No crean que renuncie tan rápido xD
La verdad son días ocupados, probablemente éste actualizando siempre por estas horas.
Gracias por prestarle atención a esto, por sus comentarios, favs, follows, y todo.
De todos modos, espero lo disfruten, nos vemos mañana. :3
Un arbusto le picaba en las costillas, pero no se movió. Si hacía un solo ruido corría el riesgo de que la descubrieran espiando y a saber qué podrían hacerle, así que las observaba desde lejos. Todo era tal como se lo había imaginado; mujeres bailaban alrededor de un fuego crepitante lanzando palabras raras al viento, con sus sombreros en punta y sus vestiduras estrafalarias.
Definitivamente, había que avisar al pueblo de esto. Comenzó a hacer anotaciones y dibujos en unas hojas que llevaba con ella, era complicado en esa posición, pero debía documentar con exactitud lo que había visto o no le creerían.
Observó con cuidado los rostros de aquellas mujeres por si acaso alguno le resultaba familiar y, para su sorpresa, distinguió a algunos que ella había pensado, eran aldeanos comunes. Si los veías de lejos no tenían nada de especial, sin embargo, en esos momentos algo siniestro aparecía en sus rostros y procuró anotar cada nombre, dibujar cada rostro.
Dejó caer las hojas sintiendo que tapaban su boca y halaban de ella hacia atrás. Lo primero que pensó fue que estaba pérdida, seguramente iban a callarla de alguna u otra manera. Su instinto de supervivencia le gritaba que saliera corriendo, que ya nada importaba.
—No te muevas, Bonnie, soy yo.
Esa voz la tranquilizó. Conocía bien a la persona en cuestión. Habló una vez que destapó su boca.
—Me asustaste —le recriminó en un susurro.
Ella hizo una seña para que guardara silencio.
La tomó de la mano y Bonnie recogió sus apuntes antes de seguirla fuera de aquel lugar. Agradeció que Marcy fuera siempre tan sigilosa, casi como un gato. Se fue deteniendo cuando todavía iban a mitad del bosque.
— ¿Qué pasa?
La miró extrañada.
— ¿Qué haces aquí, Marcy?
—Vine por ti.
— ¿Cómo supiste donde estaba?
—Te conozco —dijo con simpleza.
Bonnibel seguía sin moverse y Marceline comenzó a tirar de ella sabiendo que el ritual concluiría pronto y no podían encontrarlas ahí, sobretodo a Bonnie.
—Date prisa.
Era demasiado tarde, supo que si no se escondían, las iban a ver y decidió entrar en el hueco de un árbol, en cuclillas, abrazando a la chica con su cuerpo.
— ¿De verdad viniste solamente por eso? —preguntó sin mirarla.
—Sí. Estoy aquí por ti.
No era mentira, pero estaba evitando a toda costa la pregunta indirecta de Bonnibel. Ella no era tonta y seguramente intuía que no era toda la verdad, sin embargo, no dijo nada y se acurrucó más entre sus brazos dándole un beso en la clavícula.
—Confío en ti.
—No voy a decepcionarte.
—Lo sé.
De todos los rostros dibujados en sus hojas, sabía que al final faltaría uno, aquel que no estaba dispuesta a entregar jamás.
