Reto de Itara: "La rebelión de los Ukes" Knb

Kise, Kasamatsu.

Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.

Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

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Por favor, senpai...

Capítulo dos: Revancha.

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Como concentrarse en clase.

No podía.

En su mente una y otra vez lo mismo, iba a acostarse con Kise.

Aún quedaban un porrón de horas para que eso sucediera, pero los nervios no le dejaban pensar con claridad.

Solo podía pensar en él y el rubio, follando como monos en un hotel mas o menos normalito.

Imaginaba una docena de situaciones, diferentes, de lo mas eróticas que su mente de adolescente le podían pintar, pasando a cámara lenta mientras el profesor les daba la brasa con temas que no usarían jamás en la vida real.

Por el rabillo del ojo podía verle, a un lado , mordisqueando un lápiz despreocupado.

Para él no debía ser la gran cosa montártelo con un compañero, pero para el moreno era un maldito acontecimiento.

A él no le ponían los tíos, nunca se había sentido atraído por ninguno...pero Kise, joder, el rubio jugaba en otra liga, y él sin darse cuenta hasta ese momento... genial.

Señal de cambio de clase, conversaciones insípidas, aburrimiento extremo.

Bla, bla, bla bla,... profe en clase, repetir el ritual: levantarse, saludar, sentarse... pasar lista...

¿Y ahora que toca?...ciencias...

Solo una vez, ese había sido el trato. Se puso tan pesado que ya no sabía como decirle que no... pero que cojones, le había gustado.

No distaba mucho de las tías que se había tirado hasta ese momento... bueno, eso no era cierto del todo.

Kise era un puto fenómeno desnudo.

Nunca en su vida se habría planteado que mirar el rabo de otro tío le darían ganas de llevárselo a la boca, mordisquearlo, lamer, chupar... Ni siquiera el suyo le entusiasmaba lo suficiente como para dedicarle mas atención de la necesaria.

Vaya mierda.

Por un momento pensó en como sería poder tirarse al rubio sin una promesa de por medio.

Sonaba estupendo, aunque no le pareció que fuese a pasar.

Eran compañeros, amigos, y ahora ¿amantes?... ¡venga ya!

Sería solo esa vez, y ya. Como si la vez anterior no contara para nada Kasamatsu pasó el resto de las horas de clase mirando en el infinito, con la mente puesta en la bragueta del rubio como si no hubiera un mañana para él.

Entrenamiento, sudor, jadeos, carreritas. Imaginando ese paquete encerrado en los pantalones, ese trasero respingón empujando contra sus caderas, entrando tan a adentro como el cuerpo le dejara.

Eso no era de ayuda.

Su mente seguía en las nubes, tanto y tan lejos que el maldito basket solo era un estúpido entretenimiento insípido en sus pensamientos.

Fin del entrenamiento.

Charla del entrenador, ducha y a la calle.

Camina junto al rubio, por inercia, sin preguntar a donde van.

No le importa, solo quiere llegar de una puta vez y terminar con todo.

Pasan de largo el desvío de la zona de hoteles y siguen calle abajo.

Sus ojos hacen la pregunta lógica antes que sus labios; Kise sonríe antes de responderle nada.

– Vamos a mi casa. – Señala el camino de sobra conocido por el moreno. – Si voy contigo a un hotel va a meternos en un lío, pero si te ven entrando a mi casa no será tan raro. Has venido mas veces, nadie sospechará.

Kasamatsu asiente. Acelera el paso, ahora si que quiere llegar.

– Mis padres no vuelven hasta las nueve. – Mira la hora, son la cinco.

La simple idea de pasar cuatro horas follando con él se le hace imposible. No sabe si aguantará una ronda, como para soñar con hacerlo durante tanto tiempo. Su culo no lo soportará, y mañana tendrá que quedarse en casa; a ver que excusa se inventa.

Es curioso que en lo piense es en buscar una excusa y no en lo que le tenía preocupado horas atrás.

Ni siquiera coloca sus zapatos cuando entra, ni su mochila en el suelo le parece un problema.

Sigue los movimientos de Kise por el cuarto. Su habitación le parece desconocida e intimidante y eso que ha estado ahí un millón de veces.

– Quítate la ropa. ¿O quieres hacerlo vestido? – No sabe por qué su voz le suena demasiado profunda, nerviosa.

Las prendas pesan, las quiere fuera del cuerpo ya, aunque no puede dejar de mirarle a él, como sus manos van sacando su propia ropa con prisa.

Aparta las sábanas, y pone una toalla extendida. Busca en el cajón los condones y un tubo que Yukio no quiere saber que es aunque lo intuye.

Por un momento el pensamiento de la cantidad de chicas que han pasado por esa cama le abruma, pero decide centrarse en lo que le ocupa.

– Senpai … – Le guía, sobre el colchón.

Parece mentira que esa palabra le ponga tan cachondo. Si siguen así, cada vez que le llame así se le pondrá dura, y no le supone mucho problema.

Desnudo sobre su cama desvía la mirada. La estantería a un lado le parece de lo mas interesante, aunque sus pensamientos se van a dar una vuelta cuando el rubio decide chupársela sin decirle nada.

Está claro que Kise no va a echarse para atrás, está mas que decidido a montárselo con su senpai, y no por devolverle la pelota por el polvo anterior.

Quizá por los nervios del momento, y por la luz de la tarde iluminando todo, absolutamente todo lo que alcanzaba a la vista, su polla no respondía como debería.

Kise entiende; está asustado.

Es normal, no es lo mismo cuanto es tu culo el que va a ser taladrado, y la primera vez siempre, siempre, es un poco inquietante y curiosa.

El modelo se afana, en alegrarle el trance.

Chupa por todas partes, cabeza y pies. Sus testículos pasan por su boca, y sus dedos vuelan enroscándose en la punta, moviendo arriba y abajo, hasta que le arranca un suspiro.

Es un buen punto de inicio, pero no se acerca a lo quiere.

Quiere que grite, de puro placer como una maldita perra con su polla llenándole el trasero.

Él lo hizo. Kise disfruto cada segundo de ese polvo que compartieron y de un modo egoista, quiere devolverle el favor.

Gatea entre sus piernas abiertas, quiere un beso.

Su lengua se desliza dentro de la boca contraria. Un beso ardiente, que llena sus labios impidiendo cualquier queja. Un dedo dentro de su trasero y ni se ha enterado del movimiento del rubio.

Yukio le sigue, sus besos son demasiado como para seguir cuerdo. Mueve sus caderas, inconsciente, arriba y abajo, se frota, ¡oh, sorpresa!, contra el pene duro y desafiante del rubio.

Es grande, duro, caliente, resbaladizo y suave.

Kise toma su mano y la guía al centro de su deseo. Kasamatsu se sorprende por el tacto. No es la suya, pero está igual de cachondo.

Si no fuera por que su cabeza no piensa en nada mas, descubrir que se le ha puesto tan dura con un par de besos sería para hacerle un diploma y enmarcarlo.

– Date la vuelta, es mejor para ti. – No sabe por que coño asiente a la petición, ni mucho menos por que la simple postura de estar a cuatro patas en la cama ajena le pone mucho mas cachondo de lo que está.

Kise no ha sacado el dedo, al contrario, lo mueve una y otra vez, acompañando el gesto con el cambio de posición para no perder el ritmo.

Desde esa nueva postura se atreve a bajar la cabeza y mirar entre el hueco de sus piernas hacia atrás.

Ve su pene, hinchado y deseoso de contacto, y el de Kise, un poco mas atrás.

Es curioso como pueden ser tan diferentes.

La suya es regordeta, larga hasta la punta, oscura y de color cereza, con una vena sinuosa que cruza hasta perderse en el vello íntimo.

La del rubio es clara, punta sonrosadita, como un caramelo que quiere llevarse a la boca hasta llenarle la garganta.

Piensa en ello mientras Kise batalla con el condón. Gira la cara y le ve, perfectamente en el espejo del armario. Ve su cara seria, concentrada en colocar la goma alrededor.

Sigue sus movimientos, pinzar la punta, deslizar el preservativo por toda la longitud.

¡joder! tiene que morderse el labio para no pedirle que se de prisa.

Kise le mira, de rodillas sobre su cama. Estudia su espalda, sus piernas... ese culo en pompa, ese agujerito tan incitante.

Descarga un chorro, generoso, del bote y mete dos dedos de golpe.

Kasamatsu se tensa, hasta el límite de sus músculos, y se deja caer, solo la mitad del cuerpo hasta que su cara se posa en el colchón y solo su culo queda mas alto que el resto de su cuerpo.

– Yukio... coge aire. – Nota sus manos, separar sus nalgas, la presión de la punta del miembro ajeno en el borde de su ano y una sensación totalmente nueva.

Kise empuja, cortos movimientos. Se muere por embestirlo, pero esa primera entrada tiene que ser lenta, o le cogerá miedo al sexo y no habrá manera de convencerle para repetir en otro momento.

Por qué si... piensa tirárselo muchas mas veces, muchas. Y también quiere hacerlo al revés, repetir esa primera vez entre ellos, aunque fuera tan … bueno, tan rara.

Los cortos empujes dan sus frutos, y aunque Yukio no ha hecho ni un solo movimiento mas allá del tembleque involuntario de su cuerpo, tampoco se ha quejado, eso es buena señal.

Sale un poco, y vuelve a meterla; no hay quejas.

Otro empuje, un jadeo... bien.

Las manos en sus caderas aprietan, manteniéndole en vilo mientras es despacha a gusto. Si consigue que lo disfrute podrá ir un poquito más rápido.

Moverse así está bien, está dentro y le aprieta, pero quiere ir mas rápido, mas fuerte, mas de todo.

Comienza a masturbarle, al mismo ritmo que sus embestidas.

Una y otra vez, Yukio le acoge en su interior con menos fuerza. Va estirándose al ritmo que la tensión inicial es cambiada por un regusto placentero.

Sin darse cuenta va moviéndose en contra del modelo. Sus nalgas chocan con ganas contra sus caderas y lleva su propia mano a la del rubio, marca el ritmo que le resulta mas maravilloso.

Siente el calor en su vientre, en el trasero, por dentro, por fuera, por todo el cuerpo.

Yukio se corre primero, con ganas, tensando el cuerpo hasta dejarlo duro en todos sus músculos.

Chorrea sobre la toalla, ahora entiende por que la ha puesto ahí.

Pero no quiere pensar en ello, y menos cuando Kise ha cogido velocidad y le embiste tan fuerte que está a punto de perder el equilibrio.

Entra tan profundo y tan a lo bestia que las ganas de gritar no le parecen tan descabelladas a estas alturas.

Las manos se cierran en sus caderas, no le deja moverse ni un momento, no mientras se corre dentro de él.

Kasamatsu se deja caer en cuanto Kise afloja la presa de sus dedos.

Rueda de costado, hasta quedar cara a cara con él.

Sudorosos, jadeantes, estallan en risas.

– ¿Te duele?. – roza sus caderas, con la punta de los dedos.

– No, no mucho... – Baja sus ojos, lleva sus dedos al condón, y se lo quita.

Se levanta sobre un codo y busca el paquete; saca otro.

– ¿Repetimos? – Sacude el saquito ante sus ojos, Kise no puede borrar su sonrisa.

– Solo si dejas que te monte. – Se lo quita, y señala al pene del moreno, aún morcillón pero despertando a sus palabras. –...senpai...

Kise se coloca sobre sus caderas, le arrebata el condón, lo sujeta con los dientes.

¡Que sexy!... y que manera de follarle... aún le vibra el cuerpo entero.

Ahora no entiende por que le tenía tanto miedo... ha sido una pasada. Y por supuesto que quiere repetir.

¡Ah, bendita juventud!

Mira el reloj sobre la mesilla, sonríe.

Les quedan un par de horas y mas de media hora, y una caja enterita de condones...

Energía de sobra.

Ya pensará después sobre ellos, o sobre su relación.

Ahora lo único que quiere es tirarse al modelo hasta dejarle sin sentido...

El resto, pues queda para la cancha... o para la cama contraria.

Lo que les pille mas cerca.

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Fin... por fin.

Gracias por leer y comentar y espero que os haya gustado.

Besitos y mordiskitos

Shiga san