Disclaimer: Los personajes y la Saga de Crepúsculo, pertenece a Stephenie Meyer. La trama es de mi autoria y solo creo un mundo alterno a los personajes.
Capítulo 1.
— ¿En dónde demonios estás? Me tienes esperando desde hace más de 5 horas… Maldita sea ¡hoy es nuestro aniversario! ¿Ni siquiera puedes darme este día?... Sabes que olvídalo, me importa una mierda. Ni te molestes en despertarme cuando llegues, no tengo ganas de verte a la maldita cara— Colgué y aventé el celular, que de milagro cayó en el sofá.
Suspiré y cerré los ojos, inclinándome en la silla en la que estaba sentada.
Me erguí y observé la mesa, la rabia me llegó hasta las puntas de los pies, así que tome el filo del mantel y lo jalé. Pasta, carne, vegetales, vino y agua brincaron por todas partes mientras que de mi garganta salía un grito de desesperación.
No hoy, no hoy. Lo había hecho otra vez el maldito bastardo.
Mis esperanzas de tratar de arreglar este matrimonio se fueron al caño. Pensé que esta vez el llegaría a casa, me besaría como lo hacía cuando nos casamos, me diría que me seguía amando y después de cenar haríamos el amor, y así recuperaríamos la chispa y la pasión que habíamos perdió hace tiempo. "Todavía sigues soñando niña estúpida" dijo mi subconsciente, esa perra no podía quedarse callada.
Pero esta vez no lloraría, no, ya no. Me lleve la palma de las manos a los ojos, importándome poco si arruinaba mi maquillaje, ¿a quién demonios le importaba como me veía?
Respiré y baje las manos. Otro grito ahogado. Genial, ahora tendría que limpiar el desastre que había hecho. Qué bueno que no había prendido las velas, a esta hora estaría corriendo como desquiciada tratando de huir de las llamas, y seamos honestos, con los estúpidos tacones que traía puestos me habría tropezado, quedado inconsciente y moriría calcinada, sola… sola… sola.
Bueno, la noche hubiera sido más interesante que este pobre intento de cena romántica para mí y mi esposo por nuestro 5to aniversario de bodas.
Já. Esposo. Ese imbécil no se merecía el título de "esposo", para él era muchísimo más importante la empresa que dirigía. Cenas, viajes, conferencias, juntas, todo, absolutamente todo era más importante que yo, y al parecer eso aplicaba también en los aniversarios.
James Witherdale. Dueño y CEO de la casa constructora más grande de Seattle. Pero no por méritos propios, su padre se la heredó hace 4 años tras su muerte, un años después de casarnos. Creo que ese fue el detonador de este decadente matrimonio.
Cuándo empezó a hacerse cargo de la empresa todo se desmoronó de a poco. Primero, más horas de trabajo, luego los viajes, las juntas hasta tarde, etc., después vino la casa, o mejor dicho mansión a la que nos mudamos con su estúpido pretexto de "Nena, tenemos que vivir en un lugar que represente lo importantes que ahora somos, un lugar que deje impactados a las personas que vengan a visitarnos", y como la esposa ciegamente enamorada que era, acepté.
Nunca me gusta la vida ostentosa, llena de lujos y frivolidades, soy sencilla. No me gusta resaltar, ser el centro de atención, las joyas, los vestidos llamativos, nada. Echo de menos mi antigua vida. Siento que me ahogo en esta enorme casa. Es tan fría y el eco ante cualquier ruido me hace estremecer.
Ni siquiera los tantos empleados hacen que me sienta acompañada aquí dentro. Ni Leah o Sue, que son con las que mejor me llevo, ni siquiera Jacob, que se ha convertido en un gran amigo desde que James lo contrató para ser mi chofer.
1:12 a.m. Debería de haber llegado a las 8. Ya no importa, solo no importa.
Recogí los pedazos rotos de los platos y la fuente de la ensalada y los puse en la basura.
Camine directo a la habitación, tuve que cruzar el comedor, un corredor, una sala de estar y el vestíbulo para llegar a las escaleras, el ruido de mis tacones resonó por todo el lugar y otra vez recordé que estaba sola. Me quite los zapatos al pie de las escaleras y las subí. Entré a la enorme habitación y arroje los zapatos al piso.
Entré al espacioso baño, en el que fácilmente entrarían 6 personas en la ducha y 5 en la tina, un desperdicio de espacio según mi punto de vista. Me desvestí y llené la tina, puse mis sales de baño favoritas y me metí.
30 minutos después estaba secando mi cabello, con un conjunto de satén de un short y una playera de tirantes en color azul pálido. James aún no había llegado.
Me metí en la cama y apagué las luces. Vaya vida, la señorita que había soñado con un amor verdadero y mágico estaba sola en su aniversario.
No es bueno alentar a las niñas con historias fantasiosas de princesas y príncipes que las rescataban en sus caballos blancos, que vivían felices por siempre y todas esas ridiculeces. Culpo a mi madre por eso, cada noche me leía ese tipo de historias y me dormía soñando con que la princesa era yo.
Con esos pensamientos me quedé dormida.
Un estruendo me hizo levantarme de golpe.
Miré hacia el reloj del buró y vi que eran las 4:23 de la mañana. Escuché las pisadas fuertes subiendo las escaleras y después el movimiento desesperado por abrir la puerta de la habitación. James.
Me senté en la cama, pero no encendí la luz. Había sido clara en el mensaje de voz que le dejé. Ahora recordaba que deje el celular en el sillón de la estancia en el piso de abajo.
Aporrearon la puerta con mucha fuerza.
— ¡Abre la puerta!— Si, estaba enojado. Y me importaba una mierda, yo también lo estaba y tenía una muy buena razón. — ¡Isabella, ábreme la maldita puerta!
No contesté.
Comenzó a golpear más fuerte la puerta gritando que abriera. Mi respiración empezó a aumentar, mientras que el se desesperaba aún más.
— ¡Vete de aquí y déjame sola!— Grité. —Querías pasar la noche fuera de casa ¿no? ¡Pues ahora jódete!— Se detuvo.
Me quedé en silencio un minuto esperando que golpeara otra vez. Pero no lo hizo. ¿Se habrá ido? Qué suerte que les di a los empleados la noche libre y les dije que se retiraran temprano y que podían llegar más tarde la mañana siguiente, así que no había nadie en la casa que pudiera apreciar la bonita escena de James.
Otro minuto. Y nada.
Me levanté y encendí la luz, me puse las zapatillas de descanso y la bata del mismo color de mi pijama. Caminé hacia la puerta en silencio y quite el pestillo suavemente.
Abrí la puerta y asome la mitad del cuerpo, mire a la derecha, hacia las escaleras y a la puerta, pero nada. Di un paso fuera de la habitación y justo cuándo iba voltear a la izquierda sentí unos brazos alrededor de mi.
Grité y pataleé, pero nada. Era mucho más alto y fuerte que yo.
Podía oler el alcohol y tabaco emanando de él. Asqueroso, simplemente asqueroso.
Me aventó a la cama, caí de boca e inmediatamente me giré para verlo. No traía el sao con el que se había marchado en la mañana, la corbata estaba desacomodada y los primeros botones de su camisa blanca estaban desabrochados.
— ¿Qué demonios te pasa desquiciado?— Espeté, pero en mi voz se podía apreciar la nota de miedo que su mirada me transmitía.
— ¿Hoy es nuestro aniversario, no cariño?— Volvió a sonreír. Me dieron escalofríos—Pensé que querías pasar una romántica noche con tu esposo— Dijo mientras se quietaba la corbata y empezaba a desabotonar el resto de su camisa.
—James, no digas tonterías. No quiero verte, lárgate de aquí por favor, y déjame dormir— Dije —Mañana hablamos. Cuando estés sobrio y lúcido.
Rió y negó con la cabeza.
—No amor, es nuestro aniversario y lo vamos a celebrar como se merece. Disfrutando de nuestro amor.
—James, estás siendo un idiota. Por favor, vete. No quiero estar contigo.
Se arrodilló en la cama y me tomó de los tobillos, jalo de mí hasta que quede tumbada en la cama de nuevo.
—Vamos Bella, sé lo que te gusta, lo vas a disfrutar nena— Dijo, mientras me ponía debajo de él y me inmovilizaba con todo su peso.
—Suéltame James. ¡Ya basta! ¡Déjame tranquila!— Forcejeaba moviendo todo mi cuerpo, mientras él me besaba en el cuello. — ¡Dije que ya basta! ¡NO! ¡Suéltame!
Trato de besarme en los labios, pero volteaba la cara para que no lo lograra.
— ¡Quédate quieta maldita sea!— Gritó furioso. Pero no me detuve.
Entonces se separó de mí, me vio directo a los ojos y me abofeteó. Tomó mi mentón entre sus manos y estampó sus labios contra los míos. Me quedé estática, mi cerebro estaba registrando el hecho de lo que había pasado.
El abrió la boca, tratando de profundizar el beso. El olor del alcohol me sacó de mi estado de shock y me revolvió el estómago. También me hizo consiente del ardor en mi mejilla izquierda.
Volví a removerme debajo de él, pero seguía sin dar resultado.
Desesperada, moví la cabeza y busque con la mirada algo que pudiera ayudarme. Bendita sea Leah por ponerme una jarra con agua todos los días de mi lado de la cama.
Estiré el brazo y tome la pesada jarra de cristal.
Cuándo la estrellé en la cabeza de James, instintivamente sus manos me soltaron y las llevo a la parte afectada. Lo empuje y rodó a un lado de la cama lanzando lastimeros gemidos de dolor.
Me levanté y corrí fuera de la habitación, baje las escaleras y gracias al agua de la jarra que también me había empapado y estaba escurriendo, y al hecho de que iba descalza en el último escalón me resbalé y caí. Un lloriqueo salió de mi cuándo me levanté y apoyé el pie en el suelo. Pero seguí corriendo.
Venía detrás de mí, lo podía sentir. Volteé la mirada y si, efectivamente venia tras de mí con una mano sobándose la cabeza.
No supe hacia donde corría, hasta que el me alcanzó y los dos caímos al suelo del comedor forcejeando.
— ¡Eres una estúpida!— Gritó, y me abofeteó de nuevo. Dos veces seguidas.
Lo empujé, di la vuelta y traté de gatear par alejarme de él. Ahora no parecía tan buena idea haberle dado el día a los empleados.
Me tomó de los tobillos otra vez y me arrastró. Sentí un dolor en la cara interna del muslo y algo caliente escurriendo en el. Baje la mitrada para ver esa parte y vi un cristal enterrado en mi muslo. Un cristal olvidado de mi ataque de furia hace unas horas. La adrenalina no me dejo sentir el dolor, pero el olor de la sangre fue otra cosa, me mareé y se me volvió a revolver el estómago.
James seguía tirando de mí, pude soltar un tobillo de su agarre y estire mi pie directo en su cara.
Gritó de dolor mientras que trataba de detener la sangre que salía de su nariz. Me miró y sus ojos parecían disparar fuego. Se levantó y me observó desde arriba. Sabía lo que venía a continuación, solo cerré los ojos y traté de hacerme un ovillo juntando las rodillas y poniéndolas en mi pecho.
Pero fue demasiado tarde.
Su pie fue directo a mis costillas, y me retorcí del dolor mientras que soltaba un grito de dolor.
— ¡Maldita perra! ¡Mira lo que hiciste!—Y me golpeó otra vez. Y otra vez.
El dolor me cegó por unos instantes, era tanto que empecé a ver borroso, y eso aunado con el olor de la sangre emanando de mi pierna, creí que estaba a punto de desmayarme.
No me moví. Me quedé tirada en el piso, esperando el siguiente golpe. Pero no llegó. Aún así no me moví, no abrí los ojos. Agudice el oído y lo escuche alejarse murmurando obscenidades y quejidos de dolor, escuche sus pasos hacia la salida y después la puerta abrirse y cerrarse de un fuerte golpe.
Ahí fue cuando abrí los ojos, que ahora no solo estaban desenfocados por mi aversión a la sangre, si no que estaban llenos de lágrimas que caían libremente por mis mejillas mojando el suelo.
No habían pasado ni 15 minutos desde que aún estaba en mi habitación, hasta este momento, en que estaba tirada en el piso del comedor llorando porque mi esposo me había golpeado.
Baje la mano hacía mi muslo, tocando la sangre que seguía brotando. Tenía que ir al hospital. Pero ¿qué les iba a decir cuándo me preguntara que era lo que me había pasado? No podía… no, no sabría qué hacer.
Una punzada de dolor me saco de mis ensoñaciones. Ya me tendría que inventar algo para cuando preguntaran. Pero tenía que irme ya, cada vez salía más sangre de la herida.
Me levante del suelo y camine hacia la salida. Me dolía el tobillo, la cara, la pierna y el resto del cuerpo. Inclusive estaba empezando a tener migraña.
Con dificultad llegué al vestíbulo y tomé mi bolsa, las llaves de mi auto y regrese por mi celular a la sala de estar. Volví a caminar a la salida y en la puerta volví la mirada hacia el interior de la casa. El suelo estaba mojado y había pedazos de vidrio en el suelo. Aunque la peor parte se encontraba en la cocina.
Dios santo, ¿y ahora que voy a hacer?
Hola!
Pues solamente quisiera aclarar que esta es la primera vez que escribo. No se como lo haga en realidad por que nadie la ha leído además de mi. Así que todos los comentarios y/o sugerencias son bien recibidos.
Muchísimas gracias a quienes me leen por darme una oportunidad.
Dejen reviews! se agradecen infinitamente.
