II

Se ha convertido en un ritual. Después de un caso difícil, Beckett regresa sola a su apartamento, abre una botella de vino y se acurruca en el sofá con una manta y un libro. La manta le ayuda a olvidar que no hay nadie a su lado, y el libro, a no pensar en el porqué de esa situación. El vino... el vino le da coraje para enfrentarse a sus palabras.

Hace varias semanas que su vida dio un vuelco inesperado. Todo iba bien: las cicatrices no eran sino meras líneas en su piel, y su compañero estaba a su lado para hacer que su corazón latiera tan fuerte que la lesión de hacía un año parecía un mal sueño. Y un día, todo cambió. Castle dejó de sonreír, de hacer bromas y hasta de llevarle café. Y su corazón volvió a ser el órgano maltratado y herido de siempre.

Desde entonces, Kate se acuesta cada noche con sus palabras en la mente. No las que le dedica en persona, pues esas son más difíciles de obtener estos últimos días, sino las que están impresas sobre el papel. En lo más profundo de su mente, Kate es consciente de que releer sus obras completas no va a ayudarle a superar el bache que atraviesa su relación, pero por lo menos, le sirve de consuelo. Además, sumergirse en las historias que tan vívidamente se reflejan en sus novelas le permite no pensar en las palabras que él le dedicó en ese cementerio hace ya tantos meses, y que todavía hoy está casi convencida de haber soñado. Te quiero, Kate.

Durante un tiempo, Kate quiso creer que el escritor las decía en serio, que una vez superase el trauma de la muerte de su capitán, su propio intento de asesinato y todo lo que conllevaba, podrían estar juntos por fin. Pero ahora tiene claro que eso no va a suceder. Lo que no esperaba era la aguda punzada de dolor que sintió al ver a Castle con una azafata rubia del brazo, sabiendo que habría muchas otras detrás de ella. ¿Cómo lo había expresado Castle? "Divertida y sin complicaciones". Exactamente lo opuesto a Kate.

Sacudiendo la cabeza para despachar las palabras de Castle de su mente, decide sustituirlas con las escritas sobre el papel. Al encaminarse hacia el sofá, recuerda que anoche terminó una de sus novelas, por lo que le toca empezar la siguiente: Storm's Last Stand, la última novela de Derrick Storm.

Al acomodarse bajo la manta, Kate siente cómo la melancolía desciende sobre ella al recordar que se trata de la última aventura de Storm, la novela que presentó Castle el día en que se conocieron. Sin permitir que el sentimiento se apodere de ella por completo, abre el libro, y se queda de piedra al ver algo escrito en la página de la dedicatoria. No es el ejemplar que le regaló Castle al terminar su primer caso juntos, pues ese ardió junto con el resto de su estantería. No, este se lo regaló el propio escritor tiempo después, y Beckett recuerda claramente la tristeza que sintió al abrir este mismo libro y encontrar un espacio en blanco donde solía haber una dedicatoria manuscrita. Y sin embargo, allí está otra vez, aunque las palabras son diferentes, y la caligrafía menos precisa, como si las hubiera escrito con mucha prisa.

Al leer las palabras, su corazón se para, y tras unos instantes, vuelve a latir con renovadas fuerzas.

"Cuando terminé esta novela, pensé que no sería capaz de escribir nunca más. Entonces llegaste tú. Quiero que sepas lo mucho que te admiro. Quiero que sepas lo mucho que te debo. Quiero que sepas lo mucho que te quiero."

No sabe cuándo lo escribió, pero debió ser en algún momento del último año. Y puede que su situación haya cambiado, pero ver las palabras sobre el papel le inspira una confianza que no sentía desde hacía mucho tiempo. Quizá no todo esté perdido.

Sin pensarlo un momento, coge sus llaves y la novela, y sale del apartamento. Para ser dos personas que hablan tan a menudo, nunca se les dieron bien las palabras entre ellos. Esta noche, eso por fin va a cambiar.