Bueno…siguiendo con este fic (que por cierto es cortito)
les dejo el nuevo…esta vez, el capítulo comprende la visión
del otro afectado…veremos qué significa para ella lo que
está pasando…quién sabe…igual no es lo mismo…
La cita es de "Enamorada" de Miranda…los personajes, ya saben…
Dejen Reviews!!!!…
Cariños! Y gracias por leer!
Makoto A. Black
Un regalo... (Luna - Neville)
"...si al final de cuentas él era mi recompensa,
qué suerte que nunca me fui..."
-Oye ¿no crees que es exagerado? –Sonríe nervioso, me he acostumbrado a ello, por la mañana cuando le dije que estaba listo el desayuno y vio el plato de germinado sobre la mesa, hizo la misma mueca, lo curioso es que no se negó a comerlo.
-No...es lindo. –Es que realmente es lindo, me gusta verlo así, con colores llamativos, sé que no le gustan mucho, pero se ve bien; anoche cuando me invitó a pasar a su apartamento fue extraño, aquel lugar tan sobrio, tan serio, y yo ahí siendo alegre, la verdad es que fue raro verlo reír, nunca lo había visto así.
-¿No me hace ver gordo? –Se mira en el espejo, la verdad es que ese suéter amarillo con rombos rojos le hace ver como un enorme pollo bonachón, a mi eso me gusta, más que sus trajes negros y sus túnicas finas.
-¡Claro que no!...luces lindo. –Se sonroja cada vez que le beso en la mejilla, peor aún si me atrevo a tomarle la mano y entrelazar mis dedos con los suyos, se pone nervioso; jamás me había topado con alguien como él, digo, tampoco he tenido muchos hombres en mi haber, la verdad es que nadie se fija en mi y los pocos chicos por los que llegué a tener interés, ya estaban ocupados. –Te lo daré de regalo de primera noche.
-¿Regalo de primera noche? –Su rostro sorprendido lo hace ver más lindo, parece un gatito asustado.
-Claro...es un suceso importante. –Se ha quedado perplejo, seguro ya empieza a sentir miedo de estar conmigo; el Callejón está atestado, será mejor que no le tome ya la mano, podrían pensar algo que él no quiere que piensen, mejor como siempre, amigos y ya.
Recuerdo cuando me planteé por primera vez que Neville pudiera ser el adecuado, no fue sencillo, tienes a alguien en el concepto de amigo, creces con esa idea, le hablas y lo aprecias como tal, cuando se intenta romper con eso, cuesta mucho; últimamente me he sentido algo mal, la verdad es que ya me había resignado a no tener alguien conmigo, como que ya me preparaba psicológicamente para ser una solterona empedernida, pero...no sé, como que la ilusión me regresa…
Le gustan los artículos de quidditch y los ve en los aparadores fijamente, el suéter en la bolsa colgando de mi brazo en una muestra de que algo entre los dos ha cambiado, pero de igual forma quizá sólo cambia para mi y no para él. La verdad no sé qué esperar, ahora que se volverá profesor, no creo que busque la compañía de alguien con una reputación tan rara.
-¡Mira! –Un diario de pastas de piel está en el aparador y por alguna razón me dan ganas de tenerlo, obvio a él le parece repulsivo, se ha quedado con el ceño fruncido, eso me da risa. -¿No crees que es lindo?
-Pues... –Se debate internamente, me encanta cuando lo hace, porque sé que quiere contestar algo que no me hiera, pero tampoco quiere mentir. -...si te gusta. –Susurra sonriendo, eso me basta. –Compraré algo dentro, ¿me esperas? –Me limito a asentir y aprovechando que me quedo en la calle mirando a todos lados, me replanteo lo que pasa; creo que mejor sigo resignada, mejor no esperar nada, dudo que Neville se atreva a seguir conmigo, sea como sea la noche fue perfecta, nuestro paseo al amanecer aún más y éstas compras a su lado han sido divertidas, supongo que es suficiente, en cuanto salga me despido y ya luego nos veremos como siempre, como amigos solamente. -¿Porqué tan seria? –Me mira inclinado para ver mis ojos, sonrío.
-Por nada...Neville ha sido... –Saca lo de la bolsa con que ha salido, es el diario, me lo tiende riendo.
-Puedes anotar todo lo que quieras...un regalo de Primera noche. –Como me he quedado sorprendida sonríe. –Bueno, vamos a comer algo. –Lo mete en la bolsa y antes que siquiera pueda yo contestarle, ha tomado mi mano sin temor a nada; parece ser que aún no debo resignarme.
