siquiera atreverse a preguntar por qué hacía eso.

—Tomo—chan…

—¿Estás bien, no te pasó nada? ¿Cuántos dedos ves? — Preguntó con rudeza mientras colocaba dos dedos frente al rostro de la pelirroja.

—Do…dos.

—Vaya, estás bien. — Soltó un suspiro de alivio para después abrazar con fuerza a Sakuno. — Una de las chicas de mi clase me contó lo que ocurrió ayer. Me dijo que al parecer te habías desmayado y que alguien te llevó en brazos hasta el colegio. Me preocupe muchísimo cuando me dijo eso, tanto que corrí a buscar a tu abuela. Me dijo que estabas bien, pero necesitaba verlo por mí misma para creerlo.

Sakuno escuchó la explicación de Tomoka sin que ésta deshiciera el abrazo. Tomoka podía llegar a ser algo exagerada pero nunca falsa y Sakuno sabía que la preocupación de su amiga era real. Correspondió el abrazo y sonrió sinceramente. Se disculpó por preocuparla y la invitó a pasar.

Una vez que dejó instalada a su escandalosa amiga, Sakuno fue a la cocina a preparar té y servir las galletas que había horneado. De lejos le llegaba la voz de Tomoka contándole las novedades del día en el colegio. Lo de siempre. Profesores exagerando con los deberes, riñas en los pasillos, los de último año preparándose para los exámenes al siguiente nivel y los clubes deportivos practicando de sol a sol.

—Algunos capitanes han nombrado a sus sucesores. Los clubes están hechos un caos con el cambio. Incluso en el de tenis —hablaba la castaña sin parar—, Tezuka—senpai ha dejado que Kaidoh—senpai dirija los entrenamientos, pero aún no lo nombra oficialmente el cápitan.

—¿Lo tiene a prueba? —Cuestionó asombrada Sakuno mientras llegaba con una bandeja con el té y las galletas— ¿Por qué? Kaidoh—senpai ha demostrado muchas veces ser muy capaz.

—¿Una especie de novatada? —sugirió.

Ambas niñas se miraron y casi al instante comenzaron a reír. Sonaba absurdo siquiera imaginar que el estoico capitán del club de tenis le jugara una broma de tal índole a su sucesor. Con dificultad para dejar de reírse, Sakuno sirvió el té mientras su amiga tomaba una galleta. La alardeó largamente por lo deliciosas que habían quedado.

—Y hablando del club de tenis —murmuró Tomoka una vez paró los halagos a la otra niña. —Adivina de lo que me enteré. Al parecer ayer una chica se declaró a Ryoma—sama, otra vez, y Ryoma—sama la rechazó, como siempre hace.

Sakuno se tensó al oír aquello. Bajó el rostro al sentir que las lágrimas inundaban sus ojos nuevamente. ¿Sabría Tomoka la identidad de la chica rechazada? De no ser así, ¿debía decirle? No. No quería hablar más de tema. Le dolía demasiado. ¿Por qué había tenido que mencionarlo? ¿Por qué?

Tomoka iba a hacer otro comentario acerca del chisme que había oído hablar a los titulares del club de tenis, cuando de pronto notó el silencio de su amiga. La llamó suavemente sin recibir respuesta. Volvió a llamarla y una vez más. Se acercó con evidente preocupación dibujada en su rostro. Zarandeó suavemente a Sakuno por el hombro y de inmediato la pelirroja alzó el rostro cubierto de lágrimas.

—¡Sakuno! —exclamó asustada.

La mencionada se dio cuenta de su llanto. Secó la lágrimas con el dorso de su mano e intento mentir diciendo que todo estaba bien. Pero Tomoka no le creía nada. Estaba preocupada y asustada, ¿qué le pasaba a su querida amiga? Hasta hacia unos momentos estaba bien, pero entonces contó lo de la chica declarándose a Ryoma y todo cambió. Guardó silencio mientras sopesaba las opciones. ¿Sakuno tenía miedo de todas esas chicas que se declaraban casi a diario al príncipe, temía no tener una oportunidad con Ryoma? O ¿podría ser que ella fuera la rechazada?

—Sakuno…¿te declaraste a Ryoma?

De nada sirvió que la pelirroja limpiará las lágrimas, sus mejillas se bañaron nuevamente con el dolor que sentía. Aun cuando su llanto era suficiente respuesta, asintió suavemente con la cabeza. Tomoka no dudo en abrazar con fuerza a su amiga. Acarició su cabello y espalda mientras murmuraba que no valía la pena que llorará de esa forma. Que Sakuno era una niña maravillosa. Linda, inteligente, algo torpe para los deportes, pero buenísima para la cocina y las manualidades. Que Ryoma era un tonto por no apreciar todas esas cualidades.

Y dolía, a Sakuno le seguía doliendo pensar en el rechazo y en Ryoma, pero no pudo evitar sonreír y sentirse más tranquila cuando oyó a Tomoka maldecir contra el príncipe. Ambas sabían que a la otra le gustaba Ryoma, quizá a una más que a la otra. Ambas habían apoyado al príncipe desde el principio. Y muchas veces tontearon imaginando como sería tener una cita con el chico. Pero ahora Tomoka tampoco quería saber nada de Ryoma. Quería y admiraba mucho al ojidorado, pero eso no le perdonaba como había despreciado a su querida amiga.

—Cuando lo vea le voy a decir un par de cosas para que se entere. Que grosero rechazar a una divinura como tú, Sakuno.

La pelirroja negó avergonzada y con una pequeña sonrisa en el rostro. Bastaban unas cuantas palabras de su amiga para levantarle el ánimo. Se sentí avergonzada de haber intentado ocultarle las cosas. Debía aprender a confiar más en su amiga.

Tomoka dijo un par de bromas más para levantar el ánimo a su amiga y después le pidió que le explicara lo del desmayo. Sakuno le explicó lo mejor que pudo. Al hacerlo sintió como algo dentro de ella se aligeraba mientras contaba que el motivo de su huida, sin duda le hacía muy bien hablar y soltar toda la verdad.

—Y no supe más. Cuando desperté estaba en la enfermería del colegio. Estoy bien, no me duele nada. ¡Ah! Sólo me hacía falta mi broche de mariposa —explicó mientras se tocaba el lugar donde ese día lucía un gracioso gatito.

—¿No te había llevado un chico hasta el colegio? —Tomoka había estado atenta al relato de la otra chica sin parar de comer galleta tras galleta.

—Pues sí. Eso me dijo mi abuela. Yo no recuerdo nada…—pero al decir esto a su memoria vino el destello de unos brillantes ojos grises. Sentía una inmensa calma de sólo recordarlos. — quizá se trataba de alguno de los chicos de nuestro colegio.

—En realidad era de Hyoutei.

Ambas niñas se sobresaltaron al oír la voz de la abuela de la pelirroja. Tomoka se apresuró a saludar y sentarse correctamente a sabiendas de lo estricta que podía ser la mujer con ella cuando algo no le gustaba o podía ser un mal ejemplo para su amada nieta. La vieja Sumire asintió satisfecha al notar el comportamiento de la castaña y sonrió con dulzura a Sakuno.

—Abuela, llegaste temprano.

—No había mucho trabajo, así que pude venir antes —mintió. En realidad estaba preocupada por su nieta y había querido volver antes a casa para estar con ella. Pero al parecer Tomoka había hecho bien las cosas esta vez.

—¿Cómo fue eso de que un chico de otro colegio llevó a Sakuno a nuestra escuela? —preguntó Tomoka mirando a su amiga como si en el rostro de la pelirroja estuviera escrita la respuesta.

—Seguramente estaba de paseo por la zona. En realidad me pareció muy atento de su parte traer a mi atolondrada nieta hasta el colegio.

—¡Abuela!

—Tranquila, Sakuno —rio un poco Tomoka. Sakuno era tan fácil de que se avergonzara. —Y ¿quién era ese chico? Creo que podríamos ir hasta Hyoutei y agradecer su ayuda, ¿no, Sakuno?

La pelirroja le apenaba la idea, pero en realidad tenía ganas de agradecer la ayuda recibida. Y si Tomoka iba con ella, seguro todo iba a ser más fácil. Termino aceptando y apoyando la pregunta de su amiga por saber el la identidad de su salvador. Sumire las miró algo dudosa, pero supuso que un paseo y la compañía de Tomoka le caerían bien a Sakuno.

—De acuerdo, pero tengan cuidado cuando vayan al Hyoutei, ¿entendido? Seguro no tendrán problema para encontrar al chico. Sólo pregunten por el titular del club de tenis, Hiyoshi Wakashi.

Sumire deseó tener una cámara a la mano, la reacción de las dos amigas, al enterarse de la identidad del buen samaritano, valía oro.

¿Para qué están las amigas? n.n Espero que le haya gustado. ¿Le seguimos?

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