Disclaimer: Los personajes no me pertenecen a mí, sino a Stephenie Meyer. Sólo la historia es mía, sobre la cual no autorizo plagios, copias o reproducciones totales o parciales de mi trabajo. Es mío. Sé original. Todos mis fan-fics son sin fines de lucro, los escribo por el placer que siento al narrar yo misma las historias y vivencias de mis personajes favoritos de la saga Crepúsculo y La húesped.

Clasificación M: Por violencia, lenguaje grosero y futuras escenas sexuales.

Rosalie Hale & Emmett McCarty en:

Secretos

Capítulo 2: Verdades a medias

Me quedé sin palabras. No tenía ni idea de cómo responder ante su petición. O sea, lo que él me pedía parecía lógico, pero era contar mi verdad a un extraño, ser un libro abierto para él; y Rosalie Hale no era ese tipo de mujer. Despejé mi cabeza y me di cuenta que lo primero que debía hacer era despegarme de él y recobrar mi dignidad, la cual se encontraba un poco abajo, tirada en el suelo por mi ataque de pánico.

Lentamente, me alejé de la calidez de su cuerpo y levanté la cabeza para perderme en sus ojos azules. Él irradiaba alegría y seguridad en sí mismo, lo que me ayudó a tomar confianza y a encontrar las palabras adecuadas para hablarle.

- Gracias por salvarme de los guardias- Murmuré en un tono de voz bajo, sentía vergüenza ahora que recordaba el espectáculo que había protagonizado- Yo, realmente perdí la cabeza… Estaba desesperada… Lo estoy. Necesito viajar a Madrid…

El moreno levantó su ceja derecha y torció una sonrisa, al tiempo que pasaba por mi lado, siguiendo su camino. Me quedé de pie, sola en la mitad del pasillo, mientras muchas personas con maletas, me esquivaban y me miraban feo. Tardé unos segundos en reaccionar. ¿Qué fue eso? ¿Acaso no era esa la respuesta que quería escuchar? ¡Si ni siquiera me había dejado terminar de hablar!

Me molesté mucho por su caprichosa actitud, di media vuelta y apresuré el paso hasta alcanzarlo.

- Eso no ha sido para nada cortés- Le dije con voz ácida, olvidando completamente que hace sólo un minuto lo había estaba idolatrando en mi cabeza- Me dejaste con la palabra en la boca.

- ¿En serio?- Me dijo esbozando una amplia sonrisa burlona- A mí no me parecieron más que excusas y palabrería. Pensé que por haberte salvado me había ganado que fueras honesta conmigo.

¡Ouch! Golpe bajo.

Esta vez, él se detuvo conmigo y esperó mi respuesta, pero lo hizo junto a la pared, para no interrumpir el tránsito de pasajeros. También pude percatarme al ver de refilón, que varias mujeres se le quedaban mirando y sonreían tontamente, como si nunca hubieran visto un hombre guapo enfundado en un uniforme, aunque él estaba tan concentrado en mí, que no lo notaba.

- Comenzaré de nuevo. Mi nombre es Rosalie Hale, mucho gusto, señor Cullen- Le tendí mi mano y para mi gran sorpresa, él la tomó y se la llevó a sus labios. Su beso me hizo estremecer, ya que una mezcla de sentimientos confluyó en mi interior. Placer y terror, juntos, pero causados por distintos recuerdos… El placer de la amabilidad y coquetería de este hombre superpuesto por el terror que Royce me daba y el daño que sus "caricias" me causaban.

- Ahora sí estoy satisfecho. Es todo un placer para mí conocerla y poder ayudarla, señorita Hale- Emmett sonaba tan confiado, pero a la vez tan humilde que supe de inmediato que quizás ser honesta con él (Dentro de lo factible), sería más sencillo de lo que creí con anterioridad. Flectó su brazo izquierdo como un gancho- Si gusta acompañarme, la llevaré hasta nuestro transporte, donde podrá contarme que es eso tan grave que aflige a su madre.

Lo miré de reojo, al tiempo que me colgaba de su brazo y retomábamos nuestra marcha. Su mirada me dejó muy en claro que él no se había creído lo de la enfermedad de mi madre, lo que me hizo preguntarme. ¿Entonces, por qué carajo me estaba ayudando? ¿Acaso creía que yo era una chica fácil y que pagaría mi viaje con sexo? Desde ese momento, hasta cuando me dejó en la aduana con las explicaciones de que no tenía boleto, porque hacíamos un viaje privado, mi rostro se mantuvo inescrutable y desconfiado. ¿Él no podía creer que yo era una puta, verdad?

La policía internacional chequeó mi maleta con rayos equis, a mí con el detector de metales y tuve que llenar un formulario y una descripción de qué cosas llevaba conmigo y los motivos de mi viaje. Cuando hube terminado, una azafata me acompañó hasta la plataforma de abordaje cuatro, la de los vuelos internacionales y me indicó cuál compuerta era la que debía cruzar para llegar a mi avión. Yo me estaba comenzando a sentir nerviosa, porque ahora que había tenido tiempo y cabeza para pensar en lo que estaba a punto de hacer, vislumbraba todas las cosas que podían salir mal en ese vuelo.

Estaba por subir al avión privado de un completo desconocido, que hasta el momento no me ha pedido nada a cambio y que en cualquier momento durante las seis horas de viaje podría tratar de abusar de mí o cualquier cosa que se le ocurriera, ya que ni si quiera sabía cuánta gente más viajaría con nosotros, si es que la había.

Tragué saliva con dificultad, cuando vi a Emmett llegar a la compuerta y buscarme con la mirada. Levanté una mano y caminé lentamente hacia él. Me sonrió. Es demasiado bueno. Parece demasiado bueno. Por favor que no sea un sicópata. Con Royce ya he tenido suficiente.

- Hola, otra vez. ¿Lista para el gran viaje?- Él parecía muy divertido hasta que advirtió la reticencia de mi expresión- ¿Qué te ha pasado?

- ¿Viajaremos solos tú y yo?- Traté de disimular mi preocupación, pero no resultó muy bien, porque él pudo darse cuenta. Su rostro se enserió y me contempló durante algunos segundos, mordiéndose su labio inferior. Y con él descubrí, que los hombres también pueden ser sexys.

- ¿Qué te preocupa, Rosalie? ¿Qué valla a cobrarte el pasaje de avión? ¿Qué sea un completo idiota, que quiere curiosear sobre tu vida o…?- Mientras preguntaba, no dejó ni un momento de mirarme a los ojos, por lo que pude notar cuando estos se abrieron un poco más, en señal de triunfo- ¿O crees que soy un sicópata? ¿O tal vez un tipo, que cree que por tener mucho dinero puede comprar a la chica que sea, aunque esta no esté en venta?

Le sostuve la mirada sólo unos segundos más, para luego apartar la mirada y hablar con tono ácido.

- Realmente espero que no creas que te pagaré en carne, este favor…- Le dije en voz baja, para asegurarme de que nadie nos oyera- Tengo dinero, quiero y voy a pagarte en efectivo por este viaje. No importa la cantidad de ceros que pidas, sólo quiero irme de aquí.

Silencio.

- Sé que mi porte y rostro pueden parecer duros, pero no soy nada de eso que piensas… Me considero sólo un caballero que quiso salvar a una hermosa damisela en apuros, porque a pesar de que ella decía mentiras, su necesidad me pareció algo real- Emmett levantó suavemente mi rostro con su mano derecha y me obligó a mirarlo. En sus ojos vi que se sentía ofendido y me sentí de lo peor. Había tratado mal y desconfiado de la única persona que me había ayudado y que había confiado en mí, sin más- Dime, querubína. ¿Me equivoqué contigo?

- Lo lamento mucho, señor Cullen… Yo, pensé mil cosas. Los nervios me jugaron una mala pasada- Me sentí aplastada por el peso de sus palabras y las mías. Emmett era una de esas personas que son tan buenas que ponen todo de ellos para ayudar al resto, sin pensar en su integridad física y por lo mismo, cuando desconfías o dañas a una de ellas, es cuando te sientes la mierda más grande del planeta- Lo siento tanto…

- Ya tranquila, que no soy un hombre rencoroso- En eso, la compuerta se abrió y una azafata salió de ella, esbozando una gran sonrisa a Emmett- Buenos días.

- Buenos días, señor Cullen. El avión está listo para ser abordado- La muchacha me recordó a un cachorro que tuve cuando era niña. Después de traer la pelota, se me quedaba mirando con la cabeza gacha, esperando que le rascara por sobre las orejas y lo felicitara. Me pregunté por qué ella se comportaba así con él. ¿Es que acaso era un buen piloto, de gran renombre?

- Muchas gracias- El señor Cullen le sonrió de vuelta y me hizo el gesto de "las mujeres primero". Rodeé los ojos y avancé a paso firme, haciendo resonaron mis altos tacones azules por toda la plataforma- ¡Hey, Rose, espera!- ¿Me llamó "Rose"? ¿En qué momento le di la confianza para me tuteara? Me volteé y al hacerlo, vi que junto a él había un par de pilotos de la misma compañía y un grupito de azafatas- Estos amigos viajarán con nosotros y quiero presentártelos.

En las presentaciones, gastamos varios minutos y descubrí cuál era el propósito del viaje. Realmente, Emmett no era el dueño del avión, como yo ya sospechaba, sino que DeltaAirlines se los había facilitado a ellos para que regresaran a sus casas, ya que a pesar de estar en sus días libres, no tenían como volar hasta España junto a sus familias, por estar todos los vuelos copados. Todos fueron muy amables conmigo, por ser "una buena amiga de la familia Cullen" que viajaba a Madrid por un asunto de trabajo urgente.

Nuestro avión claramente no era un Jumbo, pero aun así teníamos todo un avión para nosotros, un selecto grupo de veinte personas. Al entrar y sentarnos en primera clase, algunos decidieron echar una siestecita a solas, acomodarse para leer, agruparse para jugar y chismorrear u otros, como Emmett y yo, nos sentamos bien apartados del resto para conversar sin ser molestados. Yo le debía una y él quería cobrármela.

- Bueno, aquí estamos. Yo cumplí con mi parte del trato y tú solo lo has hecho a medias- Mi acompañante se puso cómodo en el asiento y cruzó los brazos por sobre su cabeza- Sólo me dijiste tu nombre… Ahora, bueno- Consultó su reloj, un momento, antes de sonreírme- Dispones de poco menos de seis horas para contarme tu historia y convencerme de que volar junto a ti, es lo mejor que pudo pasarme.

Sus palabras hicieron que me relajara y me riera junto a él. Bueno, en algo Emmett tiene razón. Debía sincerarme con él, pero honestamente no sabía por dónde comenzar. Mi historia, mis razones y mis motivaciones no eran algo que uno suele contarle a los extraños, es más, es algo difícil de confiar incluso a tus seres más queridos, ya que cuándo se trata de reconocer tus errores y de cuán bajo has caído, nadie cuerdo se siente muy a gusto, pero… ¿Qué más da? ¿Qué es lo peor que puede hacer él? ¿Sentir pena por mí? ¿Creer que estoy loca? ¿Tirarme del avión y dejarme caer al océano Atlántico?

- No es algo feliz, Emmett… Ojalá pudiera decirte que la razón por la cual viajo es una estupidez, una nimiedad como son las vacaciones o por querer escapar de mi familiar, o del horrible de mi jefe… Pero no puedo- Mi voz sonó fría, monótona y sin sentimientos. Lo miré de refilón y me di cuenta que él se había agazapado en el asiento, prestándome atención y respeto. Lejos había quedado ya, el hombre que imitando a un niñato travieso se había burlado de mí- O sea, comienzo a trabajar en Madrid, la próxima semana. Me dieron un gran ascenso, pero como supones, este viaje fue improvisado… He debido irme antes de la fecha estipulada.

Estaba comenzando a meterme en mi historia, cuando la luz naranja se encendió, anunciando que debíamos abrocharnos los cinturones, porque el despegue estaba próximo a ocurrir. Suspendí mi relato para sentarme bien y asegurarme con el cinturón. Mi compañero hizo lo mismo, en silencio. Tuve miedo de seguir hablando, realmente me dolía y me costaba hacer esto. De repente, su cálida mano envolvió las mías que estaban juntas y sudando. Levanté la cabeza y lo miré, él lucía preocupado.

- ¿Sabes qué he estado bromeando contigo, cierto? No voy a echarte del avión, si no me cuentas tu historia- Me acarició suavemente las manos y me hizo sentir tan confortable, que por un momento olvide nuestro contexto, que él era un extraño y que viajaba hacia lo desconocido. Por primera vez, en mucho tiempo volví a sentir paz, volví a sentir que nada malo iba a sucederme, como cuando era una niña, antes del accidente de mis padres, claro está.

Yo lo miré y asentí. Tomé aire y me dispuse a obligarme a narrarle mi historia, mientras el despegue comenzaba. El estómago se me subió hasta la garganta y estuve con una sensación de mareo por unos cuántos segundos hasta que el avión se estabilizó en el cielo y comenzó a volar en línea recta, paralela al suelo. Las luces de advertencia, se apagaron.

- Rose, espera… Tal vez, he hecho las cosas mal y debería hablarte un poco de mí, primero- Me sonrió, al tiempo que se ponía en pie- Para que entres en confianza. Iré por una bebida. ¿Quieres algo?

- Un jugo- Tartamudeé, casi tan rápido como un reflejo. Él se dirigió a la parte de atrás de la sala y volvió al rato después, con nuestros bebestibles- Gracias.

- Mmm… Por dónde será mejor comenzar- Su pregunta no estaba dirigida a nadie en particular, por lo que le di un sorbo a mi jugo de durazno (melocotón) y decidí darle el derecho a arrepentirse, tal como él había hecho conmigo.

- Si no quieres, pues no me cuentes…- Le dije con tono serio, que lo preocupó hasta que me miró y me pilló riéndome por lo bajo.

- No, no, ya sé cómo empezar- Se removió en su asiento y tosió fingidamente- Mi nombre es Emmett Jerome Cullen. Tengo veintisiete años y he sido piloto de DeltaAirlines, los últimos tres años. Siempre fue mi sueño volar. Mis padres son ricos empresarios, que creen que yo soy la oveja negra de la familia, la descarriada, porque no quise estudiar abogacía, como ellos y paso mi vida así, volando. Conozco muchas partes del mundo, por los vuelos y porque a veces, ellos me hacen resolver algunos de sus asuntillos. También, tengo una…

- Espera un momento, déjame adivinar…- Titubeé un momento, mientras escogía las palabras adecuadas. Le dediqué una amplia y sincera sonrisa que lo encandiló- ¿Si eres un hombre rico? ¿Trabajas aquí como pasatiempo?

Emmett me miró con los ojos desorbitados y negó con la cabeza. Yo debía de haber entendido todo mal, si estaba equivocada. Le alcé una ceja, mientras bebía un poco más. Él miró el piso y apretó los labios. ¿Acaso mi pregunta tenía una respuesta difícil?

- Bueno, la verdad es que estoy encargado de todos los trabajadores de la empresa, soy el líder sindical- Me dijo bajando la voz y mirando por sobre nuestros asientos. No quería ser escuchado- No me gusta mucho contar esto, para que mis compañeros no crean que presumo con el puesto… Por eso, tal vez te podrás haber dado cuenta que todos me conocen y son demasiado amables conmigo. Logré esto por mi propio mérito. A mis colegas, les gusta mi forma de ser y la facilidad que tengo de hacer que las personas se sientan a gusto conmigo, aunque las intime, así puedo relacionarme con el personal nuevo y con los jefes de las distintas agencias nacionales e internacionales.

Yo me sonrojé un poco y esbocé una pequeña sonrisa. Así que él sabía que yo estaba demasiado cómoda junto a él.

- Jamás se me hubiera ocurrido. Estaba muy equivocada contigo, Emmett- Le acaricié el dorso de su mano más cercana a mí, unos segundos, hasta darme cuenta de lo que estaba haciendo, por lo que me paré en seco y regresé mis manos a mis jeans. Él me sonrió de forma traviesa y con un no-sé-qué distinto en sus ojos, que no pude descifrar, que hizo mis mejillas se tiñeron aún más de rojo. Mensaje equivocado- Lo siento, es que ya… Siento, cierta cercanía contigo. Creo que ya es mi turno de hablar. A menos que exista algo que quieras contarme aún…

- No, nada... He terminado- De un trago, se bebió la mitad de su Coca-cola, luego la dejó en el Posavasos, sin volver a mirarme- Así que si estás lista, te escucho…

Rememoré nuestra conversación y no pude encontrar nada incómodo o muy personal, que lo haya hecho ponerse a la defensiva, pero ahí estaba él. Esquivándome. Me sentí culpable, porque él solo me había regalado momentos gratos, por lo que tomé aire y comencé a hablar sin más rodeos.

- Mi nombre es Rosalie Lillian Hale, tengo veinticuatro años, trabajo para General Motors hace poco más de un año- Decidí que la mejor forma de presentarme, era imitar la suya. Eso lo hizo volver a ser el de antes y me miró con atención. Me sentí un poco cohibida por su mirada, pero no sé lo dejé saber. No estaba en mi naturaleza, mostrarme vulnerable frente a los hombre y él ya había visto suficiente de mí, para toda una vida- Me ascendieron a relaciones internacionales y clientes importantes, en la sede de Madrid. Aunque parezca una perfecta señorita, con uñas muy bien cuidadas, no me molesta ensuciármelas y me las he tenido que engrasar para revisar muchos coches en la fábrica. Soy Ingeniera en Mecánica Automotriz, graduada de Harvard.

- ¡Wow! Esa sí que es una sorpresa- Él no cabía en su asombro y yo, en mi orgullo. Mi título profesional era algo por lo que me había esforzado mucho, me lo había ganado y podía refregárselo a quién yo quisiera en su cara- ¿Tus padres que piensan de ello? ¿Están contentos o aterrorizados?

La garganta se me apretó y una lágrima negra, comenzó a formarse en mi ojo derecho, pero me la alcancé a limpiar antes de que escurriera por mi mejilla. Aun con la vista gacha, pude notar que Emmett se removía incómodo.

- ¿La he cagado, verdad?- Me dijo con la voz apesumbrada, al tiempo que una de sus manos me acariciaba inocentemente la espalda, por sobre mi ajustado top.

- No pasa nada, no es tu culpa… No tenías por qué saber que ellos murieron cuando yo era una adolescente- Mis palabras sonaron ahogadas y forzadas, pero no lloré. Había derramado tantas lágrimas que una más, no valía la pena- Tenía quince, yo y mi gemelo, claro.

- Eeehh… Siempre me pregunté que se sentía un gemelo, ya que solo tengo una hermana menor- Su voz me indicaba que él estaba tratando de desviar el tema, pero ya era tarde. Había comenzado a hablar de mi vida, como nunca antes lo había hecho y no quería detenerme.

- A mis padres los atacó un tiburón en un pequeño estuario en California. Nos quedamos con unos amigos de ellos, tras su muerte hasta que cumplimos los dieciocho y nos marchamos a la universidad- Me aclaré la garganta para poder hablar bien y ocultar su resequedad. Mis padres eran un asunto enterrado para mí, así que sacarlo a colación más de lo debido, no era recomendable. Era lo más resumido que podía contarle, además él no tenía por qué oír los detalles escabrosos.

- Eso es horrible, Rose… Lamento mucho haber sacado el tema. Debe haber sido muy difícil para ti- Sonaba genuinamente apenado e incómodo, claramente él no quería llevar la conversación a este punto- Ya no me cuentes más, si no quieres, no soy quién para obligarte a recordar esas cosas… De verdad, con tu compañía ya estoy pagado.

Sus palabras me hicieron sentir de maravilla y al contrario de su propósito, yo me sentía motivada a terminar de contarle mi historia, quería que él supiera la verdad… La verdad por la cual escapaba como una rata asustada de EEUU. Me senté derecha y le acaricié una mejilla y por primera vez desde que lo conocí, él se ruborizó.

- No me siento obligada por nuestro trato, realmente quiero hacerlo- Puse énfasis en la palabra "quiero", al tiempo que le dedicaba una sonrisa- Siento que te conozco desde siempre y que puedo confiar en ti… Eres como un gran y viejo amigo con el que me estoy reencontrando después de mucho tiempo. ¿Me dejas contarte el porqué de mi escape?

Él asintió levemente y se volvió para terminarse su bebida. Yo me bebí todo el jugo que me quedaba y le conté el capítulo más oscuro de mi vida.

- Tenía veinte años, cuando conocí a Royce King y creí que era el amor de mi vida. Fui joven y estúpida. Él era mayor que yo por dos años. Me conquistó al hacerme sentir única, especial y amada. Me prometió el cielo y la tierra… Y yo le creí- Me costaba pronunciar cada una de esas palabras, porque las llevaba grabadas a fuego en mi cabeza y en mi cuerpo- Él era muy celoso y eso me gustaba, me hacía sentir importante- Me reí fingidamente de pura rabia que la situación me daba- Paulatinamente, él fue mostrando su verdadero ser y me negaba a aceptar que había cambiado o que siempre había sido así, y yo no lo había notado.

Emmett tenía los labios apretados, debía estar sospechando para donde iba la cosa. En tanto yo, me sentía tan avergonzada que tomé una mala decisión, aunque en su momento me pareció mejor que hablar. Hoy vestía un top blanco y un bolero de mezclilla. Me senté en la orilla del asiento, para poder sacarme el bolero.

- ¿Te dio calor?- Él se mostró extrañado y buscó el botón del aire acondicionado. Pobre… Aún no lo pillaba. Con mi mano derecha, cogí la suya y la aparté del botón. Emmett miró mi mano e hizo una mueca de incomprensión- ¿Qué es eso que tienes en la muñeca? ¿Marcas de dedos?

- ¿Qué más puede ser? El sado no va conmigo- Intenté hacer un chiste sexual para desviar el tema, pero la mirada con la que mi compañero de asiento me fulminó, borró la sonrisa de mi rostro- Te mostraré algo, pero eso no significa que quiera ligar contigo.

- Rosalie, no…- Cuando me iba a levantar el top, miré a Emmett. Él tenía los ojos enfurecidos y los dientes apretados. Me asusté y me aovillé en mi asiento, poniendo distancia entre nosotros. Esa expresión, esa cara, esa emoción…

- ¡Perra!… ¡Te vistes como una perra! ¡Sólo yo, debo poder ver tu cuerpo!- Me gritó Royce, al tiempo que me daba un fuerte puñetazo en la mandíbula. Esa noche, no sentí dolor, porque perdí la consciencia al primer golpe.

- Rosalie, tranquila. Yo no voy a hacerte daño- Él susurraba con las manos alzadas y el rostro lleno de dolor. Me dejé llevar por el dolor un instante y me arrojé a sus brazos, Emmett me envolvió con su cuerpo y volví a encajar a la perfección sobre su pecho. Me sentí a gusto y protegida, lo cual no estaba bien… Porque no sabía si volvería a ver a ese hombre, no sabía si él sentía las mismas cosquillas que yo o si él tenía novia- No es necesario que me muestras nada más… Puedo imaginarme lo que ese imbécil te hizo y con eso es suficiente. Si estuviéramos en el país, créeme cuando te digo que ya habría averiguado donde vive y lo hubiera estrangulado con mis propias manos.

- No, no, no… Eso no es necesario, Emmett. Nosotros terminamos y él no sabe a dónde voy… Ayer fue la última vez que me tocó- Casi escupí las palabras por el asco y las náuseas que su recuerdo me causaba. Levanté la cabeza y descubrí que el hombre increíble que me estaba acunando, tenía los ojos vidriosos- No te ensucies las manos… Él ya no puede hacerme daño.

- Es un maldito mal nacido, Rosalie… Se atrevió a profanar el cuerpo de una mujer con sus estúpidas manos. Me pongo en el lugar de que algo así le pasara a Alice… Yo… Yo sería capaz de matar al que le pusiera un dedo encima. ¿Cómo tu hermano no hizo nada?- Me dolía el pecho, porque Emmett me estaba abrazando muy fuerte, como si quisiera afirmarme para que no me deshiciera en pedazos, pero no me atreví a decírselo. Sólo quería que se calmara. Esta no era su guerra.

- Él no lo sabía, hasta hace un par de meses… Cuando lo supo, fue hasta Rochester y lo amenazó que me dejara en paz, pero cuando mi hermano volvió a su hogar, Royce volvió a venir por mí. Tenía tanto miedo de que le hiciera algo a mi cuñada o a mi sobrina, que volví con él… Pero ya no quiero hablar más de él, por favor estoy cansada- Le supliqué, mientras un par de lágrimas traicioneras abandonaban mis ojos y se aventuraban mejillas abajo.

- No te preguntaré nada más… Sólo relájate y olvídate de todo… Durante las próximas cuatro horas, tú y yo, somos los únicos seres en el universo. Te mantendré a salvo hasta de tus pesadillas- Inesperadamente, se inclinó sobre mí y me besó en la coronilla- Estás a salvo, querubína. Nada puede hacerte daño… Nadie puede tocar a un ángel.

El momento era perfecto, quizás el más romántico sin amor de toda mi vida, ese con el que soñé desde que era una niña y como sabía que las palabras incorrectas lo arruinarían, preferí callarme. Me acurruqué junto a él, dejándome envolver por su calor, su paz y sus promesas, porque en el ahora, todo eso era factible y real. En el ahora… El mañana no importa.

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Respuesta a reviews: Gracias Selena16 y B. McCarthy, por ser las primeras en comentar mi historia, aunque no tengan cuenta. Sus mensajes me alegraron el día no saben cuánto! (Respondo todos los reviews por PM! Si no tienen cuenta, lo haré en el capítulo siguiente. Gracias por su apoyo!)

Bu! No alcancé a colgarla antes de que dejara de ser lunes : P

Lo siento, es que la edición me tomó más tiempo del presupuestado. Ojalá les haya gustado este capi, en el que podemos ver cuanto a sufrido Rose y lo bueno que es Emmett, aunque... Alguien se fijó en el título del capi? Alguien sospecha de quién no esta siendo sincero aquí? Estas y las interrogantes formadas en el capítulo anterior, se irán acumulando a través de esta historia, porque de eso se trata... De los secretos, que ocultamos por amor. Así que si les gustó, dejénme un review para yo me entere. Gracias por leerme y nos leemos el próximo lunes...

Aullidos desde Chile...

Os quiero...

Kali

PD: No me he olvidado del fic de Jake y Nessie, pero mi novio estuvo muy enfermo la semana pasada y me la pasé cuidandolo, así que no tuve tiempo para escribir nada. Si no me salen contra tiempos, les subiré el primer capi esta semana. Por ahora, les adelanto que se llama "Supernova" y les dejo el summary.

Ella es una cotizada cantante de Hollywood; él su guardaespaldas personal. Ella está infelizmente casada con un guapo multimillonario; él está soltero, pero con amigas especiales en diferentes ciudades. Para ella, él es su mejor amigo; para él, ella es su amor imposible. Como el mundo gira, hizo que su caminos se cruzaran y que no pudieran vivir el uno sin el otro... Aunque esto, ellos aún no lo saben.