Extra 1:

Cuatro años antes.

"Eres igual a Haruka, mi cielo". Mirada burlona y sonrisa vacía en aquellos labios escarlata.

"De tal padre, tal hijo. ¡Son igualitos!"

"¡Mi Kaname es tan parecido a su padre! Siento que miro a Haru de niño y no a Kaname cada que le veo"

El vapor inundaba la estancia, el calor menguaba los escalofríos que sufre la piel después de terminar una ducha caliente, cerrar la llave y sentir la desnudes humedecida.

Kaname salió de la ducha mientras tomaba una toalla colgada en un viejo y frágil perchero oxidado, la envolvió en su cintura y se acercó al estante adyacente a un espejo de cuerpo completo, como era de esperarse, totalmente empañado.

Kuran siempre había disfrutado las duchas sin compromiso, es decir, aquellas que te das por gusto y no porque tengas que salir en un rato y debas verte presentable. O las duchas forzadas, aquellas que te das después de haber pasado un par de días con las narices metidas en algo lo suficientemente importante como para olvidar que las axilas, el cabello y –sobretodo –los genitales apestan si no los lavas periódicamente.

El castaño tomo otra toalla del estante y se secó la cara y el cabello despreocupadamente, sin prisas, tomándose su tiempo.

No es como que no tuviera nada que hacer, de hecho tendría muy seguramente una tarde muy ajetreada, tan solo la partida de Takuma ya le quitaba una cantidad considerable de tiempo a su ocaso.

Termino de vestirse y aventó las toallas al cesto de la ropa sucia, ya las lavaría cuando volviera.

Sin más, salió del baño con rumbo a su habitación para terminar de arreglarse, se puso los primeros zapatos de vestir que encontró –y que para su fortuna quedaban a juego con su atuendo semi-formal –y se acercó al tocador para colocarse su reloj de muñeca y acomodar su cabello.

Eres igual a Haruka, mi cielo –comento Juuri mientras acariciaba la cabellera de su primogénito, sentado en su regazo.

¿Eso quiere decir que soy tan guapo como papá? –la mujer no pudo evitar reír ante tal ocurrencia infantil, pero asintió alegrando la mirada de un pequeño Kaname.

No solo eres igual de guapo que él cariño, tienes el mismo destino.

Kaname aparto la mirada de su reflejo disipando cualquier tipo de recuerdos, miro la hora en su muñeca y suspiro con aburrimiento.

10:08 AM

Aún faltaba tiempo para que Takuma siquiera se dignará a levantarse así que encendió un viejo estéreo y dejo que las canciones sonarán aleatoriamente. La armoniosa melodía inundo la estancia, el brillo matutino se colaba por el balcón y Kaname decidió que no le haría daño echarse en el viejo sofá con frente al ventanal.

No es como si se fuese a quedar dormido.

¡Mamá!

Un pequeño castaño veía angustiado como un par de hombres entraban y salían de su habitación, seguidos muy de cerca por un par más. Subiendo y bajando las enormes escaleras de caracol, sacando y sacando muebles, espejos, candelabros y hasta los juguetes del menor.

¡No! ¡Al señor chispita no! –gritó un pequeño Kaname cuando un robusto hombre tomo el baúl donde el niño guardaba sus peluches — ¡Mamá!

Kaname salió corriendo por los amplios pasillos de la mansión en busca de su madre, seguramente ella sabría qué hacer, seguramente ella echaría a los ladrones y todo volvería a la normalidad.

El niño bajó corriendo las enormes escaleras, demasiado enormes para sus pequeñas piernas, acción que de haber sido en cualquier otro momento habría sido el detonante de múltiples reprimendas por parte de su madre o su nana.

Pero su nana se había ido hacía dos semanas y no la había vuelto a ver.

Terminó de bajar las escaleras y siguió corriendo hacía la sala de estar, que también estaba siendo vaciada por aquellos hombres malos.

El castaño busco con su mirada a su madre pero, lo único que miro fue el estudio de su padre, de donde salían más hombres y justo tras de ellos, la silueta de un hombre mirando hacia el enorme ventanal.

¡Papá! –gritó el menor mientras corría lo más rápido que sus pequeñas piernas le permitían.

El hombre se encontraba parado, recargado en el ventanal que daba directamente a la entrada principal. La vista alcanzaba desde los jardines y parte de las casas de la servidumbre, hasta la entrada principal que se encontraba llena de camiones de mudanza estacionados, siendo llenados.

Papi… —llamo Kaname confundido al ver la cara deshecha de su padre, llevaba la bata de dormir que utilizaba para desayunar, el cabello despeinado, unas ojeras pronunciadas y un vaso de brandy en la mano izquierda.

¿Qué pasa Kaname? –Cuestionó fríamente el mayor, su tono de voz era una extraña mescla entre el cansancio y la ebriedad.

El castaño retrocedió un par de pasos inconscientemente, de pronto se había sentido intimidado por su propio padre.

¿Dónde está mamá? –Preguntó en casi un hilo de voz.

Haruka aparto la mirada del ventanal por primera vez y le dio una mirada significativa a su hijo, cargada de algo similar a lástima que Kaname no supo interpretar.

Debe estar arriba haciendo sus maletas –la voz monótona de Haruka se apagó y volvió su vista a la ventana para no volver a apartarla.

¿Maletas? –el confundido rostro de Kaname busco la mirada de su padre — ¿Iremos a algún lado?–Cuestionó el castaño, pero no hubo respuesta.

Kaname entonces se sintió mejor. Así que todo eso se debía a un viaje, ¡sí! Eso debía ser, seguro su mamá finalmente había convencido a su padre de viajar por el mundo de nuevo, esta vez con él. O incluso mejor, tal vez se cambiarían de casa y por eso su nana había dejado de ir, seguro estaba esperándole en su nueva casa.

Seguro su padre no tenía muchas ganas de viajar y por eso estaba de mal humor.

Con un sentimiento de alivio renovado, el pequeño subió las escaleras a trompicones rumbo a la gran habitación de sus padres, la cual al avanzar por los largos pasillos notó que aún no estaba siendo saqueada por ningún hombre.

¡Mami! –le llamó el menor al ver a su madre apurada guardando cosas en una enorme valija con llantas mientras otra más pequeña le esperaba a la mujer en el marco de la habitación, ya hecha.

Juuri al ver a su hijo aproximarse se apresuró a meter un par de vestidos y una pequeña caja en la que Kaname sabía que guardaba las joyas que su padre le regalaba.

Kaname llego hasta su madre que estaba sumamente ocupada en sacar y guardar cosas del ropero y el tocador, el menor no tenía idea de a donde irían pero debía ser por mucho tiempo si su madre estaba sacando tantos vestidos.

Mami ¿A dónde iremos? –Juuri dejó de meter en la valija un par de zapatos para mirar a Kaname un momento, ciertamente era demasiado pequeño para comprender la situación.

Kaname… Cariño, tú no vas a ningún lado –la castaña cerro la enorme valija y la dejo en el marco de la puerta junto a la otra más pequeña mientras tomaba un largo abrigo –Mami debe viajar de emergencia y tú te quedaras con tu papi como el buen niño que eres ¿entendiste cielo?

Kaname la miró con sorpresa, ahora no entendía que estaba pasando.

Pero si solo te vas tú ¿Por qué te llevas los muebles? –el rostro de Juuri se deformo en una mueca de lastima –esos hombres se llevaron al señor chispita mami ¿Tú les dijiste que lo hicieran? ¿Me porte mal mami? –El menor comenzó a hipar, justo como cada vez que estaba a punto de llorar.

¡Oh! Cuanto lo siento Kaname –la voz de la castaña había comenzado a sonar fastidiada –Pero debo irme, de verdad debo hacerlo –tomó las maletas y salió de la habitación siendo seguida muy de cerca por el castaño, cuando Juuri lo noto, suspiro y se hinco para ver al menor a los ojos –escúchame bien Kaname, todo es culpa de tu padre ¿Me entiendes? Él lo arruino todo y no puedo llevarte conmigo.

¿Pero por qué no? –la voz del niño se quebró y las ultimas silabas fueron dichas casi en un susurro agudo.

Porque eres igual a él Kaname –sentenció alzando la voz fastidiada –No solo en el físico, eres exactamente como él, ¡eres una mini versión de él! y cada vez te le pareces más, yo no creo soportar que su recuerdo me arruine de nuevo.

Remember the moment you left me alone and
Broke every promise you ever made

Pero ma-

Ya basta Kaname –Juuri tomó sus maletas y bajo las escaleras apresuradamente, el castaño corrió tras ella y trato de seguirla hasta la entrada de la enorme casa, pero era demasiado rápida y él apenas estaba terminando de bajar las enormes escaleras.

¡MAMÁ! –Gritó al ver como no podría alcanzarla con todos esos hombres cargando pesados y peligrosos muebles en movimiento.

El niño quiso correr y seguirla hasta el patio pero apenas atravesaba la mitad de la estancia, pisó sus propias agujetas que su madre tanto le repetía que se abrochara y termino raspándose las rodillas.

El menor escucho un par de pasos apresurados a sus espaldas y creyó que se trataba de su padre, él lo ayudaría, le curaría sus rodillas, le daría un beso mágico como los de mamá que desaparecería el dolor, y arreglaría todo eso.

Pero cuando volteó sonriente solo se encontró con un robusto hombre que paso justo a su lado en dirección a los camiones con su pequeño colchón sobre sus hombros.

Y ahí, en medio de una decena de personas moviendo muebles, llevándose todo lo que conocía y casi pasando por sobre de él, Kaname lloró de impotencia por primera vez.

El castaño abrió los ojos adormilado y miró a su alrededor totalmente desubicado ¿Se había quedado dormido?

Observo el cielo ahora nublado y percibió la fría brisa que había comenzado a soplar, la que probablemente le despertó.

Kaname se levantó con pereza del viejo pero cómodo sofá y se estiro aún perezoso. Sintió la incómoda camisa negra ahora arrugada y…

— ¡Mierda, Takuma!

El castaño dio un rápido vistazo a su reloj y casi da un brinco horrorizado.

2:24 PM

¡El tren de Takuma salía a las tres de la tarde!

Tomó su abrigo y sin más opción que abrocharlo por completo para esconder su camisa arrugada, tomó su maletín y salió tan apurado del departamento que incluso olvidó quitar la música y cerrar el ventanal, aunque, siendo honestos no había muchas cosas que robar.

Kaname salió corriendo directo al viejo ascensor solo para encontrarse con el tan conveniente cartel escrito en una simple hoja de cuaderno rayada: "Fuera de servicio".

E instintivamente antes de siquiera poder maldecir su suerte o meterse mentalmente con las madres de los que administraban el edificio, bajo corriendo las escaleras de emergencia y en menos de cinco minutos se encontraba en la avenida principal frente al bloque de departamentos en el que vivía, haciéndoles señales a cualquier auto que pasase por ahí, fuese el taxi que él deseaba o no.

Afortunadamente y contrario a la mala reputación de la zona en cuanto esperar un taxi supone, no tardo más que un par de minutos para que uno pasara por ahí y atendiera a Kaname.

El castaño ni siquiera dudo en subir y le dijo al chofer el lugar, haciéndole saber que ya iba tarde y cualquier esfuerzo por evadir el tráfico sería enormemente agradecido.

Kaname miró con ansiedad la hora en su reloj de nuevo antes de relajarse. Aún tenía veinte minutos a su favor y ciertamente se resignó, no había nada que pudiese hacer para llegar más temprano salvo esperar sentado dentro del auto.

El día estaba nublado y afortunadamente no había tanto tráfico, las cosas no estaban tan mal al menos.

Kaname no era precisamente una persona optimista, a decir verdad, todo el que le conocía le consideraba una persona más bien distante, negativa en cualquier cosa que involucrara a alguien más y arrogante, muy arrogante.

Esa manía la había heredado sin duda alguna de Haruka, su padre.

.

Días después de haber sido echados de su propia casa, Haruka había logrado encontrar un apartamento barato que pudo rentar con algo de efectivo que guardaba en una caja fuerte y logro retirar antes de que el banco le negara el acceso a todas sus cuentas.

Los primeros días fueron duros para Kaname, Haruka se encontraba en una etapa de depresión propia de quien lo ha perdido todo y la relación que tenía con su hijo no era en realidad la mejor. Antes de que el imperio financiero de Haruka cayese, no era un mal padre, al contrario; era amoroso y consentidor, pero lejano debido al trabajo que lo mantenía encerrado en su despacho gran parte del día. Se podría decir que Juuri se encargaba de criar a Kaname y Haruka de que no les faltara nada.

Sin embargo cuando Haruka tuvo que enfrentar ser un padre, no solo fallo olímpicamente sino que antepuso muchas cosas a su propio hijo.

Kaname era un niño, los niños tienen miedo si se les saca de su zona de confort y en el caso del menor, la cosa fue mucho más seria.

Habían pasado algunos días desde que habían llegado a ese departamento con las paredes tan delgadas y frágiles que no solo no eran capaces de resguardarles correctamente del frio invierno, sino que tampoco podían resguardar a Kaname de las enérgicas voces de los vecinos, que peleaban constantemente para hacer temblar al castaño cuando al final de las peleas escuchaba como se interrumpían por golpes sordos y quejidos femeninos, gritos desesperados por ayuda que eran ignorados.

El castaño aterrado terminaba corriendo al otro lado de la habitación y se metía bajo la delgada manta que cubría el cuerpo de su padre, abrazándose a la espalda del mayor con fuerza mientras trataba inútilmente de esconder sus sollozos.

Haruka estaba demasiado ensimismado en su autocompasión ebria como para siquiera prestarle atención a su hijo que se le abrazaba desesperadamente, escondiendo su cabeza en el maloliente colchón tratando de que los gritos cesaran.

Las noches solían ser así. Kaname tratando de obtener una caricia o un mimo de su padre que le hiciese sentir mejor y Haruka demasiado deprimido, demasiado ebrio para notarlo.

Kaname no sabía cuánto llevaban en aquel departamento, pero sabía que había pasado muchas noches de pesadillas, hasta que una mañana unos firmes toques en la puerta le hicieron saltar del colchón y mirar por la rendija de la vieja puerta, tal como Haruka le decía que hiciera cuando no estaba.

"No le abras la puerta a nadie que no sea yo"

"¿Ni siquiera a la señora que cobra la renta?"

"Mucho menos a ella"

Una melena oscura y una mirada bicolor le saludo del otro lado y con la emoción a flor de piel, salto del banquillo sobre el que se paraba para ver por la rendija y abrió la puerta emocionado.

¡Tío Rido! –Exclamo Kaname mientras se lanzaba a los brazos del mayor, quien le alzo en brazos y giro para gusto del niño.

¡Kaname! ¡Mi sobrino favorito! ¡Mira cuán grande estas! –Exclamo el mayor mientras entraba con el niño en brazos — ¿Dónde está tu padre, campeón?

No lo sé –musito el menor. Rido le miro interrogante —A veces sale y no me dice a donde.

Pero no ha de volver tan tarde ¿Cierto? –el menor desvía la mirada.

¿Y Shiki? –cambió hábilmente de tema.

Shiki está bien ¿Cómo estás tú? –El mayor notó el abrupto cambio en el menor y decidió darle por su lado, no era tan difícil adivinar la respuesta – ¿ya has desayunado?

Rido enfoco su bicolor mirada en la pequeña y en pésimas condicionas, cocina. La alacena no tenía puertas y podía verla rebozando de licor pero nada de comida se asomaba.

Si –mintió el menor, Rido le miro acusadoramente achicando sus ojos, sabía cuándo el castaño le mentía porque tenía la misma manía de ver a otro lado, como Haruka. –Bueno… aún no –admitió el menor, sabiendo que no había logrado engañarle —Pero seguro papá salió por eso, ya no debe tardar.

Rido asintió sin terminar de creerle y se dispuso a esperarle con Kaname el resto de la mañana, tiempo que fue aprovechado por el menor para hablar de la infinidad de cosas que tienen los niños para decir, cosas que no podía decirle a su padre porque o no estaba, o estaba ebrio.

La mañana pasó y el reloj marcaba que ningún niño debía estar sin desayunar durante tanto tiempo, así que Rido decidió que le llevaría a un buen lugar a comer.

Y así, sin notar la hora, la tarde se les paso rápido. Rido llevó a Kaname a comer hamburguesas y cuando hubieron saciado su apetito, el mayor temió regresar y ver la irresponsabilidad de su hermano, temió no encontrarle aún, así que llevo a Kaname a dar una vuelta por el centro comercial más cercano.

Kaname siempre recordará esa tarde como una de las más felices de su infancia.

El sol se había puesto para cuando Rido estaciono su auto frente al departamento de Haruka, las luces encendidas le hicieron saber a Rido que Haruka había llegado, ayudó a Kaname a bajar del coche con el enorme oso blanco del que Kaname se había enamorado y bajo las bolsas de la parte trasera que contenían el abrigo negro y las botas de invierno que igual le había comprado al menor.

Kaname iba tomado de la mano del mayor, subiendo las escaleras mientras con su voz infantil le contaba historias que alguna vez le leyó su nana y Rido bromeaba sobre ellas.

Para cuando llegaron, Haruka estaba sentado en un viejo sofá con una botella en mano leyendo un periódico sin leerlo, tan ensimismado estaba que ni siquiera noto cuando llegaron sino hasta que Kaname se le acerco brincando alegremente y le mostro el enorme oso que su tío le había comprado.

Haruka miró a Kaname con sorpresa y sonrió levemente.

En cambio, Rido frunció el ceño, conocía a Haruka tanto como a sí mismo y estaba molesto, furioso. Sabía que la sorpresa en el rostro de Haruka se debía a que no había notado la ausencia de Kaname, de su propio hijo.

Rido –saludó Haruka cuando Kaname se hubo sentado en el suelo a jugar con su oso.

¿Cómo estas Haruka? –Rido se acercó a su hermano y le quito la botella de licor para ponerla en el mueble donde normalmente se colocaría una televisión, pero que estaba totalmente vació —Esperó que no te hayas llevado un susto al llegar y no encontrar a Kaname, pero debía desayunar algo y nos cansamos de esperarte ¿Cierto campeón? –Recalco Rido severamente, reprochándole.

Kaname al escuchar el tono de su tío, se limitó a asentir y seguir jugando con su nueva adquisición.

La vecina me dijo que un hombre parecido a mí se había llevado a Kaname y fue todo lo que necesite para saber que estaba contigo –mintió descaradamente —y dime hermano ¿Qué te trae por aquí?

Supe lo que paso –la mirada del hermano mayor recayó en Kaname —supe que Juuri está "de viaje" y que tú aún estas acomodándote a la situación –el tono de Rido tratando de ser lo más empático posible —y vine para decirte que cuentas conmigo para lo que sea, creí que ya lo sabías.

Haruka afiló su mirada casi imperceptiblemente.

Creí que habías venido a decir "Te lo dije" –murmuro rencorosamente.

Haruka, eres mi hermano –Rido se acercó al sofá donde se encontraba el menor y tomo sus hombros fraternalmente —me dolió no haber sido el primero en enterarme de tu condición actual y me dolió que no hayas venido a mí en busca de apoyo –Rido entonces sostuvo el rostro de su hermano menor tratando de que viera la verdad en su mirada —sé que hemos tenido nuestros desacuerdos pero aún eres mi hermano y quiero ayudarte Haruka, por favor no me lo niegues.

El castaño encontró entonces los ojos de su hermano, vio sinceridad en ellos y sintió rabia.

Rabia porque tenía razón, siempre la tenía. Él era el perfecto hermano mayor, el bueno de la familia, el siempre correcto y generoso Rido Kuran.

Rabia porque de haber escuchado los consejos de su hermano, de haber escuchado el "Juuri es una interesada, Haruka", "El vicio y las apuestas no deben controlar tu vida" no estaría así en ese momento.

Kaname recuerda haber visto a su padre dejar caer un par de lágrimas que fueron secadas por su tío, pero recuerda más que nada la mirada que no era acorde a sus lágrimas.

No lloraba de tristeza, sus ojos estaban muertos, sin vida, con odio, rabia y envidia.

Ven conmigo Haruka, tienes un problema y necesitas resolverlo para que puedas volver a levantar tu impe-

No necesito tu caridad, Rido.

Conciso, frio. Haruka ni siquiera necesito pensárselo dos veces, la respuesta era no.

El rostro del mayor se desencajo en una mueca de dolor, confusión.

¿Caridad? ¿Crees que es caridad y no preocupación? –La voz del mayor sonaba ofendida — ¿Cuándo te volviste tan banal, Haruka? ¿Cuándo?

Si eso es todo lo que tenías para decir, agradecería que te fueras —Haruka se levantó del sofá, se acercó a la puerta de la entrada y la abrió, haciéndole saber que lo quería fuera.

Haruka, no hagas esto –trato de razonar —Las cosas no tienen por qué ser así.

Pero nada de lo que dijo hicieron cambiar el estoico semblante de su hermano.

Haruka seguía sosteniendo la perilla de la puerta y su mirada decía "Lárgate" con todo el peso del resentimiento.

Rido le miro dolido durante unos segundos para posar su vista en Kaname y volver a abrir la boca.

Hazlo por Kaname –murmuró casi rogando —Este no es un buen lugar para que un niño crezca.

La mirada de Haruka entonces cambió, una mirada furiosa.

Su lugar está conmigo Rido, yo soy su padre y-

Haruka –reprochó el mayor interrumpiéndole, acusándole silenciosamente —Si te niegas a ver por ti, entonces ve por él, deja que vaya conmigo al menos hasta que te establezcas en un lugar mejor.

He dicho que no, no insistas –El castaño se acercó peligrosamente a su hermano y le señalo la puerta con su dedo índice —Es hora de que te marches, no quiero levantar la voz frente a Kaname.

Rido ese día se marchó con la promesa de volver.

Pero al igual que su madre, jamás lo hizo.

I was an ocean, lost in the open

Nothing could take the pain away

Kaname siempre creyó que Rido en realidad nunca regreso porque no quería ver a su hermano destruirse, pero tampoco quería desentenderse del asunto. Los cheques semanales daban fe de ello.

Pero al final eso fue lo que paso.

Haruka nunca reestableció su imperio, a decir verdad, nunca reestableció nada. Ni siquiera a sí mismo. Kaname no salió de ese barrio en los siguientes cinco años, hasta que Haruka encontró un trabajo del que ya no podían correrle por llegar oliendo a alcohol todos los días.

Su padre era bueno manejando negocios y lo que comenzó como un simple puesto de bar-tender terminó en un buen puesto como administrador del lugar.

La relación con su padre después de la última vez que vio a Rido, sin embargo, fue distante. Kaname había dejado de correr a esconderse bajo sus sabanas en busca de consuelo cuando los golpes en el otro lado de la pared resonaban en su cabeza. Se limitaba a abrazar a ese enorme oso y fingir que nada estaba pasando.

So you can throw me to the wolves

Terminó haciéndose bueno en esto último, se convirtió en su especialidad, a decir verdad.

Cada que llegaba de la escuela, utilizaba su especialidad y fingía que su padre no estaba tumbado en algún sofá, ahogado en su ebriedad, con una falta más a su trabajo por la cual lo terminarían echando, de nuevo.

Haruka por su parte, nunca busco estrechar lazos con su hijo, se limitaba a hacer lo que mejor sabía y arrimar lo necesario para que Kaname pudiera atenderse por sí mismo. Algunas veces, cuando Kaname aún era un niño con temores y las tormentas traían consigo truenos que hacían al menor temblar, Haruka tenía el instinto de abrazar al menor y evitar que siguiese temblando de miedo, pero nunca paso de ser algo más que un instinto paternal. Nunca se preocupó por cambiar las cosas entre ellos.

Pese a todo, Kaname creció como un chico ejemplar del que sus maestros podían presumir con orgullo, aunque esto a Kaname no podía importarle menos.

Tomorrow I will come back
Leader of the whole pack

Para cuando el puesto de Haruka como administrador dio sus frutos y le permitió sacarlos a Kaname y él de aquel maloliente barrio, Kaname ya estaba entrando en la pubertad.

Haruka consiguió una pequeña casa cerca de su trabajo y a un par de minutos a pie de la nueva escuela de Kaname. No era una casa lujosa como en antaño disfrutó, pero tenía un espacio digno para cada sección que una casa debe tener y Kaname tendría su propio cuarto.

A partir de ahí la vida de Kaname entró en el rango de normalidad propio de alguien de su edad.

Creció como un chico altivo, elegante por naturaleza, envidiado y admirado. Inteligente y bueno en los estudios, apuesto y capaz de tener a quien quisiera. Así, Kaname se convirtió rápidamente en la clase de persona que consigue lo que quiere sin poner demasiado esfuerzo en ello.

Por eso Kaname tenía metas, sueños y ambiciones, sabía lo que quería. Quería ser exactamente lo opuesto a Haruka, quería que la próxima vez que viera a Juuri, esta se mordiera la lengua y notara el enorme contraste entre su padre y él. Quería ser alguien y no le importaba sobre quien tenía que pasar para lograrlo.

No hay mucho que decir de su vida escolar, salvo que fue perfecta. Tuvo novias, algún novio, experimento sensaciones y primeras veces para todo, podría decirse que tuvo una buena adolescencia sin ninguna clase de restricción, Haruka nunca le limitaba en horarios o en reglas que le apresaran, solo en capital.

Para Kaname el dinero tampoco fue problema.

Takuma fue el mejor amigo de Kaname desde la escuela media, con él experimento desplantes adolescentes, fases existenciales, y por supuesto, vandalismo adolescente.

No es algo de lo que Kaname se enorgullezca, pero llego a pasar en algunas ocasiones.

Takuma vivía en un bloque de departamentos con escaleras de emergencia que conectaban todas las viviendas, el rubio no era una persona de mala familia, pero la rebeldía les llega a todos por igual y más de una ocasión se escabullo con Kaname dentro del departamento de una viejecilla que vivía con algunas decenas de gatos mientras esta salía.

Robaban objetos de valor y los empeñaban en cualquier lugar no muy legal en el que no les pidieran identificación ni prueba de que el objeto era suyo, para al final del día comprar un buen whisky y emborracharse como solo los adolescentes saben.

Dejaron esos caminos después de la última vez que entraron a la casa de aquella anciana.

Takuma había estado vigilando que saliera con su cesta de compras, lo que la atrasaría en teoría lo suficiente para que pudieran entrar y salir sin que nadie lo notase.

Estaban el par de adolescentes dentro de la casa, evitando pisar a algún gato o mover cosas que delataran una presencia ajena. Kaname fue directo a la habitación de la anciana y esculcó el joyero para finalmente tomar una cadena que bien podría valer algo. Estaba saliendo de la recamara cuando escucho el "click" de la puerta ser abierta.

Por un segundo pensó que era Takuma, hasta que vio a su amigo con la ventana abierta y haciéndole señas para que soltara todo y saliera, pero Kaname tenía que recorrer la sala y esquivar algunos muebles para poder salir, no lo lograría.

Kaname termino metiéndose al armario más cercano y Takuma, con los ojos tan abiertos como platos y el corazón en la boca, termino saliendo y perdiéndose de vista.

La puerta se abrió y escucho los pasos de la anciana ir y venir, para finalmente oír como se desparramaba en el sofá, que rechino en protesta.

Kaname estaba entrando en pánico. Había incluso considerado salir y entregarse a lo que la anciana decidiera hacer con él, cuando el timbre de la puerta sonó.

Escucho como la anciana se levantaba del sofá y dirigió sus pesados pasos hasta la puerta para finalmente abrirla.

Entonces comenzó a amar la voz de Takuma, porque podía jurar que ángeles cantaban mientras hablaba.

Señora, uno de sus gatos fue atropellado -escuchó como Takuma saco casi a rastras a la anciana que presurosa salió en busca de un gato falso. Kaname hiso una nota mental de besarle al rubio sus malditos labios y pasarle las tareas sin rechistar de ahora en adelante, Takuma y su inteligencia se lo merecían.

De más está decir que la etapa temeraria de Takuma y Kaname se dio por terminada y, desde entonces, Kaname odia el sonido del pestillo ser desbloqueado mientras él está dentro. Siente como si fuese un intruso, un ladrón. De nuevo.

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—Hemos llegado –anunció el chofer sacando al castaño de sus pensamientos. Kaname miró con sorpresa la estación y saco su cartera para pagarle.

—Gracias –musito dejando una jugosa propina al ver el reloj en su muñeca y descubrir con júbilo que aún tenía seis minutos antes de que Takuma abordara el tren.

El taxista musito un "suerte" que Kaname no alcanzo a escuchar porque se adentró en la estación corriendo y buscando una cabellera rubia entre la casi solitaria estancia.

Finalmente la encontró junto con un pequeño grupo de personas que se encontraban sentados en unas bancas, esperando.

— ¡Takuma! –llamó el castaño. El aludido alzo la vista de su boleto y busco con la mirada la voz, hasta que se encontró con su amigo de la infancia y le dedico una amplia sonrisa.

— ¡Kaname! –Se acercó al castaño y lo estrecho en un abrazo propio de quienes se conocen desde siempre —Creí que te habías olvidado, maldito desconsiderado –le reprocho juguetonamente mientras le golpeaba un hombro sin fuerza.

—Lo siento, me quede dormido –admitió el castaño —Pero sabes que no podía perderme tu partida por nada del mundo –Takuma sonrió y Kaname se limitó a observarle, como queriendo atesorar su recuerdo hasta que le volviese a ver—Hombre, creo que te voy a extrañar.

—Oh, vamos Kaname, no te me pongas sentimental ahora o me harás desistir de subirme a ese tren –bromeo el rubio, mitad verdad, mitad broma —Sabes que también te extrañare, gran imbécil –Kaname sonrió esta vez —Mas te vale ser un abogado reconocido, rico y famoso cuando vuelva, fracasado –murmuro sarcásticamente a la vez que acomodaba el deshecho abrigo de Kaname.

—Lo mismo te digo, rubio idiota —murmuro Kaname mientras movía la cabeza para que Takuma pudiese acomodar el cuello de su abrigo —si no eres el mejor maldito cirujano de todos los tiempos y no has descubierto la cura del cáncer para cuando vuelvas, ni me busques –movió dramáticamente el dedo índice mientras sentenciaba la evidente broma con dramatismo.

Takuma rio y abrazó a Kaname volviendo a desacomodar su cuello, el castaño lo estrecho con fuerza y sintió una repentina soledad. Takuma era como su hermano, su compañero de aventuras, había estado con él y viceversa desde que eran unos púberos y ahora sus caminos se separaban temporalmente.

El rubio iría a estudiar al extranjero, a la mejor universidad para el ámbito médico, mientras que Kaname ya estaba cerca de una buena universidad en la que estudiar leyes. Kaname sabía que igual le vería en vacaciones y mantendrían contacto por video llamadas, mensajes y cualquier cosa que les permitiera seguirse molestando como los inmaduros que eran, pero aún así, el adiós siempre es duro.

Y cuando menos se dieron cuenta, el tren ya estaba ahí. Takuma cogió sus maletas y musitando un leve "Nos veremos, Kaname" abordo para perderse entre la multitud.

Kaname tomó asiento en una de las bancas y espero hasta que el tren saliera y siguiera su camino, perdiéndose de vista. El castaño miro su reloj con recelo.

3:28 PM

Al menos había logrado despedirse del rubio.

Kaname aún tenía asuntos pendientes, debía recoger un libro de la universidad y volver a su apartamento para ver que cenaría, tal vez debería hacer la compra de la semana.

Pero pese a todas las cosas que tenía que hacer, sus pies se negaron a levantarse y se quedó sentado un rato más, contemplando el cielo nublado sin verlo en realidad.

.

Es la última caja –Takuma salía de la casa de Kaname cargando una caja de mudanza.

Kaname reprimió una risita al ver las muecas del rubio por el peso y terminó ayudándole a subirla a la camioneta de Takuma, en realidad era de su abuelo pero era vieja, con múltiples fallas y la clase de automóvil que le das a tu nieto porque te importa una mierda si lo estrella estando ebrio.

Creí que estabas yendo al gimnasio, rubia –se burló el castaño.

El amable dedo medio de Takuma le contestó antes de que el rubio cerrara la cajuela y se aproximara a la cabina, casi arrepintiéndose de ayudar a su amigo con su mudanza.

Kaname rio y entro también en el asiento del copiloto.

Bueno –Suspiró —si esa era la última, vámonos –Takuma miró extrañado a su amigo.

¿De verdad no te despedirás de él? –Kaname puso los ojos en blanco.

I'll leave you chokingon every word you left unspoken

Ya hablamos de esto –suspiró —tiene mi dirección, mi teléfono y le dije que hoy me iría, si no quiere salir a despedirme es asunto suyo.

Pero es tu padre –Takuma siempre había aceptado el hecho de que su amigo fuera tan distante con su padre, pero de eso a que ni siquiera se despidieran cuando Kaname se independizaba era algo totalmente distinto.

Dímelo a mí, he vivido con él toda mi vida.

La camioneta quedo en silencio durante unos minutos.

Takuma estaba al volante pero se negaba a arrancar. Estaba esperando, esperando que Kaname tuviese tiempo de actuar, tiempo de hacer algo que de no hacerlo, podría arrepentirse.

¿No piensas arrancar?

¿Ya estás listo? –Kaname le miro altivo, sarcástico.

Estoy montado en un auto con mis cosas, dejando que un idiota sentimental maneje –Takuma volteo los ojos y trato de reprimir una risa —No se puede estar más listo que esto.

Siendo ese el caso –susurro mientras arrancaba el cacharro —Felicidades 'Bakaname' eres oficialmente un joven independiente.

Kaname sonrió abiertamente y miro su antigua casa por el retrovisor sin que su rubio amigo lo notara.

Rebuild all that you've broken…

¿Y tú para cuándo? –le cuestiono Kaname burlonamente

Yo estoy bien con que mi familia siga pagando el wi-fi, gracias.

.

El sonido de un tren llegando a la estación molesto al castaño. Odiaba los trenes, no entendía como Takuma había elegido viajar casi seis estados en tren bajo la patética excusa de que era "relajante" –aunque Kaname sabía que Takuma era un hípster sin remedio.

Las personas comenzaron a bajar –aunque solo eran poco más de una decena –y Kaname supo que era hora de irse.

Estaba levantándose y tomando su maletín cuando le vio.

Una cabellera albina. ¿Una cabellera albina?

La última vez que Kaname había visto a una persona albina no fue en esa ciudad, de echo ni siquiera fue en ese país, había viajado con sus padres cuando era un niño y recuerda que se quedó asombrado por tan exótico color.

El extraño era alto, con buen cuerpo y una mirada perdida que al castaño le pareció sexy. Estaba al final de la fila para que a los pasajeros del tren –el que acababa de llegar, en el que el extraño llegó… obviamente –les entregaran sus pertenencias.

Kaname estaba parado en la mitad de la estación, justo en medio y a la misma distancia de la salida y el joven del que solo podía ver el perfil "Un perfil muy perfecto" en palabras mentales del castaño. Tenía una bonita espalda –Los ojos de Kaname siguieron la columna vertebral del joven con la mirada –y un bonito trasero también.

El castaño miró su reloj. Aún tenía tiempo para pedirle su teléfono y coquetear un rato, si no lo mandaba a la mierda, claro.

Así que Kaname camino en dirección al joven que se encontraba esperando sin ver, a diferencia de todos los pasajeros, como una mujer peleaba con un empleado alegando que le faltaba equipaje.

—Menuda bronca se ha armado ¿no? –Soltó Kaname cuando estuvo a su lado atrayendo la atención del albino.

— ¿Disculpa? –cuestionó el joven mientras se quitaba un auricular que quedaba escondido bajo su cabello y que –por supuesto –Kaname no había notado. Lo que si noto el castaño, fueron los ojos más atrayentes que había visto en su no tan longeva existencia. Amatista, su nuevo color favorito.

Kaname no supo cuánto tiempo estuvo callado, dedicándose a observar como un psicópata embelesado ese par de ojos, pudo haber parecido un retrasado o un sordo por no responder hasta que el albino sonrió de medio lado y se obligó a no sacar su móvil y tomarle tantas fotos como se le antojara, porque ¡Mierda! ¡Tenía una bonita sonrisa!

—Perdona ¿dijiste algo? –dijo Kaname atropelladamente, el de la mirada exótica miró hacia el frente y solo entonces el castaño noto que solo había un par de personas frente a ellos.

—Eso fue lo que te acabo de preguntar –musito divertido el chico volviendo su vista a Kaname, quien no despegaba su vista de su rostro.

—Oh, bueno –sonrió de lado —en realidad no era nada importante, solo quería atraer tu atención para preguntar tu nombre –y ahí estaba el "Kaname casanova", como le gustaba llamar Takuma al lado coqueto del castaño.

El albino sonrió de medio lado, haciendo una expresión con su mirada que a Kaname le obligo a no despegar su vista de él ni por un momento.

—Señor, es su turno –el empleado que anteriormente estaba siendo amonestado llamo la atención de ambos, solo para notar que solo quedaba el equipaje del albino.

—Perdone, es aquel –señaló una maleta negra, compacta y con llantas. Kaname no sabía de donde venía aquel atractivo extraño, pero a juzgar por el poco –contando la mochila que ya traía consigo –equipaje, bien podría estar regresando de un corto viaje… o al revés.

El empleado le cedió la maleta señalada –no había modo de confundirse de cualquier forma, era la última –y murmurando un corto "gracias" ese par de ojos se volvieron a cernir sobre él.

—Zero –murmuró después de un rato plagado de miradas —Soy Zero –le extendió una mano para saludar apropiadamente y el castaño no dudo ni un momento en tomarla firmemente, incluso más tiempo del políticamente correcto.

—Kaname –respondió mientras sostenía su mano —lindo nombre, casi tanto como el que lo porta –el castaño era todo sonrisas indecorosas y halagos, mientras que Zero era todo intriga y misterio.

— ¿Sueles halagar a extraños como pasatiempo? –Zero no pudo evitar soltar una risa espontanea.

—Solo cuando son extraños atractivos, considérate afortunado –Kaname le guiño un ojo y Zero no pudo contener una carcajada.

Ojos borgoñas y ojos amatistas, en incesante interacción.

Algunas personas son incidentales en la vida, otras en cambio, llegan para quedarse. A veces lo sabes, otras veces lo descubres con el tiempo.

Kaname solo necesito darle un vistazo a ese par de amatistas, contrastando la expresividad en ellos con la nula en el rostro del albino, para saber que, aún si Zero solo era un personaje incidental en su vida, él se encargaría de que fuera lo contrario.

Hasta el día de hoy, cuatro años después, Kaname no sabe qué fue lo que le hizo obsesionarse tanto con Zero. Pudo haber sido su físico, Zero era la persona más atractiva que había visto; Su pelo, tan claro y brillante que podías acariciarlo hasta el cansancio; Su rostro, con un atractivo más allá de los estándares de belleza, o sus ojos: asombrosamente expresivos, reflejando en aquel entonces una mirada vacía, una mirada hambrienta; hambrienta de reflejar algo.

Kaname sintió unas ganas inmensas de ver esos ojos con vida. Si vacíos ya eran hermosos, él quería, no, necesitaba verlos llenos, llenos de algo. Envidia, odio, amor, rencor ¡lo que sea!

Sin embargo, Kaname también sabe que la razón por la que se obsesiono con Zero, fue por todo lo anterior.

.

—…name… ¡Kaname, despierta! –sintió un peso extra sobre su espalda. El aludido aún trataba de ubicarse en espacio-tiempo como solo los que tienen el sueño pesado entenderían, pero un par de mechones plateados entro en su campo de visión y, aunque estaba boca abajo en la cama y con un conocido peso extra sobre su espalda, rio.

—Zero, lograras quebrarme la espalda un día de estos ¿Cómo adoptaste esa manía para despertarme? –Se quejó –es sádico.

—Mira quien habla de sadismo, "Señor le-rompo-el-culo-a-mi-novio-con-una-botella-de-vino"

Kaname no pudo evitar una risotada mientras sentía como el pecho de Zero, que estaba pegado a su espalda –y al parecer sin camisa –se alzaba un poco para después sentir un mordisco en su oreja.

—En serio, no soy un colchón humano.

Zero resoplo y rodó bajando de su espalda cayendo sobre el colchón, justo a su lado. Kaname le sonrió levemente y se levantó, estirándose como un felino.

—La comida esta caliente –murmuró el albino mientras veía disimuladamente como los músculos del mayor se marcaban mientras se estiraba —y no quiero desayunar solo.

Kaname le miro con cariño y no pudo evitar sonreír —Entonces hagámoslo juntos.

— ¿Estás hablando sobre desayunar, cierto? –una sonrisilla traviesa dibujándose en el menor.

—Hablo de desayunar, pero un mañanero tampoco está mal —Zero lanzó una carcajada seca y sin decir más salió rumbo a la cocina. Kaname sabía que le estaría esperando allá, así que tomo el primer pantalón que encontró y sin preocuparse por ponerse una camisa o zapatos, siguió a su novio.

So you can drag me through Hell

El olor a carne inundo a Kaname en cuanto entró a la cocina. El estofado que había hecho la noche anterior siendo manipulado por el albino y una sonrisa enorme en el castaño.

Kaname se adentró en la habitación y se acercó a Zero sin que lo notase, sonrisa traviesa en rostro. Zero por su parte parecía muy concentrado en su labor, pues no notó al castaño sino hasta sentir un par de brazos intrusos rodeando su torso en un apretado abrazo que le saco un par de risitas.

— ¿Tienes algo que hacer hoy? –la voz de Kaname descendió un par de grados, retumbando en la piel por sobre la yugular de Zero.

—Estoy libre a las cuatro, como siempre –Zero escuchó un murmullo inentendible sobre su piel – ¿Qué?

— ¿Esta ves si llegarás? –no fue en modo de reproche, Kaname no podría reprocharle nada, jamás.

—Tal vez si… –el albino se quitó de encima a Kaname para coger un par de platos de la alacena —tal vez no ¿Debería? –una sonrisa ladina denotando la broma en sus palabras.

—Podríamos salir a algún lado –propuso. Kaname le quito el par de platos al menor y Zero, captando el mensaje, saco dos latas de refresco del frigorífico, coloco una en el lado de Kaname y se sentó en su propio lugar. Esperando.

If it meant I could hold your hand

Un silencio reino en la estancia. Minutos después Kaname estaba sentado frente a Zero, desayunando como casi siempre hacían. El sonido de la televisión en algún infomercial matutino y el característico sonido de personas comiendo era lo único que rompía el silencio.

Zero no lo había notado aún, tal vez Kaname tampoco, pero el castaño estaba evitando de forma inconsciente su mirada.

— ¿A dónde se te ocurre ir? –interrumpió el albino, sonrisa en rostro y mirada directa que Kaname no enfrentó.

Kaname lo pensó durante un par de minutos. Ciertamente el lugar no importaba, solo quería pasar tiempo con su novio. Ese día no tenía mucho que hacer, era su día libre y el único deber referente a la universidad era ir para medirse la toga que usaría en su, muy cercana, ceremonia de graduación.

—Podemos ir al cine, hay una película de ciencia ficción que me interesa ver –la risa de Zero le obligo a levantar la vista y encontrarse con su mirada. A Kaname le gustaban esos días en los que sus ojos reflejaban algo, como en este momento, reflejaban diversión.

—Eres tan nerd –se burló —Pero si, debo admitir que a mí también me llamo la atención.

Y Kaname sonrió, sellando mudamente el acuerdo. Esa tarde saldrían un rato.

I will follow you cause I'm under your spell

El desayuno terminó, Zero salió del apartamento rumbo a su trabajo y dejó en Kaname un par de besos antes de partir.

En realidad, Zero había dejado en Kaname muchas cosas durante toda su relación. Dejó una gran cantidad de emociones, de nuevas experiencias. Un millar de expectativas, de metas que quería realizar con Zero a su lado.

And you can throw me to the flames

Dejó también una incertidumbre que el mayor enterraba bajo todas esas cosas buenas, bajo todas esas metas, bajo todo ese hechizo.

Porque Zero era de esas personas que dejan mil cosas en los demás, pero que no pueden tomar nada de nadie. En cuatro largos años Kaname no había logrado dejar nada en Zero, ni siquiera amor.

Zero no podía sentir. Kaname lo sabía.

Zero no lo ocultaba, Zero era honesto, era Kaname quien no quería ver. Era Kaname quien desviaba la mirada, era Kaname quien despegaba la vista de la verdad tras sus ojos.

Era Kaname el que no quería ver.

"Eres igual a Haruka, cariño"

Haruka sabía en la farsa que vivía, pero no quería ver.

Era igual a Haruka y tenía el mismo destino. Zero no era igual a Juuri, ni en un millón de años. Juuri podía sentir, Zero no. Sin embargo Kaname sentía, Kaname sabía que si Zero se iba, terminaría peor que Haruka.

Kaname sabía que al menos su padre pudo mantener a Juuri a su lado por su dinero, sabía que si su padre hubiera mantenido su imperio, habría mantenido también la ilusión de ser amado.

Kaname por su parte sabía que no podía mantener a Zero a su lado, porque para empezar, no tenía idea de que lo mantenía con él. No tenía fortuna que le atrajera –aunque sabía que a Zero no le importaría si la tuviera, a Zero no le importaba nada –ni el mejor físico o la personalidad más atrayente.

Kaname no tenía nada. Solo a Zero.

Y determinación.

El castaño sonrió.

Él no era como Haruka. Él no podía serlo.

Porque si Zero le dejaba… él le seguiría.

I will follow you

Mantendría a Zero a su lado porque le quería, porque nadie podría quererle como él lo hacía, porque solo él soportaría amarle a cambio de nada con tal de tenerlo consigo.

Porque Kaname le seguía y le seguiría a donde fuera.

Kaname le seguiría.

Porque Kaname le necesitaba. Solo a él.

I will follow you