Cruzada de brazos y con el ceño fruncido, tembló levemente.

—Siempre que te miro a los ojos me doy cuenta que tengo talasofilia.

Con una sonrisa coqueta, el rostro sonrojado bajo aquel casco anaranjado, el joven superhéroe le dijo a la justiciera a modo de conquista. Videl le miraba detenidamente.

—¿Qué cosa? —Interrogó aún con su tono molesto.

—Talasofilia —le contestó el erudito como si todo el mundo supiera el significado de aquella palabra—. Sucede que cada vez que miro tus ojos azules siento como si estuviera nadando en el vasto océano y no quiero salir de allí.

Ambos estaban de pie en uno de los altos edificios de la ciudad, patrullando en el atardecer.

Y la hija de Satán parpadeó, aún sin comprender.

—Explícate.

—Me gusta el cielo, los zafiros, pero sobretodo los mares y océanos —dijo mientras rascaba su mejilla por debajo del visor—, y todo es por ver ese color en tus ojos.

Videl casi se exprimía la cabeza.

Gohan suspiró.

—¿Qué es talasofilia? —Preguntó directamente, destensando un poco los músculos ya que le resultaba extraño mencionar aquella palabra.

—Demasiado amor por los océanos y mares —respondió sin dejar de mirarla a través del visor. Videl también miraba el oscuro cristal con cierto nerviosismo, intuía que aquel sujeto la estaba observando—. Amo mucho tus ojos azules.

Ahora sí que la justiciera de sonrojó.

—¡Hasta mañana, Gran Saiyaman! —Exclamó el tiempo que accionaba su cápsula, liberando a su helicóptero para irse volando lejos de allí ante la traviesa sonrisa del superhéroe.