Disclaimer: Dragon Ball Z y sus personajes desde luego no me pertenecen. Éstos corresponden únicamente a su autor Akira Toriyama y éste se trata de un fic sin ningún otro ánimo que no sea el de entretener.


La caída del ídolo


Gokú no había podido quitarse la horrible sensación del pecho que le dejó la pelea con Chi-Chi antes de irse. No podía decirse que él se sentía siempre así de mal cuando tenía sus discusiones con su esposa, pero ahora en especial no podía quitársela de la cabeza. Quizás se debía a la culpabilidad que le ocasionaba el que ella le reclamara su abandono y su falta de demostraciones de afecto.

Cuando un golpe le dio de lleno en la quijada y posteriormente una rodilla le sacara el aire regresó a la realidad. Se alejó lo más rápido que pudo de su atacante, asombrado por haberse distraído de esa manera ante Uub.

—¿Señor Gokú le sucede algo?—preguntó el moreno dubitativo. —Aunque no me haga muy feliz decirlo, no es usual que le atine algún golpe—agregó riendo con algo de nerviosismo. El guerrero quiso sentirse contagiado por su humor, pero fue incapaz de conseguirlo.

—¿Te gustaría ir a cenar a mi casa Uub?—ante tal ofrecimiento el chico calló de inmediato. Le parecía extraño que su maestro le soltara una invitación así de la nada, y después de estar tan distraído.

—¿No será molestia?, no me gustaría causarle problemas con su señora…—para Uub no era secreto que no era santo de la devoción de la esposa del guerrero. He incluso en algunas ocasiones su madre le había reprochado el acaparar por completo el tiempo del saiya, dándole a entender que él hombre tenía obligaciones para con su familia. Jamás se atrevería a juzgarlo, pero le asombraba la manera que tenía para desligarse de todas sus responsabilidades.

—Claro que no Uub, además tú no conoces mi casa y yo si me la he pasado en la tuya, ya es hora de que conozcas a Chi—Gokú tenía la esperanza que el presentarlos, pudiera ser algún aliciente para que su esposa dejara de lado el rencor contra un desconocido. —Debes de probar su comida, conocerás la razón por la que como tanto—añadió riendo como tonto. El muchacho río también aunque algo forzado.

Gokú estaba convencido que Chi recuperaría el buen humor cuando regresara como lo prometió—algo más temprano—y por si las dudas le llevaría unas flores como tanto le gustaban. Con rapidez descendió de la considerable altura a la que se encontraba y arrancó algunos ejemplares del césped que le parecieron bonitas. Hecho esto, unas disculpas y una sesión de entrenamiento nocturno y estarían como si nada.

—Uub acércate, voy a usar la teletransportación—señaló con voz un poco autoritaria, el chico de piel oscura obedeció y colocó su mano en la espalda de su mentor. Gokú se concentró buscando el ki de su mujer para llegar cuanto antes; pero cuando no lo encontró sufrió una angustia indecible.

Intentó calmarse, quizás estaba muy lejos.

¡Sí!, tal vez se había molestado con él, y se fue a la casa de su padre. Se esforzó un poco más y distinguió el ki de su suegro.

—Quizás con Gohan—pensó de nuevo desintegrando los delgados tallos de las flores entre sus manos herméticamente cerradas. Lo encontró sin problemas, y quiso golpearse hasta el cansancio el rostro. La mirada asombrada de su alumno no se dejó esperar, preocupado por el repentino porte asustado y confundido de su maestro.

¿Qué tan lejos pudo haberse ido?, mucho quizás…¿la habrán secuestrado extraterrestres?

Mentira, él era capaz de localizar ki incluso a planetas de distancia. Abrió la mano dejando escapar los añicos de las plantas hasta llegar al suelo. Pálido como una hoja no pensó más y emprendió el vuelo, a la mayor velocidad que era capaz. El muchacho sin entender razones, solo atinó a seguirle a duras penas, porque Gokú viajaba a una velocidad difícil de igualar.

—¡No puede ser!—gruñó rabioso, siendo alcanzado a escuchar por su acompañante. Sentía tanto miedo, sabía lo que significaba no sentir un ki, ¡por Kami-sama! era lo primero que le enseñaron respecto a la energía. Todos los seres vivos poseen un ki, o lo que es lo mismo la energía vital.

Solo los muertos no la tenían.

El guerrero sentía por primera vez en mucho tiempo verdadero terror. ¿Quién se había atrevido a lastimar a su delicada esposa?, ella debió de haber luchado hasta el final para defenderse. Deseaba tanto equivocarse, ella era fuerte, la mujer más fuerte que había conocido.

Era la suya.

Durante algunos minutos que se le antojaron eternos, divisó por fin la montañita dónde vivían y se le fue el alma del cuerpo al encontrar la puerta abierta. Aterrizó en el suelo, y entró como poseso a su hogar.

Nada, definitivamente nada, lo tendría lo suficientemente preparado como para ver eso.

Ahí estaba Chi-Chi, tirada en el suelo, a centímetros de la cocineta, con los ojos bien abiertos y la cara chorreada de lágrimas. Sin embargo no se trataban de sus bellos ojos color negro que lograban cautivarlo. Se veían opacos, y helados. El hombre con un hueco en el pecho, se lanzó de rodillas al suelo, alzándola con cuidado entre sus brazos.

—Chi…—murmuró temblorosamente el hombre tomando su delicada cara entre sus poderosas manos. Su cabeza se fue inerte hacia atrás, siendo detenida únicamente por su delgado cuello, poseedor de una palidez fantasmal. —Chi…estás muy fría…—agregó moviéndola un poco, esperando que despertara y acariciara su rostro con la misma ternura de siempre.

El joven había permanecido congelado en la entrada, atónito por la escena que se desarrollaba frente a sus ojos. ¿Cómo podía estar pasando algo como eso?, jamás se le hubiera ocurrido que él estaría presente en una situación como esta.

Nunca, jamás en su vida había visto a Gokú tan descompuesto. Y claro que entendía el porqué, después de todo era su esposa. Sin embargo el verlo era algo que le destrozaría el corazón a cualquiera. Había que mirar la expresión desamparada que tenía el hombre más fuerte del universo, aquel que nunca tenía miedo, ni se lamentaba las peores golpizas.

—Chi…—llamó por tercera vez con un dolor cada vez más notorio en sus palabras, las cuales arrastraba. Enterró los dedos en su cabello lacio, y de sus ojos comenzaron a brotar sendos ríos salados. Él nunca había conocido la verdadera tristeza, cuando habían muerto ellos en la batalla con Buu, él tenía la certeza que haría lo necesario para revivirles.

Para revivirle a ella.

¿Quién fue el condenado infeliz que la asesinó?

Preso de una indiscutible rabia, examinó su cuerpo, aún con la vista nublada por las lágrimas.

Nada…no encontraba nada.

Ni un golpe, ni una rajadura. Continuó con el escrutinio sobre su pequeño cuerpo, hasta que distinguió un moretón de considerable tamaño en su pierna. La hinchazón era coronada por un par de orificios fácilmente notables a la vista.

Entonces lo entendió.

¿Mordedura de serpiente?, ¿eso fue todo? Esa fue la razón por la cual se ha marchado de este mundo...

Se levantó del suelo con su cuerpo envuelto en sus brazos y comenzó a buscar al animalejo. En su búsqueda se topó con la mirada dolida de Uub, que se había abstenido de decir nada antes. Un escozor se había instalado en su pecho y sentía un dolor espantoso en el estómago; los ojos le picaban y su garganta rogaba por llorar su desgracia.

—Señor Gokú, yo…lo siento mucho…demasiado su pérdida—no sabía que decir, pero de lo que estaba seguro era que tenía que decir algo. Sin embargo cuando su maestro pasó a un lado de él, dándole un vistazo de su rostro completamente descompuesto supo lo que era sentirse miserable.

Al principio no entendía que buscaba su mentor, pero al ver su creciente frustración se imaginó que se trataba de la serpiente. Él la había visto cuando entró siguiéndolo, pero ahora mismo el dolor ciego en el mayor le hacía imposible la tarea de concentrarse y desde luego no lo culpaba. Corrió a la entrada y se agachó para recoger el cadáver desparramado del desdichado animal.

Al cual, para su desgracia supo identificar muy bien.

—Señor Gokú…—murmuró, siendo atendido de inmediato por el hombre que se acercó con urgencia. Pronto el rostro dolido y ejemplo de la miseria se quedó atrás siendo invadido por la rabia.

—¡No conozco a este maldito animal!—la frustración era palpable a cada palabra, y él se preguntó si era buena idea decir lo que sabía. Pero al volver a ver su dolor asumió que era mejor quedarse callado. A su vez, el guerrero detectó el cambio en el semblante y pudo imaginarse algo al respecto. —¿Tú sabes lo que es verdad?—era pregunta, pero sin embargo no sonaba como una.

El aludido se sobresaltó y pretendió hacerse el desentendido.

—No señor Gokú como cree…—si algo sabía Gokú en todo el tiempo que había pasado con ese niño, es que era un pésimo mentiroso, aún peor que él. No obstante, no dijo nada, y solo le taladró con una mirada dura y certera. El adolescente se supo aludido y bajó la cabeza en señal de derrota.

—Se llama Llamarada Azulada—indicó el joven con una voz casi inaudible, esperó alguna reacción por parte de su interlocutor, pero al no recibir ninguna y el verlo con la mirada enterrada en el suelo, mientras acariciaba el cabello azabache de su fallecida esposa entendió que estaba escuchando. —No es muy común verlas, es terrible que haya ocurrido esto…—pensaba continuar con su pésame, cuando el pelinegro le interrumpió.

—¿Sufrió?—era una pregunta, corta, concisa y escueta. Pero a la vez profunda, por la voz quebrada de su creador. El chico dudó en responder y cuando abrió la boca, Gokú le dirigió una mirada fuerte, mostrándole todo el dolor que sentía en ese momento, pero también una orden. —Dilo, no importa lo que sea—sabía que tenía que decirlo para que lo hiciera, después de todo el chico lo apreciaba mucho como para hacerle sufrir.

—Pues…no sabría decirle señor Gokú…—los balbuceos lo delataban, y el saiyajin comenzaba a perder la paciencia. Dejó en el suelo a su fantasmal esposa y sin controlarse tomó del cuello del traje al joven y lo alzó del suelo.

—Uub, dime la verdad—al ver la mirada de decisión en su rostro, así como la necesidad de saberlo, se sintió incapaz de negarse a responder, sabía que le haría demasiado daño el saber la verdad, pero también sabía que su maestro no pararía hasta sacársela.

—Sí, y bastante—quiso terminar así, pero cuando el agarre en su ropa se fortaleció, supo que era la manera en que lo instaba a continuar—en mi región se solía utilizar como tortura para traidores y otros tipos de delincuentes ya que es una prolongada agonía…—Uub se arrepintió de hablar tanto, cuando los ojos de su maestro volvieron a tornarse cristalinos y sus facciones se tornaron más duras; lo soltó y silenciosamente el pelinegro mayor se dio la vuelta con su mujer muerta entre sus brazos y se detuvo.

—Déjame solo, necesito componerme para avisarle a mis hijos que su madre ha muerto—a leguas se notaba que el hombre estaba llorando, pero quizás por dignidad había decido ocultárselo a su pupilo. El chico asintió apenado y se proponía salir cuando recordó algo.

—¡Señor Gokú!, podemos buscar las esferas del dragón y pedirle que la reviva, aún estamos a tiempo—era tanta la emoción que no podía controlar sus movimientos, pensaba que así se alegraría mucho el pelinegro, y todo volvería a ser como antes. Sin embargo, el mayor se giró importándole muy poco que le viera llorando como nunca y con una expresión furiosa.

—¡Eso no va a pasar nunca!—rugió completamente fuera de sí mientras apretaba el cuerpo de su esposa contra él—¡ella murió por causas naturales!, las esferas del dragón no pueden hacer nada—al término de sus palabras, el hombre más fuerte del universo se quebró delante de los ojos de su alumno y se dejó caer al suelo hundiendo su rostro en el cuello helado de la morocha.

Ante esta reacción Uub se sintió tan mal que hasta a él le daban ganas de llorar, había metido la pata y hasta el fondo. Quizás lo mejor era obedecer y largarse de ahí cuanto antes, mientras el lidia a su manera con la miseria. No obstante no pudo evitar colocar su mano derecha en el hombro vacilante del hombre maduro a manera de apoyo.

—Toda esto es mi culpa—fue lo que escuchó a duras penas el joven ocasionando que se le retorcieran las entrañas.

—Eso no es verdad—eso lo podía jurar incluso por su vida—usted no hubiera podido hacer nada, era inevitable—se sorprendía de sí mismo al sonar tan seguro. Pero cuando se trataba de Gokú, él daría su mano derecha sin pensarlo por defenderle.

—Dime una última cosa Uub…y espero no tener que sacarte la verdad por la fuerza esta vez—hizo una pausa, en dónde el chico tragó con dureza sabiendo que las preguntas del guerrero siempre eran fuertes. —¿Hubiera sido fácil de curar?, algo que hubiera podido hacer yo…—el muchacho sabía a dónde quería llegar, y odiaba que la respuesta fuera igual de desmotivante.

—Pues...—hizo una pausa, sintiendo un tremendo nudo en la garganta—la verdad es que sí, extracción del veneno, mucho reposo, cobijas calientes y una infusión a base de ciertas plantas la hubiera salvado—la expresión de Gokú no le agradó para nada, puesto que no cambió en lo absoluto. Por alguna razón aquello le estremecía aún más que si jurara matarse en ese preciso instante.

—Gracias…cierra la puerta cuando salgas—el tono que el pelinegro utilizó para su desolada respuesta no dejó tranquilo al muchacho.

—¡No fue su culpa!, ¿Cómo iba a saber usted que eso le pasaría cuando estaba sola?, ¡nadie pudo haberlo sabido!—no entendía como era que él era incapaz de entender la verdad, y en respuesta la cabeza de cabello alborotado se movió de un lado a otro en forma de negación aún a pesar de darle la espalda.

—Yo…yo la ignoré cuando me llamaba, el último de sus gritos…—la voz se le abultaba a medida que avanzaba con el relato, y a Uub se le contraía el corazón—fue diferente a los demás…y ahora que lo pienso, me iba a pedir ayuda y no la escuché…decidí no esperar a que terminara porque pensé que era solo un reclamo más—fue lo último que dijo, pero ante el moreno aquello sonó como si le hubiera dicho la revelación más grande jamás dicha. Sin decir nada más, se dio la media vuelta, sabiendo que su presencia no había ayudado para nada, e incluso había empeorado las cosas.

—Eso solo fue un error señor Gokú, de cualquier forma usted de haberlo sabido no se hubiera marchado, no fue intencional—el chico sentía la urgencia de consolar a su maestro, puesto que sentía y veía venir que la situación no pintaba para nada bien para el morocho. No podía siquiera imaginar como se sentía, y eso que lo peor estaba por venir...cuando tuviera que decirle a sus hijos.

—Uub, te contaré algo que muchos no saben—hizo una pausa en dónde apartó un mechón del rostro de porcelana helada de su mujer—los saiyajin tenemos algún método en el que conseguimos enlazarnos con nuestras parejas; yo lo tengo, Trunks, Gohan, Goten e incluso Vegeta. De alguna manera presentimos cuando éstas pasan por situaciones estresantes o potencialmente peligrosas—la voz se le cortaba a medida que avanzaba su relato y mantenía la vista clavada sobre el cuerpo sin vida de su esposa—yo sentía que algo iba mal, pero como era habitual para mí sentir esto debido a que Chi solía ponerse muy mal por mi ausencia, lo ignoré...sabiendo que era culpa mía que ella se estresara tanto, sufriera y se desesperara, siempre lo he desestimado por seguir con mis ocupaciones; es por eso que todo, absolutamente TODO este asunto es responsabilidad mía—al término de su reveladora explicación, supo que había afectado bastante la imagen de hombre ejemplar que su alumno tenía de él. Sin embargo aquello no le importó...

Él era un humano—o eso quería creer él—y por lo tanto no era perfecto, por que si lo fuera. Hubiera sabido diferenciar lo importante de ese mal presentimiento, y entender que en primer lugar Chi-Chi no merecía pasar por tanto dolor prolongado. Y no se refería únicamente a su agonía ésta tarde. Gokú no era tonto, él sabía que la agonía de la pelinegra se remontaba mucho tiempo atrás, desde su primera muerte.

Desde que se marchó dejándola atrás...

—Chi cuidó siempre de mí, y yo nunca hice lo mismo, y ahora que no está conmigo; entiendo lo que es sentirse abandonado—Uub no supo que decir ante eso, y prefirió mantenerse en silencio, con todo el respeto que tenía por él.

Toda la información que el guerrero había decidido compartir con él, generó una sensación de desasosiego impresionante en su cuerpo. No sabía que pensar, ni que sentir ni mucho menos que decir. Él siempre había tenido a su maestro en un pedestal, era el hombre más bueno del universo, aquel que se sacrificaba por el bien de todos y para todos. El mismo que hacía amigos por dónde quiera que estuviera, el que cargaba con el peso del mundo sobre sus hombros. Aquel que era incapaz de lastimar a algún inocente y estaba dispuesto a defender a quien fuera.

Salió del desdichado hogar con la mirada baja, y de la misma manera emprendió el vuelo de regreso a su casa. No era asunto suyo el estarse inmiscuyendo en problemas tan graves, y mucho menos el andar removiendo viejas sensibilidades.

Al final su madre siempre había tenido razón.

Él había estado distrayendo demasiado al guerrero de sus responsabilidades como esposo y padre de familia.

Aunque…a pesar de todo…

No quitaba de su cabeza, que a pesar de que él se negaba en rotundo a pensar que Gokú tenía responsabilidad en todo esto. Una parte muy pequeña de sí mismo decía que el guerrero si tenía razón en culparse de esta situación. Después de todo, ella era la compañera de su vida.

A la que juró proteger…


¡Hola!

Debo decir que no es para nada habitual en mí el actualizar historias que fueron tan recientemente publicadas; me gusta dejar en ascuas. Pero...al ver la grandiosa aceptación que ha tenido éste en especial; decidí hacer una excepción.

—Puesto que yo también estaría colgándome de las paredes—

¿Que les ha parecido?, ¿cumplió sus expectativas?

Hago cita al comentario de Jell Brown


hay pequeños pero significativos momentos en el que se demostró que Goku sí tenía sentimientos fuertes hacía ella (véase —que es el momento que más recuerdo por ahora) cuando Milk es atacada en la película "Devuélvanme a mi Gohan", en donde Goku siente como su esposa es atacada y recurre a ella pero inmediatamente) Si había algo cómo Goku demostraba su amor era cuidando de ella casi como si fuera una piedra valiosa e importante.


Yo también recuerdo esa escena. Y de hecho cuando tuve la idea del fic siempre tuve la intención de explotar ese momento. Me pareció que Gokú tenía una especie de lazo especial con Chi-Chi, como para saber distinguir en que momento ella estaba en peligro. Y pues...siento que de igual manera él era capaz de saber exactamente como se sentía su esposa todo el tiempo, considero que su raza tenía una manera especial para saberlo. Ahora...yo desde luego creo que Gokú amaba profundamente a Chi-Chi, siempre en sus peores pesadillas, lo peor que le podían hacer es lastimarla delante de él. Si no habría que recordar su pesadilla con los androides. He incluso en la nueva película, la primera de la que se acordó cuando se sintió derrotado fue de ella.

Pienso más bien que Gokú nunca supo tomarle verdadero valor a la compañía y amor incondicional que ésta la proporcionaba, confiado por completo a que ésta nunca le abandonaría, así él pudiera no regresar jamás. Pienso que en eso verdaderamente era muy inmaduro, al estilo en el que haces travesuras o abusas de tus amigos o familiares porque sabes que no pasará de una molestia. Sabes que actúas mal, pero no le das la importancia necesaria hasta que algo te hace ver que has dañado a tus seres amados con tus actos.

En éste fic, quise demostrar —para quienes preguntaron— que Gokú nunca vio a Chi-Chi como una carga. Es sólo que estaba en su zona de confort, y cómo fue presa de la desesperación al perderla, y aún más por su culpa.

Y también quería darles una probada de lo que sus allegados podían sentir por sus acciones. Uub sólo fue el primero de ellos, faltan tanto Gohan, Goten, Ox-Satán e incluso Videl. Pienso derribar la imagen de hombre perfecto que los personajes llegaron a levantar a lo largo del anime, para mostrarlo tal cual es, como un hombre común y corriente, con sus defectos y virtudes.

También los amigos de Gokú tendrán su momento, aunque no puedo decir que tendrán la misma reacción que su familia. Posiblemente Gokú se lleve aún algunas más sorpresas desagradables.

Ojalá que hayan disfrutado de este capítulo. Me encantaría leer comentarios en dónde me dejen sus dudas y sugerencias.

Agradezco cada uno de sus comentarios, que amablemente me han obsequiado, y espero que les alegre saber que éste fic, será corto.

Tengo decido que tendrá únicamente cuatro capítulos, por lo tanto, ya sólo les falta leer dos más. XD

Besos...