Disclaimer: Canción de hielo y Fuego no me pertenece. Todos los derechos reservados a George. R. R. Martin.


2

El drama familiar que había causado Robb había tenido unas cuantas consecuencias buenas, una de ellas siendo el secretismo de la relación de Jon. Estaban todos tan ocupados sacándole los trapos sucios a Robb que nadie notó los cambios de Jon. Nadie excepto Arya, por supuesto, y Rickon, aunque eso fue un accidente.

Aunque tenía diez años y se suponía que era un niño mayor, todavía tenía la costumbre de entrar a las habitaciones de sus hermanos y robarle cosas, como un pirata. Debido a los gritos y coñazos que le daban sus familiares cuando se enteraban, el pequeño se aseguraba llevarse sólo cosas que fuesen insignificantes, y lentamente acumularlas. Por ello, tenía varios collares de Robb, unos cuantos lápices labiales de Sansa y sus pintauñas, CDs viejos de Arya y hasta tuercas de la silla de ruedas de Bran. Ese día tocaba, en efecto, agarrar algo de Jon.

Su habitación, que había quedado solitaria debido a su partida a la universidad, estaba al final del pasillo, casi un ático, y Rickon se aseguró de que nadie lo viese antes de entrar. Como Jon estaba en prácticas de natación, tenía el acceso libre. El cuarto estaba pobre de cosas, con la vieja cama del muchacho pegada a la pared, un ropero y unos cuantos poster olvidados en las paredes. Rickon examinó con cuidado el ambiente, buscando algo pequeño pero divertido para quitar. Los gabinetes estaban vacíos excepto por unos cuantos bóxer olvidados, los poster eran aburridos y la cama, desaliñada. Rickon se tiró en ella, frustrado, y no fue hasta que se recostó encima de la almohada que notó la cosa dura que estaba debajo.

Al sacar el teléfono, él sintió una codiciosa avaricia que fue reemplazada por su sentido común. Si se llevaba el objeto más importante de su hermano le caería un infierno encima, especialmente con Jon tan irritado. Por ello, se dedicó a encenderlo, preguntarse por qué lo había dejado atrás y ver la pantalla bloqueada. Aparecieron varios mensajes en ella, y todos venían de la misma persona.

Yggrite – 0230

mañana te voy a buscar? Rider me dio día libre ;)

Yggrite – 0235

jo-der respondeme. Val me está ofreciendo irnos a una charla naturalista todo el dia

Yggrite – 0237

CARAJO JON.

Yggrite – 0240

vete al carajo. Quiero ver con quien tendras sexo estos dias, porque te jodiste conmigo

Rickon comenzó a reír, mitad cautivado por la mención del sexo (ah, próxima pubertad) y mitad sorprendido por los mensajes que esta persona le estaba enviando a su medio hermano. Ni siquiera tenía la certeza si era una mujer u hombre.

«Yggrite.» El nombre se mantuvo en sus labios incluso al día siguiente, cuando Jon lo fue a recoger a clases de karate para llevarlo a casa. Rickon tenía la palabra en la punta de la lengua, lista para ser lanzada a Jon de forma burlona, pero se detuvo al mismo tiempo que Jon aparcó en frente de unos edificios.

—Voy a dejar a una amiga cerca de casa. Compórtate.

Le lanzó una mirada penetrante, pero al mismo tiempo le alborotó el cabello, y Rickon agradeció conservar a su hermano, aún en la batalla sin cuartel que era su familia. No pasaron más de treinta segundos antes que la puerta del copiloto se abriese, y por un segundo Rickon pensó que era Sansa, con ese cabello rojo fuego lleno de bucles.

—¡Hola! —saludó la muchacha de nariz respingada, volteándose para sonreírle al niño. Y, sin más preámbulo, Rickon lo supo.

—Hola, Yggrite.

El carro quedó en completo silencio, mientras Jon miraba a Rickon con alarma e Ygritte alzaba las cejas.

—¿Quién te lo ha dicho, Rickon? —el niño se dio cuenta que Jon en verdad no quería poner su relación con Ygritte en la mira, la relación que tuviese, y que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para callar a su hermano. Cualquier cosa.

Rickon, temeroso de ese brillo rabioso en los ojos de Jon y de su bien físico, dijo lo primero que se le vino a la mente.

—Arya —escupió las palabras como si le quemasen, y el gruñido de Jon le confirmó que la menor Stark sí sabía de esa... situación. Rickon se encogió en sí mismo, mientras Ygritte le hablaba sobre unas cosas extrañas naturalistas y el cuidado del ambiente.

Al final, Jon le gritó a Arya, Arya le gritó a Jon, ambos le gritaron a Rickon y tuvieron que separarse luego de darse los obligatorios zurrazos. Jon le contó al chiquillo que Robb también conocía a Ygritte, pero que quería mantenerlo en secreto porque había demasiada tensión en la casa y su novia no merecía eso. Le hizo jurar, jalándolo de la pata de la oreja, que no le iba a decir nada a nadie más, y fue tan convincente que Rickon no abrió nunca su boca sobre el asunto, y se aseguró de enviarle un cactus a Ygritte cada cumpleaños desde entonces.