¿Dónde estás corazón?
Disclaimer: Esta saga no me pertenece
Advertencia(s): ninguna por el momento.
Camino por el largo pasillo del hospital de Forks, al parecer hoy no hay muchos casos puesto que soy el único que se encuentra aquí. Todos están enterados de mi ''pequeño'' accidente.
Pase al consultorio 188 – me dice el recepcionista -, el doctor Durón lo está esperando.
Gracias.
Lo que me pasó había sucedido esa misma tarde, sólo unas horas atrás. Esta vez, a Harry le dio por cazar en vez de pescar. Al poco tiempo estábamos encaminados en el sendero de caza. Estaba ansioso por atrapar venados.
Mientras aquello sucedía, me pregunté: "¿dónde estás, corazón?" Todo esto porque conocí a una chica agradable en el bar la noche anterior. Al principio, pensé sólo en sexo.
¿Cómo te llamas? – pregunté.
Pero pronto me di cuenta de que era una gran chica, sobre todo por su forma de pensar.
Renata.
Me daba la sensación de que ya la conocía de antes, sobre todo por sus ojos y su cabello, un clon de la propia René en pelirrojo.
No advertí que habíamos llegado hasta que Harry me dio un puñetazo en el hombro.
¿Qué te pasa? – preguntó -. Pareces zombi.
Nada, solo sigo pensando en la chica de ayer, es que era tan mágica…
Oh, ya olvídala, concéntrate u ocurrirá algo de lo que te arrepientas toda la vida.
Ok – gruñí, ¿cómo se atrevía a decirme eso?
Proseguimos nuestro camino, había hecho todo lo contrario a lo que me había recomendado Harry: de pronto, tropezé y caí frente a un oso, llegó a lastimarme el brazo, pero por suerte Harry le alcanzó a dar un tiro en la cabeza antes de que me hiriera más.
¿Puedo decir te lo dije?
No, porque no estaba haciendo lo que tú dijiste que no hiciera, sino que…
Te lo dije – gritó como en los animes japoneses –. Ahora tenemos que ir al hospital. Por favor, hazte un torniquete antes de que mueras desangrado.
Y así fue como pasó todo, doctor – cuento en su consulta -. Por suerte, no sucedió otra cosa.
Ya veo, sólo necesitas unas puntadas y eso es todo.
No sé lo que sucede después de que veo la aguja, pero despierto como unos diez minutos después, le doy las gracias al doctor y salgo felizmente del consultorio. Siento que le doy a una persona al abrir la puerta. De hecho, le doy a la flamante esposa del doctor Cullen.
Lo siento no ví cuando abría la puerta y entonces…
La próxima vez fíjate en lo que haces, pueden pasar cosas realmente malas.
Espero a que salga la señora Cullen de la oficina del doctor y no me doy por vencido hasta que acepte mis disculpas.
Oiga señora Cullen, de veras siento…
Salte de mi vista.
Pero es que señora, no puedo quedarme así, la seguiré hasta que acepte mis disculpas – insisto, ella hace una mueca.
Bueno, ya que tanto insistes, quiero quedarme aquí a platicar contigo – dice mientras inspecciona sus perfectas uñas.
¿Y si mejor vamos a platicar mientras comemos? Me estoy muriendo de hambre.
Pues bueno, claro. Siento mi falta de cordialidad, por cierto, me llamo Esme, mucho gusto – me tiende una mano, la beso como el caballero que soy. Noto que está muy fría y su piel es muy dura, más que el granito, pero no quiero decir nada.
Charlie, y el gusto es todo mío.
Nos metemos en su coche, un Mercedes. Pone la radio, pero no logro oírr nada, mi mente está puesta en Esme y en su belleza sobrehumana. No sé cómo un pobre diablo como yo puede ir en el coche de una mujer como Esme.
¿Y a qué restaurante quieres ir? Yo invito.
Oh, no, mejor yo invito, no puedo dejar que una dama como tú pague la comida, pero si quieres vamos al restaurante cerca de la comisaría.
Claro, ya sé quién eres, Charlie Swan, me da mucho gusto conocerte por fin, haces una labor social tan buena, siempre te lo había querido decir.
La sangre se me agolpa en las mejillas, me da calor esta mención honorífica a mi persona.
Ay, gracias, pero eso se supone que tengo que hacer, no por nada me pagan.
Llegamos al restaurante antes de que me pueda decir algo. Salgo primero que ella y le abro la puerta. Entramos al restaurante, todos mis compañeros se me quedan viendo extraño, sé lo que piensan: "¿por qué trae a la señora Cullen?" o "la señora Cullen engaña al doctor con el comisario". No me importan estos comentarios, pues sé que sólo es envidia.
Y cuéntame – atrae mi atracción Esme mientras nos sentamos -, jefe Swan, ¿por qué te rompiste el brazo?
Pues no me lo rompí, pero sí me tuvieron que dar puntadas porque un oso me atacó. Ahora yo pregunto, ¿por qué la señora Cullen fue al hospital?
Ah, eso – murmura con una mueca extraña, como de melancolía, pero al instante se recompone –. Porque le tenía que entregar su almuerzo a mi esposo, ay, no sé cómo se le puede olvidar.
Buenas tardes, jefe Swan – se acerca coqueta mi mesera favorita, noto cómo Esme aprieta los puños levemente, como si estuviera celosa, aunque no tiene sentido – ¿Qué va a ordenar?
Lo de siempre, por favor.
¿Y usted, señorita?
Nada, muchas gracias – se aleja Stephanie mientras Esme la sigue con la mirada –. Bueno, ¿en qué íbamos?
¿Por qué no quisiste ordenar nada?
Es que ya comí en mi casa, pero eso no es lo más importante – esquiva el tema -, sigue contándome de ti.
¿Segura? Mi vida es algo aburrida…
No, para nada. De hecho, me resultas muy interesante, y no quiero regresar a mi casa, me aburro como una ostra.
Pasamos platicando toda la tarde sobre nosotros, nuestra vida, nuestros amores de la adolescencia... Se me hace casi como un sueño que Esme esté hablando conmigo. Es una persona tan buena y amable que hace que me enamora inconscientemente. Pronto llegan las siete de la noche y nos tenemos que ir.
Me gustó platicar contigo, Charlie, me gustaría que fuera más seguido. Te invito el próximo viernes a mi casa, ¿vienes?
Claro.
Te doy la dirección – empieza a escribir en un pedazo de papel y como a los dos minutos me hace un perfecto croquis de donde se ubica su casa –. Te estaré esperando – se despide antes de darme un beso en la mejilla que sé que no compromete a nada, pero que hace que se alteren mis hormonas.
Y se va, dejándome con más dudas, qué Renata ni qué nada, aquí esta es el corazón que he buscado desde siempre, aunque me resulte imposible, ya que Carlisle está a años luz de belleza sobre mí. Es como comparar un cuadro de Miguel Ángel con uno de un niño de preescolar. Pero estoy seguro de asistir a esa cita.
No seas malo, deja un review, se te agradecería muchísimo.
